OPINIÓN Claudia Aranda Lejos de frenar la proliferación nuclear, la ofensiva contra Irán y la impunidad estratégica de las potencias armadas están consolidando una conclusión brutal para el resto del mundo: quien no posee un poder de disuasión extremo queda expuesto a la coerción, al castigo y a la devastación. No hay política de no proliferación seria posible cuando el orden internacional castiga al débil y blinda al armado. Esa es la verdad áspera que deja al descubierto la guerra actual. Lo que estamos viendo no es una defensa coherente del derecho internacional ni una preocupación universal por la seguridad colectiva. Lo que estamos viendo es la exhibición obscena de una jerarquía global en la que algunos Estados pueden atacar, bombardear, invadir, asesinar civiles, poseer arsenales no declarados y violar normas internacionales sin pagar un precio proporcional, mientras a otros se les exige una obediencia absoluta, una transparencia total y una renuncia perpetua a cualquier capac...
