Por Raúl Allain (*) Hay memorias colectivas que se quedan grabadas en el ADN de una sociedad. Para quienes nacimos a finales de los ochenta y empezamos a tener conciencia del mundo en los noventa, el relato de la hiperinflación no es un cuadro estadístico en un libro de historia; es la base de nuestra comprensión sobre lo frágil que puede ser el bienestar. Como sociólogo, me ha tocado analizar cómo el caos económico destruye el tejido social, pero como peruano, crecí escuchando las historias de angustia de la generación anterior, la de mis padres, que hacían colas interminables por un tarro de leche. Aquello no fue un fenómeno natural, fue el resultado directo de un modelo que creía que la riqueza se creaba por decreto y que el Banco Central debía ser la caja chica de un Estado con ínfulas de todopoderoso. El escudo de la moneda por qué la estabilidad no es un milagro, sino una decisión política Pasar de ese escenario de 7,000% de inflación a ser la economía más estable de la región no...
