Elvira Jiménez - Greenpeace Llega la primavera y, con ella, la antesala del infierno en muchos centros educativos. Hace años acabar el curso suponía cerrar los libros antes de que llegase el zarpazo del calor del verano. Pero esto ya no es así. Las temperaturas veraniegas se han extendido adentrándose en junio y mayo, cuando aún los temarios no están cerrados y hay exámenes a la vista. Aún quedan muchas horas y días lectivos y el calor ya se hace insoportable. Esta denuncia no es nueva. Por toda la geografía, familias y profesorado, unidos en una denuncia colectiva, llevan años reclamando que los centros escolares no están preparados para estas temperaturas cada vez más elevadas. El calor se acumula en el interior de las aulas donde estudiantes y profesorado pasan muchas horas todos los días. A más de 24 ºC el calor afecta a la capacidad de concentración y comprensión, se pierde calidad en la enseñanza, y sin embargo es un umbral que se supera fácilmente en mucho...
