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La Plaza del Sol desde el balc贸n latinoamericano

Por 脕ngel Guerra Cabrera

Todav铆a es muy temprano para predecir hasta d贸nde podr铆a llegar el calado social y pol铆tico de los rayos que emanan de la Puerta del Sol. Evidentemente, su detonador subyace, como en las rebeliones 谩rabes, en el agotamiento de un modelo de explotaci贸n capitalista extremadamente cruel (el neoliberal), y excluyente en especial de la poblaci贸n juvenil, marginada en contingentes enormes del trabajo y del futuro, casi la mitad en el caso de Espa帽a. No cabe duda de que los manifiestos y declaraciones de sus protagonistas son casi siempre -expl铆cita o impl铆citamente- antineoliberales y anticapitalistas. As铆 lo reafirman los relatos sobre las formas democr谩ticas de organizarse, composici贸n social y confraternidad existente entre los “indignados” en Sol y otras plazas de Madrid y la inmensa solidaridad recibida de la “gente com煤n”.

Es reveladora la lectura del manifiesto de la asamblea posterior a la marcha del 15 de mayo, del cual cito algunas l铆neas: “Existen unos derechos b谩sicos que deber铆an estar cubiertos...: … a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educaci贸n, a la participaci贸n pol铆tica, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz…La democracia parte del pueblo (demos=pueblo; cracia=gobierno) as铆 que el gobierno debe ser del pueblo. Sin embargo, en este pa铆s la mayor parte de la clase pol铆tica ni siquiera nos escucha…El ansia y acumulaci贸n de poder en unos pocos genera desigualdad, crispaci贸n e injusticia…conduce a la violencia, que rechazamos… El obsoleto y antinatural modelo econ贸mico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a s铆 misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto… La voluntad y fin del sistema es la acumulaci贸n de dinero… por encima del bienestar de la sociedad. Despilfarrando recursos, destruyendo el planeta, generando desempleo y consumidores infelices…Los ciudadanos formamos parte… de una m谩quina destinada a enriquecer a una minor铆a que no sabe ni de nuestras necesidades”.

Por supuesto, desde la distancia surgen, con mayor raz贸n, interrogantes. Una, si el 15-M podr铆a convertirse en el sujeto social(o en uno muy importante entre otros) que vehiculice la liberaci贸n de los pueblos del Estado espa帽ol del pacto acordado un d铆a aciago con la derecha franquista y los poderosos del mundo. Ese que llev贸 a la integraci贸n en la OTAN y, por correlato, a la inserci贸n plena de Espa帽a en la globalizaci贸n neoliberal.

Aunque so帽ar es tan necesario al ser humano como respirar, en el momento presente esa pregunta no tiene mayor importancia pues la preocupaci贸n principal en el debate detonado por Sol, seg煤n leo en numerosas contribuciones a Rebeli贸n.org, es la capacidad que tengan los indignados de organizarse y elaborar un proyecto m铆nimo que permita su continuidad, estructuraci贸n y permanencia como un amplio cauce de expresi贸n y politizaci贸n de la protesta y la propuesta social. Por lo pronto, percibo desde el balc贸n latinoamericano que en esa direcci贸n marcha la decisi贸n de quedarse otra semana en las plazas, de organizar asambleas en los barrios y facultades universitarias de la ciudad el s谩bado 28 y una nueva asamblea general en Sol el domingo 29 para decidir qu茅 sigue. Se aprecia conciencia creciente del peligro de perder lo logrado si el movimiento se desmoviliza y, en general, un ascenso acelerado en la conciencia pol铆tica de sus miembros, para quienes, en su mayor铆a, esta es su primera experiencia de lucha social.

El 15-M es muy alentador para los pobres de la Tierra. Su consigna central ¡Democracia real ya! es muy radical y ha reabierto un trascendental debate sobre la legitimidad de la democracia realmente existente en el Estado espa帽ol, y, por consiguiente, en Occidente (Estados Unidos y sus aliados). Lo mismo que se cuestiona desde hace casi dos d茅cadas en Am茅rica Latina por los movimientos sociales antineoliberales y los gobiernos antiimperialistas y progresistas. En condiciones econ贸mico-sociales indudablemente m谩s desfavorables que las de Espa帽a, en nuestra regi贸n hemos comprobado fehaciente e incontrovertiblemente que un sistema pol铆tico que no asegura los derechos mencionados en el manifiesto del 15-M, que no emane del propio pueblo y escuche ante todo su opini贸n, no merece llamarse democracia. No en balde lo que propaga e intenta imponer el Big Brother del norte es el ox铆moron democracia/mercados libres.




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