Protectora de Animales de Ceuta
El Pleno de la Asamblea aprob贸, a iniciativa del PSOE, que el Centro Zoosanitario de Ceuta garantice atenci贸n todos los d铆as del a帽o. El Gobierno vot贸 a favor. Ese dato no es menor, porque implica reconocer que lo que se ven铆a haciendo no era suficiente ni ajustado a derecho.
Sin embargo, aprobar una propuesta no transforma por s铆 sola la realidad dentro de un centro municipal. Desde la Protectora de Animales de Ceuta llevamos a帽os constatando que los animales bajo custodia p煤blica han pasado fines de semana y festivos sin atenci贸n continuada, sin limpieza adecuada y sin supervisi贸n sanitaria real. Han existido periodos prolongados sin presencia efectiva de personal. Y cuando se trata de seres vivos dependientes, esa ausencia deja huella.
La Ley 7/2023 no habla de “alojamiento”. Habla de bienestar f铆sico y emocional. No basta con que los animales est茅n vivos dentro de una instalaci贸n, la ley convierte la atenci贸n integral en una obligaci贸n imperativa. Un centro zoosanitario no puede funcionar como un lugar donde se almacenan perros y gatos a la espera de que el tiempo pase. Su finalidad es la recuperaci贸n integral, f铆sica, emocional y conductual, con el objetivo 煤ltimo de que esos animales puedan reincorporarse a la sociedad y a una familia.
Un perro no puede pasar 23 horas al d铆a encerrado en un espacio de tres metros cuadrados sin salir, sin est铆mulos, sin ejercicio y sin interacci贸n. Eso no es custodia, es deterioro programado. La ausencia de paseos diarios, de enriquecimiento ambiental y de intervenci贸n de alguien de la educaci贸n canina provoca ansiedad cr贸nica, conductas compulsivas, agresividad por frustraci贸n o, en muchos casos, apat铆a extrema. El cuerpo se atrofia, el sistema inmunitario se debilita y la conducta se degrada hasta hacer casi imposible la adopci贸n. El encierro prolongado no solo da帽a al animal, lo condena a la invisibilidad.
En los gatos, el da帽o es m谩s silencioso pero igual de grave. El estr茅s sostenido genera aislamiento, hipersensibilidad, agresividad defensiva y cuadros de inmunosupresi贸n. Un gato estresado enferma sin hacer ruido y, muchas veces, cuando se detecta el s铆ntoma, el da帽o ya es irreversible.
Este da帽o es conocido, previsible y evitable. Por eso no puede justificarse ni por dificultades de contrataci贸n ni por un aumento de abandonos. Al contrario, cuantos m谩s animales hay bajo custodia p煤blica, mayor es la obligaci贸n 茅tica y legal de dotar al centro de recursos suficientes. Utilizar el incremento de abandonos como excusa para la desatenci贸n es una falacia que carece de l贸gica.
Tampoco puede esconderse la responsabilidad detr谩s de una estructura burocr谩tica incapaz de reaccionar. Los animales no entienden de 贸rdenes internas ni de horarios administrativos. Cuando un domingo no hay paseos, no hay enriquecimiento y no hay supervisi贸n, el da帽o se produce igualmente. Y ese da帽o no es accidental: es consecuencia directa de decisiones pol铆ticas.
Este incumplimiento sostenido no es solo un fracaso 茅tico, sino un escenario de riesgo jur铆dico real para la Administraci贸n, por maltrato por omisi贸n y por la posible responsabilidad patrimonial derivada de una custodia defectuosa de animales bajo tutela p煤blica.
Conviene subrayarlo con claridad, este no es un reproche al personal del centro. Quienes trabajan all铆 sostienen el servicio en condiciones limitadas y, en demasiadas ocasiones, sin los medios necesarios. Defender el bienestar animal implica tambi茅n proteger a quienes cuidan, evitando modelos de gesti贸n que los sobrecargan y los exponen.
La contrataci贸n de nuevos cuidadores o la externalizaci贸n parcial de servicios no puede presentarse como una soluci贸n estructural si no va acompa帽ada de un modelo claro, con turnos reales, protocolos p煤blicos y registros auditables. Sin eso, todo queda en un anuncio vac铆o.
Y es aqu铆 donde el discurso del Gobierno vuelve a repetirse con otro ejemplo dolorosamente conocido, el crematorio p煤blico de animales de compa帽铆a.
Cuando un gobierno no quiere hacer algo, rara vez dice que no. Dice que “se est谩 trabajando”, que “hay informes”, que “no depende solo de una consejer铆a” o que “ser谩 antes de que acabe la legislatura”. Exactamente eso es lo que se volvi贸 a escuchar ante una demanda b谩sica y largamente aplazada, un crematorio p煤blico en Ceuta.
La intervenci贸n de la consejera fue larga, t茅cnica en apariencia y vac铆a en el fondo. Mucho tr谩mite, muchas dificultades, muchas explicaciones… y ni un solo dato verificable. Ning煤n n煤mero de expediente, ninguna fecha, ninguna decisi贸n firme. Y conviene decirlo claro:, sin expediente no hay proyecto; hay propaganda.
Se habl贸 de dos iniciativas, una privada y otra “de la Ciudad”. Se mencionaron hornos, estudios ambientales, parcelas en estudio y suelos disponibles. Pero cuando se pidi贸 concreci贸n, la m铆nima exigible en una instituci贸n parlamentaria, la respuesta fue la de siempre: no hay plazos.
Ese es el verdadero problema. No la complejidad administrativa, sino la ausencia de voluntad pol铆tica real.
Mientras se estudia, se analiza y se intercambian informes, las familias de Ceuta siguen sin una alternativa digna cuando muere su animal. Siguen viendo c贸mo los restos de un ser querido se tratan como residuos. Y eso no es una cuesti贸n sentimental menor: es salud p煤blica, 茅tica institucional y respeto a una sociedad que ya ha cambiado.
Resulta especialmente preocupante que se deslice la posibilidad de que sea un particular quien preste el servicio. Porque la pregunta sigue sin respuesta: ¿ser谩 un servicio p煤blico, con precios p煤blicos y acceso garantizado, o se permitir谩 que una empresa haga negocio con el duelo tras una inversi贸n p煤blica? Externalizar el dolor no es modernizar la gesti贸n; es abdicar de la responsabilidad.
Mientras tanto, se vuelve a prometer un futuro Centro de Bienestar Animal como si fuera la soluci贸n a todo. Pero no se puede vender el futuro cuando el presente no se sostiene. No se puede prometer un palacio cuando ni siquiera se mantiene la casa. ¿ Han venido a ver nuestras propias instalaciones?
Todo esto no va solo de animales. Va de personas. De miles de familias para las que un perro o un gato no es un objeto, sino un apoyo emocional, un sost茅n vital, a veces lo 煤nico que queda cuando todo lo dem谩s falla. Negar una despedida digna y permitir un deterioro silencioso dentro de instalaciones p煤blicas no es un problema t茅cnico: es una decisi贸n pol铆tica.
Por eso las preguntas siguen siendo simples y siguen sin respuesta. Porque el bienestar animal no se demuestra en un Pleno ni en una intervenci贸n larga y vac铆a. Se demuestra un domingo cualquiera, cuando no hay c谩maras, cuando no hay discursos y cuando alguien tiene que hacerse cargo de lo que ocurre dentro de un centro p煤blico o cuando a una familia se le muere un animal.
Y ah铆, todav铆a, esta ciudad est谩 fallando y como protectora no podemos obviarlo.
