OPINI脫N de Esther Vivas.- Hay quien afirma que hay que “comer sin miedo”, que nunca en la historia de la humanidad la producci贸n de alimentos hab铆a sido tan segura. Y es innegable el alto n煤mero de controles por los que pasa la comida en la actualidad. Sin embargo, peri贸dicamente aparecen nuevos esc谩ndalos alimentarios, emergen enfermedades vinculadas a aquello que consumimos, vemos c贸mo aditivos que ayer se admit铆an hoy est谩n prohibidos. ¿Nos podemos permitir comer sin miedo? Opino que no.
Es necesario, al menos metaf贸ricamente hablando, comer con miedo. Preguntarnos por qu茅 comemos lo que comemos, c贸mo se ha producido, qu茅 contiene, de d贸nde viene, a qui茅n le interesa que sea as铆. Y ante tanto controlalimentario, ¿qu茅 personas est谩n al frente? A estas preguntas responde el libro El negocio de la comida. ¿Qui茅n controla nuestra alimentaci贸n? (Icaria editorial), que he publicado recientemente, destapando el lado m谩s oscuro del sistema agr铆cola y alimentario. Por qu茅 los que quieren que comamos sin miedo quieren, en definitiva, que lo hagamos con una venda en los ojos.
A continuaci贸n, algunas reflexiones que encontramos en la obra El negocio de la comida. ¿Qui茅n controla nuestra alimentaci贸n?
¿De d贸nde viene lo que comemos y por qu茅?
[pag.33] Se calcula que la comida viaja de media unos 5 mil kil贸metros del campo al plato, con el consiguiente menester de hidrocarburos e impacto en el medio ambiente. Estos alimentos viajeros generan casi 5 millones de toneladas de CO2 al a帽o, contribuyendo a la agudizaci贸n del cambio clim谩tico (Gonz谩lez, 2012).
La globalizaci贸n alimentaria, en su carrera por obtener el m谩ximo beneficio, deslocaliza la producci贸n de alimentos, como ha hecho con tantos otros 谩mbitos de la econom铆a. Produce a gran escala en los pa铆ses del Sur, aprovech谩ndose de unas condiciones laborales precarias y una legislaci贸n medioambiental casi inexistente, y vende su mercanc铆a ac谩 a un precio competitivo. O produce en el Norte, gracias a subvenciones agrarias en manos de grandes empresas, para despu茅s comercializar dicha mercanc铆a subvencionada en la otra punta del planeta, vendiendo por debajo del precio de coste y haciendo la competencia desleal a la producci贸n aut贸ctona. Aqu铆 reside el porqu茅 de los alimentos kilom茅tricos: m谩ximo beneficio para unos pocos; m谩xima precariedad, pobreza y contaminaci贸n para la mayor铆a.
En el a帽o 2007, se importaron en el Estado espa帽ol m谩s de 29 millones de toneladas de alimentos, un 50% m谩s que en 1995. Tres cuartas partes fueron cereales, preparados de cereales y piensos para la ganader铆a industrial, la mayor parte llegados de Europa y Am茅rica Central y del Sur. Incluso comestibles t铆picos, como el garbanzo o el vino, los acabamos consumiendo de miles de kil贸metros de distancia. El 87% de los garbanzos que comemos, por ejemplo, vienen de M茅xico, en el Estado espa帽ol su cultivo ha ca铆do en picado (Gonz谩lez, 2012). ¿Qu茅 sentido tiene dicho ajetreo internacional de alimentos desde un punto de vista social y medioambiental? Ninguno.
¿Nos enferma aquello que comemos?
[pag.159-161] Si hablamos de alimentaci贸n y salud, es necesario referirse tambi茅n al negativo impacto de algunos aditivos alimentarios (aromatizantes, colorantes, conservantes, antioxidantes, edulcorantes, espesantes, potenciadores del sabor, emulsionantes…) en nuestro organismo. Est谩 claro que desde los or铆genes de la comida existen m茅todos para conservarla, y es fundamental que as铆 sea. Si no, ¿qu茅 comer铆amos? Pero el desarrollo de la industria alimentaria ha generalizado el uso de aditivos qu铆micos de s铆ntesis para adaptar la comida a las caracter铆sticas de un mercado kilom茅trico (donde los alimentos viajan distancias enormes del campo al plato), consumista (potenciando el color, el sabor y el aroma de lo que comemos para hacerlo m谩s apetecible y atractivo) y que endulza artificialmente la comida con productos que dejan mucho que desear.
Del aspartamo y el glutamato monos贸dico
No se trata de poner todos los aditivos en el mismo saco, aunque s铆 se帽alar el impacto que algunos pueden tener en nuestro organismo, en especial los aditivos sint茅ticos en comparaci贸n con los naturales. El libro Los aditivos alimentarios de Corinne Gouget (2008) se帽ala en concreto a dos: el aspartamo, codificado en Europa con el n煤mero E951, y el glutamato monos贸dico, con el E621.
El aspartamo es un edulcorante no cal贸rico empleado en refrescos y comida light. Algunos estudios han apuntado a las negativas consecuencias que puede tener en nuestra salud. La Fundaci贸n Ramazzini de Oncolog铆a y Ciencias Ambientales, con sede en Italia, public贸 en 2005 en la revista Environmental Health Perspectiveslos resultados de un exhaustivo trabajo donde, a partir de la experimentaci贸n con ratas, se帽alaba los posibles efectos cancer铆genos del aspartamo para el consumo humano. El informe conclu铆a que el aspartamo es un agente carcinog茅nico potencial, incluso con una dosis diaria de 20 miligramos por kilogramo de peso, muy por debajo de los 40 miligramos por kilogramo de peso de ingesta diaria aceptada por las autoridades sanitarias europeas (Soffritti, et al., 2006). La Fundaci贸n Ramazzin sentenciaba que era necesario revisar las directrices sobre su utilizaci贸n y consumo. Sin embargo, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en ingl茅s) hizo caso omiso a dichas conclusiones y, siguiendo la pauta habitual con los informes cient铆ficos cr铆ticos, desautoriz贸 el trabajo. No olvidemos los lazos estrechos de la EFSA con la industria alimentaria y biotecnol贸gica y c贸mo, por ejemplo, su presidenta en la Agencia Espa帽ola de Seguridad Alimentaria es 脕ngela L贸pez de Sa Fern谩ndez, exdirectiva de Coca-Cola.
El glutamato monos贸dico, por su parte, es un aditivo potenciador del sabor muy utilizado en fiambres, hamburguesas, mezclas de especias, sopas de sobre, salsas, patatas fritas, chucher铆as. Estos 煤ltimos, muy consumidos por los m谩s peque帽os. En el a帽o 2005, el catedr谩tico de fisiolog铆a y endocrinolog铆a experimental de la Universidad Complutense de Madrid Jes煤s Fern谩ndez-Tresguerres, uno de los 35 miembros de la Real Academia Nacional de Medicina, public贸 en los Anales de la Real Academia Nacional de Medicina los resultados de un largo trabajo donde analizaba los efectos de la ingesta de glutamato monos贸dico en el control del apetito. Las conclusiones fueron demoledoras: su ingesta aumentaba el hambre y la voracidad en un 40%, e imped铆a el buen funcionamiento de los mecanismos inhibidores del apetito, con lo que contribu铆a al incremento de la obesidad y, a partir de ciertas cantidades, se consideraba que pod铆a tener efectos t贸xicos sobre el organismo (Fern谩ndez-Tresguerres, 2005). Algunos han llegado a denominar esta sustancia, informalmente, como “la nicotina de los alimentos”.
M谩s all谩 del aspartamo y el glutamato monos贸dico, otros aditivos se han mostrado tambi茅n perjudiciales para la salud humana y han acabado siendo retirados del mercado. En 2007, la Comisi贸n Europea prohibi贸 el uso del colorante rojo 2G (E128), utilizado mayoritariamente en salchichas y hamburguesas, al considerar, despu茅s de una reevaluaci贸n de la EFSA, que 茅ste podr铆a tener “efectos genot贸xicos y carcin贸genos” para las personas (Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria, 2008). La anterior evaluaci贸n toxicol贸gica se hab铆a realizado 25 a帽os atr谩s. Otros estudios han se帽alado c贸mo la mezcla de algunos colorantes, a menudo utilizados en refrescos y chucher铆as, combinados con la ingesta de otros aditivos presentes a la vez en estos productos provocar铆an hiperactividad infantil. As铆 conclu铆a un estudio sobre aditivos alimentarios publicado en la revista The Lancet, en 2007: “Los colores artificiales o el conservante benzoato de sodio (o ambos) en la dieta provocan un aumento de la hiperactividad en ni帽os de 3 a帽os y en ni帽os de entre 8 y 9 a帽os” (McCann, D. et al., 2007). El maravilloso y duro documental franc茅s Nuestros hijos nos acusar谩nde Jean-Paul Jaud, nos recuerda, como se帽ala su t铆tulo, la responsabilidad que tenemos.
¿Qui茅nes est谩n al frente de las agencias de seguridad alimentaria?
[pag.96-98] La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria se presenta, como recoge en su p谩gina web, como “la piedra angular de la Uni贸n Europea en la evaluaci贸n del riesgo sobre seguridad alimentaria”. La Agencia fue creada en 2002, despu茅s de una serie de esc谩ndalos, como el de las vacas locas, a finales de los a帽os 90. Su objetivo: mejorar la seguridad alimentaria y restaurar y mantener la confianza en el suministro de alimentos. Seg煤n indica, su compromiso es el “de proporcionar asesoramiento cient铆fico independiente y objetivo”. ¿Seguro?
Conflicto de intereses
El Tribunal Europeo de Auditores parece no estar muy de acuerdo con dichas afirmaciones, como se desprende de su informe sobre el conflicto de intereses en determinadas agencias de la Uni贸n, y en el que afirma que la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, junto a otras tres agencias europeas auditadas, “no maneja adecuadamente las situaciones de conflicto de intereses”. Y a帽ade que estos “riesgos de conflicto de intereses est谩n incrustados en las estructuras de estas agencias (…) y en la dependencia de la investigaci贸n realizada por la industria” (European Court of Auditors, 2012). M谩s claro el agua.
A modo de an茅cdota, las conclusiones del informe del Tribunal Europeo de Auditores contrastaban con las alabanzas de una evaluaci贸n, que poco tiempo antes, hab铆a realizado la auditor铆a privada Ernst&Young, contratada, evidentemente, por la misma Agencia Europea de Seguridad Alimentaria.
Las cr铆ticas a la falta de neutralidad de la Agencia no son nuevas. Las organizaciones Corporate European Observatory y Earth Open Source publicaron en febrero del 2012, coincidiendo con el d茅cimo aniversario de la instituci贸n, un informe que levant贸 ampollas. En dicho trabajo cuestionaban la independencia de la Agencia y se帽alaban los v铆nculos estrechos de sus expertos con las empresas del sector (Holland, Robinson y Harbinson, 2012).
Y, ¿qu茅 consecuencias tiene esto para los consumidores? Un ejemplo lo encontramos en la regulaci贸n de los productos alimentarios. Cuando una compa帽铆a quiere introducir una nueva sustancia o producto en el mercado, tiene que presentar a la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria y a las instituciones correspondientes de la Uni贸n Europea un dossier sobre la valoraci贸n del riesgo de dichos productos. A petici贸n de la Comisi贸n, el panel cient铆fico de la Agencia examina este dossier y publica una opini贸n cient铆fica al respecto, a partir de la cual los representantes de los estados miembros toman una decisi贸n. ¿Cu谩l es el problema? La Agencia basa sus evaluaciones principalmente en estudios llevados a cabo por la misma industria, quien espera sacar jugosos beneficios con la comercializaci贸n de dichos productos. Los informes cient铆ficos independientes no son tenidos en cuenta. En consecuencia, el mecanismo favorece sin lugar a dudas los intereses de las grandes compa帽铆as del sector en detrimento de los sociales.
De este modo, sustancias y productos que encontramos en el mercado, como el aspartamo, un edulcorante no cal贸rico, o el bisfenol A (BPA), en el pl谩stico del embalaje alimentario, seg煤n informes cient铆ficos independientes afectar铆an de forma negativa a la salud. Estos estudios nunca han sido debidamente valorados por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria. La situaci贸n no es nueva. Cuantos informes alabando las virtudes del tabaco financi贸 la industria tabacalera y en la actualidad han quedado en papel mojado.
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