OPINIÓN
Cristian Frers
En 2026 el cambio climático seguirá siendo una constante, crecen sus impactos y las políticas que tratan de reducirlos, aunque perdiendo impulso. Habrá que seguir atentos a la gobernanza climática global, a lograr más financiación para la adaptación y a ver si sorprende la innovación limpia.
La negación del cambio climático es un fenómeno complejo impulsado principalmente por intereses económicos, políticos y sesgos cognitivos. Se basa en desinformación que busca proteger la industria de combustibles fósiles, evitar regulaciones costosas y mantener el statu quo político-cultural, a pesar del consenso científico.
El negacionismo tiene raíces ideológicas tanto como psicológicas. Desgraciadamente, ambas se combinan en la retroalimentación que se está haciendo más evidente que nunca. Expresadas por la derecha estadounidense, durante la primera presidencia de Donald Trump donde se bloquearon los avances globales en la lucha por la reducción de las emisiones de carbono y se rompieron los compromisos asumidos por sus antecesores y su sucesor. Lamentablemente, Argentina quiere sumarse al negacionismo anticientífico con un argumento ideológico endeble, el de una libertad sin responsabilidad ni obligaciones.
El calentamiento de la Tierra es la variación a corto, mediano y largo plazo de la temperatura y los patrones meteorológicos de la Tierra, acelerado drásticamente desde el siglo XIX por la actividad humana. La quema de combustibles fósiles como carbón, petróleo y gas, la deforestación y la agricultura intensiva liberan gases de efecto invernadero (GEI) que atrapan el calor, elevando la temperatura global.
El desarrollo sostenible es el modelo de desarrollo que busca satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas, equilibrando los pilares económico, social y ambiental. El objetivo es lograr un crecimiento económico viable, una sociedad equitativa y un medio ambiente saludable para asegurar el bienestar humano a largo plazo. Para implementar este desarrollo se deben coordinar esfuerzos entre el Estado, el sector privado y la sociedad civil para alcanzar los objetivos, enfocándose en la protección del ambiente, el crecimiento económico equitativo y el desarrollo social inclusivo. Las estrategias incluyen promover la economía circular y la energía renovable, asegurar el acceso a agua y saneamiento, impulsar la producción sostenible, y fomentar la concientización ambiental y la participación ciudadana.
A medida que se avanza en un futuro guiado por la tecnología basadas en el medio ambiente, invertir en cobre y en litio trasciende los retornos financieros, alineándose con la sostenibilidad y la salud de la naturaleza.
Estos metales son importantes en el desarrollo de tecnologías limpias que protegen al planeta, asegurando beneficios mutuos para la humanidad y para el medio ambiente.
A medida que estos minerales impulsan tecnologías limpias como como vehículos eléctricos y almacenamiento de energía, la inversión apoya un planeta mas limpio. Permite un futuro donde la innovación y la sustentabilidad prosperan juntos.
La minería debe enfrentar cambios profundos, desde el aumento de los costos eléctricos hasta la presión por reducir las emisiones y mejorar la sostenibilidad, respetar las normativas y leyes para evitar el daño a glaciares evitando la contaminación de los cuerpos de agua que afecte a la población aborigen y local.
Luchar contra el cambio climático nos permitirá poner por delante el bienestar de las personas al garantizar el derecho a un ambiente saludable. A su vez esto nos dará la oportunidad de mejorar los derechos posibilitando el acceso de más personas a recursos energéticos más limpios y más baratos y crear oportunidades de empleo en sectores nuevos.
Si la Tierra está molesta, cada vez más enojada, es por culpa de todos. Cada vez le hacemos más daño. Y cuando la culpa es de todos, no significa que ella no sea de nadie en particular. Es de cada uno, según su grado de responsabilidad.
Cristian Frers – Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social (Periodista).
