COMENTARIO A TIEMPO
Por Teodoro Renter铆a Arr贸yave
TERCERA 脷LTIMA PARTE
CUERNAVACA, MORELOS. As铆 concluye Gonzalo Edmundo Celorio Blasco su estupenda pieza oratoria que pronunciara al recibir el Premio Cervantes 2025 de manos del monarca espa帽ol, Felipe VI en el paraninfo de la Universidad de Alcal谩 de Henares, en la que se refiri贸 a la llamada literatura del yo, que le inspir贸 el propio Miguel de Cervantes Saavedra, cuando record贸 que “el poeta habla de s铆 mismo y de sus enso帽aciones. Y a nadie le extra帽ar铆a que, en una circunstancia como esta, el poeta se refiriera a su propia poes铆a.
“Liberado de las exigencias de la veracidad hist贸rica -contin煤a- le di cabida a la imaginaci贸n literaria: modifiqu茅 nombres, fechas, parentescos; suprim铆 de un plumazo personajes anodinos para la literatura por m谩s que hubieran sido relevantes para la vida familiar, de igual manera que engendr茅 otros que se desplazaron por mis p谩ginas con la misma naturalidad que si hubieran transitado por la historia.
La escritura se pobl贸 de hip茅rboles, falacias, invenciones, lo que, parad贸jicamente, me permiti贸 hacer calas m谩s profundas en aquella historia original. Porque la ficci贸n puede llegar adonde la veracidad hist贸rica se detiene como delante de un precipicio. Y es que la novela tiene la potencia de ampliar las escalas y las categor铆as de la realidad. No se limita a contar lo que los seres humanos hacen, dicen o piensan, sino que incorpora a su discurso lo que recuerdan, lo que imaginan, lo que sue帽an... todo aquello que forma parte de su realidad, entendida en un sentido amplio e incluyente. Y al mismo tiempo, la realidad, ensanchada por la imaginaci贸n que la subvierte y por el verbo que la recrea, se despliega con mayor amplitud y se revela con mayor hondura.
En el proceso de escritura, les fui suministrando a mis novelas en ciernes los datos que hab铆a podido recabar a prop贸sito de la historia ancestral de mi familia: documentos de toda 铆ndole -actas, testamentos, fotograf铆as, recortes de peri贸dicos y hasta recetarios de cocina. Consult茅 hemerotecas y archivos hist贸ricos, realic茅 viajes de estudio a varios pa铆ses, entrevist茅 a decenas de testigos sobrevivientes, le铆 intrusivamente cartas que no estaban dirigidas a m铆, profan茅 diarios 铆ntimos que hab铆an hecho las veces de confesionarios... Y de manera milagrosa, la novela misma los fue procesando conforme yo escrib铆a y acab贸 por devolv茅rmelos a m铆, su autor, convertidos en un discurso que le铆, sorprendido por las revelaciones que la novela misma me proporcionaba. Mis novelas me han dado a conocer sucesos pavorosos de los que yo no ten铆a noticia ni la m谩s m铆nima sospecha antes de escribirlas: adulterios escondidos, homicidios encubiertos, abusos pederastas. S铆, la novela es el g茅nero indagatorio por excelencia. Y ejercerlo es una aventura de alto riesgo.
Despu茅s de veinte a帽os de navegaci贸n, por fin atraqu茅 en la 脥taca de mis antepasados. Yo no conoc铆 a ninguno de mis cuatro abuelos. Pero s茅 que el padre de mi padre sali贸 de un caser铆o llanisco de Asturias, a mediados del siglo XIX para ‘hacer las Am茅ricas’ cuando apenas era un mozalbete de diecis茅is a帽os. Se estableci贸 en M茅xico y al cabo de un tiempo de esfuerzos denodados y muchas privaciones, pudo casarse con una mujer mexicana con la que fund贸 la estirpe de la que procedo. Gracias a la novela que escrib铆 sobre los avatares de su historia, lo conozco mejor que si lo hubiera conocido en vida.
Mi abuela materna naci贸 en La Habana cuando Cuba, `La Perla de las Antillas’, era todav铆a una de las provincias espa帽olas de ultramar. Se dice que ella bord贸 la estrella de la primera bandera cubana de su incipiente y malhadada independencia… A pesar de sus muchas ocupaciones, mi madre siempre encontr贸 tiempo para leer novelas. Tanto disfrutaba la lectura, que una vez, cuando un hermano m铆o estuvo debati茅ndose entre la vida y la muerte a causa de una feroz peritonitis, le prometi贸 a la Virgen del Perpetuo Socorro, de la que era devota, que dejar铆a de leer novelas durante cinco a帽os, si lo salvaba. Ese era el mayor sacrificio que pod铆a ofrecer. Mi hermano sobrevivi贸 y ella cumpli贸 su promesa con religiosa disciplina. Al cabo de cinco a帽os pudo recuperar lo que m谩s le deleitaba, su enorme gusto por leer novelas. A destiempo la comprendo, aunque yo no tenga su fe ni tendr铆a el arrojo de hacer tama帽o sacrificio.
Mi padre le escribi贸 una carta de amor a mi madre todos los d铆as, aunque ambos estuvieran en casa. Todav铆a lo puedo ver, sentado en su escritorio, escribiendo sus cartas cotidianas, rumiando sus nostalgias e inventando artilugios que nunca alcanzar铆an la bendici贸n de la patente o que ya eran moneda de uso corriente en otras partes y aun en otros tiempos sin que 茅l se hubiera enterado siquiera. Igual que yo ahora, que me paso la vida, sentado en mi escritorio, con los pies metidos debajo de las patas delanteras de la silla para no caer en la tentaci贸n de levantarme y abandonar la tarea, escribiendo lo que acaso, sin yo saberlo, ya escribieron otros.
Miguel, mi hermano mayor, que me llevaba 22 a帽os, los mismos que le llevo yo a mi primog茅nito, me adopt贸 como hijo suyo cuando yo era ni帽o, para contrarrestar la senectud de mi padre. Algunas tardes me invitaba a su habitaci贸n, que era menos un dormitorio que una biblioteca, y me hac铆a aprender de memoria frases rimbombantes que tendr铆a que decir en voz alta cuando llegara a casa alguna novia suya.
Entonces me tomaba de los codos, me sub铆a a la mesa del comedor y me preguntaba con un gui帽o de complicidad: Gonzalo, ¿hasta d贸nde me quieres? Y yo le respond铆a delante de la novia, te quiero m谩s all谩 de la C贸lquida donde Jas贸n y los argonautas buscaron el vellocino de oro; te quiero hasta la m谩s lejana estrella de la V铆a L谩ctea, te quiero hasta el 煤ltimo conf铆n del universo.
Yo, por supuesto, no sab铆a qui茅n era el tal Jas贸n, ni qu茅 era la V铆a L谩ctea ni qu茅 significaba la palabra conf铆n. Pero mis respuestas suscitaban el aplauso de la peque帽a concurrencia y me otorgaban una singularidad en esa familia regida por el precepto equitativo de mi madre con el que gobernaba a su prol铆fica descendencia: ‘todos mis hijos son iguales.’ La novia quedaba seducida y yo, diferenciado de todos mis hermanos. Creo haber sabido desde entonces que en la palabra se cifraba mi destino.
He dedicado toda mi vida a la palabra. Como escritor que acaso habla m谩s de lo que lee que de lo que vive; como profesor que no ha tenido mayor placer que contagiar el entusiasmo por la literatura a las muchas generaciones de alumnos que han pasado por sus aulas; como ‘aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles` que ha formado una generosa biblioteca con los libros que ha podido adquirir o trasegar desde cada uno de los pa铆ses por los que ha viajado; como acad茅mico de la lengua enamorado del organismo vivo y cambiante que estudian 茅l y sus colegas; como editor que ha tenido el privilegio de convertir un manuscrito en un libro vivo y circulante como la sangre.
Por eso, cuando alguien me pregunta que cu谩l es la palabra que m谩s me gusta de la lengua espa帽ola, le respondo que la palabra que m谩s me gusta de la lengua de Cervantes es la palabra palabra”.
Que la palabra, palabra del idioma de Cervantes siga cabalgando por los siglos y los siglos y que los comprometidos con ella la sigamos difundiendo y respetando. Ese es nuestro compromiso como periodistas integrantes de la Federaci贸n Latinoamericana de Periodistas, FELAP, presidida por el colega argentino, Juan Carlos Cama帽o, por la Federaci贸n de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX, que encabeza el compa帽ero oaxaque帽o, Luis Javier Hern谩ndez C贸rdova el Colegio Nacional de Licenciados Periodismo, CONALIPE, que representamos, Teodoro Ra煤l Renter铆a Villa y el autor.
Honor al flamante Premio Cervantes 2025, Gonzalo Edmundo Celorio Blasco y reconocimiento al jurado, Pablo Rub茅n Villalobos Hern谩ndez.

