OPINI脫N
Claudia Aranda

Lejos de frenar la proliferaci贸n nuclear, la ofensiva contra Ir谩n y la impunidad estrat茅gica de las potencias armadas est谩n consolidando una conclusi贸n brutal para el resto del mundo: quien no posee un poder de disuasi贸n extremo queda expuesto a la coerci贸n, al castigo y a la devastaci贸n.
No hay pol铆tica de no proliferaci贸n seria posible cuando el orden internacional castiga al d茅bil y blinda al armado. Esa es la verdad 谩spera que deja al descubierto la guerra actual. Lo que estamos viendo no es una defensa coherente del derecho internacional ni una preocupaci贸n universal por la seguridad colectiva. Lo que estamos viendo es la exhibici贸n obscena de una jerarqu铆a global en la que algunos Estados pueden atacar, bombardear, invadir, asesinar civiles, poseer arsenales no declarados y violar normas internacionales sin pagar un precio proporcional, mientras a otros se les exige una obediencia absoluta, una transparencia total y una renuncia perpetua a cualquier capacidad de disuasi贸n real.
La pregunta ya no es si esta guerra est谩 frenando la proliferaci贸n nuclear. La pregunta, mucho m谩s inc贸moda, es si no la est谩 estimulando de manera acelerada. Y la respuesta, a la luz de los hechos, es cada vez m谩s dif铆cil de esquivar: no la est谩 frenando. Est谩 reforzando su l贸gica.
Durante d茅cadas, el discurso oficial de las grandes potencias ha repetido una promesa tan solemne como hip贸crita: menos armas nucleares significan m谩s seguridad para todos. Pero esa promesa s贸lo podr铆a tener credibilidad en un sistema internacional regido por reglas comunes, garant铆as rec铆procas y sanciones consistentes para todos los infractores. Ese sistema, sencillamente, no existe. Lo que existe es otra cosa: un orden selectivo, punitivo y profundamente asim茅trico, donde la legalidad suele invocarse contra los adversarios y relativizarse cuando estorba a los aliados.
En ese contexto, la guerra contra Ir谩n no ense帽a al mundo que desafiar la proliferaci贸n tiene consecuencias. Ense帽a algo mucho m谩s peligroso: que no tener la bomba puede dejar a un pa铆s indefenso ante la violencia de quienes s铆 poseen superioridad militar, respaldo pol铆tico y cobertura diplom谩tica. 脡se es el mensaje real. 脡sa es la pedagog铆a geopol铆tica que se est谩 transmitiendo en tiempo real.
No hace falta compartir el modelo pol铆tico iran铆 ni romantizar a ning煤n Estado para entender el punto central. Basta con observar la secuencia. Ir谩n firm贸 el Tratado de No Proliferaci贸n. Durante largos per铆odos acept贸 inspecciones, sistemas de control y l铆mites verificables. El debate sobre el grado, continuidad y calidad de ese cumplimiento puede ser t茅cnico y complejo, pero hay algo que no admite demasiada discusi贸n: exist铆a una arquitectura de supervisi贸n. Exist铆a un marco institucional. Exist铆a, al menos, un lenguaje com煤n de inspecci贸n, negociaci贸n y control. Hoy ese marco est谩 da帽ado, erosionado y atravesado por la guerra. La opacidad aument贸. La desconfianza se dispar贸. El incentivo a mantener un programa estrictamente contenido se debilit贸. Si el resultado final de la presi贸n militar es menos visibilidad, menos cooperaci贸n y m谩s razones para buscar una disuasi贸n irreversible, entonces la estrategia ha fracasado en su propio supuesto objetivo.
La l贸gica que emerge es devastadora. Un pa铆s observa que otro posee armas nucleares fuera del tratado, no se somete al mismo r茅gimen de inspecci贸n y sin embargo conserva impunidad estrat茅gica. Observa tambi茅n que potencias con un historial probado de violencia masiva contra civiles siguen present谩ndose como guardianes leg铆timos del orden. Observa, adem谩s, que quienes carecen de un escudo disuasivo suficiente pueden ser amenazados, asfixiados, saboteados o atacados. ¿Qu茅 conclusi贸n racional extrae de todo eso un aparato estatal que piensa en t茅rminos de supervivencia? No la conclusi贸n moral que desear铆an los discursos oficiales. Extrae una conclusi贸n mucho m谩s fr铆a: la bomba no s贸lo sirve para destruir; sirve, sobre todo, para que no te destruyan.
Eso es exactamente lo que vuelve tan alarmante este momento hist贸rico. La proliferaci贸n ya no aparece 煤nicamente como una ambici贸n ideol贸gica o como un proyecto de prestigio. Empieza a reaparecer como una doctrina defensiva. Como una p贸liza de seguro. Como el 煤ltimo argumento de soberan铆a en un mundo donde la ley no protege de forma pareja. El caso de Corea del Norte, tantas veces citado con incomodidad, se vuelve en este sentido una advertencia brutal. Se puede condenar su r茅gimen, denunciar sus abusos, aislarlo diplom谩ticamente y sancionarlo durante a帽os. Pero nadie ignora la lecci贸n que otros Estados extraen de su mera supervivencia: a un pa铆s nuclear se le teme, se le contiene, se le rodea, se le sanciona; a un pa铆s no nuclear se le puede castigar de formas que ser铆an impensables en el primer caso.
La tragedia es que esta lecci贸n no se limita a Ir谩n. Se est谩 irradiando hacia otras capitales, otros estamentos militares, otros aparatos de seguridad nacional. Se discute en voz baja o en lenguaje t茅cnico, pero se discute. Si el sistema internacional no puede garantizar seguridad a quienes renuncian al arma m谩xima, entonces la renuncia pierde atractivo estrat茅gico. Y cuando la renuncia pierde atractivo, la proliferaci贸n deja de ser una anomal铆a para convertirse en tentaci贸n.
Aqu铆 est谩 el n煤cleo de la contradicci贸n occidental. Se exige no proliferaci贸n al mismo tiempo que se demuestra, por la v铆a de los hechos, que la verdadera garant铆a de inviolabilidad sigue siendo el poder bruto. Se invoca el derecho internacional mientras se lo viola selectivamente. Se habla de estabilidad mientras se destruyen los incentivos que la hac铆an posible. Se exige confianza mientras se bombardea el mecanismo mismo que permit铆a verificarla. Es una pol铆tica no s贸lo inmoral, sino est煤pidamente contraproducente.
Tambi茅n conviene decir algo m谩s. El problema no es s贸lo que esta guerra pueda empujar a Ir谩n, o a otros, a considerar seriamente la opci贸n nuclear. El problema es que reordena la imaginaci贸n estrat茅gica del planeta. Naturaliza la idea de que la seguridad no proviene de la legalidad, ni del multilateralismo, ni de los organismos de control, sino de la capacidad de infligir un da帽o intolerable. En otras palabras, destruye el fundamento 茅tico y pol铆tico de la no proliferaci贸n y lo reemplaza por una pedagog铆a del miedo.
脡se es el efecto profundo de la impunidad. No s贸lo mata cuerpos, ciudades y econom铆as. Tambi茅n corrompe las categor铆as con las que el mundo decide c贸mo protegerse. Si las reglas no contienen al fuerte, el d茅bil deja de creer en las reglas. Y cuando eso ocurre, el sistema entero entra en una zona de degradaci贸n hist贸rica.
Por eso la pregunta sobre si esta guerra est谩 reforzando la l贸gica de la proliferaci贸n nuclear no es secundaria ni acad茅mica. Es central. Porque obliga a mirar m谩s all谩 del teatro ret贸rico de las canciller铆as y preguntarse qu茅 est谩 aprendiendo realmente el resto del mundo. Y lo que est谩 aprendiendo es aterradoramente simple: el derecho no basta, las inspecciones no bastan, los compromisos no bastan. En un orden internacional hip贸crita, lo 煤nico que parece bastar es la capacidad de disuadir por el terror.
脡sa no es una victoria de la seguridad global. Es su derrota.
La gran iron铆a es que quienes dicen querer impedir otra bomba podr铆an estar trabajando, con cada ataque ilegal, con cada doble est谩ndar y con cada gesto de impunidad, para que m谩s Estados concluyan que la necesitan. No para usarla primero. No necesariamente para lanzarla jam谩s. Sino para existir sin ser aplastados. Y cuando la bomba empieza a verse no como herramienta de conquista sino como 煤ltimo resguardo frente al abuso de los poderosos, el mundo no se vuelve m谩s seguro. Se vuelve mucho m谩s fr谩gil.
La guerra actual, entonces, no est谩 frenando la proliferaci贸n nuclear. Est谩 reforzando su l贸gica. La est谩 legitimando en la mente de quienes contemplan, con espanto y con atenci贸n, que en este siglo no sobrevive mejor quien cumple m谩s, sino quien disuade m谩s. Y 茅sa es una de las noticias m谩s graves de nuestro tiempo.
Claudia Aranda
Periodista chilena, especializada en Semiolog铆a y An谩lisis Pol铆tico. Analista internacional dedicada al an谩lisis prospectivo de los procesos sociales. Residente en Montreal, Qu茅bec, cubre para Pressenza los frentes noticiosos de la agencia y temas de discusi贸n filos贸fica contempor谩nea en el marco de los an谩lisis de hechos coyunturales variados, con 茅nfasis en derechos humanos, geopol铆tica, conflictos armados, medioambiente y desarrollo tecnol贸gico. Humanista y activista de causas justas. Pressenza
