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La frivolidad numer one de Trump

COMENTARIO A TIEMPO

Por Teodoro Renter铆a Arr贸yave


 

El mundo se debate entre guerras b茅licas, econ贸micas, pol铆ticas, ideol贸gicas, raciales y de todo signo que han cobrada miles de vidas humanas, desplazamientos, desintegraci贸n de familias, encarcelamientos ilegales, destrucci贸n, ataques letales por presunciones delictivas y sin bases jur铆dicas, todo esto ordenado por un s贸lo personaje, Donald Trump, mientras ese ambiente de horror recrudece en d铆a d铆a a d铆a, ese hombre que se define como el m谩s poderoso del mundo se regodea con su frivolidad number one; el sal贸n de baile de la Casa Blanca que seg煤n su descripci贸n ser谩 el m谩s lujoso jam谩s construido en la historia de la humanidad.




 

La plataforma “msn” nos ha tra铆do la narrativa de la conferencia de prensa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump que dispens贸 ante el “elefante blanco” en construcci贸n y que ser谩 parte del conjunto de la Casa Blanca, la hist贸rica residencia de los presidentes de la uni贸n norteamericana que ha titulado como “Un delirio febril”

 

La historia es una traducci贸n de Sara Pignatiello The Independent para la publicaci贸n hermana, The Independent en Espa帽ol, obvio que esta es una s铆ntesis de la larga nota que se inicia con las siguientes referencias hist贸ricas:

 

“Cada presidente de Estados Unidos ha abordado las crisis -o sus crisis- de manera diferente. En medio de la escalada de la guerra de Vietnam, Lyndon B. Johnson habl贸 de su pa铆s como “guardi谩n de la democracia”, con un sentido de obligaci贸n forzado. Tras el 11-S, George W. Bush habl贸 de terroristas que sacud铆an los cimientos de los edificios, pero que jam谩s “sacudir铆an los cimientos de Estados Unidos.”.

 

“Ambos l铆deres utilizaron su ret贸rica para justificar actos muy malos e injustos, pero al menos los llevaron a cabo fingiendo tener decoro. Quienes escuchaban sus discursos percib铆an que se tomaban la situaci贸n en serio e intentaban comprenderla”.

 

“Y luego est谩 Donald J. Trump -contin煤a- quien hoy, tras lanzar m谩s amenazas a Ir谩n, convoc贸 una rueda de prensa improvisada que se desarroll贸 como un delirio febril. ¿Se trataba de Medio Oriente, de Cuba, o quiz谩s de las relaciones con China tras la visita de Estado de la semana pasada a Xi Jinping? Se preguntaban los reporteros. ¡Ni hablar! Se trataba, por supuesto, del sal贸n de baile.

 

“S铆, el sal贸n de baile. El presidente se dirigi贸 a la naci贸n desde la obra en construcci贸n de su flamante espacio para eventos en la Casa Blanca, un sal贸n financiado en parte con fondos p煤blicos y en parte con inversi贸n privada, con escasa o nula transparencia, que seg煤n los expertos podr铆a costar a los estadounidenses m谩s de mil millones de d贸lares. Menos mal, entonces, que tienen dinero de sobra y no est谩n despilfarrando millones cada d铆a en una guerra in煤til, geopol铆ticamente imprudente y econ贸micamente devastadora en Medio Oriente.

 

As铆 que ah铆 estaba Trump, hablando absurdamente por encima del ruido de los taladros y las excavadoras, haciendo comentarios sobre la altura que finalmente tendr铆a el sal贸n de baile.

 

Las cadenas de televisi贸n dejaron de transmitir la comparecencia del fiscal general interino -el antiguo abogado personal de Trump, Todd Blanche- ante el Senado sobre el presupuesto de 2027 debido al repentino anuncio del presidente sobre este grupo de personas. Y cuando las c谩maras enfocaron a Donald, estaba hablando de log铆stica”. Obvio, la “log铆stica de la construcci贸n”.

 

Se帽al贸 con un gesto d贸nde se ubicar铆a la fachada del sal贸n de baile ante un peque帽o grupo de periodistas de la Casa Blanca, y a帽adi贸 que jam谩s habr铆a otro edificio tan grandioso como este, y que 茅l lo sab铆a bien, puesto que hab铆a construido much铆simos a lo largo de su carrera. El sal贸n de baile tendr谩 un techo plano de acero, a prueba de drones, dijo Trump, con la voz apenas audible por encima del ruido de las sierras el茅ctricas.

 

“Aqu铆 abajo se pueden ver las enormes tuber铆as y otras cosas; es un edificio muy complejo”, continu贸, se帽alando hacia abajo, donde los trabajadores con chalecos reflectantes recorr铆an la obra con sus herramientas. Mientras tanto, la audiencia del Senado segu铆a su curso.

 

A los 12 minutos, un reportero grit贸 una pregunta por encima del creciente sonido de los martillos, cuestionando por qu茅 el Congreso estaba aprobando fondos para el edificio cuando el presidente inicialmente dijo que se pagar铆a “de su propio bolsillo”. Sin inmutarse contest贸: “El Congreso est谩 destinando fondos para seguridad. Es posible que parte de ese dinero se destine aqu铆 para seguridad adicional, no lo s茅”, replic贸 Trump mientras continuaban los golpes de martillo.

 

Al seguir con la descripci贸n de la obra, otro reportero interrumpi贸 los chistes sobre su figura para preguntarle si pensaba hacer un trato con Cuba. “Oh, s铆, creo que s铆”, respondi贸 r谩pidamente, con la enorme fotograf铆a del sal贸n de baile a煤n en sus manos, una clara muestra visual de sus prioridades.

 

Tard贸 m谩s de 40 minutos en llegar a Ir谩n, donde las preguntas sobre los precios de la gasolina y los problemas del mercado de valores llevaron a la vieja y conocida afirmaci贸n de la Administraci贸n Trump: que Ir谩n tenga un arma nuclear es peor que cualquier otra cosa que pudiera suceder. Dijo que se alegraba de que “todos pudieran soportar [la situaci贸n] un tiempo”, y, por cierto, hay petr贸leo en todo el mundo, incluso en Alaska.

 

A los 45 minutos, se desahog贸 sobre c贸mo supuestamente hab铆a transformado la sanidad estadounidense, terminando con: “Miren: vayan a desayunar, p谩senlo bien. La pr贸xima vez que vengan, esas columnas estar谩n a煤n m谩s altas”. Se oy贸 un fuerte estruendo en la planta baja cuando a帽adi贸 que la “parte inferior” del edificio era “m谩s compleja que la superior”. Puede que la inflaci贸n sea alta, que la situaci贸n en Medio Oriente sea inestable, que las normas constitucionales se est茅n derrumbando, pero ¿han visto los cimientos de seis pisos del nuevo sal贸n de baile? Es LA FRIVOLIDAD NUMBER ONE DE TRUMP y nada m谩s.

 

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