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Deseos de reconciliaci贸n

Por Franco Gamboa Rocabado

Ejercer el mal constituye un acto de repudio para la gran mayor铆a de las personas. Sin embargo, la pr谩ctica del mal en forma permanente es una de las identidades m谩s profundas de la naturaleza humana. Todos estamos equipados con la capacidad necesaria para cometer los actos m谩s perversos que podamos imaginar; por lo tanto, necesitamos fuerzas sobrehumanas, leyes y amonestaciones de car谩cter moral para limitar, aunque no erradicar, las penetrantes influencias del mal en la conciencia y en los actos de nuestras distintas vidas.

La biblia contiene hermosas ense帽anzas sobre c贸mo restringir las inclinaciones del esp铆ritu hacia el mal. Es m谩s, los evangelios junto a las pr茅dicas de Jesucristo brindan una posibilidad interesante sobr茅 por qu茅 arrepentirse, rectificar la conducta pecaminosa y alcanzar, no la perfecci贸n, pero s铆 el perd贸n de Dios por medio de un “sentido de reconciliaci贸n”. ¿Es la biblia es conjunto de reflexiones filos贸ficas en torno a la reconciliaci贸n con un ser supremo?

Desde el G茅nesis, la expulsi贸n del para铆so de Ad谩n y Eva se convirti贸 en una met谩fora aleccionadora en torno a las barreras que la raza humana deber铆a introducir para no ejercer el mal o desafiar la autoridad divina; de cualquier manera, ¿es lo mismo el desaf铆o a la autoridad de Dios y la b煤squeda de una rectificaci贸n por haber practicado el mal? Esto es sumamente discutible, debido a que ambos problemas 茅tico-religiosos son diferentes.

Por una parte, cuando Ad谩n y Eva desobedecieron a Dios al comer los frutos prohibidos de la sabidur铆a, surgi贸 de inmediato un dilema pol铆tico: los hombres y mujeres, al haber sido creados a imagen y semejanza divina, tomaron libremente la decisi贸n de transformarse en “autoridades plenas” con el objetivo de estar a la altura de su creador, impugnarlo y, finalmente, tratar de superarlo, fruto de la arrogancia inherente al cultivo del saber y el ejercicio pol铆tico que brota de las fuerzas humanas.

Simult谩neamente, los hombres son h谩biles para profesar y efectuar el mal, aunque con un cargo de conciencia que los obliga a rendirse, solicitando el perd贸n y buscando un sentido de reconciliaci贸n. Posiblemente, el impulso del arrepentimiento representa un ilusorio deseo infantil para retornar al para铆so de la unidad y la felicidad. La b煤squeda del perd贸n, no es lo mismo que el intento por reconciliarse con la autoridad de Dios quien termina venciendo como el creador dominante. El perd贸n de los pecados es la alternativa inventada por los hombres expulsados del para铆so, hasta que rectifiquen sus conductas equivocadas.

Por otra parte, la b煤squeda de una reconciliaci贸n entre la raza humana y su creador proviene del sufrimiento de haber sido expulsados de aquella unidad primigenia, denominada para铆so. En el fondo, tal para铆so es una fantas铆a cuya lejan铆a provoca un sufrimiento espiritual cuando algunos seres humanos se consideran no merecedores, debido al ejercicio del mal que prevalece en sus acciones; empero, la experiencia de una “p茅rdida del para铆so es lo mismo que extraviar la unidad, el equilibrio y la felicidad original”, es aquello que estimula distintas acciones cuyo prop贸sito es reconciliarse con las experiencias ligadas a lo supremo.

El ejercicio del mal es el sentido de realidad que el mundo soporta cada d铆a. Junto a 茅ste se presentan un conjunto de imaginarios donde ingresa el sentido religioso. En los sue帽os retorna intensamente la fantas铆a por remontar los errores del mal, mientras que al despertar, los seres humanos enfrentan el sentido de realidad construyendo intentos para reconciliarnos con los conceptos de 茅tica y el sosiego que conlleva saberse imperfectos, pero por esto mismo, luchar hasta plasmar obras supremas donde brillen la felicidad, el perd贸n y la unidad de un recomienzo que se encamine hacia el bien.

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