Por Jos茅 Carlos Garc铆a Fajardo
El voluntariado social contribuye a que se perpet煤e la injusticia estructural si institucionaliza los efectos sin acometer la transformaci贸n de las causas. Pasemos el mensaje de boca en oreja acompa帽ado de una conducta coherente con nuestra actitud vital.
Nosotros somos responsables, en la m谩s bella acepci贸n del t茅rmino, y podemos compartir la situaci贸n de los “condenados de la tierra” haciendo nuestras sus necesidades. Las personas de car谩cter no tienen tiempo para los lamentos porque se ocupan en trabajar para remediar las desgracias y las necesidades de los que sufren.
Para ello es preciso esforzarnos por ampliar nuestro conocimiento de la realidad sociopol铆tica y cultural de los m谩s desfavorecidos, as铆 como adoptar un modo de vida m谩s austero y de comprometerse con actividades que ayuden a la sensibilizaci贸n ante los problemas reales que padecen tantos seres humanos como nosotros y cuya suerte no nos es ajena.
Si el voluntariado social no se erige en esta realidad palpitante e ineludible, contribuye a que se perpet煤e la injusticia estructural institucionalizando los efectos al no acometer la transformaci贸n de las causas. Pasemos el mensaje de boca en oreja acompa帽ado de una conducta coherente con nuestra actitud vital.
Tenemos que seguir el camino de los hombres y mujeres aut茅nticos que nos precedieron y que, hoy mismo, en tantos lugares, an贸nima y eficazmente, est谩n contribuyendo a este alborear de un mundo nuevo con una sociedad nueva. Al fin y al cabo, ¿qu茅 es la solidaridad sino la respuesta ante una desigualdad injusta?
La solidaridad que queremos construir supone cambios desde las estructuras para transformar nuestra sociedad y abrirnos camino hacia un futuro sostenible. La solidaridad se forja cuando comprometemos nuestra vida, nuestro tiempo, nuestros conocimientos y nuestra voluntad de cambiar una sociedad que no nos gusta por otra m谩s humana, m谩s digna y m谩s justa. No todo est谩 perdido y, si es cierto que “la noche nace al mediod铆a” como sostienen los sabios chinos, no lo es menos la proposici贸n contraria que se encuentra en la afirmaci贸n anterior “la aurora comienza a medianoche”. Dado el abismo en que ha desembocado nuestra sociedad de consumo, de crecimiento ilimitado y de progreso incontrolado, es posible que nos encontremos en ese nuevo amanecer de una nueva cultura de la solidaridad.
Del mismo modo que la ca铆da del muro de Berl铆n, en 1989, sorprendi贸 al mundo, digan ahora lo que quieran pero ah铆 est谩n las hemerotecas para comprobarlo, es muy probable que esa nueva revoluci贸n se est茅 produciendo aunque, como en todos los acontecimientos que marcaron el cambio de edades en la historia, s贸lo sean perceptibles en su forma real cuando ya se hayan producido. Un espacio no se hace visible hasta que no se adquiere una cierta distancia.
El mundo digital est谩 transformando nuestras estructuras desde lo m谩s profundo de forma que son inimaginables las posibilidades del ser humano que, como en el ejemplo de Mac Luhan, “pisa a fondo el acelerador de una potente m谩quina pero con la mirada puesta en el retrovisor”. Nuestra tarea como voluntarios sociales es ayudar a recuperar nuestras verdaderas se帽as de identidad.
El voluntariado social contribuye a que se perpet煤e la injusticia estructural si institucionaliza los efectos sin acometer la transformaci贸n de las causas. Pasemos el mensaje de boca en oreja acompa帽ado de una conducta coherente con nuestra actitud vital.
Nosotros somos responsables, en la m谩s bella acepci贸n del t茅rmino, y podemos compartir la situaci贸n de los “condenados de la tierra” haciendo nuestras sus necesidades. Las personas de car谩cter no tienen tiempo para los lamentos porque se ocupan en trabajar para remediar las desgracias y las necesidades de los que sufren.
Para ello es preciso esforzarnos por ampliar nuestro conocimiento de la realidad sociopol铆tica y cultural de los m谩s desfavorecidos, as铆 como adoptar un modo de vida m谩s austero y de comprometerse con actividades que ayuden a la sensibilizaci贸n ante los problemas reales que padecen tantos seres humanos como nosotros y cuya suerte no nos es ajena.
Si el voluntariado social no se erige en esta realidad palpitante e ineludible, contribuye a que se perpet煤e la injusticia estructural institucionalizando los efectos al no acometer la transformaci贸n de las causas. Pasemos el mensaje de boca en oreja acompa帽ado de una conducta coherente con nuestra actitud vital.
Tenemos que seguir el camino de los hombres y mujeres aut茅nticos que nos precedieron y que, hoy mismo, en tantos lugares, an贸nima y eficazmente, est谩n contribuyendo a este alborear de un mundo nuevo con una sociedad nueva. Al fin y al cabo, ¿qu茅 es la solidaridad sino la respuesta ante una desigualdad injusta?
La solidaridad que queremos construir supone cambios desde las estructuras para transformar nuestra sociedad y abrirnos camino hacia un futuro sostenible. La solidaridad se forja cuando comprometemos nuestra vida, nuestro tiempo, nuestros conocimientos y nuestra voluntad de cambiar una sociedad que no nos gusta por otra m谩s humana, m谩s digna y m谩s justa. No todo est谩 perdido y, si es cierto que “la noche nace al mediod铆a” como sostienen los sabios chinos, no lo es menos la proposici贸n contraria que se encuentra en la afirmaci贸n anterior “la aurora comienza a medianoche”. Dado el abismo en que ha desembocado nuestra sociedad de consumo, de crecimiento ilimitado y de progreso incontrolado, es posible que nos encontremos en ese nuevo amanecer de una nueva cultura de la solidaridad.
Del mismo modo que la ca铆da del muro de Berl铆n, en 1989, sorprendi贸 al mundo, digan ahora lo que quieran pero ah铆 est谩n las hemerotecas para comprobarlo, es muy probable que esa nueva revoluci贸n se est茅 produciendo aunque, como en todos los acontecimientos que marcaron el cambio de edades en la historia, s贸lo sean perceptibles en su forma real cuando ya se hayan producido. Un espacio no se hace visible hasta que no se adquiere una cierta distancia.
El mundo digital est谩 transformando nuestras estructuras desde lo m谩s profundo de forma que son inimaginables las posibilidades del ser humano que, como en el ejemplo de Mac Luhan, “pisa a fondo el acelerador de una potente m谩quina pero con la mirada puesta en el retrovisor”. Nuestra tarea como voluntarios sociales es ayudar a recuperar nuestras verdaderas se帽as de identidad.
