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Galizia: sobrevivir al dolor

OPINI脫N de Pura Mar铆a Garc铆a.- 27.07.13. 



En memoria de quienes han encontrado un final injusto, urdido por los dedos est煤pidos del azar m谩s maldito.

Hoy se cierne una voz muda sobre las aceras de piedra de Santiago. Explican, quienes tratan de fundir sus pasos con el suelo para as铆, al menos conjurar la huida del miedo y sentir que el azar les ha permitido sobrevivir al propio azar y a su grotesca burla, que jam谩s se contempl贸 una ciudad m谩s sola, m谩s sin nada, m谩s vac铆a de esperanza y, sin embargo, m谩s llena de preguntas. Explican que la neblina no es ya la presunci贸n de una lluvia que a menudo ba帽a los tejados y las calles, los bancos que diseminan su sombra sobre las plazas ahora rotas. Es la niebla de la angustia y del porqu茅 atenazando sus bocas y las nuestras. Cuentan, con palabras que calan la distancia y la traspasan, que la ciudad ha muerto, tambi茅n, con una muerte que ser谩 presencia cada d铆a.

Hoy los n煤meros, que hace unas horas eran la identidad quebrada de corazones que buscaban latir, una vez m谩s, sin detenerse en la nada gigante del vac铆o, son nombres y apellidos que nos golpean como aldaba inmensa, da帽ino recordatorio de vidas que jam谩s deber铆an haberse trastocado. Una lee la lista oscura que se empe帽a en encerrar la muerte y siente que la necesidad de cerrar los ojos al instante, de negarse a creer que ha sucedido, de darle la espalda a la evidencia, imaginar que es la boca mellada de la paradoja quien se burla, con sonrisa letal, con broma incierta.

J. Arganda; E. Ausina; S. Barral; E. Beotas; C. Besada; L. Buendia; I. Bustamente…

Iniciales que tienen, tras ella, la luz extinguida de la vida.

Una las lee, repasa con las pupilas llenas de la m谩s triste materia, y siente una especie de punzada difusa y expresiva. Un pu帽o que golpea y se extiende, desde la boca a las manos, del coraz贸n al pensamiento, del interrogante inexplicable al dolor que nos llega atravesando el dolor del otro y nos alcanza, de repente, en tormenta que desata un azar que juega con nosotros, implacable, cada d铆a.

Una siente distinto este dolor que escapa a la descripci贸n, que es un todo que se instala en la alegr铆a y la aniquila. Lo siente diferente al dolor que es inquilino propio, definitivo par谩sito que nos mantiene en vilo. Una percibe el dolor de estas muertes que se extienden como heridas sobre el aire de Galizia, con m谩s intensidad que si el dolor fuera un hilv谩n negro cosido al cuerpo propio. Porque cuando le duele a cada uno de nosotros la soledad tremenda, el sue帽o roto, la injusticia, ya tenemos bastante con sentirla y luchar por apartarla, con manos invisibles y gestos amasados entre llanto. Sin embargo, este dolor que ahora se filtra, desde el otro, desde otros, como grieta que saja las paredes del alma, es un dolor que est谩 al acecho, que nos mira, un lugar sombr铆o que observamos desde una distancia vital -la de no ser nosotros ellos, pero serlo- que nos permite sentirlo, masticarlo, roerle la piel y devorarlo, digerir su porqu茅 y contemplarlo. Este dolor del otro, tendido como s谩bana que cubre la muerte llegada en una noche sin pre谩mbulos, se vuelve obst谩culo inalcanzable por la raz贸n, por la palabra. Se trasforma en absurdo manojo de argumentos que caen a煤n antes de alzarse entre lamentos, porqu茅s partidos por la voz del azar, que ordena los finales imprevistos.

Una siente, en el dolor del otro, de los otros, una premonici贸n del propio dolor cuando acontezca, y llora, con el llanto que se oculta entre estas l铆neas que ahora escribo, un agua que recorre la consciencia y se hace grito.

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