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El terrible efecto de defraudar las expectativas

OPINI脫N de Joan del Alc脿zar.- Cuatro meses despu茅s de las elecciones, en el escenario pol铆tico se est谩n jugando lo que en t茅rminos futbol铆sticos se conoce como los minutos de la basura. Esto es, los minutos finales de un partido en el que el marcador est谩 decidido. ¿Qu茅 va a pasar partir de ahora?
Resulta dif铆cil aceptar el comportamiento de los partidos pol铆ticos mayoritarios. Tras los resultados de las elecciones del pasado diciembre [¡diciembre s铆, que se dice pronto!], cobra fuerza la tesis de que las cuatro formaciones m谩s importantes de las Cortes definieron claramente y con rapidez su estrategia. Todo lo visto y o铆do, pues, durante estas largas semanas no habr铆a sido m谩s que puro teatro; actuaciones que se habr铆an producido siguiendo un guion detalladamente escrito antes de navidad.

Cada partido habr铆a ejecutado el suyo. El PP decidi贸 que con las cartas que ten铆a no pod铆a aspirar a otra cosa que a un nuevo reparto, y se encomend贸 a la demostrada capacidad de su dirigente m谩ximo de no mover un m煤sculo y de conseguir que sus adversarios se desgastaran ante sus respectivas parroquias. En el PSOE, tras los peores resultados de su historia y carcomido por las luchas internas, el sector de Pedro S谩nchez apost贸 por lo 煤nico que la facci贸n conservadora del t谩ndem Felipe Gonz谩lez / Susana D铆az le permiti贸: un pacto con la derecha, modelo gran coalici贸n, pero intentando en paralelo romper la unidad precaria de la muy heterog茅nea fuerza electoral de Podemos. Estos, los comandados por Pablo Iglesias, decidieron que ser tercera fuerza, por detr谩s del PSOE, era incompatible con el asalto a los cielos anunciado y se aprestaron al desgaste de los socialistas para substituirlos como segunda fuerza parlamentaria tras unas nuevas elecciones. Ciudadanos, fiel a sus objetivos fundacionales, apost贸 al todo o nada por forzar a los socialistas a una coalici贸n nacionalista y conservadora, muy del gusto del d煤o Felipe y Susana.

Tras la inanidad de Zapatero en su segundo gobierno, incapaz de hacer frente a la crisis y a sus demoledores efectos sociales, lleg贸 Rajoy al frente del PP. Promet铆a todo lo que se deb铆a prometer a un electorado muy castigado: creaci贸n de empleo, mantenimiento de la pol铆tica social y credibilidad internacional. Minti贸; mintieron descaradamente y aplicaron una draconiana pol铆tica de ajustes del gasto p煤blico que arroj贸 unos perversos efectos que se hicieron patentes en un incremento apabullante de la desigualdad social.

La nula respuesta socialista abri贸 un espacio pol铆tico que primero tom贸 forma en las calles y las plazas y luego, canalizando la rabia y vertebrando la protesta contra los dos partidos sist茅micos, cristaliz贸 en un nuevo partido que irrumpi贸 en las elecciones europeas consiguiendo un mill贸n y medio de votos que se convirtieron en cinco millones en las legislativas de diciembre pasado, tras haber entrado con fuerza en ayuntamientos y gobiernos regionales en las anteriores elecciones locales y auton贸micas del mes de mayo anterior.

En paralelo, la derecha tambi茅n opt贸 por a帽adir una opci贸n m谩s en el tablero. Disfrazado de renovador, regenerador, moderno y din谩mico, el nuevo partido espa帽olista deb铆a ser la opci贸n del electorado de centro derecha asustado por la aparici贸n de Podemos y asqueado por la septicemia de corrupci贸n que aqueja al PP.

Han pasado cuatro meses y el escenario est谩 enfangado hasta provocar n谩useas a buena parte de la ciudadan铆a. Adem谩s de desconcierto y frustraci贸n. Se supon铆a que el pa铆s necesitaba reactivarse con urgencia, que hab铆a que limpiarlo de corrupci贸n y que se deb铆a de abrir una senda virtuosa en defensa del inter茅s general, en la direcci贸n opuesta a la seguida por los de Rajoy, paladines de los intereses particulares de sus cuadros dirigentes y de sus amigos pol铆ticos, particularmente los corruptos y los corruptores del mundo financiero y empresarial.

Se supon铆a. Todo eso se supon铆a. Sin embargo, lo que los partidos mayoritarios est谩n haciendo en la pr谩ctica es culpabilizar y castigar al electorado por no haber votado bien, por no haber sabido votar. Ellos no han sido capaces de gestionar sus diferencias, incluso sus antagonismos en beneficio de un gobierno de amplio respaldo para afrontar las urgencias que padecemos; las internas y las externas, que conviene no olvidar el endiablado escenario en el que se ha convertido la Uni贸n Europea, v铆ctima de su insolvencia y de su mezquindad, tanto como asediada por fanatismos propios y ajenos.

Si no se produce una sorpresa may煤scula que s贸lo puede ser el resultado de un ataque de sensatez en el Estado Mayor socialista o en el de Podemos, o en ambos a la vez, seremos convocados de nuevo a las urnas. 

El electorado conservador argumenta siempre que todos los pol铆ticos son iguales [corruptos e ineficaces, aunque un mal necesario], as铆 que vota por los suyos sin demasiados miramientos.

El electorado al que, para simplificar, llamaremos progresista es aqu茅l que necesita votar con siquiera unos gramos de ilusi贸n; aqu茅l que es capaz de creer que la pol铆tica no es algo infecto. Defraudar, una vez m谩s, esas expectativas y que en esa decepci贸n colaboren incluso los que hab铆an inyectado m谩s ilusi贸n y confianza en que todo pod铆a ser distinto, s贸lo puede tener efectos perniciosos para todos. Quiz谩 el m谩s grave sea que la alianza parlamentaria que podr铆a conformar el PP con Ciudadanos vuelva a gozar de mayor铆a absoluta para seguir con la demolici贸n de todo lo que es sector p煤blico y de lo que son los intereses colectivos. 


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