Alfonso M. Villalta Luna:Tragedia en tres actos: Los juicios sumar铆simos del franquismo

OPINI脫N de Daniel Campione
Un libro reciente contiene un estudio de los procedimientos por los cuales la dictadura de Francisco Franco juzgaba a sus enemigos reales o presuntos. Una masacre judicializada que caus贸 multitud de v铆ctimas.
Alfonso M. Villalta Luna.
Tragedia en tres actos: Los juicios sumar铆simos del franquismo.
Madrid. Consejo Superior de Investigaciones Cient铆ficas, 2022.
319 p谩ginas.
El que nos ocupa es de esos libros que reflejan investigaciones de largo aliento, que ponen en juego amplias fuentes y vastas referencias te贸ricas. Todo con un enfoque equilibrado, que no confunde distancia cr铆tica con pretensi贸n de neutralidad.
El objeto de estudio es un modo particular de juzgamiento por tribunales militares, que le permiti贸 al franquismo dar una p谩tina de supuesta legalidad a lo que durante parte de la guerra se ejecut贸 por medio de asesinatos sin ninguna forma judicial. Del “paseo” y el tiro en la nuca se pasa a una escena de supuesta deliberaci贸n jur铆dica, en su versi贸n militarizada. En esos juicios se prodigan las condenas a muerte y asimismo las largas penas de prisi贸n.
Todo con una “urgencia” que reduc铆a al m铆nimo las garant铆as procesales y el derecho de defensa. Y un peculiar modo de construir las pruebas que reconoc铆a en la delaci贸n un elemento fundamental. Y permit铆a acusaciones imprecisas por conductas que s贸lo una mirada sesgada pod铆a considerar como delitos.
Los sumar铆simos eran una herramienta para la represi贸n de los vencidos republicanos y asimismo al servicio de disciplinar a toda la sociedad espa帽ola en torno a “la justicia de Franco”. Cualquiera pod铆a sufrir una denuncia que lo colocara al borde de una sentencia a la pena capital. O de una estad铆a prolongada en manos de un sistema penitenciario que funcionaba en las peores condiciones para los presos y presas.
A este tipo de juicio los vertebraba la ideolog铆a y la pr谩ctica de deshumanizaci贸n de los derrotados, reducidos a “hordas marxistas” que el “Nuevo Estado” deb铆a castigar con severidad. Era el modo adoptado para restaurar el orden frente a las consecuencias de un “terror rojo”, cuyos culpables deb铆an recibir condigno castigo.
Todo para consolidar una organizaci贸n social signada por el catolicismo integrista, el privilegio de pocos y un esp铆ritu de venganza de clase contra los osados pecadores que hab铆an so帽ado con una Espa帽a diferente.
Muchas veces ni siquiera se apelaba a la atribuci贸n de hechos concretos para condenar. Pod铆a bastar con profesar determinadas ideas o con pertenecer a organizaciones sindicales o de partidos de izquierda. Incluso no profesar el catolicismo era una actitud al borde de lo delictivo. Hasta la m谩s arbitraria de las denuncias era dif铆cil de contrarrestar ante una instancia siempre proclive a la condena.
Las voces en los juicios.
La materia prima principal de la investigaci贸n son los expedientes generados en el 谩mbito de la “justicia” militar, que proporcionan las marcas fundamentales de lo que eran esos procesos.
A lo largo del trabajo de Villalta aparecen diversas voces en torno al juicio, la mayor parte tomadas de los propios expedientes. All铆 est谩n los instructores de los procesos, los delatores que con sus denuncias ponen en funcionamiento el mecanismo, las autoridades civiles, partidarias o religiosas que refuerzan las acusaciones o, a veces, dan avales para que sobre alg煤n preso no caiga todo el peso de la normativa franquista.
Tambi茅n se refleja el transcurso de interrogatorios de presos maltratados y hacinados, que sufren prisiones para confesar y facilitar as铆 su condena.
Asimismo habitan esas p谩ginas los familiares y amigos que tratan de defender a los presos, y los propios prisioneros que procuran salvarse de la pena de muerte y se defienden como pueden, incluso a costa de humillarse ante los jueces que pueden disponer de su vida.
Son una multiplicidad de protagonistas de lo que culminaba en un “consejo de guerra” en el que se determinaba el destino de los “reos”. En algunos casos, el autor se detiene en personajes que se muestran “an贸malos” en el desempe帽o del rol que tienen asignado. As铆 un alf茅rez que parece tomarse en serio su rol de defensor y se esfuerza por aliviar la suerte de sus defendidos. Peculiaridad frente al com煤n de los defensores, que proced铆an de manera mec谩nica y solicitaban que el acusado fuera condenado a la pena inmediata menor a la solicitada por la acusaci贸n.
Tambi茅n tiene su lugar un recluso al que se le encarga mecanografiar los interrogatorios y luego se las arregla para adiestrar a sus compa帽eros sobre c贸mo responder a las preguntas y qu茅 actitudes sostener para salir un poco mejor parados, en procura de su salvaci贸n.
O dos adolescentes casi ni帽as a las que se las encarcela y somete a juicio por una denuncia de hechos nimios y no susceptibles de comprobaci贸n.
Con estos juicios la dictadura espa帽ola reemplaz贸 las ejecuciones sin forma alguna de juicio por los que muchas veces se convert铆an en verdaderos asesinatos judiciales. As铆 puede calificarse a muchos millares de sentencias que condenaban por “rebeli贸n militar” a quienes hab铆an defendido a la Rep煤blica contra los golpistas que procuraban derrocarla.
Villalta vuelve una y otra vez sobre la “justicia al rev茅s”. As铆 la denomin贸 a posteriori un alt铆simo jerarca del r茅gimen, Ram贸n Serrano Su帽er. Los que enfrentaron la sublevaci贸n militar y civil resultaban condenados por rebeldes.
La exaltaci贸n de Franco y la venganza contra los vencidos.
El culto al Caudillo y las f贸rmulas preconcebidas para justificar todos los actos de los adherentes al r茅gimen recorren los documentos. La ret贸rica encomi谩stica hacia el “Glorioso Movimiento” va en el mismo sentido. Los vencedores lo eran todo, los vencidos eran poco m谩s que polvo a merced de la renovada marcha triunfal de los constructores de la “Nueva Espa帽a”.
Se buscaba la venganza y la humillaci贸n de los contrarios. Que no eran s贸lo los centenares de miles de presos sino todxs los que tuvieron algo que ver con las organizaciones identificadas con la rep煤blica. Incluso se iba contra sus familiares y allegados, que pod铆an ser culpados de “auxilio” o “adhesi贸n” a las conductas de otros. Bastaba un carnet de afiliaci贸n a un sindicato o partido para desatar la furia represiva.
Villalta destaca el particular ensa帽amiento contra algunos protagonistas de los procesos: Los anarquistas, m谩ximos candidatos a la pena de muerte si reconoc铆an su condici贸n de tales. Y los maestros, vistos como perturbadores del orden social que hab铆an “envenenado” a ni帽os y j贸venes y por tanto portadores de una culpa inmensa. Se detiene en procesos que tienen ese tipo de v铆ctimas, y expone como el sistema judicial estrecha a煤n m谩s el cerco sobre ellos, en direcci贸n a la pena capital.
El conjunto de la obra pone en evidencia y analiza a fondo una perversa ficci贸n de “orden y justicia”, que encubre la realidad de destrucci贸n sistem谩tica de los percibidos como enemigos. Y nos da idea de la dimensi贸n alcanzada por esos procedimientos, al estimar que hubo m谩s de un mill贸n de estos procesos.
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Hay que agradecerle a Villalta Luna el haber aportado nuevos elementos para la comprensi贸n de los mecanismos de aniquilaci贸n construidos por la represi贸n franquista. Y la incorporaci贸n de una variedad de testimonios, con protagonistas muy diferentes entre s铆. De ese modo exhibe el tinglado teatral que se despliega en “tragedia”. Una en la que las cuasi divinizadas instancias de la dictadura caen sobre sus v铆ctimas predefinidas, sin atender a razones ni voluntades.
Por su peculiar modo de navegar por la historia y la antropolog铆a, este es un libro infrecuente, un modo de echar una luz distinta sobre hechos de barbarie ya lejanos en el tiempo. Ello a partir de traer al presente tanto a v铆ctimas como a victimarios y desentra帽ar la l贸gica de un poder estatal que convirti贸 al padecimiento masivo en un instrumento de autoafirmaci贸n.
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