Enrico Tomaselli

Se habla mucho de los constantes arranques de s谩tira del nuevo presidente Trump, que muchas veces se presentan precisamente para encender el debate. Y, sin duda, incluso m谩s all谩 de la naturaleza exuberante del personaje, es evidente que, detr谩s de lo que con demasiada frecuencia parece un lenguaje excesivo, hay en realidad planes y estrategias pol铆ticas, y no solo producto de su imaginaci贸n.
Es evidente que el uso de expresiones claramente fuera de lugar forma parte, a su vez, de una elecci贸n estrat茅gica de comunicaci贸n, que se materializa esencialmente en una postura verbal imbuida de un sentido de superioridad (si no de desprecio absoluto), que deber铆a transmitir la idea de una potencia imperial tan fuerte (y tan cansada de tener que ceder) que no tiene reparos en manifestarse brutalmente urbi et orbi. En resumen, Make America Great Again comienza mostrando una actitud -precisamente- de una gran potencia en existencia.
Al mismo tiempo, es igualmente evidente que el p煤blico al que se dirige principalmente el mensaje intr铆nseco a ese lenguaje poco sutil es esencialmente el de Estados Unidos: despu茅s de haber movilizado al electorado, que lo llev贸 a la Casa Blanca, ahora es necesario mantener un clima de movilizaci贸n que apoye la acci贸n reformista que Trump tiene en mente y que ha comenzado a llevar a cabo. Y para ello es necesario infundir entre los ciudadanos dosis masivas de optimismo y patriotismo.
Si esto resultar谩 efectivo y funcional a los planes del grupo de poder que expresa Trump, y en qu茅 medida, se ver谩 con el tiempo, teniendo tambi茅n en cuenta que la resistencia interna no ser谩 ni escasa ni de poca importancia.
Pero la pregunta m谩s importante es si esta postura resultar谩 igualmente efectiva y funcional a nivel internacional.
Mientras tanto, es importante subrayar que la autoridad y el mando son cosas distintas, en cierto sentido incluso antit茅ticas. La autoridad se reconoce, el mando debe imponerse. Si, por tanto, se intenta imponer la propia voluntad mediante amenazas, nos encontramos en otra categor铆a, que es -en el mejor de los casos- la del acoso.
Tengamos presente que la autoridad de Estados Unidos, que en el pasado le permit铆a hacer un uso extensivo del poder blando, hoy est谩 en gran medida erosionada, incluso entre amigos y aliados, precisamente en virtud del uso extensivo (si no abuso) que se ha hecho de 茅l. Basta pensar en el mecanismo de sanciones, totalmente unilateral, que debe su eficacia (muy parcial) precisamente al hecho de que se extiende mucho m谩s all谩 del sujeto que pretende golpear. Porque evidentemente una cosa es decirle a un pa铆s que no se tiene intenci贸n de comerciar con 茅l (ni vender ni comprar), y otra cosa es obligar a terceros pa铆ses a hacer lo mismo, so pena de ser sometidos al mismo ostracismo. Se trata claramente de un enfoque que no s贸lo coloca los intereses estadounidenses por encima de los de cualquier otro (incluidos los amigos y aliados), sino que pretende imponerlas incluso cuando perjudican a terceros. V茅ase la entrada "sanciones de diez a帽os contra Rusia".
Cuando Trump amenaza con una guerra comercial –con Canad谩 o Europa– exigiendo un reequilibrio forzoso de la balanza de pagos, por un lado extiende a煤n m谩s este esquema dominante, pero al mismo tiempo niega el fundamento de la ideolog铆a estadounidense (el libre mercado) y por esta misma raz贸n plantea una amenaza potencialmente ineficaz.
Tomemos como ejemplo la cuesti贸n del comercio entre Estados Unidos y Europa. La tesis de Trump es que 茅ste registra un desequilibrio a favor del viejo continente (que exporta en valor m谩s de lo que importa), y que por lo tanto esto debe corregirse aumentando las compras europeas –sobre todo de armas y energ铆a–, pues de lo contrario se impondr谩n aranceles del 100% a los productos europeos.
Pero, obviamente, la cuesti贸n es: ¿por qu茅 existe esta desigualdad en el comercio entre ambas orillas del Atl谩ntico? En un r茅gimen de libre mercado, esto significa simplemente que los productos estadounidenses son menos competitivos (relaci贸n calidad/precio) que otros en el mercado, mientras que los europeos lo son m谩s. Siempre seg煤n la l贸gica del mercado, por tanto, la acci贸n m谩s l贸gica deber铆a ser comprar el equivalente de los productos europeos en otro lugar. Pero –como es obvio– hay un enorme “pero”: est谩 claro que a) Estados Unidos necesita esos productos, y b) comprarlos a otros pa铆ses significa pagar m谩s o tener una calidad inferior. De modo que si Estados Unidos no es capaz (o no se beneficia) de producirlos por s铆 mismo, no puede evitar someterse a las leyes del mercado. Entre otras cosas, la amenaza chantajista de los aranceles, si se aplicara, se traducir铆a o bien en una mayor carga para los consumidores estadounidenses (que pagar铆an el doble por los productos europeos), o bien en una reducci贸n de la importaci贸n de esos productos (lo que igualmente aumentar铆a su coste para el consumidor).
Obviamente, hay consideraciones pol铆ticas y econ贸micas m谩s complejas en juego, por lo que las decisiones no se basar谩n simplemente en este esquema, pero esa sigue siendo la esencia del asunto. Y, como es igualmente evidente, una posible guerra de aranceles (impuestos mutuamente) acabar铆a perjudicando al pa铆s con el mayor d茅ficit comercial, es decir, el mayor importador, los Estados Unidos.
Por lo tanto, una estrategia de este tipo, incluso con respecto a pa铆ses vasallos como Canad谩 y Europa, s贸lo puede generar contramedidas. M谩s a煤n si, como en el caso de los pa铆ses europeos, ya est谩n pagando un alto precio por las decisiones que tomaron para seguir los intereses estadounidenses. V茅ase nuevamente el apartado “Diez a帽os de sanciones contra Rusia”.
Igualmente cr铆tica, si no m谩s, parece la postura de Trump hacia los pa铆ses enemigos. Observando la forma en que, desde hace meses, el nuevo presidente viene abordando la cuesti贸n del conflicto ucraniano, se evidencian algunos elementos irrebatibles. El primero, y m谩s obvio, es la confusi贸n y la desinformaci贸n (real y/o instrumental). Esto se evidencia en primer lugar en la facilidad con la que cambia continuamente el marco temporal en el que pretende resolver el problema; Las primeras 24 horas -obviamente una broma, pero repetida obsesivamente-, luego seis meses, luego cien d铆as, pero su enviado Kellog se encargar谩 de ello, y luego se declara dispuesto a reunirse con Putin "inmediatamente"... Pero todos sus discursos sobre el tema tambi茅n est谩n llenos de puras tonter铆as (Rusia ha tenido 800 mil muertos, m谩s que los ucranianos; la guerra es culpa de Biden -por lo tanto de los EE.UU.-, pero es un asunto europeo, porque "hay un oc茅ano de por medio"; es culpa de Biden, pero elimina el hecho de que fue el primero en suministrar armas letales a Ucrania *; los rusos tienen misiles hipers贸nicos -y los EE.UU. no- porque robaron el proyecto a Am茅rica durante la presidencia de Obama...).
Adem谩s, se eluden por completo las verdaderas cuestiones que plantea la guerra y se intenta reducir todo a una dimensi贸n limitada, tanto geogr谩fica como pol铆ticamente. Pero tambi茅n en este caso el lenguaje empleado resulta totalmente inadecuado, revelando la persistencia de una absoluta incomprensi贸n (por parte de Estados Unidos) de los intereses, el punto de vista e incluso la mentalidad de los rusos. La esencia del mensaje de Trump, de hecho, adem谩s de ser extremadamente reductivo, se resume en las lisonjas y amenazas que muestra simult谩neamente. Por un lado, se subraya que tambi茅n a Rusia le interesa poner fin al conflicto, pero por otro lado se amenaza con m谩s medidas coercitivas si no se espera una voluntad de negociar -y por esperar, en esencia, se trata de hacerlo en los t茅rminos previstos por Washington-. Decir que en ese caso Estados Unidos dar谩 m谩s armas a Kiev y endurecer谩 a煤n m谩s las sanciones es claramente un enfoque coercitivo, que niega en nuce un aspecto fundamental para los rusos, a saber, que las negociaciones se lleven a cabo en pie de igualdad. Se trata de hecho de un enfoque basado en el concepto de “paz a trav茅s de la fuerza”, que presupone la supremac铆a de quienes pretenden imponerla.
Es muy obvio, entre otras cosas, que se trata de amenazas contundentes, dado que Rusia est谩 bajo sanciones desde 2014 (anexi贸n de Crimea), y que Estados Unidos y la OTAN han estado proporcionando armas, dinero y apoyo de todo tipo a Ucrania durante diez a帽os, y a煤n as铆 Rusia est谩 ganando el conflicto.
Luego est谩, en el fondo, la cuesti贸n central, que sigue sin resolverse y sin soluci贸n. Mientras Mosc煤 quiere garant铆as f茅rreas sobre el respeto de los acuerdos y, sobre todo, intenta llegar a una especie de Nuevo Yalta que redefina los equilibrios globales de manera estable y duradera, Washington no puede ni quiere asumir compromisos a largo plazo y, menos a煤n, sancionar una reducci贸n de su hegemon铆a.
Visto as铆, parece evidente que no hay grandes posibilidades de llegar a un acuerdo, ni siquiera parcial. Al fin y al cabo, la verdadera misi贸n de la presidencia de Trump es poner a Estados Unidos de nuevo en el buen camino para que la pr贸xima (con o sin Vance al frente) pueda afrontar los desaf铆os globales, en especial el chino.
A nivel internacional, por tanto, podemos esperar un desapego sustancial por parte de Estados Unidos, sin que esto se traduzca en ausencia, porque obviamente el vac铆o ser铆a llenado por otros, y ello implicar铆a una p茅rdida de prestigio.
La mirada de Trump se dirige hacia el cintur贸n 谩spero, en lugar de hacia el Donbass. Y si se mira con atenci贸n, se puede ver.
*como record贸 ayer en Davos, en el marco del WEF, el ex secretario general de la OTAN Stoltenberg.
