Carlos Luna / Jos茅 Mart铆*
Cuentan que un viajero lleg贸 un d铆a a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no pregunt贸 d贸nde se com铆a ni d贸nde se dorm铆a, sino c贸mo se iba adonde estaba la estatua de Bol铆var. Y cuentan que el viajero, solo con los 谩rboles altos y olorosos de la plaza, lloraba frente a la estatua, que parec铆a que se mov铆a, como un padre cuando se le acerca un hijo. El viajero hizo bien, porque todos los americanos deben querer a Bol铆var como a un padre. A Bol铆var, y a todos los que pelearon como 茅l porque la Am茅rica‚ fuese del hombre americano. A todos: al h茅roe famoso, y al 煤ltimo soldado, que es un h茅roe desconocido. Hasta hermosos de cuerpo se vuelven los hombres que pelean por ver libre a su patria.
Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocres铆a. En Am茅rica‚ no se pod铆a ser honrado, ni pensar, ni hablar. Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado. Un hombre que obedece a un mal gobierno, sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado. Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas, y permite que pisen el pa铆s en que naci贸 los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado. El ni帽o, desde que puede pensar, debe pensar en todo lo que ve, debe padecer por todos los que no pueden vivir con honradez, debe trabajar porque puedan ser honrados todos los hombres, y debe ser un hombre honrado. El ni帽o que no piensa en lo que sucede a su alrededor, y se contenta con vivir, sin saber si vive honradamente, es como un hombre que vive del trabajo de un brib贸n, y est谩 en camino de ser brib贸n. Hay hombres que son peores que las bestias, porque las bestias necesitan ser libres para vivir dichosas: el elefante no quiere tener hijos cuando vive preso: la llama del Per煤 se echa en la tierra y se muere, cuando el indio le habla con rudeza, o le pone m谩s carga de la que puede soportar. El hombre debe ser, por lo menos, tan decoroso como el elefante y como la llama. En Am茅rica‚ se viv铆a antes de la libertad como la llama que tiene mucha carga encima. Era necesario quitarse la carga, o morir.
Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agon铆a cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor. En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en s铆 el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados.
Bol铆var era peque帽o de cuerpo. Los ojos le relampagueaban, y las palabras se le sal铆an de los labios. Parec铆a como si estuviera esperando siempre la hora de montar a caballo. Era su pa铆s, su pa铆s oprimido, que le pesaba en el coraz贸n, y no le dejaba vivir en paz. La Am茅rica‚ entera estaba como despertando. Un hombre solo no vale nunca m谩s que un pueblo entero; pero hay hombres que no se cansan, cuando su pueblo se cansa, y que se deciden a la guerra antes que los pueblos, porque no tienen que consultar a nadie m谩s que a s铆 mismos, y los pueblos tienen muchos hombres, y no pueden consultarse tan pronto. Ese fue el m茅rito de Bol铆var, que no se cans贸 de pelear por la libertad de Venezuela, cuando parec铆a que Venezuela se cansaba. Lo hab铆an derrotado los espa帽oles: lo hab铆an echado del pa铆s. 脡l se fue a una isla, a ver su tierra de cerca, a pensar en su tierra.
Un negro generoso lo ayud贸 cuando ya no lo quer铆a ayudar nadie. Volvi贸 un d铆a a pelear, con trescientos h茅roes, con los trescientos libertadores. Libert贸 a Venezuela. Libert贸 a la Nueva Granada. Libert贸 al Ecuador. Libert贸 al Per煤. Fund贸 una naci贸n nueva, la naci贸n de Bolivia. Gan贸 batallas sublimes con soldados descalzos y medio desnudos. Todo se estremec铆a y se llenaba de luz a su alrededor. Los generales peleaban a su lado con valor sobrenatural. Era un ej茅rcito de j贸venes. Jam谩s se pele贸 tanto, ni se pele贸 mejor, en el mundo por la libertad. Bol铆var no defendi贸 con tanto fuego el derecho de los hombres a gobernarse por s铆 mismos, como el derecho de Am茅rica‚ a ser libre. Los envidiosos exageraron sus defectos. Bol铆var muri贸 de pesar del coraz贸n, m谩s que de mal del cuerpo, en la casa de un espa帽ol en Santa Marta. Muri贸 pobre, y dej贸 una familia de pueblos...
Jos茅 Mart铆
*Publicamos esta5s notas del ap贸stol cubano Jos茅 Mart铆, cuando est谩n cumpliendose los 243 a帽os del nacimiento de Sim贸n Bolivar, el hombre que m谩s lucho por la libertad de su Patria.
En estos tiempos aciagos que se viven en Venezuela, la tierra que lo vi贸 nacer, vaya este humilde homenaje.
