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Feroces amantes de la libertad

ESCRITOS CR脥TICOS
Jorge Majfud

Siempre hemos insistido en que los pa铆ses no tienen due帽os. Todos, propios y ajenos, tienen derecho a una cr铆tica profunda de cualquier sistema pol铆tico. En nuestro caso, la cr铆tica y el activismo contra los poderes imperiales y sus escuderos coloniales no es un secreto.

No a pesar de esto, sino por esto mismo, rechazamos las pretensiones de grupos y colectivos, ya sean nacionales o inmigrantes, que se consideran con derechos especiales sobre pa铆ses propios y ajenos.

No por casualidad, en ambos casos, son de extrema derecha. Hasta donde la ley se los permite. Hasta que cambian las leyes a su favor―a favor de sus amos. Para eso basta con ver el caso de Washington: en nombre de la libertad, censura, extorsi贸n, amenaza, desempleo, deportaci贸n, c谩rcel para los de abajo e impunidad para los de arriba.

En Uruguay, los ataques de refugiados de derecha a los partidos de izquierda (en el gobierno) no son excepciones. Los inmigrantes cubanos, que en leg铆tima legalidad tienen una representante en el Parlamento, suelen destruir la carteler铆a del Frente Amplio, “porque no saben lo que es el comunismo”. Se arrogan el derecho de silenciar a los uruguayos que apoyan el levantamiento del hist贸rico y criminal bloqueo que sufren sus propios hermanos en la isla borrando murales y destruyendo pancartas.

Como insistimos desde hace d茅cadas en Estados Unidos: dicen que vienen “huyendo de la intolerancia” y, a la primera que encuentran a alguien en desacuerdo, los quieren exiliar. “¿Por qu茅 no te vas a Venezuela?” El cl谩sico ad hominem de una mentalidad limitada, violenta e intolerante. Resabio de dos siglos de dictaduras bananeras.

En Miami sol铆an ir m谩s all谩 y ejecutaban en oficinas, en estacionamientos, en las calles, o les pon铆an bombas en los autos a aquellos que “no amaban la libertad”. Raz贸n por la cual el mismo FBI los catalogaba de terroristas y la polic铆a de Florida consideraba Miami “la capital del terrorismo”.

Este ardor se fue radicalizando con el tiempo, luego del fiasco de la invasi贸n de Bahia Cochinos. Seg煤n la misma CIA que los entren贸 durante meses, los l铆deres de los exiliados cubanos “eran ego铆stas y ego-man铆acos; estaban m谩s preocupados por cu谩les ser铆an sus posiciones en Cuba una vez que Castro fuera derrocado que por trabajar por la causa com煤n”.

Por donde van, se creen con derechos especiales. Dos de los m谩s conocidos terroristas cubanos que, pese a todo el apoyo de Washington y la CIA fracasaron hasta el infinito, excepto en sus planes de asesinato de inocentes, lo dijeron en la prensa de Miami: “En esta guerra no hay civiles. Todos son combatientes” (Posada Carriles); “Esta es una guerra global. No hay civiles ni inocentes. Todos son combatientes y deben ser tratados como tales” (Orlando Bosch); “Yo no me arrepiento de nada. Si tuviese que matar 273 de lugar de 73, lo volv铆a a hacer. Que sufran como sufrimos nosotros” (Ricardo Morales). “Odio Estados Unidos. Nos han traicionado. Cada d铆a que pasa quiero agarrar un fusil y disparar contra este pa铆s” (Jos茅 P茅rez San Rom谩n, comandante de la fallida invasi贸n a Cuba, mientras escuchaba el discurso de John F. Kennedy en Miami).

Otros cubanos de Estados Unidos vieron el problema de forma diferente: “Nadie est谩 interesado en la libertad de expresi贸n aqu铆, en Miami. S贸lo en La Habana” (Bernardo Benes). “Si Posada Carriles fuera miembro de la Uni贸n Nacional de Escritores y Artistas Cubanos en vez de terrorista, no pudiera aspirar a entrar a Estados Unidos” (Jos茅 Pertierra).

Conozco algunos cubanos en Florida que son gente decente. Algunos militan contra el bloqueo a Cuba. Otros han perdido sus trabajos “por ser chavistas”. Una generaci贸n antes, eran llamados dialogueros y ejecutados por ese pecado en Miami, en Union City o en Nueva York, en la soledad de una oficina, con un disparo detr谩s de una oreja, o acribillados a balazos delante de sus hijos.

La mayor铆a de estos amantes de la libertad de extrema derecha eran comunistas que participaron en la ejecuci贸n de asesinos y violadores de Batista, luego de la Revoluci贸n. Porque no obtuvieron los privilegios que cre铆an merecerse, se fueron a Miami y no dejaron de repetir que el monstruo era El Che. De este grupo, miles fueron contratados por la CIA (ver 1976. El exilio del terror). Casi todos se convirtieron en fervientes anti-Castristas, progresando en sus negocios con la protecci贸n autom谩tica de la ley, con los millones de d贸lares del gobierno y con la red de influencia que convert铆a en millonarios a sus jefes, como fue el caso de Jorge Mas Canosa, Rolando Masferrer, Jos茅 de la Torriente o Jos茅 Miguel Battle. Otros, que se encargaban del trabajo sucio, no tuvieron tanta suerte, pero tampoco pagaron con c谩rcel sus asesinatos o fueron perdonados antes de tiempo: fue el caso de los hermanos Novo Sampol, Pedro D铆az Lanz, Jos茅 Dionisio “Charco de Sangre” Su谩rez…

Octavio Paz dijo que “nuestra obtusa derecha no tiene ideas, sino intereses”. Una larga experiencia hist贸rica tambi茅n confirma que “los amos no tienen amigos, sino sirvientes”. Todas las promesas de Washington sobre futuras ayudas, protecciones y acuerdos con la derecha criolla son amores de prost铆bulos. Ahora, incluso, con los mismos cubanos trumpistas que Trump quiere deportar a Uruguay―por una raz贸n m谩s racial que ideol贸gica.

Los exilios pol铆ticos en Estados Unidos producto de golpes militares de Washington, fueron exilios de izquierda. Ninguno le pidi贸 a Washington una intervenci贸n militar contra sus pa铆ses, donde viv铆an sus hermanos. Diferente, los l铆deres de los exilios de Cuba y Venezuela se han caracterizado no solo por su ideolog铆a de derecha y su sumisi贸n al imperio que corrompi贸 sus pa铆ses desde el siglo XIX, sino tambi茅n por su insistencia en una intervenci贸n militar y por el estrangulamiento econ贸mico contra sus propios hermanos. Algo que ha producido, seg煤n expertos estadounidenses, decenas de miles de muertos y billones de d贸lares en p茅rdidas.

Algo que es negado con pasi贸n por los genios que recurren al anacr贸nico infantilismo de “yo s茅 lo que digo porque lo viv铆”. Como si dos vecinos que vivieron los mismos hechos nunca se hubiesen matado por sus versiones opuestas de la historia.

Una se帽ora cubana que se enter贸 de algo que dije en una de mis clases sobre el imperialismo, me demor贸 en un pasillo con su perorata sobre “la libertad en tiempos de Batista” y “la prosperidad que el comunismo destruy贸”.

“Ay, profesor, usted dice eso porque nunca vivi贸 en Cuba”.

“¿Usted vivi贸 en tiempos de Batista?”

“No, pero viv铆 en Cuba y s茅 lo que digo”.

“¿Vivi贸 sobre toda Cuba y estuvo presente cuando se hundi贸 el Maine y cuando se escribi贸 la Enmienda Platt?”

“Pero, ¿qu茅 dice?”

“Que yo no le discuto su experiencia personal, pero no deduzca de ella leyes universales, como que Cuba siempre fue libre y que los sovi茅ticos arruinaron la isla”.

“Y usted ¿c贸mo sabe de la Mafia cubana de los casinos y todo eso de los prost铆bulos y de los terroristas entrenados por la CIA…?”

“Por los documentos de la CIA”.

“¡Aj谩! Lo ley贸. Pero yo conozco la realidad cubana porque la viv铆”.

“¿Los cubanos que viven en Cuba y piensan diferente no conocen la realidad cubana?”

“A esos le han lavado el cerebro”.

“Eso dicen de los profesores; que practicamos higiene intelectual…”

“Es que todo lo que ustedes saben es de los libros, no de la realidad”.

“No dir铆a tanto, pero si usted quiere saber qu茅 ocurr铆a en Washington y en La Habana mientras usted pintaba su casa de Pinar del Rio, debe ir a los documentos y a las investigaciones sobre el tema. ¿Usted sabe qu茅 est谩 pasando en su casa en este momento? ¿No? Bueno, esos son los l铆mites de la experiencia apropia”.

El pueblo cubano es un pueblo muy solidario, algo que ha sido probado en los hechos hist贸ricos, m谩s all谩 de todas las excusas del exilio batistero.

¿Ser谩 que Cuba es tan solidaria porque se qued贸 sin los otros?

Jorge Majfud, agosto 2026.

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