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Después del Acuerdo petrolero, algo va a ocurrir en este país.

Carlos Luna Arvelo

¿Por qué el Acuerdo Petrolero entre Estados Unidos y Venezuela, que compromete el 22% de las reservas petroleras de Venezuela, no ha sido sometido a los requisitos que las leyes venezolanas preveen en estos casos?. ¿Por qué no ha sido ampliamente discutido y aprobado por la Asamblea Nacional, ni ha sido sometido a los procesos de licitaciones que a un proceso semejante correspondería, según la Ley de Hidrocarburos?. ¿Por qué hay tanta opacidad respecto a este Acuerdo tan polémico? 


Las respuestas a las preguntas anteriores se enmarcan en lo ocurrido, a partir del 3E, con el secuestro del Presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, después que una fuerza militar desplegada por los Estados Unidos bombardeara a Caracas y otras ciudades venezolanas y asesinara a más de 100 personas.

Y como bien lo afirma Luis Britto García, Estados Unidos con ésta agresión bélica contra Venezuela, inició una guerra. Guerra que el mismo Presidente Trump declaró que duró solo 45 minutos. Al no conocerse un tratado de paz, ambos países se mantienen en guerra, en estas circunstancias, el país ganador ha impuesto una “dictadura” como forma de gobierno para alcanzar su objetivo estratégico del control pleno de los recursos petroleros venezolanos, bien conocidos por ser la mayor reserva petrolera del planeta.

Sólo circunstancias como las descritas permiten explicar la existencia del polémico Acuerdo petrolero entre EE UU y Venezuela, al margen de la opinión de la mayoría de los venezolanos y en plena contradicción con las leyes vigentes y especialmente con la propia Constitución venezolana.

Por muchas piruetas hechas, entre Washington y Caracas, para “legitimar” un “gobierno encargado”, más allá de la normativa legal vigente en nuestro país, sólo la “razón de fuerza” del vencedor, imponiendo el “derecho de conquista”, formalmente prohibido por la Carta de la ONU, sobre el país militarmente derrotado, justifica hoy el “Acuerdo petrolero”. Al Venezuela no gozar de la soberanía de una República independiente, mal puede creer la población venezolana que el “Acuerdo petrolero” busca beneficios para la población venezolana, sumergida en una de las crisis económicas más profundas de su historia, durante las últimas décadas.

Nadie debe ignorar la existencia de la Executive Order (Orden Ejecutiva) 14.373 firmada por Donald Trump el 9 de enero de 2026 y en la cual se establece que todos los ingresos generados por la venta de petróleo venezolano sean depositados en cuentas custodiadas por el Departamento del Tesoro  de Estados Unidos.

Ha sido público, notorio y comunicacional además que Donald Trump delegó en el Secretario del Estado y el Secretario del Tesoro la facultad de decidir en qué, cuándo y cómo se disponen estos fondos.

Sabiendo que más del 80% de los ingresos del país (derivados de la venta del petróleo) son manejados y administrados por estas cuentas, es incuestionable la pérdida de capacidad del Estado venezolano para decidir libremente su política económica y fiscal, ya que el manejo de dichos fondos estará condicionado a los intereses foráneos.

Tan descarada ha sido la política contra Venezuela, después del 3E, que el mismo Congreso de los Estados Unidos ha expuesto públicamente la falta de transparencia en el manejo de dichos fondos, exigiendo a los responsables la rendición de cuentas al respecto. 

Así mientras Donald Trump y sus acólitos en Washington insisten en que, después del 3E, los venezolanos viven en las calles festejando y celebrando (lo que muchos no dudan ya en calificar como una conquista por parte de EE UU al país), aquí en Caracas algunos se empeñan en convencernos de que el sueño último de Chávez era el de garantizar a los EE UU que la mayor reserva petrolera del planeta estuviera bajo su estricto control y manejo, sin tomar en cuenta las necesidades e intereses del pueblo venezolano.

No son pocos los venezolanos que al día de hoy asumen que para los EE UU la prioridad siempre fue asegurarse el manejo y control de la cuantiosa riqueza petrolera venezolana. Las fases de Marco Rubio han sido parte de un “relato” conveniente para encubrir el despojo contra un país. 

Mientras una vasta mayoría de venezolanos permanece expectante, se nos viene a la mente que inexorablemente, como dijo el novelista, algo va a ocurrir en este país. 


Carlos Luna Arvelo.

     


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