MUJERES SABIAS Y BRUJAS
Teresa Moll谩 Castells
Creo que fue a principios de semana llam茅 a una amiga mayor que lo est谩 pasando mal por temas de salud. No la llamo m谩s a menudo para no molestarla. Ella se alegr贸 much铆simo. Y siempre me dice lo mismo ¡Es que tienes tanta fuerza!
La verdad es que no s茅 si tengo o no tengo fuerza, pero en un sentido si s茅 que la tengo: en la lealtad a mi gente amiga.
Conocer a esta amiga mayor fue, esencialmente, un regalo de la vida. Nos conocimos gracias a que se organiza en Asturias un Foro feminista y me llamaron para que participara con una ponencia sobre las brechas de las mujeres mayores. All铆 me rencontr茅 con Maricusa, una mujer sindicalista y muy comprometida pol铆ticamente con el feminismo radical. Y, por supuesto leal amiga.
Maricusa me dijo que me presentar铆a su compa帽era y amiga A铆da. Y ah铆 conoc铆 tambi茅n a A铆da con qui creo que hubo un flechazo emocional mutuo.
Me present贸 y luego moder贸 el debate que estuvo muy activo y, tambi茅n muy divertido. Yo recuerdo haber hecho la gansa en las respuestas para provocar m谩s preguntas. Creo que puedo afirmar que lo pasamos bien.
Despu茅s fuimos a comer. Hago un inciso antes de continuar. Dicha jornada de celebr贸 en la antigua casa de aseos de la mina “Pozo Sot贸n”, que me impresion贸 profundamente ver los ganchos colgados del techo donde los mineros hab铆a de dejar colgados la ropa y los cascos. O un panel de madera en al cual cada minero deb铆a dejar una especie de palito que cog铆a al iniciar su trabajo y deb铆a devolverlo al finalizar la jornada laboral. Nadie pod铆a salir de la mina hasta que el panel de palitos estuviera completo porque de lo contrario significaba que alguien quedaba dentro de la mina y hab铆a que ir en su busca. Todo aquello me impresion贸 much铆simo y me cambi贸 la forma de ver la mina e incluso, la vida. Fue, en s铆 mismo, un viaje revelador.
Vuelvo al relato. Despu茅s de la ponencia y del animado debate, fuimos a comer. Nos pidieron que nos sent谩ramos abandonando los grupos naturales por aquello de ir conoci茅ndonos. A mi lado se sent贸 una se帽ora estupenda que no pod铆a utilizar bien los cubiertos as铆 que le fui troceando poco a poco la comida. Era una se帽ora muy arreglada, muy coqueta y comprometida social y pol铆ticamente. Es un descuido Maricusa me llam贸 y me dijo que la entretuviera porque era una mujer que viv铆a sola y que hoy necesitaba socializar. Tengo fama de saber escuchar bien, con lo cual no tuve que esforzarme demasiado.
De aquella se帽ora estupenda recuerdo con la pasmosa tranquilidad y sosiego que me hablaba de “sus” muertos. Todos los hombres de su vida: padre, t铆os, abuelos, primos, etc. hab铆an muerto en la mina. Su 煤nico hijo tambi茅n trabajaba en una mina, pero en la administraci贸n. Ahora estaba tranquila. Su hijo no era minero. Su testimonio me impresion贸 profundamente. De hecho, cuando regres茅 a casa le dije a una amiga y compa帽era, Carmen, que aquel hab铆a sido un viaje muy muy revelador de realidades desconocidas y que me conmocion贸 totalmente. Se sent铆 transformada por la realidad que me contaban aquellas mujeres que me buscaron a la hora del caf茅 para contarme sus historias.
Si el entorno del Pozo Sot贸n es impresionante con su cementerio con l谩pidas blanca a la entrada de este y la sala en donde se hicieron las dos ponencias as铆 como el exterior con las viviendas de los mineros y sus familias, m谩s impresionantes me resultaron las vivencias de aquellas mujeres fuertes y luchadoras que no se arredraban ante nada.
Aquel no fue solo un viaje f铆sico a Asturias a una zona y a una realidad completamente desconocidas para m铆, fue un viaje emocional a un centro de m铆 misma hasta ese momento desconocido. Me fascinaron aquellas historias que aquellas mujeres mayores decidieron contarme, “solo” porque les habl茅 de ellas mismas, de sus brechas, de las carencias institucionales que se daban con ellas, de las violencias estructurales que viv铆an cada d铆a y las ten铆an tan naturalizadas que ya ni las detectaban. A cambio me regalaron “pedacitos de sus vidas” que me traje a mi casa y se quedaron en mi alma.
Nunca les agradecer茅 a Maricusa y a Aida que me invitaran a aquel foro. Lo que iba a contarles dej贸 de tener importancia porque lo que ellas me regalaron super贸 con creces todo el trabajo que yo hab铆a preparado.
Recuerdo con una sonrisa como alguna se帽ora dec铆a que no hab铆a que hacer enfadar a Maricusa que va por la vida de dura y con cara de pasarse la vida refunfu帽ando, pero que es un amor de mujer siempre pendiente de quien la pueda necesitar, de las “muyeres” como ella las llama. Y no, no hicimos enfadar a Maricusa. Conseguimos hacerla re铆r.
Este art铆culo se lo quiero dedicar a ellas dos y a Mercedes que me est谩 descubriendo en cada viaje su maravillosa tierra, Asturias.
Ben cordialment!
Teresa

