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¿Cuánto debe invertir el Estado por cada niño y niña en las escuelas públicas en Venezuela?

Carlos Luna Arvelo




Una estimación bastante realista de la profesora Aurora Lacueva arroja que el Estado venezolano invierte $170 por estudiante en educación básica, dice ésta investigadora que en el mejor de los escenarios podría llegarse hasta los $200 por niño y niña.

Este solo dato confirma lo que venimos denunciando hace tiempo, la desinversión en la educación pública es una de las principales causas de la decadencia que hoy se observa en la educación pública venezolana.

Mientras el actual Ministro de Educación ofrece datos estadísticos que supuestamente indican avances significativos en la educación y la superación de la aguda crisis que se vive en esta materia, el sólo dato que nos presenta la profesora Lacueva echa por tierra cualquier intento de maquillaje de la realidad de la educación pública venezolana.

El Ministro afirma que la media de los docentes recibe ingresos por el orden de los $ 506, cuando es público, notorio y comunicacional que a pesar de los incrementos que recibieron los docentes en el bono mensual a partir de marzo 2026 y aunque ahora reciben bono de profesionalización, los docentes deben sobrevivir con ingresos exiguos que están lejos del costo de la canasta alimentaria.

Es claro que el Ministro insiste en mostrar una “ficción de educación” y en sus discursos recurre a cifras y datos que presenta unos tales logros educativos de su funesta gestión que sólo quienes desconocen mínimamente la realidad de la educación actual podrían creerle.

Cualquier familia venezolana al comprar útiles escolares, uniforme a su niño o niña se vería obligada a invertir sobre los $170 que el Estado invierte en ese niño; si en los costos de la educación de la familia se incluye además el pago de las tareas dirigidas (que sirven para compensar las falencias del sistema), no es imposible imaginar que esa familia termina invirtiendo hasta el doble de lo que invierte el Estado en la educación de ese niño o niña al término del año escolar.

Si realmente se apuesta por mejorar la educación pública y superar las innumerables deficiencias que ésta presenta, el punto de partida es asumir con seriedad lo referente a la inversión educativa, de lo contrario se mantendrá a la educación sumergida en demagogia y propaganda que solo es funcional a los mezquinos intereses de los gobernantes de turno, mientras los mayores afectados son los niños y niñas que, a pesar de los esfuerzos de sus familias, terminarán con oportunidades escasas y limitadas en la prosecución de su educación y en su posterior inserción en el mercado laboral del futuro.


Carlos Luna Arvelo

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