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20/4/17

Kenia - La sequía azota a los pueblos costeros, donde el agua salada llena los estómagos vacíos

Yahaya, un niño de cuatro años, pasó de sentir un malestar leve a perder la vida en menos de doce horas.

Kenia: la sequía azota a los pueblos costeros, donde el agua salada llena los estómagos vacíos
Afuya, aquí junto a su pequeño de dos años, nos cuenta que en marzo perdió a su otro hijo, Yahaya, de cuatro años, como consecuencia de la sequía. CC BY-NC-ND / CICR/ Jason Straziuso

Yahaya, un niño de cuatro años, pasó de sentir un malestar leve a perder la vida en menos de doce horas. Los vecinos del lugar conocen bien la situación: en esta remota comunidad costera de Kenia, no hay alimentos, y el único pozo disponible solo permite extraer agua salada.

Rosemary Siekisa, la maestra de la aldea, observa los efectos que tiene la desnutrición en sus alumnos. Hace poco, analizando los niveles de grasa corporal de estos niños, se encontró con que siete de ellos tenían un grado de desnutrición muy preocupante. Cuenta que algunos pasan días sin comer nada. A veces, una comida entera consiste en un poco de agua con una pizca de sal.

Pandanguo es una aldea de 1.200 habitantes que viven en casas de barro y ramas, con techos de paja. Los niños visten ropa sucia y andan corriendo descalzos por ahí. En medio de la aldea, hay una luz que se alimenta de energía solar: es el único signo de electricidad.

La localidad más cercana se encuentra a 21 kilómetros, donde también se ubica el mercado más cercano. Los habitantes de Pandanguo utilizan el poco dinero que tienen para adquirir agua potable que viene de muy lejos.

"No hay agua. No hay empleos", cuenta Zuhura Fumo, de 23 años, madre de dos hijos.

La aldea sufre las consecuencias de una sequía que trajo el hambre a muchas zonas de África Oriental. La declaración de hambruna por parte de la ONU en Sudán del Sur y la amenaza de hambruna en Somalia acapararon toda la atención mediática, pero, en Etiopía y en Kenia, también son muchas las personas que están sufriendo.





Ya van dos estaciones en las que Pandanguo no recibe lluvias importantes. En esta aldea, todos cultivan su propio alimento y subsisten gracias a la cosecha. Sin lluvias, no crecen los cultivos. CC BY-NC-ND / CICR/ Jason Straziuso

Yahaya murió con apenas cuatro años de edad. Como en la aldea no hay médicos, nadie tiene los conocimientos necesarios para afirmar qué fue lo que le provocó la muerte. Una posibilidad es el cólera.

Un día de marzo, el pequeño almorzó alubias a la una del mediodía. A las tres, ya se sentía mal. A las cinco de la tarde, su familia lo llevó a la rudimentaria farmacia del pueblo, donde le dieron unos medicamentos. Falleció a la medianoche.

Los padres de Yahaya lo enterraron en una tumba improvisada, a unos veinte metros detrás de la choza familiar. La madre recordó la muerte del pequeño con aire solemne y con su hijo menor sentado en el regazo.

"Todos los niños se enfermaron, no solo los míos: los de los vecinos también", explica Afuya, madre de Yahaya. "Diarrea. Otra familia perdió a un niño. Tenía trece años.

Ya van dos estaciones en las que Pandanguo no recibe lluvias importantes. Allí todos cultivan su propio alimento y subsisten gracias a la cosecha. Sin lluvias, no crecen los cultivos.

Muchos pueblos costeros tienen graves problemas de escasez de agua. Los habitantes de la localidad cercana de Mswakini —las mujeres, por lo general— salen de su casa a las siete de la mañana y caminan hasta un punto de abastecimiento de agua alejado del pueblo, para regresar cerca del mediodía. Rehema Dagano, una mujer de 31 años y madre de tres hijos, cuenta que sufrió un drástico descenso de peso: bajó de 50 kg a 30 kg en los últimos meses.

El CICR y la Cruz Roja de Kenia distribuyeron alimentos en las aldeas de la región a principios de abril. Las familias recibieron arroz, alubias, aceite de cocina, azúcar y semillas para cultivar.




El CICR suministró alimentos a los pueblos costeros de Kenia que han sufrido el impacto de la sequía en África Oriental. CC BY-NC-ND / ICRC / Jason Straziuso

La maestra de la aldea, Siekisa, quien contó que no percibe un salario por su trabajo, nos transmite que los habitantes de Pandanguo están "muy agradecidos por el valor nutritivo de los alimentos".

Algunos cosechan miel, pero las abejas no están produciéndola. Los árboles frutales ya no tienen hojas. Sin embargo, la esperanza crece: la comunidad realizó una colecta para adquirir un tractor y poder arar los campos. Esperan que las semillas que les proporcionó la Cruz Roja crezcan.

"Cuando llueva, la cosa mejorará, pero, si siguen los días de sol, no nos quedará nada", cuenta Afuya.

Mientras tanto, las donaciones de alimentos de la Cruz Roja ayudarán a mantener saludable a la comunidad. Ante la pregunta de si había recibido su ración de arroz y alubias, a Afuya, la madre de Yahaya, se le dibujó una sonrisa. Respondió: "Por lo menos, tendré comida para los próximos dos meses".

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