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Mostrando las entradas etiquetadas como ILKA OLIVA

A Comapa, mi nuevo poemario

OPINIÓN de Ilka Oliva Corado
Cuando cumplí 15 años fui a conocer Comapa, el pueblo donde nací. Me enamoré a primera vista, de los niños de panzas cundidas de amebas saltando descalzos en los charcos de agua, ¡la felicidad de los inocentes! De las sombras de los encinos rojos que daban vida a los barrancos. Y en los senderos la compañía de los guayabos silvestres, los palos de jiote, los nances, las manzanas rosas, los chaparrones y los palos de jocote de corona.

Las milpas que se atrevían a dar flor en aquella tierra árida de pedrerío por doquier, porque así es Comapa, allá hay más piedras que tierra y el agua potable llega a cuenta gotas a las cercanías del pueblo, pero nada más. Las aldeas siguen saciando su sed con el agua de los escasos nacimientos, eso en invierno pero, ¿y en verano?

VIII

Caritas de lozanía
manitas de barro fresco
las niñas de Las Crucitas
son robles,
encinos en la floresta.


Y yo me enamoré perdidamente del color chiltoto de las tejas quebradas que tapaban los techo…

La Guatemala del eterno abuso a los pueblos originarios

OPINIÓN de Ilka Oliva CoradoGuatemala, país de desigualdades eternas y racismo enraizado hasta en el azúcar del café. País de clasistas muertos de hambre. En esa Guatemala que se desborda de poesía y memoria en los huipiles de las mujeres indígenas y; de sacrificio y trabajo milenario en sus manos y espaldas, la exclusión la ponen los mestizos que desde siempre se han creído superiores por etnia y clase social. 

En esa Guatemala de indígenas masacrados y desaparecidos en masa, en la Guatemala de la desmemoria colectiva, del abuso gubernamental, de la deforestación, de  los ecocidios, de la migración forzada, de las parvadas de clicas criminales saqueando el Estado. Esa Guatemala de mestizos jactándose de tener niñas indígenas de empleadas domésticas en sus casas. De indígenas rajándose el lomo cargando los bultos de los mestizos en el mercado La Terminal. De mestizos muertos de hambre. Guatemala, donde se vivió uno de los genocidios más atroces de la historia latinoamericana que busca…

Los hombrecitos de lomo duro

OPINIÓN de Ilka Oliva Corado

No tienen contratos, les dan trabajo de palabra y les pagan lo que el empleador quiera. Son los que más trabajan y los que menos dinero generan. Son los latinoamericanos que trabajan en construcción en Estados Unidos. Sus cuerpos como de niños, como de adolescentes recién en desarrollo, la piel pegada a los huesos, bajos de estatura y hasta un poco enclenques si se les mira bien.



Llegan en parvadas a trabajar en los techos de las casas en construcción, como puntos finos se miran a la distancia de las alturas. Ponen y quitan, ponen y quitan; martillan, pegan, levantan, todo esto de rodillas. Todo el día de rodillas, toda la semana, todo el año, décadas de rodillas. Como los que ponen las alfombras sobre el piso, metros y metros de alfombras. Estos hombres que en su mayoría son indígenas salidos del campo latinoamericano cambiaron el trabajo de la tierra por el de la albañilería pesada. Porque en Estados Unidos quedó atrás el cernidor, el cincel, la cuchara …

La mujer silvestre y su bicicleta

OPINIÓN de Ilka Oliva CoradoVamos bebé, le dice la mujer silvestre a su bicicleta mientras la sube  a su carro y va camino hacia el bosque.  Tiene la suerte de vivir en un lugar en donde abundan los arboledas con senderos para pasear en bicicleta, a caballo, salir a correr o a caminar. Esas florestas como pequeños pulmones que dan respiro a las ciudades que forman la gran urbe en donde vive. Su bicicleta es uno de sus grandes amores, la cuida tanto, como a un bebé. Quiere a su bicicleta no como algo material, no como un objeto, la quiere porque esa bicicleta tiene alma,  dice que como los árboles, los ríos, las aves y  el viento. Y solo los seres con alma la atraen. La mañana está fría, la mujer silvestre se ha vestido con la ropa para practicar deportes en otoño aunque todavía sea verano. Le fascina la bruma del amanecer y entre más temprano sea más disfruta de la alborada. Cuerpo, mente, alma y espíritu,  repite mientras baja su bicicleta del carro. Estira un poco los  músculos  mie…

La realización de los sueños

OPINIÓN de Ilka Oliva CoradoRecuerdo patente ese instante, las palabras atragantándose en mi garganta si poder salir se arremolinaban, el corazón me latía a mil y el encantamiento  apenas me dejaba dar el paso. Salí de aquel lugar atolondrada a encontrarme con la luz pálida de la tarde abrazando la noche, miré a mi alrededor, tomé aire y caminé con dirección a la parada de autobuses, estaba en la zona 1 de la capital guatemalteca y tenía 17 años.  El magisterio de Educación Física se estudia todo el día de lunes a viernes, para que los alumnos descansáramos un poco nos daban una tarde libre a la semana, a mi sección le tocaba los miércoles. Entonces yo a veces agarraba a volar pata por la zona 1, sola porque me gustaba observar y detenerme donde quisiera, así fue como entré a varias iglesias por el puro afán de respirar el aroma del incienso ese que me gusta, ver las formas de  los cirios y sus colores y el lucerío de las candelas agonizantes quemándose lentamente llevando consigo mis…

Los que se fueron yendo

OPINIÓN de Ilka Oliva CoradoHace  un mes que no lo veo en su puesto de trabajo, es  el encargado de colocar en las estanterías las zanahorias, hongos, ocras, en esa larga estantería del supermercado donde siempre hay dos trabajadores colocando las verduras. ¿Se habrá enfermado? ¿Le habrá dado el virus? Me pregunto mientras observo detenidamente  las otras estanterías a ver si lo encuentro, pero no, no está, solo hay jóvenes haciendo el trabajo. La nueva camada, los del cambio de estafeta, los que tienen toda la leche para trabajar, los recién emigrados: sus caritas lo dicen todo. Los recién emigrados indocumentados es como si llevaran un gran cartel donde anunciaran que acaban de llegar y que no tienen papeles, el miedo  propio de las circunstancias a ellos les aflora el doble. Esas miradas, esas formas de caminar, la ropa, sus acentos tan de sus lugares de origen que es como si los remarcara. Todo eso se va diluyendo con los años como una pintura a témpera que recibe el sol todos los…

Como un enorme elefante blanco

OPINIÓN de Ilka Oliva CoradoLleva apareciendo en mi televisor varias semanas, pero me hago la desentendida y busco películas por otro lugar, es un documental sobre la violencia que vivieron las comunidades indígenas en Guatemala en el tiempo de dictadura. Qué fácil poder cambiar de canal o fingir que una imagen no está en la pantalla de un televisor. Más de 200 mil desaparecidos, dice en letras grandes, pero yo no lo quiero ver, no ahora que estoy relajándome viendo documentales sobre cultura, gastronomía y cualquier otra cosa menos sobre lo que duele. Qué fácil, insisto, poder cambiar de canal y fingir que esa imagen no existe, por lo menos momentáneamente. 

Decir, hoy no quiero ver tal cosa, poder elegir. Pero esas miles de familias que vivieron la violencia por parte del Estado en Guatemala no tuvieron opción de nada, fueron masacradas, torturadas, desaparecidas. ¿Cuántos fueron en realidad? Oficialmente acaso 200 mil, pero  cuántos fueron.  ¿A cuántas niñas, adolescentes y mujeres …

Pequeñas lecturas

OPINIÓN de Ilka Oliva Corado
A dos cosas me acostumbré a buena mañana, a leer y a ver plantas. No hay rocío de la alborada sin lectura y sin plantas. La lectura me quedó como un hábito de mis días de infancia vendiendo helados en el mercado en mi Gran Amor, Ciudad Peronia. Las plantas más que un hábito son una necesidad, es como una especie de oxígeno, como lo es la tierra. Necesito tocar la tierra.  Decía mi Tatoj al alba: levántense, caminen, estiren los músculos, respiren el aire fresco del día, no hay nada como eso, como ver las plantas. Mientras nos acariciaba para despertarnos.  Nosotros, las cuatro crías nos enrollábamos debajo del poncho y  la sábana floreada  en la cama de metal con la pata coja.  Las dos mayores nos levantábamos con la espalda mojada del orín de la noche de los comunes. Tocaba sacar el colchón a orear todo el día. Hasta el sol de hoy, el alba es la mejor parte del día para mí. 

Leí pocos libros en realidad, en el arrabal no había acceso a estos, si costaba un …

La papa partida por la mitad

OPINIÓN de Ilka Oliva Corado
Este texto pertenece a la serie Las Insurrectas 
Salimos de la cantina Las Galaxias con los patojos alrededor de las 9 de la noche, los fines de semana tenía la libertad de un tiempo libre después de vender helados y dejar alimentados a los animalitos, entonces me iba a jugar pelota,  a aplanar calles con los patojos o sola a virinbundear  y en el camino me encontraba con algunas amigas y nos íbamos a  darle la vuelta a la colonia. Eran los tiempos de mi adolescencia y Ciudad Peronia crecía cada día, en el asentamiento comenzaban a verse pequeñas construcciones de casas, poco a poco iban desapareciendo las pequeñas chozas improvisadas con lepas y nailon. Y la gente que años antes había invadido terrenos abandonados comenzaba a tener los papeles legales y podía comenzar a pagar mensualmente en el famoso banco Banvi. 
El sueño del parque con su área verde y las canchas deportivas seguía siendo una ilusión, un dibujo en un papel que ayudó a enganchar a miles de …

Brazos de tortillera

OPINIÓN de Ilka Oliva Corado

En la calle siempre me decían “brazos de tortillera”.

Pero, ¿qué tiene de malo que una mujer tenga el cuerpo rollizo? Me preguntaba yo en la edad del desarrollo. Me lo sigo preguntando ahora. Nunca fui delgada, al contrario, siempre fui rolliza. Pero cómo no serlo con el trabajo físico de todos los días en la casa y con la hielera de helados. Subir y bajar el bulevar principal de Ciudad Peronia, después su subidona de la calle donde vivíamos y todo esto siempre cargando algo, ya fuera la hielera, los costales de afrecho, los costales de comida que me iba a recoger al mercado para los cochitos, todas lo que tiraban quienes vendían frutas y verduras. Pero la hielera, esa hielera que pesaba más que yo misma. Rajar leña, acarrar agua. ¿Por qué no iba a tener el cuerpo rollizo? Si los músculos del cuerpo que se utilizan crecen, si se ejercitan crecen y el trabajo físico es una forma de ejercicio.

Raras veces usé vestido porque en realidad no me gusta usar vestido…

Rábanos tiernos

OPINIÓN de Ilka Oliva Corado
Ayer por la mañana coseché los primeros rábanos tiernos. Parecían jocotes tronadores al morderlos. Me tocó sacarlos antes de tiempo porque los animalitos ya se los estaban empezando a comer. El primer año que coseché, no hombre yo bien feliz de la vida viendo crecer aquellas grandes hojotas, para cuando según yo era tiempo de cosecharlos no había nada abajo, no sé cómo se pudieron sostener las hojas y los tallos durante tanto tiempo si los animalitos se habían comido los rábanos, apenas pude cosechar uno, eso sí, galanón. Ese día lloré de la risa con mis hojas y mi rábano en la mano, porque los animalitos me habían dado vuelta y media. 

Y así es todos los años, una especie de  juego de  ver si unos se comen los frutos primero o la otra los cosecha antes. Mi parcelita rentada es pequeña, más que todo la sigo cultivando por la necedad de mantener la raíz campesina de mis abuelos, maternos y paternos. Siembro al estilo de Jutiapa, en surcos. Está el surco de ch…

La calle y el mural

OPINIÓN de Ilka Oliva Corado
En un día a día donde el odio se reproduce como polvareda, cuando las armas son lo común, encontrarse a personas que eligen crear en lugar de cortar, estancar, arrancar y estorbar es algo maravilloso. Porque crear es sembrar una semilla que germinará es como reforestar. 
Quien crea a veces pasa desapercibido como todas las cosas simples de la vida que por hermosas ya se han asimilado como algo habitual. Como el oxigeno que respiramos, ya es algo habitual que no se percibe,  pero si un día nos falta entonces ahí se va a valorar su importancia. Es deslumbrante un atardecer de cielo rojizo, pero deslumbrante son también los pétalos de las flores silvestres que crecen a la orilla del asfalto, entre los zacatales o como monte maligno en los jardines de decoración con flores importadas.  
A veces es así, se ven lindas las manos de un oficinista con su manicura y lo tomamos como señal de limpieza y señalamos las manos de los campesinos que trabajan todos los días la…

Las vendedoras de la aldea

OPINIÓN de Ilka Oliva Corado

Siempre vienen a mi mente cuando las flores de las diez comienzan a abrir sus pétalos en las mañanas tibias del verano. Y con la brisa tenue de los días de sol y canícula, aparecen las panadas de agua regando el patio empolvado de aquella casita fue el nido que abrigó la inocencia de mi niñez. Y  el olor a tierra  mojada llega hasta la ventana de mi habitación, aquí en esta tierra lejana donde hoy planto ajos, semillas de tomates y acomodo las ramas de las parras de hierbabuena que se expanden galantes como enredaderas entre las flores de chiliguas, los tiestos y  mi pequeña parcela en mi pueblo rentado.

Aparecen entre la bruma fina de los últimos minutos del rocío de la alborada, cuando el calor comienza a despuntar para darle paso al medio día. Las veo bajar por la calle principal de la aldea, con sus caites empolvados de tanto caminar, con sus canastos en la cabeza llenos de hierbas, verduras y flores. Con queso, crema y huevos de pato, chumpe y gallina…

El vacío que deja un trabajador esencial

OPINIÓN de Ilka Oliva Corado

¿Se recuerda del señor que trabajaba ahí? Me dice el hombre que coloca lechugas y hierbas sobre la estantería, montado sobre una tarima de cajas con hielo en una mano sostiene una pequeña pala y con la otra señala el lugar donde están las semillas y los chocolates. Llevamos unos minutos conversando, ayer fui a comprar mi comida de la semana y no me sorprendió para nada encontrar a varias personas que andan ya por la vida sin su mascarilla, aunque el estado no está activo aún completamente y hay orden gubernamental de usar mascarilla al entrar a cualquier tienda. Pareciera que son los jóvenes los irresponsables, pero no, he visto personas de todas las edades rompiendo las normas de salubridad y no son personas empobrecidas como para decir que no tienen los medios económicos para comprar una mascarilla de 99 centavos de dólar.



El ambiente en el supermercado cambió, cambió la dinámica. Hoy frente a las cajas de pago hay una ventanilla de plástico que seguram…

Isabel, Isabel, qué desdicha haber nacido en Guatemala

OPINIÓN de Ilka Oliva Corado

Que la poeta guatemalteca Isabel de los Ángeles Ruano vive en la miseria y necesita ayuda, ¡bah!, ya se sabía desde hace décadas. Pero en Guatemala nos encantan las llamaradas de tusa. Nos encanta también aparentar, vivimos de las apariencias y del qué dirán y regimos nuestras vidas alrededor de lo que puedan decir los demás de nosotros. Entonces por eso vamos con la corriente, de ahí que se formen las grandes revoluciones de redes sociales: bocanadas nada más.

Por eso es que hoy el nombre de la poeta más grande que ha tenido Guatemala resuena en las redes sociales, no porque nos importe ni como poeta ni como adulto mayor, mucho menos sus circunstancias de vida. Porque la gran Isabel lleva décadas caminando ida, como idos caminan los que se suben a los buses al pedalazo a ofrecer sus productos, productos que nadie quiere comprar, personas a las que no quieren escuchar, porque en la modorra del cansancio, del desvelo o de la madrugada también está la angust…

¿Qué cambiará el mundo?, puros cuentos

OPINIÓN de Ilka Oliva Corado

Estamos viendo la calamidad y el descaro como lo hemos visto otras tantas veces. ¿Qué nos ha enseñado este tiempo de pandemia? Nada. De las tantas lecciones por aprender no hemos querido aprender ninguna. ¿Que cambiará el mundo después de esto? Puros cuentos. ¿Qué más humanos no sé qué? Tampoco. Somos la especie depredadora. Nos comemos los unos a los otros, sin remilgos, sin respiro, la ley del más poderoso, del más ruin, del más canalla. Es decir, como siempre, como el día a día.  No se nos crispa un nervio ante el dolor del otro y solapamos el desdén de estas cuadrillas de criminales que escogimos como gobernantes.



¿De qué nos sirven las lecturas, las perchas de libros en las bibliotecas de nuestras casas, las perchas de títulos universitarios, si los que hacen siempre son los que menos han tenido oportunidades de desarrollo? Con y sin pandemia son los que siguen poniendo el pecho. Son los que se quitan el bocado de la boca y se lo dan a otro. Son los q…

Loor a los migrantes indocumentados de todos los tiempos

OPINIÓN de Ilka Oliva Corado

¿Era lo que se imaginaban? Les pregunto a los migrantes indocumentados que voy conociendo en el camino. No. Me contestan seguros. Pero ya estamos aquí y hay que hacerle gancho porque allá no hay nada. Terminan reafirmando desolados. La angustia, el miedo, la ira, la tristeza son emociones que acompañan a los migrantes indocumentados en su día a día. Todo aflora en sus miradas de orfandad, en sus voces quebradas. Con los años de estadía en el país de llegada el migrante indocumentado va aprendiendo a respirar, acoplándose a  ese resuello de agonía perenne porque vive en un limbo emocional debido a su constante nostalgia por los que se quedaron,  a su situación legal , al cansancio del trabajo de hasta tres turnos por día y a  la falta de derechos laborales.  Su condición de peón no cambia. Pero peor es allá porque no hay nada. Ese allá de la patria, de la tierra de uno, del nido, donde está la raíz, los lazos emocionales y afectivos, duro que allá no haya n…





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