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Resistencias. La vida a la intemperie

ALEJANDRA. Foto: Constanza Niscovolos

Cada vez m谩s mujeres con y sin ni帽xs habitan en plazas, recovas, bajo puentes o en veredas de la Ciudad. Viven solas o en “ranchadas” y trajinan las calles noche y d铆a para subsistir y mantener a sus hijxs, que a veces mueren de fr铆o. Estigmatizadas, abusadas y penalizadas, padecen la desatenci贸n total del Estado. Entre algunas de las experiencias en busca de llenar ese vac铆o surge la ONG Centro de Integraci贸n Frida, que acaba de cumplir un a帽o y alberga a las mujeres, que en redes fortalecidas intentan resta帽ar las heridas y encontrar caminos de libertad, dignidad y conciencia de g茅nero.



Si no fuera porque se ven unas zapatillas, parece un bulto informe, es una persona, duerme, pero no bien me acerco emerge de su envoltorio y abre los ojos. Saludo y me responde, es una mujer, se llama Marilyn y est谩 rapada, abrigada entre cartones, frazadas rotas y pedazos de nylon, acostada sobre un tabl贸n contra un pared贸n del barrio de Congreso.


Es una m谩s de lxs “16.353 ni帽os/as, j贸venes, mujeres y adultos mayores que sobreviven en las calles de Buenos Aires en una situaci贸n de exclusi贸n social”, seg煤n los datos proporcionados en 2014 por la Ong M茅dicos del Mundo, que a煤n no ha publicado cifras actuales. Para las organizaciones sociales que trabajan con la problem谩tica, “las cifras aumentaron entre un 20 y un 40 por ciento en lo que va de 2016, y hubo 20 muertes por la ola de fr铆o”. A su vez, el Gobierno de la Ciudad, a trav茅s de su programa de asistencia Buenos Aires Presente (BAP), inform贸 que el promedio de llamados a la l铆nea gratuita 108 se increment贸 con 800 nuevos pedidos de ayuda.


Por su parte, Horacio Avila, fundador de la ONG Proyecto 7, y presidente del Centro de Integraci贸n Monteagudo para hombres, de Parque Patricios, estima que “en la actualidad son unas 20.000 personas las que duermen a la intemperie en Buenos Aires, entre las que se cuentan m谩s de 5.000 menores y 2.500 ancianos. Hist贸ricamente el porcentaje de poblaci贸n en calle era de un 80 por ciento de hombres y un 20 de mujeres, pero ahora la cantidad de mujeres ha ascendido al 30 por ciento. Hay alrededor de un 20 por ciento m谩s de gente en situaci贸n de calle, la mayor铆a es gente nueva, familias, desalojados de piezas, hoteles y departamentos”. En el mismo sentido, Avila inform贸 que desde que comenz贸 el fr铆o intenso “hubo 37 muertos en la calle o que lograron llegar a un hospital pero fallecieron all铆”. A su vez, la asociaci贸n Ciudad sin Techo, sostiene que “hasta el a帽o pasado, entre 80 y 100 personas en situaci贸n de calle mor铆an cada invierno por las bajas temperaturas”.


Marilyn est谩 vestida con ropa enorme, de hombre, su voz es grave y habla entre dientes; tiene 25 a帽os, no acepta fotografiarse, “es mejor andar as铆 en la calle, como un pibe, cuanto menos mujer y m谩s vieja te ven, menos joden. Yo camino sola, no soy de las que se pegotean con un tipo para que las respeten y las defiendan, a veces te sale m谩s caro...”, dice.


Naci贸 en Rafael Castillo, su madre es modista, viuda, y se cas贸 nuevamente cuando ella ten铆a 12 a帽os. No llegaba a los 14 cuando fue abusada por su padrastro. Una noche se escap贸 de la casa con unxs pibxs que hab铆a conocido en la calle y se vinieron a la Capital. “Primero ‘ranchamos` juntos, pero despu茅s se pudri贸 todo, yo no me dejo tocar por nadie, una vez me embarazaron y me lo saqu茅, y adem谩s corr铆a mucho paco, broncas, nos persegu铆an las patotas de la UCEP (Unidad de Control del Espacio P煤blico, dependientes del Gobierno de la Ciudad y ahora reemplazada por Ambiente y Espacio P煤blico), y me cort茅 sola. Me ba帽o en una iglesia; si hace mucho fr铆o duermo en el Azucena Villaflor (煤nico parador para mujeres solas o con ni帽os del Gobierno de la Ciudad), pero es un garr贸n. Si no ten茅s casa, una direcci贸n, nadie te emplea, pido en la calle, hago alguna changa, eso.”


En contraste con la ONG M茅dicos del Mundo, que asiste permanentemente a la gente en situaci贸n de calle, voceros del Gobierno porte帽o afirmaron en 2014 que eran 876 las personas sin techo, pero ofrec铆an 2.200 camas disponibles en sus paradores nocturnos para varones, excepto el Villaflor.
Gloria y sus mascotas


En la plaza Mariano Moreno, en la esquina de Hip贸lito Yrigoyen y S谩enz Pe帽a, se alza una enorme carpa redonda: en su interior hay de todo, muebles, cocina, camas, materiales reciclables, una mesita con un florero y flores, sillas, un par de sillones y una infinidad m谩s de objetos. Sus habitantes son Gloria Silva (53) y Carlos Alberto Jerez, su esposo (59). Viven all铆 desde hace nueve a帽os, antes alquilaban una casa de la que fueron desalojados a poco de llegar de su pa铆s, Uruguay. Ambos est谩n protegidos por un recurso de amparo judicial de 2014, y no pueden ser desalojados por ninguna fuerza policial.


Hace mucho fr铆o y anochece, nos invitan a entrar en su hogar y nos ofrecen asiento junto al brasero, alrededor nuestro se echan en el suelo Juguet贸n, Cartonero y Caramelito, tres perros que conviven con ellos y de los que no est谩n dispuestos a separarse bajo ning煤n concepto.


Gloria es menuda, decidida, de car谩cter fuerte y frases cortas, se larg贸 de su hogar en Uruguay de chica, cuando su madre se cas贸 por segunda vez y el padrastro la abus贸. “Y as铆 aprend铆 a andar sola en la calle, siempre con alguna familia, me colgaba de ellos, me proteg铆an, me daban cari帽o, yo nunca rob茅.”


Gloria y Carlos Alberto piden una casa, un lugar donde poder vivir con sus cosas y sus tres perros, y mientras tanto trabajan cartoneando. “No hay d铆a que nos falte comida para alimentar a los bichos, y tener un pedazo de carne y carb贸n.”


Ambos y un amigo que est谩 de visita, Rub茅n Dar铆o Quiroga, tambi茅n en situaci贸n de calle, nos piden que publiquemos que “los que habitamos la calle queremos una casa, estamos dispuestos a pagar, no queremos que nos regalen nada. En vez de hacer tantas playas subterr谩neas y tener tantas casas y departamentos vac铆os en la ciudad, por qu茅 no nos dan la oportunidad de habitar alguno y pagar mensualmente con nuestro trabajo”.


“Esto es dur铆simo -dice Gloria- ten茅s que aprender a vivir en la calle y ahora hay mucha gente nueva. El otro d铆a se muri贸 un beb茅 enfrente, en la Caja de Ahorro; el que no tiene experiencia en la calle corre peligro. Los paradores del Gobierno no sirven para nada. Hay que buscar soluciones, no pasar una noche, se nos va la vida as铆.”


Mientras hablamos, Carlos Alberto corre con un palo a un rat贸n que seg煤n 茅l pesa un kilo y hurgaba entre sus alimentos. “As铆 te pas谩s la noche, estos desgraciados liquidan todo. El juez nos concedi贸 el recurso de amparo el 20 marzo de 2014, pero hasta ahora nadie nos ofreci贸 un lugar donde vivir. Y de ac谩 no nos pueden sacar, ni a palos”, asegura.
Su decisi贸n sexual


Es simplemente bella, tiene 20 a帽os, es trans, de pelo como llamaradas, cutis blanco y ojos rasgados, sonrisa triste y voz dulce, excepto cuando en determinadas situaciones se ve obligada a emprenderla a las trompadas, asegura.


Alejandra Margarita Recalde vivi贸 en situaci贸n de calle desde los 12 a帽os. A los 6 la hab铆an dejado en un hogar escuela y su mam谩 olvidaba buscarla; fue creciendo a los tropezones y con una relaci贸n de maltrato y violencia. A los 12 su padrastro abus贸 de ella y su madre no le cre铆a, prefiri贸 pensar que abusaba de las drogas y era rara porque no se aceptaba var贸n, y la meti贸 en la Fundaci贸n Viaje de Ida y Vuelta, en la ciudad de Campana.


“All铆 hab铆a 365 hombres y 150 mujeres internadxs, a m铆 me pusieron en el lugar de los varones… Mi decisi贸n sexual la tengo desde que me acuerdo, nac铆 as铆. Y hab铆a chabones que me entend铆an y me respetaban y otros que me violentaban”, relata.


Tiene dos hermanos varones y dos mujeres, la sacaron del encierro en moto, pero a una de sus hermanas que cumpl铆a a帽os el mismo d铆a que ella la mataron de dos tiros por resistirse a un robo en Lugano.


“Y a los 13 de nuevo estaba en la calle e iba a parar a los hogares de varones, eso no me molestaba tanto como el encierro. En un hogar de Mor贸n dur茅 tres meses, en otro 12 horas. Me escapaba, me iba por la puerta, no soportaba la reja, el encierro.”


Sufri贸 y sufre discriminaci贸n familiar, pero es de car谩cter fuerte. “Mis primos m谩s grandes me ten铆an a las pi帽as y a los cachetazos, pero un d铆a los mand茅 al hospital de los golpes que les d铆. Mi abuela no me quiere, hace un mes me dijo ‘como sos puto no quiero que veas a tus hermanos’, y hasta que sean mayores de 18 no me van a ver, tengo que esperar como 6 a帽os.”


Alejandra habla suavemente, parece serena, como si no se angustiara. Toma un caf茅 con leche, mira hacia la plaza del Congreso a trav茅s de la ventana del bar, pero cada tanto hay una chispa fugaz de dolor que se dibuja en su frente, en las comisuras de sus labios. “Viv铆 en situaci贸n de calle en Laferr茅re, en La Matanza; en Merlo, en Padua, en Libertad, en Paso del Rey y en Capital. En Laferr茅re nos dejaban dormir en una salita sanitaria, limpi谩bamos y dorm铆amos hasta que empezaba el horario de guardia. Com铆a, me ba帽aba, trabajaba en deliverys o rotiser铆as”.


En Capital, dos d铆as antes de cumplir los 16 la metieron en un hogar de varones que m谩s tarde cerraron. “Era un desastre, tom谩bamos cualquier cosa, yo hab铆a terminado con mi ex novio, hab铆a macumba y a un chico discapacitado lo violentaban los compa帽eros, me escap茅”.


Actualmente tramita su DNI como mujer y vive en un hotel familiar que le ayuda a pagar su padrino del coraz贸n, pero es triste estar en una pieza, dice. “La cama y la tele no te responden, y viene el faso y la tristeza, la angustia. Para venir ac谩 me fum茅, estoy fumada, por eso ustedes me ven bien… Pero no estoy bien, estoy amenazada por tres personas en el hotel y me voy a tener que ir. Eso s铆, nunca trabaj茅 prostituy茅ndome, nunca vend铆 mi cuerpo para comer. Aunque s铆 tuve problemas en pareja, le pegaba porque me levantaba la mano, Una vez s铆 me agarr茅 a trompadas con un tachero porque me insult贸, entonces en un chaleco de jean me bord茅 ‘Yo Soy Trans’, y me paseaba as铆 por Once”.


Oscurece, la figura perfecta de Alejandra se recorta entre las sombras de la plaza. Ella es como una luz en las penumbras; detr谩s, los carros cartoneros, las carpas improvisadas contra los paredones para protegerse de la noche helada, impiadosa.

NORMA. Foto: Constanza Niscovolos
Un lugar donde vivir


Horacio Avila, fundador de Proyecto 7, ONG formada por y para gente en situaci贸n de calle, es el director del Centro de Integraci贸n Monteagudo, ubicado en el barrio de Parque Patricios, que aloja a m谩s de 117 hombres que viven las 24 horas asistidos por profesionales, y acceden a actividades que van permiti茅ndoles a futuro tener una vivienda y un trabajo para autoabastecerse.


Con el apoyo de esa Ong y de “No Tan Distintas”, se cre贸 el Centro de Integraci贸n Frida, en homenaje a la artista mexicana Frida Kahlo, ubicado en el mismo barrio y destinado a contener y albergar a 45 mujeres con o sin hijos, que se encuentren en situaci贸n de calle. La experiencia acaba de cumplir un a帽o la semana pasada. El Centro est谩 gestionado por un grupo de profesionales, psic贸logas, antrop贸logas y soci贸logas con amplia experiencia en la materia.


“Pensamos el Frida como pr谩ctica de la resistencia, como cuerpo colectivo libre de violencia, como pr谩ctica de la autonom铆a con la posibilidad de crear y sanar; como pr谩ctica revolucionaria. Es una alianza entre todas y todos buscando nuevos rumbos; haciendo carne lo que hace a帽os venimos sosteniendo desde la lucha: que la calle no es un lugar para vivir”, dice con vehemencia Florencia Montes Paz, coordinadora del lugar.


Fuente: P谩gina/12




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