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Las tribulaciones de un sirio en Siria

Por Antonio Hermosa  

Bachar el Assad, tirano hijo de tirano y aspirante a perpetuar la dinast铆a, cre铆a que le bastaba abrir la boca para que se hiciera la luz; que reprimir una manifestaci贸n, por ejemplo, era simple cuesti贸n de coser y matar, ya que de casta le viene al galgo, y pocos modelos al respecto mejor que el de casa, o sea, su padre. Y reprimida una, reprimidas todas, parec铆a decirse, pues la cosa, seguro, crea precedente, y ya ser谩 como si se reprimieran solas. Lo bueno de la primera, en efecto, es que a partir de ah铆 uno, en cuanto ve venir una muchedumbre por el lado contrario –compuesta de desharrapados, seguro, de agentes de lo que toque, de islamistas occidentales, o al rev茅s, etc.-, pone los tanques en autom谩tico, los lanzagranadas en autom谩tico, las balas en autom谩tico, los soldados en autom谩tico, la polic铆a secreta en autom谩tico, y todo cuanto se aproxime erguido corre fundado riesgo de yacer por tierra, herido o muerto, a la voz de ya. Y luego toca solo contar los muertos y actualizar las cifras, unific谩ndolas a ser posible, no vaya a causar el pa铆s mala imagen en el exterior dando cada fuente una distinta, que se pasa uno la vida cultivando prestigio con esmero y luego, a las primeras de cambio, llega alguna consejera alemana local y te mete un pepinazo por detr谩s.
        
Bachar el Assad no sab铆a que a veces los muertos se levantan en otros vivos y se perpet煤an con ellos, claman con ellos, luchan con ellos, se rebelan en ellos. Hab铆a o铆do en alguna ocasi贸n la palabra dignidad, cuando a煤n era oftalm贸logo, y parece que no le hac铆a ascos el sonido; pero en cuanto lleg贸 al trono en lugar del hermano prefijado, muerto en accidente de tr谩fico, el pabell贸n auditivo experiment贸 una modificaci贸n extra帽a y repentina, volvi茅ndose de golpe al茅rgico a sonidos antes atrevidos. El sabio consejo del entorno alau铆 de palacio, en el que palabras como la susodicha producen al entonarla ese tipo especial de sarpullidos en la conciencia llamados carcajadas, termin贸 de hacer el resto. Y el olvido de que los muertos siguen vivos en las palabras que antes ellos pronunciaban y ahora otros pronuncian por ellos -libertad, igualdad y dignidad, que acorralan a la mayor铆a de los tiranos del mundo 谩rabe salidas de gargantas 谩rabes-, le ha vuelto sordo al griter铆o de multitudes que se suceden entre s铆 o a s铆 mismas pidiendo lo mismo. No le deja entender que haya fallado el precedente y los nuevos manifestantes no se sientan todav铆a muertos. Mucho m谩s trabajo le cuesta entender que, con las balas que corren, aumenten.
        
Su explicaci贸n, y la del entorno oficial, hab铆a recurrido al cuento de la lechera a fin de explicar el fen贸meno: son bandas mercenarias que conspiran desde el exterior, son islamistas sublevados, son el caos que vendr谩 si yo no estuviera. M谩s de mil muertos despu茅s, y de muchos miles m谩s de detenidos, vejados y torturados, s贸lo ha convencido a los que gustan de los cuentos, que son muchos, pero ha roto para siempre el tiempo en dos, escindiendo el hoy del futuro, un lugar en el que 茅l ya no tendr谩 cabida. En su descargo ha querido valerse de ciertas medidas a deshora, de limosnas de negociaci贸n, de promesas a trasmano -palabra de tirano-, sea para deshacer lo hecho o para rehacerlo con otro significado; mas la divisa ha cambiado, y el actual reclamo es unidad nacional con la que hacer frente a la doble tiran铆a encarnada en su persona, la pol铆tica y la social –la raza alauita dominando todo el espectro social, a la manera de un Saddam Hussein sirio, si bien se detectan crecientes fisuras en su interior-, democracia parlamentaria y Estado laico (palabra esta 煤ltima finalmente cambiada por civil, o lo que es igual: presagio de un horizonte cargado de nubarrones).
        
El tirano Bachar El Assad cre铆a que con solo fruncir el ce帽o el mundo, el sirio, se precipitar铆a a sus pies, porque el tirano cree reinar sobre un campo de cad谩veres; si alguien se mueve, se le detiene; si crece, se le aplasta; si une, se le divide; si exige, se le dispara. A su alrededor no ve铆a ninguna fuerza en grado de moverse, crecer, unir y exigir en concurrencia con la suya; y como su ej茅rcito era suyo en lugar de flotar m谩s o menos libremente, como en T煤nez o Egipto, y ten铆a garantizada as铆 su lealtad; como acababa de intentar comprar a los funcionarios aument谩ndoles el sueldo; como su dominio de hierro sobre la sociedad desde su clan, asociado siempre al engranaje del poder, se probaba en el hecho de que el papel de Damasco en nada recuerde al de T煤nez o El Cairo en la revuelta; como la violencia presente en los genes El Assad ya hab铆a sido brutal y diversamente administrada en contundentes dosis, etc., el tirano no acertaba a explicarse el origen de esa fuerza que compite con la suya, que realiza todas las operaciones antedichas y ha demostrado una parte de su poder otorg谩ndose existencia, otra parte organiz谩ndose y otra programando un futuro com煤n para una Siria libre del tirano y de su circunstancia.
        
Mucho, demasiado le queda a ese Consejo de 31 miembros surgido de la reuni贸n en la ciudad turca de Antalya en la que trescientos sesenta asistentes –heterog茅neos, divididos, enfrentados algunos entre s铆 y sin legitimidad muchos de ellos- para poner en marcha el proyecto de presionar a la ONU a la Liga 脕rabe a fin de que sancionen al tirano sirio, y con mayor raz贸n el de llevarlo ante un tribunal acusado de cr铆menes de guerra y de cr铆menes contra la Humanidad. Pero con 茅l ya sabemos al menos dos cosas: que hay oposici贸n en Siria y que si la ONU tiene raz贸n de ser aqu铆 tiene una ocasi贸n para demostrarlo: para agrandar su fuerza y acortar los tiempos. Y, a trav茅s de ella, y en ella, quienes airean la bandera de la democracia y de la paz no s贸lo con la boca (a Rusia o China, naturalmente, ya las llamar铆a El Assad a que le echen una mano si requiriese ayuda).
        
Tirano y necesario, ¿qu茅 imped铆a so帽ar a Bachar El Assad con un tercer reich personal, qu茅 m谩s pod铆a pedirle a la vida? ¡Si hasta despu茅s de tanto crimen, de haber cuarteado el pa铆s o saqueado el futuro aun la propia Hillary Clinton alberga la creencia de hacerle entrar en raz贸n y hacer de 茅l un reformista; como si un tirano hablase con alguien m谩s que con dios, esto es, consigo mismo! El sue帽o de Bachar El Assad tiene un fuerte componente de realismo, naturalmente. En la sociedad internacional, los derechos y libertades democr谩ticas son poco m谩s que un flatus vocis en determinados escenarios, aqu茅llos en los que la Realpolitik hace su agosto. ¿A qui茅n va a preocupar la responsabilidad siria en el magnicidio de Rafik Hariri en L铆bano, o en los asesinatos que vinieron despu茅s? M谩xime si tenemos en cuenta que es uno de los pocos que van de laicos por la zona, lo cual, si comparado con esa especie de Estado-burka que es Arabia Saud铆, no dir谩n que no es un logro.
        
Adem谩s, la protecci贸n del pluralismo religioso, fundamental en Siria si 茅sta no quiere perecer de tanta potencial misericordia divina, es una realidad palpitante (Malise Ruthven lo ha destacado en su extenso estudio-rese帽a de un libro de Brooke Allen en las p谩ginas de la New York Review of Books). Pero sobre todo es la represi贸n ejercida contra los Hermanos Musulmanes, ocasionalmente degenerada en aut茅nticas masacres (v茅ase el reciente art铆culo de Carlos Echeverr铆a Jes煤s para el Real Instituto Elcano), el papel central que sigue desempe帽ando en L铆bano, donde facilita armas iran铆es o rusas a Hezbolah, o el control pol铆tico-religioso que ejerce sobre la mayor铆a sun铆, lo que le ha realzado su importancia convirti茅ndole en importante mediador entre turcos y saud铆es; asimismo, su especial relaci贸n con Israel, pa铆s del que puede profesarse enemigo nato, como dec铆a Is贸crates del persa respecto del griego, y con el que sin embargo parece siempre casi a punto de concertar alg煤n tipo de acuerdo; o, quiz谩, su posible condici贸n de mediador entre Ir谩n, pa铆s del que es aliado tradicional, y la propia Arabia Saud铆, que rechaza la actual hegemon铆a iran铆 en L铆bano, al igual que todo intento de ampliarla en el resto del mundo musulm谩n, acent煤an la impresi贸n del l铆der sirio como protagonista irremplazable en el laberinto regional. As铆 pues, ese punto de fuga que concentra los intereses de Turqu铆a y Arabia Saud铆, Israel y el resto de Oriente Medio, junto a los de la misma Siria e incluso del d铆scolo Ir谩n, por no hablar de los de Estados Unidos y la Uni贸n Europea, confieren un peso espec铆fico al sue帽o de inmortalidad en el trono de Bachar El Assad. Y, de hecho, a su cabeza a煤n no se ha puesto precio por nadie fuera de la oposici贸n siria. Es lo que tiene la Realpolitik: por la misma raz贸n que se quita a uno se mantiene a otro.
        
Empero, pese a tan pomposa carta astral como quiere presentar el tirano hijo de tirano y deseoso perpetuador de una dinast铆a, el final del ciclo de la asabiyya -que prosigue en la constituci贸n de una dinast铆a, la cual florece y se corrompe, y a la que sigue una fitna (o desorden), que termina reinstaurando un nuevo clan o asabiyya en el trono, vale decir, el periplo con el que el genial Ibn Jald煤n explicaba el traspaso de poder entre los grupos 谩rabes, y que el gran historiador Albert Hourani rescatara en su libro de 1991 Historia de los 谩rabes (editado por Vergara, Barcelona, 2003)- de los Assad puede que ya est茅 en el horizonte. En Siria, el reto帽o en el cargo ha pasado para muchos a ser parte del problema y no de la soluci贸n, y en ese mismo pa铆s comienza igualmente a divisarse el surgimiento de una fuerza oficial, una oposici贸n, que puede dirigir el levantamiento. E incluso para algunos de los pol铆ticos occidentales, herederos de una forma de hacer pol铆tica internacional en la que, colmo parad贸jico del sonrojo y de la verg眉enza, un tirano se convierte en pieza indispensable de la seguridad y la paz de individuos que vivimos en Estados supuestamente bajo la 茅gida de los derechos humanos, el cr茅dito se ha ido cerrando para un sujeto que autoriza a su ej茅rcito a jugar con sus ciudadanos al tiro al blanco. Confiemos en que las circunstancias desplieguen contra el statu quo todo su poder de convicci贸n, impidiendo que Siria sea un nuevo teatro en el que el hecho sacrifique el derecho y la Realpolitik imponga una vez m谩s su Diktat sobre la libertad y la paz.

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