OPINIÓN de Ángeles Sanmiguel Igual que el PP español controlaba lo que se llamaría la “policía patriótica”, –trama parapolicial ilegal incluida en el caso Kitchen, la Operación Catalunya e Informe Pisa-, la tauromaquia, en el año mil ochocientos noventa y ocho, tras la batalla contra Estados Unidos en Cuba, sometió el término a sus intereses fijando y multiplicando las denominadas corridas patrióticas en España -mal llamada piel de toro- donde hasta la música era exaltativa de tal afán utilizando temas como la no menos patriótica Marcha de Cádiz (obra del compositor afiliado a la masonería Federico Chueca -quien glorificaba así al general Prim, político, asimismo masón, ¿asesinado a trabuconazos y estrangulamiento?- y del zarzuelista Joaquín Valverde Durán), según relata José Luis González Fernández, de la Universidad Complutense de Madrid, en su ensayo: “Toros y política en el siglo XX: una pasión correspondida”. “Los toros deben ser liberados de esta violencia institucionaliza...
