Por 脕lvaro Cuadra
El malestar ciudadano, encabezado por el movimiento estudiantil, no parece amainar en el pa铆s. De poco han servido las amenazas, la complicidad de los medios y el tiempo transcurrido. Se trata de las mayores protestas en d茅cadas. Las demandas que se leen en las pancartas y los gritos en la calle plantean un problema serio al gobierno, pues es claro que se trata de un asunto pol铆tico de envergadura. Si bien las peticiones se enmarcan en cuestiones sectoriales, todo parece desembocar en la incapacidad de actual orden pol铆tico constitucional que rige Chile.
Como es sabido, en 1980 una Junta Militar que detentaba el poder legislativo sancion贸 una nueva carta constitucional. Habr铆a que decir que su aprobaci贸n se hizo de modo espurio y de espaldas a la soberan铆a popular. En esta nueva constituci贸n se establecieron las reglas del juego, tanto en lo relativo al orden econ贸mico como al 谩mbito pol铆tico. As铆, el neoliberalismo se conjug贸 con una democracia restrictiva y de baja intensidad. A m谩s de treinta a帽os de distancia, podr铆amos afirmar que Pinochet y sus colaboradores sab铆an muy bien lo que estaban haciendo. Chile nace como una “cultura gramatical”, esto es, un pa铆s en que el quehacer econ贸mico, pol铆tico y cultural queda estatuido por un libro fundacional. A diferencia de la “CommonLaw”, propia de una “cultura textual”, nuestro pa铆s se ordena desde los c贸digos establecidos en su carta constitucional. Ello explica por qu茅 las grandes cuestiones hist贸ricas en Chile terminan resolvi茅ndose mediante una nueva constituci贸n.
En el presente, asistimos al agotamiento de un modelo dise帽ado por mano militar en los a帽os ochenta. La actual constituci贸n que nos rige, m谩s all谩 de los arreglos cosm茅ticos a que ha sido sometida, se percibe como injusta y, en el l铆mite, como ileg铆tima. Las condiciones de exclusi贸n y desigualdad que ha generado explican, en gran medida, el amplio malestar ciudadano. A diferencia de las sociedades de consumidores europeas de la posguerra, la nuestra se instala con 铆ndices de distribuci贸n de la riqueza que resultar铆an escandalosos en otras latitudes. Por ello, comparar ambas realidades, como pretenden algunos, y afirmar que la sociedad chilena estar铆a padeciendo el malestar de los quince mil d贸lares per capita, es desconocer que solo el diez por ciento de la poblaci贸n vive como en Europa y el sesenta por ciento lo hace como en 脕frica.
Las manifestaciones ciudadanas han logrado algo impensado hace algunos a帽os, han logrado hacer visible las contradicciones fundamentales del actual modelo prescrito por la constituci贸n. En los tiempos que vienen ya nadie puede soslayar esta realidad aberrante. Todo va a depender de que el malestar ciudadano desarrolle un cauce pol铆tico concreto capaz de modificar el actual estado de cosas y abra un camino hacia una democracia de nuevo cu帽o.
Como es sabido, en 1980 una Junta Militar que detentaba el poder legislativo sancion贸 una nueva carta constitucional. Habr铆a que decir que su aprobaci贸n se hizo de modo espurio y de espaldas a la soberan铆a popular. En esta nueva constituci贸n se establecieron las reglas del juego, tanto en lo relativo al orden econ贸mico como al 谩mbito pol铆tico. As铆, el neoliberalismo se conjug贸 con una democracia restrictiva y de baja intensidad. A m谩s de treinta a帽os de distancia, podr铆amos afirmar que Pinochet y sus colaboradores sab铆an muy bien lo que estaban haciendo. Chile nace como una “cultura gramatical”, esto es, un pa铆s en que el quehacer econ贸mico, pol铆tico y cultural queda estatuido por un libro fundacional. A diferencia de la “CommonLaw”, propia de una “cultura textual”, nuestro pa铆s se ordena desde los c贸digos establecidos en su carta constitucional. Ello explica por qu茅 las grandes cuestiones hist贸ricas en Chile terminan resolvi茅ndose mediante una nueva constituci贸n.
En el presente, asistimos al agotamiento de un modelo dise帽ado por mano militar en los a帽os ochenta. La actual constituci贸n que nos rige, m谩s all谩 de los arreglos cosm茅ticos a que ha sido sometida, se percibe como injusta y, en el l铆mite, como ileg铆tima. Las condiciones de exclusi贸n y desigualdad que ha generado explican, en gran medida, el amplio malestar ciudadano. A diferencia de las sociedades de consumidores europeas de la posguerra, la nuestra se instala con 铆ndices de distribuci贸n de la riqueza que resultar铆an escandalosos en otras latitudes. Por ello, comparar ambas realidades, como pretenden algunos, y afirmar que la sociedad chilena estar铆a padeciendo el malestar de los quince mil d贸lares per capita, es desconocer que solo el diez por ciento de la poblaci贸n vive como en Europa y el sesenta por ciento lo hace como en 脕frica.
Las manifestaciones ciudadanas han logrado algo impensado hace algunos a帽os, han logrado hacer visible las contradicciones fundamentales del actual modelo prescrito por la constituci贸n. En los tiempos que vienen ya nadie puede soslayar esta realidad aberrante. Todo va a depender de que el malestar ciudadano desarrolle un cauce pol铆tico concreto capaz de modificar el actual estado de cosas y abra un camino hacia una democracia de nuevo cu帽o.
