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El auto nos declar贸 la guerra

Por Ricardo Mascheroni     

Padre, ya est谩n aqu铆...
Monstruos de carne
con gusanos de hierro.
Padre, no teng谩is miedo,
decid que no, que yo os espero.
Padre, que est谩n matando la tierra.
Padre, dejad de llorar
que nos han declarado la guerra.
(Joan Manuel Serrat)

Nadie puede desconocer o negar la revoluci贸n que produjo el advenimiento del automotor, desde sus or铆genes hasta la actualidad, tan es as铆, que las ciudades pensadas para las personas, o el paisaje mismo, con el correr de los a帽os debieron planificarse, modificarse o adaptarse a los caprichos de su majestad el auto.

Qui茅n no se ha sentido atra铆do en alg煤n momento por este juguete del ingenio humano, que como ninguno nos ofrece libertad y velocidad de desplazamiento, exaltando nuestra individualidad m谩s acendrada, volvi茅ndonos avaros y ego铆stas.

Ha calado tan hondo o se ha adherido tan 铆ntimamente a nosotros, que hoy por hoy renegar del mismo es pr谩cticamente imposible.

Intentar alg煤n mecanismo de reducci贸n, ser铆a considerado casi un delirio por los defensores a raja tablas del progreso, del crecimiento o de las comodidades y status que el mismo brinda.

Recordemos que la matriz petr贸leo dependiente en el mundo, sus pol铆ticas de dominaci贸n y los profundos descalabros ambientales, se justifican casi mayoritariamente por su ligaz贸n a esta tecnolog铆a.

Esta invenci贸n, que en su momento estuvo al servicio de las personas, se ha convertido hoy, en un tirano cruel, que reclama cada d铆a in crescendo su cuota parte de sacrificios humanos, que a nadie parece preocuparle, mucho menos a los gobiernos y sus funcionarios.

Como en el relato de Frankenstein o las pel铆culas de ciencia ficci贸n, la criatura se ha independizado de su creador y lo ha convertido en su esclavo y su v铆ctima.

La reiterativa visi贸n de veh铆culos destrozados, con hierros retorcidos, cuerpos inertes, llantos y p茅rdidas desgarradoras, han galvanizado al extremo nuestra sensibilidad y el sentido de alerta.

Convivimos con la muerte evitable, sin inmutarnos.

Tan es as铆, que nos parece normal y cotidiano, que se exija como obligatorio llevar como accesorio del auto, el botiqu铆n de primeros auxilios y la s谩bana para tapar piadosamente los cad谩veres en caso de eventos da帽osos, que seguramente se producir谩n.

Ello no difiere en mucho con las bolsas negras y medicamentos en las guerras.

Lo expresado es demostrativo de que el accidente, cuyo significado es: suceso imprevisto, elemento que no forma parte de la naturaleza o la esencia de una cosa, haya devenido en una posibilidad natural, no remota y casi siempre producible. Hay certidumbre de la desgracia.

Lo dicho ha llevado que, a instancias de la Organizaci贸n Mundial de la Salud, el Secretario General de la ONU, en el mes de marzo declarara al 2011, como el comienzo del “Decenio de Acci贸n para la Seguridad Vial 2011-2020”, a los fines de minimizar sus t茅tricos saldos.

Sepamos que por a帽o en el mundo, muere la aterradora cantidad de 1.300.000 personas y m谩s de 50 millones de ellas, reciben distintos tipos de heridas, a lo que se debe sumar otra serie de da帽os colaterales atribuidos directamente a los automotores, como ser afecciones respiratorias y cardiol贸gicas, producto de la contaminaci贸n en los centros urbanos, que en algunos casos multiplica hasta por cinco veces los efectos perjudiciales referidos. Es la principal causa de muerte entre los ni帽os y j贸venes de 5 a 29 a帽os.

La sumatoria de todos los conflictos b茅licos producidos en el Planeta, no llega ni por lejos a las cifras de bajas mencionadas, ante la indiferencia y complicidad generalizada.

Lo peor, es que todos los pron贸sticos, de no hacerse algo al respecto, dicen que para el a帽o 2030 estos n煤meros podr铆an duplicarse.

Pese a este genocidio, el mundo se mueve en sinton铆a con el auto y por ello, no es descabellado afirmar que el mismo se ha convertido casi en una suerte de epidemia maltusiana.

Por su parte los gobiernos en sus distintas competencias, nacionales, estaduales o locales, poco hacen para combatir este flagelo, aunque digan lo contrario.

Es m谩s, no s贸lo que se rinden incondicionalmente ante las automotrices, sino que celebran como un s铆ntoma de desarrollo el incremento de ventas, atribuyendo todos los males provocados, a la irresponsabilidad conductiva o el consumo de alcohol por parte de algunos conductores. Todo vale, para ocultar que lo que mata es el auto y no la forma de manejo.

No es sencillo combatir este poderoso enemigo, arraigado como pocos en la conciencia social como factor de status y libertad, pero de all铆 a fomentarlo y congratularlo, hay un largo trecho.

Todos saben que el tren, de cargas o pasajeros, se lleva las palmas por sus ventajas comparativas en t茅rminos econ贸micos, de seguridad y ambientales.

Pero vaya paradoja, hasta algunas de las grandes multinacionales de la ecolog铆a, que se rasgan las vestiduras ante todo tipo de proceso productivo, se maquillan y hacen lobby a favor de este medio, prohijando el uso de automotores h铆bridos y el茅ctricos y reclamando en茅rgicamente a los Estados la adopci贸n de los mismos, seguramente con el aplauso de las automotrices.

En una actitud hip贸crita, no se preguntan de d贸nde saldr谩 la energ铆a el茅ctrica para abastecer esta nueva demanda, o sobre los impactos que generar谩 el aumento de la actividad minera (de la que reniegan) para proveer materiales cada vez m谩s escasos y estrat茅gicos para esta variante tecnol贸gica del transporte individual.

No es suficiente denostar la mega miner铆a, los biocombustibles o la quema de hidrocarburos para salvar el Planeta, sino entendemos que todas esas actividades en la mayor铆a de los casos son meras subsidiarias de las multinacionales automotrices.

El auto, con motores de combusti贸n interna o el茅ctrica, siempre producir谩 las mismas consecuencias da帽osas, ya que el origen de los males est谩 en su propia esencia.

Por fortuna, algunos pa铆ses inteligentes se han dado cuenta de ello y d铆a a d铆a mejoran sus servicios p煤blicos de transporte. En los otros se act煤a a contramano del sentido com煤n y de la vida.

Es hora de pensar seriamente en el transporte masivo de calidad y con seguridad, desalentando el uso del individual.

Pero para ello se necesita: decisi贸n, voluntad pol铆tica y compromiso con la vida, atributos que no siempre abundan en las instituciones p煤blicas, mientras los intereses de las automotrices siguen invadiendo todos los 谩mbitos de la vida social.

Hoy ser铆a impensable tratar de prohibir el automotor, no obstante deber铆a intentarse establecer un sistema de premios y castigos para los usuarios, v铆a normas impositivas que desalienten determinados usos, tama帽os, cilindradas, cantidades de unidades por n煤cleo familiar, pr谩cticas, etc.

A la par, se deber铆a trabajar con sensatez y celeridad para ofrecer a los usuarios un sistema de transporte eficiente, econ贸mico, racional y sustentable, que privilegie la seguridad, el ambiente, la vida y la calidad de ella, para toda la comunidad y no solo las ganancias e intereses de unos pocos.

Por 煤ltimo, los dejo para que lo piensen y me despido hasta la pr贸xima aguafuertes.

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