Ir al contenido principal

¿Republicanismo nacionalista?

OPINIÓN de Antonio Hermosa   

Leo en la web de La idea federal el texto de Pere Almeda, director de dicha web, y al final no dejo de sentir un cierto sabor agridulce: ¿habré leído cierta comida china? Porque la cosa no puede empezar mejor para quien afirme el vigor de la idea federal para nuestro tiempo, a saber, con la denuncia del perenne fantasma del sistema unitario y centralista, siempre tentado de volver (y ello, añade Almeda, pese a los indudables avances aportados por la “España autonómica” desde 1978).

Empieza bien y prosigue de igual manera; quizá no tanto al recordar cómo las reformas estatutarias dan prueba de la vivacidad de la “dinámica autonómica”, cuanto al olvidar que si hay riesgo de involución en las mismas el sujeto que lo provoca es la ciudadanía, que con su voto final –con manipulación o no por parte de los políticos de turno- decide emprender otro camino; y el voto de los centralizadores cuenta igual, mientras no se actúe en contrario, que el de los federalistas, guste o deje de gustar a éstos. Eso es lo malo de las democracias, ya se sabe, que intercambian al bueno por el malo y se quedan tan panchas; por eso, entre otras muchas cosas, es tan duro ser demócrata.

Quizá en este punto el demócrata federalista, con la frustración que carga en este malhadado país llamado España, crea llegado el momento de emprender “otros caminos”. Y entonces, mire usted por dónde, igual le da por tomar justo el que sale de Cataluña y tuerce a mano derecha con dirección al infinito. Demos aquí un pasito atrás; dejé dicho que la cosa empezaba bien y proseguía igual, sobre todo cuando Almeda nos recuerda el gran papel jugado por Cataluña en el proceso autonómico, vale decir, su condición de “motor y catalizador”. Mucho, en efecto, debemos a Cataluña los españoles, federalistas o no, y para no pocos esa deuda es un gran motivo de alegría y una profesión de afecto; yo, al menos, así lo siento.

En ese preciso instante, todo el razonamiento anterior estalla; la aparición de Cataluña en el discurso se convierte en Cataluña como aparición, y dejando de lado en esta ocasión la crítica del nacionalismo español, al final la explicación última del papel catalán en el Estado de las Autonomías es que “Cataluña es una nación. Un sujeto político con una firme conciencia de ser y una irrenunciable voluntad política de autogobernarse. Una identidad y una voluntad, que no son cosa de cuatro días (…)”. El buen constitucionalismo español sería entonces aquél que favoreciera “su pleno desarrollo”. O sea: justo lo contrario de lo que acaba de hacer el Tribunal Constitucional al limitar el Estatut, y que puede inducir a tantos catalanes a mortificarse en sus sentimientos positivos hacia España y, obligados y abrumados por tanta incomprensión castiza, a “optar por otros caminos”. El federalista de antes ha devenido consumado nacionalista. Consumado nacionalista catalán.

Naturalmente, todo mi respeto para el Señor Almeda si opta por ese rumbo. Está en su pleno derecho. Sólo que en tal caso lo más razonable es intentar aplicar el federalismo a Cataluña, e intentar mostrarles a sus nuevos conciudadanos de sangre que en Cataluña, pese a todas las apariencias, lo que no es Barcelona también existe.

Pero por otro lado, hay algo que no termino de entender muy bien. Cataluña es una nación; no dos, ni tres, sino una, cosa que tengo por un verdadero acto de tacañería ontológico-existencial. Pero tal y como desde allí se ven las cosas, como si mirasen con orejeras me parece a mí, es mucho más que la mayoría de los demás entes hispanos, que no son ninguna. Y entonces el café para todos no se puede consentir. ¿Cómo traducir jurídicamente el nacionalismo histórico catalán? Si ese plus de más que da la historia se limita a la lengua, la lengua debe ser protegida tanto como la oficial del conjunto del Estado; pero eso ya sucede.

¿Qué otras cosas se les debe dar especial y privilegiadamente por llevar tanto tiempo siendo una sola nación? ¿Se le priva a las demás regiones de algún derecho fundamental o de la aspiración a gobernarse en sus asuntos, tal y como proclama(ba) la idea federal? O si no se quiere ser malo con los retrasados connacionales –después de todo, los afectos antes pregonados puede hacer sentir a alguno, en un alarde de patológica bondad, que los demás españoles somos al fin y al cabo sus retrasados-, ¿le quitamos algún territorio a Francia y se lo regalamos a Cataluña; confiscamos los quince primeros barcos que pasen por allí y luego los vendemos muy caro para amortizar deuda catalana; le añadimos tres artículos más al Estatut, a gusto del consumidor, cada vez que el Barça gane la liga y cinco si la misma temporada gana la Champions? Los ingenuos seguimos pensando, como Tocqueville, que la libertad va por delante de todo, y no nos gusta que en nombre de la historia se aspire a privilegios que rompan la igualdad, que a los libres nos parece lo segundo de todo (y, a algunos, lo recuerdo aquí por si cuela, la idea federal la que mejor combina ambos principios, valores y derechos con el pluralismo cultural en el que quepan tales principios, etc., y el orden constitucional en grado de darles forma).

Y eso de “optar por otros caminos”, ¿cómo entenderlo: van a esperar en las playas a que lleguen los de las pateras y se van a subir en ellas para irse a África, y que así no pierda población ni futuro; se van a embarcar en las bodegas de esos barcos-cascarón que traen a millones de chinos atados al mismo palo y van a devolverle a la madre-patria china lo que se le perdió por distraída? Mi consejo es que para qué tanto esfuerzo con lo bonita que está la independencia.

Es verdad que al final de su texto el Señor Almeda vuelve a donde empezó; pero ya con esa perla en mitad del razonamiento, como que suena a moneda falsa. Ahora volvemos a saber que Cataluña, al ser una nación, su nacionalismo es capaz de hacer magia con el pluralismo, pues hay que ver lo mucho que cede y lo bien que se estrecha el cacareado federalismo cuando se le sabe manipular.

ARCHIVOS

Mostrar más


OTRA INFORMACIÓN ES POSIBLE

Información internacional, derechos humanos, cultura, minorías, mujer, infancia, ecología, ciencia y comunicación

ElMercurioDigital.es, editado por mercurioPress/El Mercurio de España bajo licencia de Creative Commons. Medio independiente propiedad de mercurioPress
©Desde 2002 en internet
Otra información es posible


--