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La fuga

OPINI脫N de Rafael Fernando Navarro   

Rajoy no lo ve. Anda a gatas debajo de una mesa buscando la Espa帽a perdida. Jug贸 con ella durante la campa帽a electoral y ahora se le cay贸 del bolsillo nada m谩s tropezar con una alfombra persa de Moncloa. Anda a gatas Rajoy. Oliendo rastros, hocicando huellas por si Espa帽a dej贸 tras de s铆 un olor a descomposici贸n, a cad谩ver, a muerto reci茅n muerto. Recuerda Rajoy el triunfo de la trampa ratonera que le puso al alcance el destino. No subir茅 los impuestos, no subir茅 el IVA, crear茅 empleo hasta tres millones me ha dicho Pons, vereis c贸mo somos el partido de los trabajadores que dice Mar铆a Dolores, el partido de los viejos, de la sanidad, de la educaci贸n, el partido del cari帽o por los dependientes que necesitan un pr贸jimo que empuje la silla, que les limpie el cansancio de intentar agarrar la vida con los mu帽ones del alma, el partido de la mujer maltratada, manchada de besos asesinos aunque nunca matan los besos. Recuerda Rajoy que puso en su sitio a los mercados, a la prima de riesgo, al ibex treinta y tantos, a la Merkel generala, a la Europa opresora de Grecia, Italia y Portugal, a los especuladores a los que hay que gritarles que Espa帽a no est谩 en venta, que no quiere ser francesa, que quiere ser capitana de la tropa aragonesa. Rajoy-plazas-de-toros, polideportivos-de-aplausos-autocares-y-merienda. Cospedal-corpus-peineta. Pos-camisa-blanca-por-librer铆as. Arenas-se帽orito-bebiendo-Guadalquivir moreno.

Mariano andaba debajo de la mesa buscando una Espa帽a de promesas inyectada de retrovirales contra un Zapatero contagioso, de un Rubalcaba estrujando pistolas negras asesinas, de Elenas elegantes, delgadas como el peso del euro. Y Espa帽a se le hab铆a entregado hasta las cachas. Pod铆a apretarla p煤blicamente como a una amante rendida a los piropos de un ma帽ana chorreado por la fachada de G茅nova.

Estaban las calles llenas de Montoros frustrados, De Guindos sin frutos, de lutos toledanos y jirones de mantilla, de Pons secuestrado por Floriano desnortado. Funcionarios de uniforme, de togas, de polic铆as y bomberos, de batas sanitarias y guantes de latex, de viejos sin dinero para el gelocatil antideformante, de vendedores de bragas, de medias, de pan caliente y ma帽anero. Calles de mono azul y sangre minera, de casi seis millones de parados, de ortopedias rodantes, de sidas, c谩nceres, enfermedades pulmonares obstructivas cr贸nicas. Calles con conciencia de atraco, pidiendo auxilio porque las han aplastado contra la pared y les est谩n violando los derechos. Calles que lloran por un Montoro que se r铆e, por un Guindos que miente, por un Rajoy que debajo de una mesa practica un onanismo sin viagra ni climax porque a Espa帽a le duele la cabeza y ya no finge orgasmos de campa帽a.

Maletas de cart贸n y cuerdas de esparto. Bocadillo para el tren y un b煤caro de agua fresca. Hasta Alemania iban, hasta Holanda, hasta Bruselas. Con la boina y los recuerdos. Con ganas de hacer un hijo si vuelven en verano. Con la muda limpia de lagarto y planchada de cari帽o. A juntar un dinero como quien junta recuerdos, montoncitos de amor para la primera comuni贸n de mayo, para acumular caricias y llorarlas al regreso. Hoy est谩n jubilados, peligrosamente jubilados, con los achaques propios y recetas al diez por ciento, con Ana Mato pis谩ndoles el sudor ahorrado en muchos a帽os.

Hoy son j贸venes de cola-cao y cereales, de gimnasio y p谩del, de universidad y m贸vil, de ordenador, de inform谩tica y facebook. Son j贸venes arquitectos, ingenieros, m茅dicos. Port谩til y maletas bachiller. Lascoste y calvin klein. USB con recuerdos y fotos de una novia de seda, de un novio con m煤sculos en los besos. Sesenta mil al mes. Hacia Alemania, Holanda, Bruselas. Como aquellos de los sesenta, aunque sobradamente preparados. Como aquellos de los sesenta para juntar alegr铆a, ahorrar caricias y disfrutar los besos de skipe con la tarde entre las manos.

Seiscientos y muchos mil al a帽o. Por trenes a doscientos cincuenta por hora para inyectarle velocidad a la huida. Por aviones con azafatas azules y comandantes vestidos de capit谩n general. Y de repente Alemania, Holanda, Bruselas. Sin Sierpes 铆ntima, sin el Pilarica al fondo, sin Castellana ca帽铆, sin Galicia ni r铆as. Todo es extranjero. Y empiezas a sentir en el hombro los ojos de los que te miran por encima del hombro, de los que se creen invadidos, de los que piensan que has ido a robarles el puesto de trabajo, a quitarles el pan y la cerveza. Como pensabas t煤 del marroqu铆 de patera, del subsahariano de Lavapies, del aparcacoches junto al dolor de los hospitales. Seiscientos y muchos mil al a帽o.

Espa帽a se va yendo poco a poco. Ya no se sabe a d贸nde, ya no se sabe hasta cu谩ndo. Fug谩ndose de s铆 misma Espa帽a mientras Rajoy anda buscando debajo de la mesa la Espa帽a falsa que un d铆a se sac贸 de la chistera.



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