OPINI脫N de Ram贸n Cotarelo/ Palinuro.-
Ya s茅 que es fastidioso andar con estas recriminaciones cuando se habla de los gobiernos socialistas que cambiaron la faz de Espa帽a. Pero conviene recordar que en esto de la igualdad de g茅nero acabamos de empezar y siempre se puede desandar el camino recorrido en cuanto nos descuidemos. Como est谩 pasando ahora.
Salvado el escollo patriarcal, el PSOE de 1982 tiene en com煤n con el de 2012 las siglas. Todo el fuego, la determinaci贸n y voluntad de aquellos "j贸venes nacionalistas" se ha convertido en un anodino marasmo en el que la direcci贸n lucha por sobrevivir frente a un partido inquieto con los resultados y perspectivas electorales y una opini贸n p煤blica que no entiende por qu茅 no hay oposici贸n visible.
Una de las acusaciones que en los 煤ltimos a帽os se hac铆an al PSOE era que se hab铆a convertido en una mera maquinaria electoral y descuidado el flanco ideol贸gico, desde帽ando la tarea de formulaci贸n de ideas. As铆, cuando llegaron las sucesivas cat谩strofes electorales (Andaluc铆a no fue una victoria del PSOE), el partido se encontr贸 desnudo, sin votos y sin ideas. Y as铆 est谩.
Rubalcaba sostiene que nadie le pide a la cara la dimisi贸n y, con eso, da por zanjada una cuesti贸n que, le guste o no, sigue abierta. 脡l reivindica su estilo de oposici贸n a la que llama "responsable", consistente en no plantear conflictos al gobierno y, en cambio, ofrecerle pactos de Estado. Una oposici贸n leal, caballerosa, que Rubalcaba experiment贸 en tiempos de Zapatero. Pero eso no le lleva muy lejos por dos razones: 1陋) est谩 suficientemente claro que el gobierno desde帽a toda colaboraci贸n con el PSOE con lo que seguir ofreciendo pactos solo puede entenderse como un "error de programaci贸n". Es por tanto irrelevante si esa actitud es adecuada o no porque no cabe practicarla. 2陋) Por lo dem谩s, la profusa y educada oferta de pactos no exime al PSOE de articular su oposici贸n de una forma clara y n铆tida, de ofrecer un programa alternativo a los dos del PP (el que prometi贸 y el que cumpli贸) y de hacerlo en t茅rminos comprensibles para la gente y con suficientes garant铆as. El PSOE no puede ya ampararse en un compromiso al estilo del tristemente c茅lebre ¡no nos falles! de Zapatero. Ha de haber algo m谩s.
Pero no lo hay. En su marasmo, la direcci贸n del PSOE no hace sino balbucear que "ha entendido el mensaje" (al estilo de Gonz谩lez en 1993) y que se va a poner a ello. Para hacer ¿qu茅? Formular alternativas concretas claramente socialdem贸cratas. Pero no salen. Y no salen porque a estas alturas el conflicto pol铆tico en nuestra sociedad ha superado al PSOE en dos aspectos cruciales, el territorial y el social.
Rubalcaba es hombre conservador. Ha sido gobernante con Zapatero y condonado, por tanto, la renuncia del PSOE de entonces a la separaci贸n entre la iglesia y el Estado. Y por 茅l mismo, el PSOE se ha alejado de su tradici贸n republicana, aproxim谩ndose a la condici贸n de partido din谩stico. Teniendo en cuenta que este PSOE es el que perpetr贸 el ataque m谩s grave al Estado del bienestar con la reforma constitucional de agosto de 2011, refrendada a rega帽adientes por Rubalcaba, se entiende que sea dif铆cil salir del desconcierto con la facilidad con que la cris谩lida rompe el capullo y emerge como una colorida mariposa de una socialdemocracia repentinamente renovada por arte de birlibirloque y a manos de quienes gestionaron el lento declive hacia la irrelevancia pol铆tica.
Tan dif铆cil que lo 煤nico que se ve es c贸mo un PSOE falto de iniciativa y nervio va encajando como puede las exigencias de una realidad que no sabe controlar. Rubalcaba tiene un esp铆ritu centralista que pretende mitigar esgrimiendo en situaciones de necesidad un federalismo en el que no cree y que, por supuesto, le hace abominar del concepto mismo de autodeterminaci贸n. Piensa en esto como la derecha (seg煤n acaba de certificar Mar铆a Dolores de Cospedal) que, al negar el concepto, desaparece la cosa. Y la cosa le ha estallado ahora en las manos en forma de un PSC d铆scolo que reclama el derecho a decidir de los catalanes. La odiada autodeterminaci贸n ahora en el huerto propio, con un hortelano que se limita a decir que no "comparte" la idea pero no aclara qu茅 piensa hacer cuando el PSC oriente su actuaci贸n como pretende.
Es el silencio, la ambig眉edad, la indeterminaci贸n, es decir, la falta de nervio, lo que est谩 lastrando al PSOE hasta tal extremo de desconsuelo que una de las razones que empiezan a o铆rse para justificar la continuidad de Rubalcaba es que sin Rubalcaba las cosas estar谩n peor. No lo s茅, pero la prolongaci贸n de la situaci贸n actual es descorazonadora.
Ayer se vot贸 en el Congreso una iniciativa de Izquierda Abierta en pro de la daci贸n en pago. El PP vot贸 en contra. El PSOE se abstuvo. La abstenci贸n es lo primero que los pol铆ticos afean a los votantes pero, luego, como se ve, la practican ellos. Y disciplinadamente, como cohortes, ning煤n diputado socialista vot贸 a favor de la daci贸n. Todos se abstuvieron. Todos refugiaron sus conciencias en la abstenci贸n que es la confesi贸n de una impotencia, de un fracaso: el de no tener una idea clara de lo acertado o desacertado de una medida que afecta a derechos b谩sicos de cientos de miles de personas y por qu茅.
Es la falta de nervio.

Ayer se conmemoraba el trig茅simo aniversario de la victoria del PSOE en 1982. Con ese motivo, EFE ha subido un v铆deo a You Tube muy digno de verse y al que pertenece la ilustraci贸n de esta entrada. El primer gobierno monocolor socialista de la historia de Espa帽a. Un hito. Un documento gr谩fico impresionante que trae efluvios anta帽ones. A su vista, dos consideraciones, una en broma y otra en serio. En broma: un gobierno socialista sin Alfredo P茅rez Rubalcaba. En serio: no solo es monocolor, es tambi茅n monogen茅rico o monosexual, absolutamente homof铆lico. Ni una mujer. Algo hemos adelantado. Esa imagen hoy es impensable, incluso en los gobiernos de la derecha. En realidad, Felipe Gonz谩lez gobern贸 al m谩s puro estilo macho hasta 1993, en que aparecen las primeras ministras en ministerios "propios de su condici贸n", si se exceot煤a a Rosa Conde, que fue portavoz del gobierno en 1988.
Ya s茅 que es fastidioso andar con estas recriminaciones cuando se habla de los gobiernos socialistas que cambiaron la faz de Espa帽a. Pero conviene recordar que en esto de la igualdad de g茅nero acabamos de empezar y siempre se puede desandar el camino recorrido en cuanto nos descuidemos. Como est谩 pasando ahora.
Salvado el escollo patriarcal, el PSOE de 1982 tiene en com煤n con el de 2012 las siglas. Todo el fuego, la determinaci贸n y voluntad de aquellos "j贸venes nacionalistas" se ha convertido en un anodino marasmo en el que la direcci贸n lucha por sobrevivir frente a un partido inquieto con los resultados y perspectivas electorales y una opini贸n p煤blica que no entiende por qu茅 no hay oposici贸n visible.
Una de las acusaciones que en los 煤ltimos a帽os se hac铆an al PSOE era que se hab铆a convertido en una mera maquinaria electoral y descuidado el flanco ideol贸gico, desde帽ando la tarea de formulaci贸n de ideas. As铆, cuando llegaron las sucesivas cat谩strofes electorales (Andaluc铆a no fue una victoria del PSOE), el partido se encontr贸 desnudo, sin votos y sin ideas. Y as铆 est谩.
Rubalcaba sostiene que nadie le pide a la cara la dimisi贸n y, con eso, da por zanjada una cuesti贸n que, le guste o no, sigue abierta. 脡l reivindica su estilo de oposici贸n a la que llama "responsable", consistente en no plantear conflictos al gobierno y, en cambio, ofrecerle pactos de Estado. Una oposici贸n leal, caballerosa, que Rubalcaba experiment贸 en tiempos de Zapatero. Pero eso no le lleva muy lejos por dos razones: 1陋) est谩 suficientemente claro que el gobierno desde帽a toda colaboraci贸n con el PSOE con lo que seguir ofreciendo pactos solo puede entenderse como un "error de programaci贸n". Es por tanto irrelevante si esa actitud es adecuada o no porque no cabe practicarla. 2陋) Por lo dem谩s, la profusa y educada oferta de pactos no exime al PSOE de articular su oposici贸n de una forma clara y n铆tida, de ofrecer un programa alternativo a los dos del PP (el que prometi贸 y el que cumpli贸) y de hacerlo en t茅rminos comprensibles para la gente y con suficientes garant铆as. El PSOE no puede ya ampararse en un compromiso al estilo del tristemente c茅lebre ¡no nos falles! de Zapatero. Ha de haber algo m谩s.
Pero no lo hay. En su marasmo, la direcci贸n del PSOE no hace sino balbucear que "ha entendido el mensaje" (al estilo de Gonz谩lez en 1993) y que se va a poner a ello. Para hacer ¿qu茅? Formular alternativas concretas claramente socialdem贸cratas. Pero no salen. Y no salen porque a estas alturas el conflicto pol铆tico en nuestra sociedad ha superado al PSOE en dos aspectos cruciales, el territorial y el social.
Rubalcaba es hombre conservador. Ha sido gobernante con Zapatero y condonado, por tanto, la renuncia del PSOE de entonces a la separaci贸n entre la iglesia y el Estado. Y por 茅l mismo, el PSOE se ha alejado de su tradici贸n republicana, aproxim谩ndose a la condici贸n de partido din谩stico. Teniendo en cuenta que este PSOE es el que perpetr贸 el ataque m谩s grave al Estado del bienestar con la reforma constitucional de agosto de 2011, refrendada a rega帽adientes por Rubalcaba, se entiende que sea dif铆cil salir del desconcierto con la facilidad con que la cris谩lida rompe el capullo y emerge como una colorida mariposa de una socialdemocracia repentinamente renovada por arte de birlibirloque y a manos de quienes gestionaron el lento declive hacia la irrelevancia pol铆tica.
Tan dif铆cil que lo 煤nico que se ve es c贸mo un PSOE falto de iniciativa y nervio va encajando como puede las exigencias de una realidad que no sabe controlar. Rubalcaba tiene un esp铆ritu centralista que pretende mitigar esgrimiendo en situaciones de necesidad un federalismo en el que no cree y que, por supuesto, le hace abominar del concepto mismo de autodeterminaci贸n. Piensa en esto como la derecha (seg煤n acaba de certificar Mar铆a Dolores de Cospedal) que, al negar el concepto, desaparece la cosa. Y la cosa le ha estallado ahora en las manos en forma de un PSC d铆scolo que reclama el derecho a decidir de los catalanes. La odiada autodeterminaci贸n ahora en el huerto propio, con un hortelano que se limita a decir que no "comparte" la idea pero no aclara qu茅 piensa hacer cuando el PSC oriente su actuaci贸n como pretende.
Es el silencio, la ambig眉edad, la indeterminaci贸n, es decir, la falta de nervio, lo que est谩 lastrando al PSOE hasta tal extremo de desconsuelo que una de las razones que empiezan a o铆rse para justificar la continuidad de Rubalcaba es que sin Rubalcaba las cosas estar谩n peor. No lo s茅, pero la prolongaci贸n de la situaci贸n actual es descorazonadora.
Ayer se vot贸 en el Congreso una iniciativa de Izquierda Abierta en pro de la daci贸n en pago. El PP vot贸 en contra. El PSOE se abstuvo. La abstenci贸n es lo primero que los pol铆ticos afean a los votantes pero, luego, como se ve, la practican ellos. Y disciplinadamente, como cohortes, ning煤n diputado socialista vot贸 a favor de la daci贸n. Todos se abstuvieron. Todos refugiaron sus conciencias en la abstenci贸n que es la confesi贸n de una impotencia, de un fracaso: el de no tener una idea clara de lo acertado o desacertado de una medida que afecta a derechos b谩sicos de cientos de miles de personas y por qu茅.
Es la falta de nervio.
