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Aviones sin piloto: asesinatos a distancia

OPINI脫N de Luis Mat铆as L贸pez/ Prensa Rural.-

Puede que Barack Obama sea m谩s cirujano que carnicero, pero como Premio Nobel de la Paz (aunque le tocase en una rifa), deber铆a preocuparse m谩s por no matar a inocentes que por eliminar a terroristas. George W. Bush recurri贸 en su “guerra contra el terror”a bombardeos m谩s convencionales, masivos e indiscriminados, que causaron centenares de miles de v铆ctimas, en su mayor铆a no beligerantes. En cambio, Obama, m谩s quir煤rgico, esgrimiendo un difuso derecho a la autodefensa, recurre al bistur铆 con ejecuciones extrajudiciales que clonan las pr谩cticas israel铆es en Palestina, perpetradas desde aviones sin piloto, autorizadas por 茅l, pero sin posibilidad de procesamiento, defensa o condena. Si no son asesinatos a distancia, se les parecen mucho.

Los ‘drones' pueden eliminar a un supuesto terrorista en un remoto poblacho del Wazirist谩n paquistan铆, con un margen de error muy inferior al de la cl谩sica aviaci贸n de combate y sin riesgo para las fuerzas propias. Lo 煤nico que tendr谩 que hacer el ‘piloto', quiz谩s un militar o un especialista de la CIA c贸modamente sentado ante una pantalla de ordenador en una base del desierto de Nevada, ser谩 identificar “con precisi贸n” al objetivo, intentar que no haya “v铆ctimas colaterales”, apretar una tecla, visualizar el resultado del impacto, rellenar un informe, y mirar el reloj para ver cuanto le falta para cumplir su turno y volver a casa con la satisfacci贸n del deber cumplido. O, quiz谩s, si tambi茅n tiene su corazoncito, con cierta desaz贸n que no le quitar谩 el sue帽o en el caso de que, gajes del oficio, haya errado el tiro o despedazado a unos cuantos civiles que pasaban por all铆. Ni guerra rom谩ntica, ni lucha de igual a igual en la que el factor humano, el valor o la capacidad de iniciativa sean elementos determinantes. ¿Cirug铆a? Quiz谩s, pero burda.

Nada nuevo bajo el sol, porque la historia de las guerras est谩 marcada por los avances en la tecnolog铆a armament铆stica, entendida como la forma de causar al enemigo el m谩ximo da帽o con el m铆nimo riesgo. Los ‘drones' son un paso m谩s en esa evoluci贸n, y lo cierto que tienen un brillante futuro, tanto en el campo civil como en el militar, y son ya el centro de una carrera tecnol贸gica, probablemente la m谩s pujante hoy en d铆a en la industria aeron谩utica.

Entre los productores m谩s din谩micos de estos aparatos figuran Israel, que empez贸 a desarrollarlos en los setenta y que tiene en Gaza y L铆bano inmejorables campos de pruebas para medir su eficacia; Estados Unidos, que los utiliz贸 en Libia y, ahora (al menos) en Pakist谩n, Afganist谩n, Yemen y Somalia, pero que a煤n se muestra reticente a comercializarlos masivamente; China, que aprovecha el nicho que deja su rival a nivel planetario y extiende su cartera de clientes en Asia y Am茅rica Latina; Reino Unido, Rusia, etc.

La lista de pa铆ses fabricantes o compradores de ‘drones', cuya potencialidad –incluida la nuclear- es casi ilimitada, ronda la cincuentena, entre ellos India, Pakist谩n, Nigeria y Corea del Sur. Iran铆, aunque manejada por Hezbol谩, era con gran probabilidad, el ‘drone' derribado hace un mes en territorio israel铆.

En Pakist谩n, por ejemplo, y en tan s贸lo tres a帽os y medio, Obama ha sextuplicado con creces el n煤mero de ataques con aviones sin piloto (52) de los 煤ltimos cinco a帽os de presidencia de Bush. Seg煤n algunas fuentes independientes, la cifra de civiles muertos como consecuencias de estas acciones supera los 1.000, incluyendo a unos 200 ni帽os. Demasiadas ‘v铆ctimas colaterales' para un buen cirujano. ¿Y total para qu茅? Ni siquiera se est谩 ganando esa guerra.

Puede que la muerte de Osama Bin Laden en territorio paquistan铆, en una operaci贸n a espaldas del Gobierno de Islamabad en la que fue sustancial la informaci贸n facilitada por los ‘drones', quede como el gran logro de Obama como comandante en jefe. Puede tambi茅n que el ahorro de bajas propias en las ‘operaciones quir煤rgicas' efectuadas con estos aparatos para exterminar a militantes islamistas en las zonas tribales fronterizas con Afganist谩n rinda al presidente alg煤n dividendo ante la inminente elecci贸n presidencial. Pero la herida abierta en Pakist谩n por estas violaciones de soberan铆a y por las numerosas “v铆ctimas colaterales” ser谩 dif铆cil de cerrar y, a medio plazo, amenazan con agudizar un conflicto cuyo potencial desestabilizador resulta aterrador.

Adem谩s, esta guerra a distancia alimenta a煤n m谩s la rabia de Al Qaeda y sus franquicias. El grupo terrorista present贸 el asalto al consulado estadounidense en Bengasi, en el que murieron el embajador en Libia y otros tres diplom谩ticos, como una venganza por el asesinato el pasado junio desde un avi贸n sin piloto de su ‘n煤mero dos', Abu Yehia al Libi.

Como era inevitable, se ha suscitado una pol茅mica sobre s铆 la utilizaci贸n de aviones sin piloto en acciones de ataque, y m谩s en concreto para eliminar a sospechosos de terrorismo, es m谩s o menos moral que el uso de medios convencionales. El debate es absurdo, como lo es hablar de moralidad en un contexto donde lo que importa es ganar a toda costa y la relaci贸n entre coste y beneficio. Adem谩s, ¿qu茅 se entiende por convencional? ¿Acaso lo es el disparo de un misil de crucero desde un submarino situado a mil kil贸metros de distancia o desde un avi贸n fuera del alcance de las bater铆as terrestres y capaz de lanzar bombas ‘inteligentes' que con frecuencia resultan no serlo tanto?

Lo m铆nimo que se deber铆a exigir a Obama y, por delegaci贸n, a sus fuerzas armadas y su CIA (con un papel ejecutor clave en el uso de los ‘drones'), es que cumplan estrictamente la Convenci贸n de Ginebra y la Carta de las naciones Unidas, y que, ya que se consideran tan buenos ‘cirujanos', no mutilen o exterminen a quien no deben, que no utilicen el bistur铆 si no tienen la seguridad absoluta de que solo cortar谩n donde est谩 la herida. Por ejemplo, que dejen de considerar “militantes”, o sea, terroristas o combatientes, a cualquier civil, hombre y en edad militar que se encuentre en incontrolado “territorio enemigo”, aunque sea en un “pa铆s amigo” como Pakist谩n.

La maquinaria propagand铆stica de EE UU airea ‘茅xitos' como la eliminaci贸n de dirigentes talibanes o de Al Qaeda con nombres y apellidos, pero no da tanta cancha, o calla, cuando se trata de combatientes sin identificar o cuando es imposible colocar esa etiqueta a las v铆ctimas, por tratarse de ancianos, mujeres o ni帽os.

Un exhaustivo informe hecho publico en septiembre, tras nueve meses de investigaci贸n, por dos organismos dependientes de las facultades de Derecho de las universidades de Stanford y Nueva York, resultaba demoledor para la guerra de los ‘drones'. “Los asesinatos teledirigidos y la utilizaci贸n por Estados Unidos de los aviones sin piloto”, se帽alaba el documento, “pueden suponer un peligroso precedente y minar el imperio de la ley y la democracia norteamericana. (…) La proliferaci贸n descontrolada de ‘drones' para uso militar representa una amenaza a la estabilidad global”. Como graduado en Derecho por Harvard, ya que no como Nobel de la Paz, Obama no deber铆a hacer caso omiso de una condena tan rotunda a su pol铆tica.

Por su parte, Human Rights Watch, contraria al control por la CIA de los ‘drones', recuerda que las leyes internacionales s贸lo permiten ataques contra objetivos militares si no pueden causar p茅rdidas desproporcionadas de vidas civiles. “En situaciones no b茅licas”, sostiene, “los individuos no pueden ser convertidos en objetivo de una fuerza letal a causa de su conducta anterior, sino solo por inminentes u otras graves amenazas a la vida cuando la detenci贸n no es posible”. Esas condiciones, a帽ade, no se han cumplido en numerosas ocasiones, lo que lleva a esta ONG a preguntarse: “¿Qu茅 dir铆a EE UU si Rusia o China utilizasen el mismo criterio para atacar a supuestos enemigos en las calles de Nueva York o Washington?

En junio, el investigador de la ONU Christof Heynes denunci贸 como crimen de guerra otra pr谩ctica aberrante: el bombardeo con ‘drones' a los rescatadores que auxilian a las v铆ctimas de un ataque previo o a los asistentes al entierro de 茅stas. La Oficina de Periodismo Investigativo de EE UU ha recopilado datos sobre acciones de este tipo que permiten deducir que se practican de manera casi rutinaria. No fue la CIA quien invent贸 estas ‘t谩cticas de guerra'. Las bombas programadas para detonar tras una primera explosi贸n, y matar a polic铆as y miembros de los equipos de rescate, se han utilizado por grupos terroristas como ETA, pero se supone que un Gobierno que da lecciones de democracia y respeto de los derechos humanos no deber铆a actuar como una banda de asesinos.

Como complemento a este art铆culo, v茅ase el informe de David Bollero Drones: asesinatos de consola. En 茅l figuran muchos datos significativos que he ahorrado aqu铆 al lector.

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