OPINI脫N de Enrique 脕lvarez.-
La Corte de Constitucionalidad ha colocado en una grave situaci贸n a la justicia guatemalteca, con su fallo m谩s propio de un tribunal de instancia, que de una corte que su principal responsabilidad es velar por el respeto a la Constituci贸n, en el juicio por genocidio en el que result贸 condenado el dictador Efra铆n R铆os Montt, pero que a partir de la enorme debilidad del sistema de justicia, se ha convertido en una especie de Corte Celestial que usurpa funciones que deber铆an corresponder a la Corte Suprema de Justicia y, peor a煤n, el proceso de selecci贸n de magistraturas se ha convertido en algo que convoca intereses de todo tipo, muy cercano al tr谩fico de influencias.
Uno de los aspectos fundamentales que abordan los Acuerdos de Paz, respecto del fortalecimiento de la Justicia, es el tema de la igualdad ante la Ley, la Justicia pronta y cumplida, porque es casi universalmente aceptado que eso no se ha logrado alcanzar, en el marco de un Estado que tiene una debilidad institucional generalizada. El juicio por genocidio, que produjo la conocida sentencia el 10 de mayo pasado despert贸 notables expectativas en Guatemala y en buena parte del mundo, por lo que se ve铆a como un paso muy en firme en favor del fortalecimiento de la justicia.
Sin embargo, esa situaci贸n ha cambiado, cuando la percepci贸n que se genera es que la CC legisla en favor de la impunidad cuando tres magistrados, en contra de la opini贸n de los dos restantes que integran la Corte y que razonaron su voto en contra (Mauro Chac贸n y Gloria Porras), y deciden darle una desproporcionada importancia a aspectos de procedimientos, que debieron y pudieron ser resueltos hace mucho tiempo, por encima de cientos de testimonios, peritajes y pruebas, para anular un juicio por genocidio. ¿En d贸nde ser谩 posible encontrar la proporcionalidad que sustente ese criterio? La CC emite una resoluci贸n que presenta todas las caracter铆sticas de sometimiento a la voluntad de los grupos de poder f谩ctico del pa铆s, a los que la justicia, la democracia y el desarrollo nacional les importa poco; ya que hasta ahora han privilegiado es mantener su poder y acrecentar sus riquezas.
Desde varios d铆as antes a que se anulara la sentencia, todas las luces de alerta estaban encendidas ante las claras se帽ales que dieron, a trav茅s de los mecanismos de siempre, los que mantienen al pa铆s en la miseria y en el atraso m谩s oprobioso. No es que se pensara que el retroceso no se pudiera producir, siempre se temi贸, pero se esperaba una actitud m谩s digna de quienes, a pesar de sus antecedentes pol铆ticos e ideol贸gicos, le deben respeto a la magistratura que ocupan.
Tambi茅n sabemos que una golondrina (en este caso tres) no hace verano, por ello aunque vimos con admiraci贸n la valiente y digna actuaci贸n de la Juez Yassmin Barrios, que preside el Tribunal Primero A de Mayor Riesgo, junto los Jueces vocales Pablo Xitumul y Patricia Bustamante, soportando insultos, agresiones en la Corte y descaradas presiones, desde el m谩s alto nivel del Estado, emitieron un veredicto y una condena hist贸rica. Eso lo entendimos como un gran paso (desgraciadamente uno solo), con el que se podr铆a empezar a fortalecer el sistema de justicia de Guatemala, a darle credibilidad e inspirar respeto.
Pero los aspectos de forma, los que por ley deben ser sometidos a aspectos reglamentarios, para emitir sanciones, si es que se hubieran cometido faltas como las que se帽ala la sentencia de los magistrados, resultaron determinantes para cometer lo que puede calificarse como una monstruosidad jur铆dica: declarar nula una sentencia de inocencia que favorece al otro general que est谩 siendo juzgado por genocidio, el general Rodr铆guez S谩nchez, que ahora resulta perjudicado (algo que la Constituci贸n proh铆be) por la necesidad de responder a los que deciden, m谩s all谩 de la institucionalidad del pa铆s.
Tambi茅n sabemos que los retos para avanzar hacia la construcci贸n de la democracia, m谩s all谩 de las formas, m谩s all谩 de los ritos que debemos transitar cada cuatro a帽os, para hacer como que elegimos gobernantes, mientras los que salen electos hacen como que tienen la capacidad de gobernar el pa铆s; aunque r谩pidamente nos damos cuenta que lo 煤nico que les interesa es continuar utilizando la institucionalidad del Estado en funci贸n de intereses de peque帽os grupos.
En el marco del racismo que prevalece en Guatemala, fortalecer la democracia aut茅ntica, responder a la demanda de las v铆ctimas por la verdad y la justicia no es prioritario, despu茅s de todo la enorme mayor铆a de agraviados son “indios”, y para los criollos y oligarcas sin conciencia, las y los ind铆genas son personas de segunda categor铆a. 脷tiles solamente si se dejan explotar y aceptan las inhumanas condiciones en que todav铆a se levantan las cosechas en muchas fincas del pa铆s. El que los pueblos ind铆genas tengan conciencia de sus derechos y exijan que se les respeten, les resulta intolerable. En ese marco, si fue necesario perseguirles, quemar sus cosechas y sus precarias casas, torturarles, asesinar ni帽as, ni帽os, mujeres embarazadas, ancianas y ancianos, pues resulta justificado porque “fue para el bien del pa铆s”, ¿se podr谩 encontrar mayor desfachatez?
Hace pocos d铆as un querido amigo me escribi贸 un mensaje en el que me dec铆a. “Enrique, que estaremos pagando, que hemos tenido que cargar con una de las derechas, m谩s a la derecha del continente, si no del mundo…”; pues seg煤n yo¸ adem谩s de haber nacido en esta bella y amada tierra, tal vez no hemos podido hacer lo suficiente para abrir caminos para construir la unidad de todas las personas que anhelamos construir la democracia, y muchas veces con nuestra indiferencia frente al sufrimiento de las otras personas, hemos contribuido a que estas lacras con poder contin煤en rigiendo nuestra vida. ¿Nunca es tarde, no? Ya se est谩 acercando la hora de decir basta.
Y parafraseando una oraci贸n con la que se recuerda a la admirada antrop贸loga Myrna Mack, una de las v铆ctimas m谩s paradigm谩ticas del odio a la verdad y la inteligencia, que hist贸ricamente ha caracterizado a los represores, podemos afirmar sin duda, que en el entierro de la impunidad, es el 煤nico en el que quisi茅ramos estar todas las personas que estamos dispuestos a luchar por construir la democracia y el bienestar de todas las personas en Guatemala, sin exclusiones de ning煤n tipo.
La Corte de Constitucionalidad ha colocado en una grave situaci贸n a la justicia guatemalteca, con su fallo m谩s propio de un tribunal de instancia, que de una corte que su principal responsabilidad es velar por el respeto a la Constituci贸n, en el juicio por genocidio en el que result贸 condenado el dictador Efra铆n R铆os Montt, pero que a partir de la enorme debilidad del sistema de justicia, se ha convertido en una especie de Corte Celestial que usurpa funciones que deber铆an corresponder a la Corte Suprema de Justicia y, peor a煤n, el proceso de selecci贸n de magistraturas se ha convertido en algo que convoca intereses de todo tipo, muy cercano al tr谩fico de influencias.
Uno de los aspectos fundamentales que abordan los Acuerdos de Paz, respecto del fortalecimiento de la Justicia, es el tema de la igualdad ante la Ley, la Justicia pronta y cumplida, porque es casi universalmente aceptado que eso no se ha logrado alcanzar, en el marco de un Estado que tiene una debilidad institucional generalizada. El juicio por genocidio, que produjo la conocida sentencia el 10 de mayo pasado despert贸 notables expectativas en Guatemala y en buena parte del mundo, por lo que se ve铆a como un paso muy en firme en favor del fortalecimiento de la justicia.
Sin embargo, esa situaci贸n ha cambiado, cuando la percepci贸n que se genera es que la CC legisla en favor de la impunidad cuando tres magistrados, en contra de la opini贸n de los dos restantes que integran la Corte y que razonaron su voto en contra (Mauro Chac贸n y Gloria Porras), y deciden darle una desproporcionada importancia a aspectos de procedimientos, que debieron y pudieron ser resueltos hace mucho tiempo, por encima de cientos de testimonios, peritajes y pruebas, para anular un juicio por genocidio. ¿En d贸nde ser谩 posible encontrar la proporcionalidad que sustente ese criterio? La CC emite una resoluci贸n que presenta todas las caracter铆sticas de sometimiento a la voluntad de los grupos de poder f谩ctico del pa铆s, a los que la justicia, la democracia y el desarrollo nacional les importa poco; ya que hasta ahora han privilegiado es mantener su poder y acrecentar sus riquezas.
Desde varios d铆as antes a que se anulara la sentencia, todas las luces de alerta estaban encendidas ante las claras se帽ales que dieron, a trav茅s de los mecanismos de siempre, los que mantienen al pa铆s en la miseria y en el atraso m谩s oprobioso. No es que se pensara que el retroceso no se pudiera producir, siempre se temi贸, pero se esperaba una actitud m谩s digna de quienes, a pesar de sus antecedentes pol铆ticos e ideol贸gicos, le deben respeto a la magistratura que ocupan.
Tambi茅n sabemos que una golondrina (en este caso tres) no hace verano, por ello aunque vimos con admiraci贸n la valiente y digna actuaci贸n de la Juez Yassmin Barrios, que preside el Tribunal Primero A de Mayor Riesgo, junto los Jueces vocales Pablo Xitumul y Patricia Bustamante, soportando insultos, agresiones en la Corte y descaradas presiones, desde el m谩s alto nivel del Estado, emitieron un veredicto y una condena hist贸rica. Eso lo entendimos como un gran paso (desgraciadamente uno solo), con el que se podr铆a empezar a fortalecer el sistema de justicia de Guatemala, a darle credibilidad e inspirar respeto.
Pero los aspectos de forma, los que por ley deben ser sometidos a aspectos reglamentarios, para emitir sanciones, si es que se hubieran cometido faltas como las que se帽ala la sentencia de los magistrados, resultaron determinantes para cometer lo que puede calificarse como una monstruosidad jur铆dica: declarar nula una sentencia de inocencia que favorece al otro general que est谩 siendo juzgado por genocidio, el general Rodr铆guez S谩nchez, que ahora resulta perjudicado (algo que la Constituci贸n proh铆be) por la necesidad de responder a los que deciden, m谩s all谩 de la institucionalidad del pa铆s.
Tambi茅n sabemos que los retos para avanzar hacia la construcci贸n de la democracia, m谩s all谩 de las formas, m谩s all谩 de los ritos que debemos transitar cada cuatro a帽os, para hacer como que elegimos gobernantes, mientras los que salen electos hacen como que tienen la capacidad de gobernar el pa铆s; aunque r谩pidamente nos damos cuenta que lo 煤nico que les interesa es continuar utilizando la institucionalidad del Estado en funci贸n de intereses de peque帽os grupos.
En el marco del racismo que prevalece en Guatemala, fortalecer la democracia aut茅ntica, responder a la demanda de las v铆ctimas por la verdad y la justicia no es prioritario, despu茅s de todo la enorme mayor铆a de agraviados son “indios”, y para los criollos y oligarcas sin conciencia, las y los ind铆genas son personas de segunda categor铆a. 脷tiles solamente si se dejan explotar y aceptan las inhumanas condiciones en que todav铆a se levantan las cosechas en muchas fincas del pa铆s. El que los pueblos ind铆genas tengan conciencia de sus derechos y exijan que se les respeten, les resulta intolerable. En ese marco, si fue necesario perseguirles, quemar sus cosechas y sus precarias casas, torturarles, asesinar ni帽as, ni帽os, mujeres embarazadas, ancianas y ancianos, pues resulta justificado porque “fue para el bien del pa铆s”, ¿se podr谩 encontrar mayor desfachatez?
Hace pocos d铆as un querido amigo me escribi贸 un mensaje en el que me dec铆a. “Enrique, que estaremos pagando, que hemos tenido que cargar con una de las derechas, m谩s a la derecha del continente, si no del mundo…”; pues seg煤n yo¸ adem谩s de haber nacido en esta bella y amada tierra, tal vez no hemos podido hacer lo suficiente para abrir caminos para construir la unidad de todas las personas que anhelamos construir la democracia, y muchas veces con nuestra indiferencia frente al sufrimiento de las otras personas, hemos contribuido a que estas lacras con poder contin煤en rigiendo nuestra vida. ¿Nunca es tarde, no? Ya se est谩 acercando la hora de decir basta.
Y parafraseando una oraci贸n con la que se recuerda a la admirada antrop贸loga Myrna Mack, una de las v铆ctimas m谩s paradigm谩ticas del odio a la verdad y la inteligencia, que hist贸ricamente ha caracterizado a los represores, podemos afirmar sin duda, que en el entierro de la impunidad, es el 煤nico en el que quisi茅ramos estar todas las personas que estamos dispuestos a luchar por construir la democracia y el bienestar de todas las personas en Guatemala, sin exclusiones de ning煤n tipo.
*Enrique 脕lvarez es Director de Incidencia Democr谩tica www.i-dem.org
