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CUBA - Adiós a una entrañable luchadora afrofeminista

Muere a los 71 años Inés María Martiatu (Lalita)

elmercuriodigital.es- La Habana, julio 8, 2013 (SEMlac).- Con muestras de profundo pesar que han hecho públicas en mensajes, blogs y medios de comunicación, amistades, intelectuales y colegas dijeron adiós a la luchadora afrofeminista cubana Inés María Martiatu (Lalita), quien falleció a los 71 años, en La Habana , el pasado jueves 4 de julio.

Con una salud quebrantada hacía ya buen tiempo, lo que la hizo permanecer desde hace varios años en una silla de ruedas, Lalita deja al morir una vasta obra inconclusa en el campo de los estudios afrocubanos y socioculturales, en los que destacó como investigadora teatral, crítica cultural, narradora y ensayista.

Fue, además, una luchadora incansable en contra de la discriminación racial y en favor del reconocimiento y validación de las mujeres y las escritoras negras, así como del rescate de su historia.

Su aporte a la teatrología y la crítica teatral sobre asuntos afrocubanos en los últimos 20 años es sustancial, consignaron medios de prensa al difundir la noticia.

"Lalita, como todos sus amigos la llamábamos, deja al morir una de las contribuciones más trascendentales, no sólo para la comprensión de la producción teatral de los dramaturgos afrocubanos, sino también al emergente pensamiento feminista negro", sostuvo el ensayista y narrador Alberto Abreu en el blog Afromodernidades.

Parte de sus ideas, pesquisas e investigaciones sobre el afrofeminismo en esta isla del Caribe han quedado dispersas en diferentes medios y formatos de espacios con los cuales colaboró.

Sin embargo, son parte de esos esfuerzos publicaciones recientes como su ensayo ¿Y las negras qué? Pensando el afrofeminismo en Cuba, distinguido con una Mención en el Premio Casa de las Américas, en 2012, y la antología Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales (Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2011), que compilara junto a la historiadora Daisy Rubiera.

Justamente Rubiera, su amiga y compañera de sueños, ideas y proyectos, rememoró algunos de esos "pensamientos que nos enfrascamos en materializar de alguna manera", al evocar el Grupo Afrocubanas, "en el cual trabajamos con mucha dedicación, entrega y amor".

"Reunir muchas mujeres, de vez en vez varones, para aunarlos a un proyecto que tuviera como finalidad recuperar el lugar que el discurso de las mujeres afrocubanas tiene en la historia de las ideas en Cuba y de la cual fueron excluidas" fue la fuerza que inspiró a ese grupo, sostiene Rubiera en un escrito que, junto a muchos, reproduce el blog Negra cubana tenía que ser, en homenaje a Martiatu.

"Muchos fueron nuestros proyectos, conscientes de la necesidad de insertar la voz de las mujeres negras, no solo en el debate sobre los conflictos raciales que se lleva a cabo en el país, sino que se erigiera como un contradiscurso opuesto al que sobre ellas ha venido circulando históricamente", sostiene Rubiera en las palabras que publica bajo el título "Falleció Inés María Martiatu, una afrocubana de convicción".

Nacida en una familia de profesionales negros, Martiatu estudió música en el Conservatorio Municipal de La Habana y en 1960 formó parte del alumnado en el Seminario de Etnología y Folklore del Teatro Nacional de Cuba, bajo la dirección del profesor Argeliers León.

Licenciada en Historia por la Universidad de La Habana, asesoró la Cátedra de Estudios Africanistas "Argeliers León" del Instituto Superior de Arte, en la capital cubana, y colaboró con varias instituciones culturales como la Fundación "Fernando Ortiz". Además, formó parte del Consejo de Expertos del Consejo Nacional de Artes Escénicas y de la Asociación Internacional de Críticos de Teatro.

Incansable estudiosa y prolífica escritora, mantuvo una intensa actividad intelectual que quedó recogida en ensayos, prólogos, libros y compilaciones, así como en los blogs AfroCubanas y Teatro Afroamericano.

Lalita estuvo encargada de la selección y prólogo de Teatro (1989) y los dos volúmenes de Teatro Escogido (2006 y 2009), de Eugenio Hernández Espinosa, uno de los grandes dramaturgos cubanos contemporáneos con quien compartió una entrañable amistad por largos años.

Parte de su extensa labor creadora se recoge en los títulos Algo bueno e interesante (cuentos, 1993), El rito como representación. Teatro ritual caribeño (ensayos, 2000) y Remolino en las aguas y otras obras de Gerardo Fulleda León (selección y prólogo, 2004).

También en El bello arte de ser. Antología de teatro de Tomás González (2005), Wanilere teatro, antología de teatro mitológico y ritual (2995) y Bufo y Nación. Interpelaciones desde el presente (ensayos, 2008). Algunas de sus narraciones aparecieron en el volumen Over the Waves and other Stories (Sobre las olas y otros cuentos), publicado por la University of Chicago Press en 2009.

"Ya no estará más para consultarla teóricamente por teléfono o pedirle un consejo de vida, saber el último cuento del mundillo cultural o simplemente oírla reír y conversar con su voz de mulata cubana, mezcla de fruta y tumbadora", se lamentaba el dramaturgo, investigador y director teatral Rubén Darío Salazar en una crónica reproducida también en la blogosfera.

"Por suerte, ahí quedan sus publicaciones, el tesoro incalculable que nos deja en libros tan esenciales", apuntaba,"todos contentivos de ensayos enjundiosos, llenos de datos y detalles puntuales, opiniones polémicas, ideas luminosas y ese fuego de su mirada traspasado al verbo".

La biografía de sus pasos profesionales fuera de Cuba es larga y variada. Lalita anduvo por Caracas y Barlovento, en Venezuela, en los noventa; pasó por el York College y en el Graduate Center de la City University of New York, en 1992; participó como narradora en el Congreso de Mujeres Escritoras Caribeñas de Habla Hispana en Hunter College en la City University of New York y en la University of Miami, en 1998.

Impartió conferencias en Bogotá, en el Archivo de la Nación y en Quibdó, en Colombia; en 2011 viajó a Estados Unidos invitada por la Universidad de Wilmington, North Carolina y además ofreció disertaciones en la Loyola University y en el Instituto Cervantes de Chicago y en Santa Cruz, una de las sedes de la Universidad de California.

En Cuba trabajó mucho, casi de manera infatigable, como si supiera que la vida no le iba alcanzar. No escatimó espacios: hizo radio y televisión, escribió en prensa y medios culturales, asesoró tesis e investigaciones y en los últimos años difundió sus ideas y la de otras colegas en los blogs que creó y otros espacios digitales afines a sus presupuestos.

Como remarcan ahora las notas que remiten a su obra, el campo de su interés profesional fue vasto, pero particularmente enfocado hacia la influencia africana en la cultura cubana, la discriminación, las relaciones interraciales, el género y la raza que atañen a la mujer negra, protagonista en casi todos sus relatos.

A ese legado se aferran ahora amistades, colegas y seguidoras. "Nos ha dejado el camino que tanto trabajo le costó labrar y que desde hacía mucho no podía andar", asegura la bloguera Sandra Álvarez, autora del blog Negra cubana tenía que ser.

"Lalita ya no está en el reino de los vivos. Ahora nos mira por encima de nuestras cabezas absolutamente afligida... tenía aún demasiadas ideas para compartir".

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