Otra información es posible

Patriarcalismo femenino

OPINIÓN de Emilio Cafassi, Argentina.- Cuando cerré la columna del pasado domingo, no contaba con la totalidad de la información sobre la monumental movilización del 8 de marzo contra el patriarcado. Infería inductivamente de mi experiencia en la ciudad uruguaya de Minas que la repercusión sería importante, pero la recolección posterior de datos del resto del mundo -sin dejar de destacar la marea humana que recorrió las calles de la capital montevideana- exhibe una magnitud de la resistencia verdaderamente alentadora. Pero no debe esperarse de ella una correlación inmediata entre esta capacidad movilizadora y transformaciones políticas, culturales y económicas.

Mujeres en marcha

OPINIÓN de Emilio Cafassi, Argentina.-  El miércoles 8 el mundo vivió una jornada histórica, una nueva experiencia de resistencia que multiplica las precedentes. Millones de personas nos movilizamos en miles de ciudades contra las incontables formas fenoménicas de expresión del patriarcado. Una manifestación de hartazgo ante la violencia y la desigualdad cotidianamente naturalizadas. Absolutamente contraria al festejo y más aún a la babosa edulcoración de la “femineidad”. Cualquier referencia histórica o inmediata evoca tragedia y convoca a la protesta callejera y a la lucha, no a la florería. En esta oportunidad, sumó una novedad cualitativa con estimulantes perspectivas: las mujeres convocaron a un paro internacional. La casi totalidad de las miradas, incluyendo a buena parte de las izquierdas y progresismos, atribuye al patriarcado una naturaleza cultural. Superada la obviedad de que cualquier sistema de explotación y hasta cualquier manifestación humana es ontológicamente cultural, el patriarcado se explica desde sus cimientos con -y se combate apelando a- categorías analíticas de la economía política. Hoy es un complemento sustantivo de la acumulación de capital, como antiguamente lo fue de la renta feudal o más lejos aún de la apropiación privada del trabajo esclavo. Que no forme parte de los conceptos de “El Capital” es atribuible mucho más al carácter incipiente y acotado del movimiento feminista de mediados del siglo XIX y a la concepción y práctica machista de Marx, a diferencia de Engels.

Militancias hormiga

OPINIÓN de Emilio Cafassi, Argentina.- La casi totalidad de las preocupaciones directivas del Frente Amplio uruguayo (FA) se encuentran concentradas en lo que en Uruguay se denomina “rendición de cuentas”, que no es otra cosa que una ley que el poder ejecutivo envía al parlamento para su tratamiento. Establece los instrumentos tributarios y asigna a su vez las partidas presupuestarias para cada sector del Estado, garantizando su funcionamiento y metas. Sintoniza de este modo la prioridad que el Presidente Tabaré Vázquez le asignó en su discurso del miércoles por cadena nacional. Resulta una curiosidad, particularmente para lectores del exterior, que la comunicación presidencial (que al cumplirse cada año de mandato dirige a los ciudadanos) la conciba encomiablemente con el mismo significante: rendición de cuentas. Algo que había ejercitado en su primer mandato y que reitera en éste, constituyendo una marca distintiva con toda la tradición fiduciaria y jurídicamente irresponsable de todos los gobiernos conservadores que precedieron al del FA. Cualquiera sea la evaluación del contenido de tal devolución a la ciudadanía, el sello resulta indeleble y sienta un precedente a modo de peldaño en la escalera política de construcción consciente del destino de la sociedad. A ello debe sumarse el énfasis puesto en el cumplimiento del programa de gobierno con el que se postuló ante el electorado, cuya confección no le pertenece en exclusividad, sino que fue el resultado de una compleja -y tan admirable como perfectible- elaboración colectiva de más de 1.500 representantes en el Congreso Hugo Cores de noviembre de 2013.

Iniciativa participativa en el FA: cuartointermedio.org

OPINIÓN Emilio Cafassi, Argentina.- Hoy* se pone en línea la página web http://cuartointermedio.org que invita a todo aquel que se sienta frenteamplista a participar igualitariamente de la aventura de elaboración colectiva de propuestas, de debate e interacción entre verdaderos pares. Con la excusa del Congreso del FA (que se comenzó a celebrar en noviembre del año pasado y que, mediante un cuarto intermedio, debería retomarse a principios de abril), esta herramienta online pretende empoderar al militante y darle un canal expresivo a la gran mayoría de frentistas, hoy asordinados. Es decir, compañeros y compañeras, desde la presidencia hasta el último simpatizante que quiera intervenir en los debates del Congreso, realizar aportes, tomar contacto con otros integrantes o bien simplemente acceder a información y conocer las propuestas y opiniones. No es una iniciativa exclusiva para delegados congresales, sino para todo el pueblo frenteamplista. Una invitación a despertar.

El Frente Amplio hoy: ¿independientes o sectorizados?

OPINIÓN de Emilio Cafassi, Argentina.-.- Más de un militante del Frente Amplio uruguayo (FA), hoy replegado en su ámbito privado, me ha manifestado razones de malestar o insatisfacción con el curso del gobierno. Pero si las políticas gubernamentales le resultaran óptimas, ¿no abandonaría también su rol militante para devenir en espectador del destino colectivo de su país? ¿Hace algo el FA para recuperarlo a su tejido organizativo y discutir las razones de su quietismo?

Podemos y el Frente: parecidos y diferentes

OPINIÓN de Emilio Cafassi, Argentina.- Hoy* el partido político español “Podemos” termina su Asamblea Ciudadana, el equivalente a un congreso partidario como el que, por ejemplo, culminará el Frente Amplio uruguayo (FA) a comienzos de abril. Del evento de hoy tomo conocimiento por el muy preciso y detallado cronograma en la página web de esa fuerza política, el software que lo organiza y el interés mediático puesto en el encuentro. De la fecha del rioplatense, por un reportaje de este diario, ya que a los comités de base no llegó información alguna al respecto. De las múltiples analogías y diferencias que pueden trazarse entre ambas experiencias, he aquí un síntoma, aunque muy menor, de distancia entre sus modos de organización y comunicación. Siguiendo con los ejemplos anecdóticos, Podemos vuelve a celebrar su encuentro (luego de una asamblea fundacional) en el Palacio Vistalegre de Madrid para discutir documentos -además de candidaturas internas- mientras el FA lo reitera en el Palacio Peñarol de Montevideo, para culminar la redacción de un texto ideológico relevante. Todo el resto serán distancias abisales entre los contextos nacionales en los que desarrollan su actividad, las diferencias de edad (no sólo como fuerzas políticas, sino de sus principales referentes), sus referencias o vertientes teórico-ideológicas, sus logros y fracasos. Sin embargo, me interesará aquí esbozar algunos paralelismos sobre aspectos menos superficiales como la organización de las decisiones colectivas, el cuidado por la distribución informativa, la transparencia y el ordenamiento del poder colegiado.

La Trump(a) devastadora

OPINIÓN de Emilio Cafassi.-  El huracán Trump ya amenaza con convertirse en devastación aunque, como con los ciclones con nombre propio que los estadounidenses sufren con frecuencia, no se sepa con certeza el curso futuro y la potencia concreta de sus efectos. Mientras al día siguiente de su asunción multitudes se hacían presentes en movilizaciones -aún fuera de sus fronteras- para denunciar su misoginia, racismo y desprecio, su primera reacción fue visitar la CIA para agradecer las acciones de sus agentes. Ya pasados unos días fue por más al deslizar que la técnica de tortura llamada submarino “funciona” y que no lo va a impactar frente a las prácticas medievales del ISIS. El mismo día, The New York Times y The Washington Post difundieron un supuesto borrador de “orden ejecutiva” que establecía la reapertura de las prisiones clandestinas de la CIA (aquellas distribuidas en países europeos y árabes) que habían sido prohibidas, aunque el documento fue desmentido por el vocero oficial Sean Spicer. Obviamente esto supone la continuidad de la cárcel de Guantánamo, que a pesar de sus promesas Obama supo preservar.

La justicia apresada

OPINIÓN de Emilio Cafassi, Argentina.- En los titulares de esta semana se han puesto de manifiesto las limitaciones que le impone a la justicia la compleja relación entre las esferas jurídica y política, tal como se dan en la democracia representativa (que vengo denominando liberal-fiduciaria), sobre todo en lo referido a la igualdad de los ciudadanos ante la ley. A tal punto que en las proteicas fronteras que comparten los poderes del Estado, la arbitrariedad y la impunidad suelen ser una constante. Cumplir con algo tan elemental como defender la vida, o condenar a quienes la amenazan, mortifican o conculcan, parece exceder las posibilidades de los jueces, si alguna porción del poder político pasado, presente o futuro se ve involucrado en ellas por acción u omisión. No sólo en países pobres y dependientes, sino en lo que se considera “primer mundo”. Lo atestiguan dos recientes episodios que, aunque separados por un océano, encuentran en la ceguera judicial y hasta el absurdo un puente que los comunica: por un lado, el juicio que en la causa “Plan Cóndor” se desarrolló en Roma sobre casi tres decenas de criminales sudamericanos, y por otro la conmutación de penas que el saliente Presidente norteamericano Obama decretó a modo de cosmética despedida demagógica.

La ficción de Obama: constitución, valores y democracia

OPINIÓN de Emilio Cafassi, Buenos Aires.-  Obama pronunció su último discurso presidencial en la ciudad de Chicago, eludiendo toda referencia a sus “promesas” de campaña, tanto como un necesario balance escrupuloso de sus dos períodos de gestión. Su objetivo no era rendir cuentas a la ciudadanía. Contrariamente, concentró su perspectiva en “la democracia”, una única posible y ya dada, simplista y mistificada, una vez que fue vaciada de todo contenido participativo concreto y sustento distributivo de poder. Hasta se permitió atribuirse conquistas económico-sociales, gracias a cuya ausencia práctica se explica parcialmente el crecimiento del atractivo electoral que conquistó Trump.

Uruguay. El cuarto intermedio frentista como expresión del malestar interno

OPINIÓN de Emilio Cafassi.- El aún abierto Congreso Rodney Arismendi del Frente Amplio uruguayo (FA) debería ser un punto de inflexión en su rica historia, no sólo por el carácter trascendente de la iniciativa que lo convocó -nada menos que la reforma de la constitución nacional- sino además por la oportunidad que inaugura para repensar críticamente su arquitectura organizativa y fundamentalmente sus canales de comunicación. El cuarto intermedio finalmente resuelto luego de un fuerte contrapunto de argumentaciones fue tanto una expresión de la necesidad de continuación de los debates, cuanto un síntoma del malestar al interior de la fuerza política, que contrasta con el exultante y acrítico discurso del Presidente Miranda. No podría ser de otro modo: los comités de base, están expuestos a la más inclemente intemperie organizativa, librados a su propia suerte e iniciativa y obligados a intervenir sin líneas directrices ni estímulo a la elaboración política. Cuando por impulso propio producen documentos, realizan actos o desarrollan luchas, carecen de canales para reflejarlos o influir en decisiones del conjunto.

Las supuestas exequias de la reforma constitucional

OPINIÓN de Emilio Cafassi.-  El domingo pasado* intentaba trazar desde esta página un somero balance del reciente congreso del Frente Amplio uruguayo (FA) que pasó a cuarto intermedio. El mismo día, el periodista Leonardo Pereyra hacía lo propio pero en el diario El Observador. Ya desde los títulos se podrían advertir las diferencias.

La fantasía realizable de la elaboración colectiva

OPINIÓN de Emilio Cafassi, Uruguay.- Tal como muchos preveíamos, aunque no menos dudaran, el Frente Amplio uruguayo (FA) recreó el pasado fin de semana su pasión por los debates, la elaboración colectiva y las precisiones de sus fundamentos y perspectivas de intervención e iniciativa políticas. Al punto que concluyó llamando a un cuarto intermedio de su congreso hasta marzo o abril para poder tratar con detenimiento las varias decenas de parágrafos del documento de valores y principios que no llegaron siquiera a discutirse. Lo que supone a la vez la posibilidad de reelaborarlos en el interregno. Probablemente sea una de las iniciativas más audaces e inéditas en la historia congresal del FA. De los cinco capítulos que contiene, sólo pudo aprobarse el primero, aunque a través de una discutible metodología aceleradora de último momento consistente en la inclusión de muchos puntos en un paquete integrador que, a pesar de la atenta concentración de los delegados para evitar malos entendidos, ha dejado cierta confusión y no pocas dudas. Por ejemplo, con el insólito parágrafo 41 que liga mecánicamente derechos con obligaciones y -si la atención e inexperiencia no me han jugado una mala pasada- habría quedado en la versión definitiva.

¿Qué esperar del Congreso Rodney Arismendi?: Emancipación Permanente

Sesión plenaria y cierre del Congreso del Frente Amplio

OPINIÓN de Emilio Cafassi.- El Frente Amplio uruguayo (FA) vive hoy su clímax encendido por la pasión de los debates y la fascinación por las decisiones colectivas. Escogerá entre el impulso a una sustantiva reforma constitucional, su postergación o un simple retoque. Aprovechará también para rememorar y actualizar sus principios. La variedad temática, conceptual y de problemas que aborda el congreso no reconoce límites ni se circunscribe exclusivamente al Uruguay. Lo que está en debate es nada menos que el modelo de sociedad a la que se aspira y por la que se lucha, se trabaja y se le otorga -inclusive- sentido a la vida.

Revolución política y reforma constitucional

OPINIÓN de Emilio Cafassi, Argentina.- Hasta qué punto una reforma constitucional puede transformar las condiciones de vida de una nación, es algo que recorre tácitamente el debate en torno a la iniciativa del Frente Amplio uruguayo (FA) en el Congreso Rodney Arismendi del próximo fin de semana. Hasta qué punto sus dirigentes y delegados están dispuestos a transformar radicalmente la política, incluyendo la distribución o limitación de su propio poder en la ciudadanía acompaña hoy algunos de los debates. La discusión no está exenta de intereses y pasión.

La inventiva institucional como conversión de libertades en derechos

OPINIÓN de Emilio Cafassi, Argentina.- La opinión pública internacional está conmovida esta semana por el acceso al poder de la retórica xenófoba, sexista y violenta -aunque sincera- que porta Trump. Sin embargo es sólo el eslabón de una cadena ideológica internacional que comenzó en los años ´80 con el Frente Nacional de Le Pen en Francia, se despliega hoy con toda potencia también en el Reino Unido, en Austria y el norte de Europa, y en cada país -central o periférico- encuentra exponentes en diversa proporción. La estampida de refugiados de los países del oriente cercano y medio sometidos a barbaries vernáculas e imperios intervencionistas auxilia la tendencia. Apenas unos días atrás, en Argentina para no ir tan lejos, el presidente del -autodefinido progresista- bloque kirchnerista del Senado, Pichetto, culpó a la inmigración boliviana y peruana de la miseria y la inseguridad. Si bien el discurso de Clinton pulía exabruptos, no era precisamente pacificador, ni inclusivo. Menos aún su práctica diplomática en la primera gestión de Obama. En suma, en la disputa por la administración del capitalismo de los diversos estados-nación, tienden a consolidarse y ocupar representaciones parlamentarias y en ocasiones a dirigir los estados, exponentes violentos y fascistas de las clases dominantes, que a su vez atraviesan transversalmente a partidos y coaliciones políticas hegemónicas. Desbrozar la compleja multicausalidad de este averno político de época, excede estas líneas y mi capacidad analítica, aunque en alguna proporción aún no cuantificada, guarda correlato con la expropiación de la soberanía popular que concede la autonomización de dirigentes y representantes en lo que llamo la democracia liberal-fiduciaria. Temática que, a propósito del próximo congreso del Frente Amplio uruguayo (FA) sobre una posible propuesta de reforma constitucional, me propuse ir desarrollando domingo a domingo y no será esta página la que contradiga este objetivo.

La trampa de la confianza

OPINIÓN de Emilio Cafassi, Argentina.- El domingo pasado intentaba subrayar desde estas páginas la tarea asumida por el Frente Amplio uruguayo (FA) de organizar su próximo congreso sometiendo a debate la posible iniciativa de reforma de la constitución nacional. Y simultáneamente que la discusión que se ponía a consideración de todas las instancias y particularmente de los comités de base, comenzara auscultando y revisando los valores que sustentan al FA, desde los cuales pergeñar los derechos, libertades, dispositivos de poder e institutos que encarnen y defiendan tales valores en una futura carta magna. Sin perjuicio de ello, sugería también una importante limitación metodológica de la que podrían inferirse algunas otras más teóricas o ideológicas. Al basarse exclusivamente en el consenso pleno de una organización tan heterogénea, resultaba un texto ambiguo y en ocasiones contradictorio, aunque no en todas las esferas necesariamente sino muy marcadamente en el plano político e institucional. Una referencia de este documento a un texto que en la tradición frentista se considera cardinal y hasta fundacional como las bases programáticas del ´84, me invitó a revisitar las fuentes y trazar algunas comparaciones entre aquellos documentos basales y el que comenté entonces y retomo ahora.

Valores por parir nuevos valores

OPINIÓN de Emilio Cafassi, Argentina.- En medio de un clima económico internacional y regional enrarecido, de una atmósfera política asfixiante con pronóstico de ambiente irrespirable, el Frente Amplio (FA) a través de su Plenario se dispuso a generar algo de oxígeno para el medio ambiente social en el que creció y se desenvuelve. En lo personal, me convoca a volver a inspirar algo de esos aires puros cada vez más esquivos e infrecuentes. Ejecutando una resolución del pasado congreso de 2013 para organizar la propuesta de reforma constitucional, dos comisiones del FA elaboraron documentos preliminares que serán debatidos en el próximo congreso de fines de noviembre. Uno intenta recoger valores y principios comunes. El otro, posibles contenidos de una reforma constitucional. Ambos son hoy el alimento de los escuálidos comités de base, famélicos de ideas y sedientos de participación, también de militantes partidarios aunque sospecho que se vienen filtrando por los poros de los movimientos sociales y las organizaciones demandantes de la sociedad civil, que cumplirán una futura tarea de engrosamiento y precisión de la agenda de derechos que recoja la propuesta política concreta.

Venezuela: Del pajarito al águila rapaz

OPINIÓN de Emilio Cafassi.- El huracán electoral que derribó la hegemonía chavista en la Asamblea Nacional el pasado domingo 9 de diciembre, tomó más fuerza de la anemia oficialista que de los 28 partidos que convergieron unificando a la oposición en una derecha destructiva e indómita, alentada material e ideológicamente por el imperio más próximo. El “voto castigo”, esa suerte de ilusión sancionatoria sobre el poder de turno, se impuso ese día con dramática elocuencia. Sin embargo, resolver los múltiples problemas que enfrenta el país, reorganizar un capitalismo desquiciado y fallido, será más complejo aún en la actual correlación de fuerzas. Aquella que no sólo expresa intereses de clase contrapuestos con su consecuente conflictividad, sino que pasará a oponer diametralmente a los propios poderes del Estado. Con la máxima mayoría requerida para desplegar su completo potencial, la unicameral Asamblea dejará de ejercer su doble función: como representantes que dictan las leyes y como “parlamento” o lugar donde se discuten los asuntos públicos, en el que las demandas sociales puedan ser representadas, reconocidas y negociadas. Probablemente se erija en exclusivo contrapoder del Ejecutivo, en pura negatividad activa con consecuencias más devastadoras aún que la acuciante actualidad política y económica. Cuando se alcanzan esas proporciones, la minoría es prácticamente espectadora.

Las inocultables conquistas sociales que introdujo el chavismo en beneficio de una mayoría de excluidos en el plano económico, educativo, sanitario y cultural, contribuyen a la explicación parcial de sus 18 triunfos electorales sobre 20, tanto como la imposibilidad de sostenerlas, esta reciente debacle. Pero el balance de las causas no puede clausurarse con una correlación mecanicista. Si una inflación imprecisable aunque siempre del orden de los tres dígitos, el desabastecimiento de productos indispensables y el crecimiento del crimen tienden a licuar lo conquistado, el enriquecimiento de funcionarios y militantes y el doble discurso convierte el retroceso social en irritación ciudadana incontenida. La magnitud y extensión de la corrupción y el nepotismo, tanto como la burocratización con su ineficiencia y conservadurismo, juegan un papel tan relevante como la propia crisis económica y comprometen hasta el ejercicio del poder, como puede apreciarse también en varios de los progresismos sudamericanos. Si el capitalismo genera desigualdad y opacidades, cuántas más produce un capitalismo negro cuyo descontrolado enraizamiento se acrecienta día a día a pesar de que hasta la guerra económica ha sido militarizada, aspecto que excede a la economía para depender de la cultura y la política, hasta envolver a la retórica.

Menos de cuatro meses atrás, estando en Venezuela, me detuve a observar a una columna militar armada y uniformada, cuya “batalla” consistía en venderle a precio oficial, una cantidad acotada de pañales a las ciudadanas que formaban interminable cola para obtenerlos. Probablemente una proporción de esos pañales serán vendidos por las adquirentes en el mercado negro a valores muy superiores para a su vez obtener con lo recibido otras mercancías en el mismo mercado informal. Es difícil encontrar ciudadanos que no sean además cambistas informales de dólares cuya cotización está prácticamente regida por la página “dolartoday” editada en el exterior, que difiere de los varios tipos oficiales de cambio hasta llegar a brechas que pueden superar el 100 a 1. Lejos del socialismo del Siglo XXI que pregonaba Chávez, se desarrolla un capitalismo cada vez más oscuro, en sentido polisémico, sin control popular alguno, sino inversamente, con un masivo involucramiento popular en él. Combatir la especulación, el acaparamiento y el mercado negro apoyándose en una institución tan desacostumbrada a los controles y la transparencia, tan acorazadamente corporativa como las fuerzas armadas, mientras la mayoría de la sociedad se alimenta malamente de migajas especulativas, es echar la casi gratuita nafta bolivariana a la hoguera. De este modo, hasta las revolucionarias transformaciones democráticas de la reforma constitucional chavista que obligan al gobierno a someterse a elecciones frecuentes, incluyendo la posibilidad revocatoria, se degradan en un marasmo extenuante.

La herencia recibida por Chávez 17 años atrás no le facilitó las cosas. Se encontró con una economía rentística dependiente y concentrada que no pudo superar su carácter originario aunque logró ser mucho más libre y distributiva. Pero no ha logrado siquiera soberanía alimentaria ni desarrollado un tejido industrial mínimo con lo cual depende de la magnitud de la –hoy exangüe- renta petrolera para sus importaciones y para combatir la miseria. Pero mucho más importante aún es que no halló una sociedad civil con umbral mínimo de organización y politización, sino que tuvo que construir el poder popular, las “misiones”, asambleas populares, y hasta su propio partido, PSUV, de arriba hacia abajo apoyándose fuertemente en sus camaradas de cuartel.

Ya no será un pajarito sino el águila del norte, adicta compulsiva al petróleo del mundo entero, la que sobrevuele a Maduro cada vez que se hinque a rezar.

El elector exhausto

América Latina en una difícil encrucijada

OPINIÓN de Emilio Cafassi.- Un rápido repaso de la situación de los progresismos sudamericanos nos devuelve un panorama áspero, plagado de preocupaciones y dificultades. A excepción de Bolivia, y parcialmente de Uruguay, los gobiernos restantes se encuentran jaqueados por variantes políticas animadas con pujantes intereses restauradores del neoliberalismo y la derecha política. Argentina, Brasil, Chile, Ecuador y Venezuela están atravesando momentos de conmoción y debilitamiento que, en virtud de sus desembocaduras, pueden alterar el mapa político regional. Con desigualdades y contradicciones muy importantes entre sí, todos ellos intentaron confrontar con el modelo neoliberal expandiendo derechos sociales y civiles, mejorar parcialmente los indicadores sociales y avanzar, aún lentamente, en procesos de cooperación e integración. En ciertos casos con resultados resplandecientes en algunas esferas materiales y simbólicas, y en otros a paso lento, entre otras razones, porque los puntos de partida nacionales fueron disímiles, al igual que las composiciones sociales y culturas políticas propias y heredadas. En cualquier caso, los aún acotados niveles de cooperación y la relativa resistencia a los dictatums imperiales en general, y estadounidenses en particular, son los más relevantes en los más de 500 años de vida del subcontinente.

El vicepresidente boliviano Álvaro García Linera señalaba recientemente, en una visita a Uruguay para exponer en el Paraninfo de la Universidad de la República, que en América Latina en los dos próximos años “puede pasar todo” ya que “está envuelta en una reconfiguración del poder político y económico fantástico”. Pero resulta particularmente interesante su advertencia de la necesidad de admitir errores. En primer término por la relevancia metodológica para fundar nuevos modos de hacer política. A la coyuntura le reconoce amenazas propias y externas resumiendo las primeras como “nuestras propias debilidades” para agregar que “como revolucionarios tenemos que admitir que también cometemos errores y que tomamos decisiones equivocadas”. En segundo lugar, por su conclusión ya más ceñida sobre el acento de esos errores en el campo de la integración: “Faltó lo más difícil, en la economía cada cual se fija en lo suyo, no se ha creado una red de integración económica que vaya más allá de los circuitos de mercado. En lo político hemos avanzado mucho, en lo económico hemos avanzado muy lento”. No estuve presente en el encuentro y temo sacar esta conclusión de contexto guiándome exclusivamente por la prensa, pero aprovecho algunos de sus disparadores para sugerir que si García Linera alude a las formas institucionales de la Unasur y el Mercosur, me parece compartible. Si, por el contrario, intentara reflejar las diversas realidades nacionales latinoamericanas, difícilmente sirva como diagnóstico, a excepción de Bolivia que vive el proceso más sólido y estable de toda la región. Desde el punto de vista político, varios países del giro progresista vienen retrocediendo aceleradamente. Como intenté desarrollar en varias oportunidades, aquellos que han dejado intactas las constituciones burguesas heredadas, montados acríticamente sobre el régimen político liberal-fiduciario, y más aún si han sido aquiescentes para con el personalismo y la burocratización, inevitablemente terminarán paralizados por sus propias contradicciones y posiblemente aplastados por los verdaderos diseñadores y defensores del régimen que pasaron a reivindicar.

No desprecio el peso de la llegada de la crisis capitalista internacional a estas playas, ni menos aún la magnitud de la caída de los precios internacionales de los commodities que, como sostiene el economista Couriel en su columna de este diario, limitan el crecimiento económico. Sólo quisiera señalar que las crisis políticas no son una réplica especular de las dificultades económicas, pero menos aún podrían serlo si las fuerzas políticas del cambio mantuvieran una relación de movilización, participación y organicidad con las bases y movimientos sociales. O en otros términos, si las mayorías se sintieran partícipes de las decisiones que, cualquiera fuera la coyuntura, los gobiernos adoptan. Si la autonomía de los representantes y la concentración del poder, tarde o temprano terminan erosionando a las derechas, cuánto más le sucederá a las fuerzas políticas del cambio que se desmovilizan y autonomizan una vez llegadas al poder.

Pero los efectos del régimen y las particularidades de cada tradición política alternativa se potencian geométricamente cuando se vinculan con un flagelo carente de signo ideológico: la corrupción. En un reciente reportaje a Noam Chomsky que le hiciera el dueño de la tan influyente como derechista editorial argentina “Perfil”, el lingüista identifica en la magnitud de la corrupción la razón de la crisis política y de credibilidad tanto en Brasil como en Venezuela (agrego que también fue lo que disparó la crisis en Chile -con escasos antecedentes en la materia- y que adquiere igual trascendencia en Argentina). Pero Chomsky sentencia algo más amplio aún y es que “un logro real, duradero, tendrá que basarse en movimientos populares organizados que tomen la responsabilidad del control total de la política, la información y la implementación”. Las demandas sociales tienen que ser representadas para que sean negociables. De lo contrario, sacuden hasta el orden constitucional. Por ello es deseable y hasta indispensable la existencia y representación de movimientos sociales de toda laya (sindicales, ecológicos, de derechos humanos, feministas, etc.). Si en ausencia de tal control y representación, se sospecha que quien o quienes adoptan las decisiones a sus espaldas son además corruptos, no tardará en emerger algún tipo de reacción popular.

Si tal reacción se desarrolla en el plano electoral, seguramente tendrá una dirección obliterada ya que en ausencia de control y decisiva participación popular (sumados a la ausencia por parte del régimen político de reaseguros institucionales como el mandato imperativo o la revocación de mandatos) se erigen mitos en su reemplazo. Uno de ellos es el llamado “voto castigo”. Se pretende disfrazar este consuelo ineficiente de escarmiento electoral, como una regulación justa de la quebrada o inexistente relación entre representante y representado. Sin duda castiga electoralmente a algunos personajes en particular, pero dejando intacto el sistema que los reproduce. No menos mítico que el de votar a supuestos “políticos honestos” -cualquiera sea su pertenencia o tradición política- suponiendo además que luego no sorprendan al elector con su deshonestidad, como fue literalmente el caso del ex presidente argentino De la Rua. De este modo, sólo se sigue desplazando el verdadero problema: la no intervención del ciudadano en la toma de decisiones y en el control de los que las adoptan.

El primer examen sudamericano se dará en dos semanas en Argentina. El viernes pasado asistí a una reunión de claustros de mi facultad, convocada por el oficialismo en apoyo a la candidatura de Scioli. Como ya adelanté aún antes de la primera vuelta que en la segunda lo votaría, y como tengo antecedentes de bombero voluntario de ballotages votando en cuatro oportunidades contra Macri, me pareció adecuado ir a exponer tanto algunas certezas cuanto vacilaciones y desalientos. Sintéticamente, creo que un gobierno de Macri se alineará inmediatamente con la embajada estadounidense y aportará a la ofensiva contra los gobiernos progresistas de la región tanto como estrechará vínculos con aquellos más reaccionarios. Despreciará aún más que el oficialismo al Mercosur y se acercará a la Alianza del Pacífico. Como representante de los principales grupos económicos, terratenientes y comunicacionales encarará una mayor liberalización del comercio exterior, para beneficiar aún más a la renta agraria, e impulsará un ajuste del gasto público y de los programas sociales. Inversamente Scioli ¿está exento de aplicar éstas medidas? Lo desconozco y expuse esa duda señalando los parecidos entre ambos, aunque reconociendo que si lo hiciera tendría necesariamente tensiones graves con cierta parte de sus bases electorales. Para decirlo en los términos de la díada de García Linera, esta desembocadura no está empujada por factor externo alguno, sino por errores exclusivamente propios. La líder y actual presidenta argentina decidió desde algún punto del monte Olimpo que era hora de volver a los orígenes posteriormente negados: el menemo-duhaldismo ungiendo una incertidumbre personificada.

La disyuntiva es dramática, acuciante y no admite indiferencias. En el primer acto de esta tragedia, el macrismo se quedó con los principales centros urbanos. En el próximo y último podría quedarse con el país entero. La actitud de la izquierda orgánica argentina de llamar a votar en blanco no la aleja del problema, sino que la sitúa como parte sustantiva del mismo. Probablemente sus más infantiles exponentes, que son los que inveterada y naturalmente la vienen liderando, hasta apuesten a una victoria macrista, ya que admiten tácitamente que “cuanto mejor peor”. No creo que sus electores lo compartan.

Pero los ciudadanos en su conjunto, vaciados de protagonismo y desmovilizados tras la insurrección popular de aquel diciembre argentino, deciden exhaustos su destino, apenas como actores de reparto.

El horizonte del incierto mal menor

Sorpresa por los resultados electorales en Argentina

OPINIÓN de Emilio Cafassi.- Argentina despertó el lunes en un gris amanecer y con perspectivas de nubarrones más densos aún de lo previsto, velando el horizonte. Al echar a andar el día, fue tropezando con los restos de cotillón que dejó una fiesta derechista exponencialmente exultada por su propia sorpresa, ya que superó el techo de captura de votos que hasta sus propios encuestadores le acercaban con cierto pluscálculo optimista a cambio de la captura de una no menos optimista e importante plusvalía. La alianza “Cambiemos” cosechó la mayor proporción de esa siembra copiosa del sistema político nacional llamada “indecisos”. Hipotetizo que la magnitud de este estrato social dubitativo (sólo considerable desde el punto de vista político electoral, en ningún caso sociológicamente) es directamente proporcional al nivel de similitud e identificación político-cultural entre las ofertas, para decirlo de un modo que refleje efectivamente la naturaleza mercantilizada de las opciones políticas y sus modos exclusivamente publicitarios y escénicos de seducción.

A una semana de la elección, la mayoría de las encuestadoras situaban a los indecisos en el orden del 15%, es decir, holgadamente por encima de la sumatoria de intención de votos de los 3 adversarios menores. Para ellas, la ponderación distribuida de ese segmento daba a grandes rasgos un 40% al oficialista “Frente para la Victoria” (FPV), 30% a Cambiemos, 20% al “UNA” y un 10% al resto, incluyendo los votos en blanco y anulados. En otros términos, que el oficialismo no estaba muy lejos de ganar en primera vuelta ya que para la legislación electoral argentina si la primera minoría supera por un voto el 40% y obtiene sobre la segunda un 10% o más de diferencia, queda consagrada en el poder ejecutivo sin necesidad de celebrar un ballotage. Finalmente el resultado fue del 36,86% para el FPV, 34,33% para Cambiemos, 21,34% de UNA, mientras el “FIT” obtuvo el 3,27%, “Progresistas” 2,56% y “Compromiso Federal” 1,67% (mientras hubo 2,36% en blanco y 0,8% de anulados e impugnados, que no integran la contabilidad para la decisión del ballotage). A los dos candidatos que confrontarán en el ballotage, Scioli y Macri, los separa por tanto una diferencia del 2,53%.

Si bien el caudal electoral de casi todos fue superior respecto a las primarias obligatorias, cosa explicable porque el nivel de abstencionismo fue inferior en un 5% (precisamente lo que crece Cambiemos), las únicas fuerzas que incrementaron sus proporciones fueron las dos opositoras mayoritarias y Cambiemos en particular, de manera explosiva. Scioli cayó desde el 38,41%, el FIT desde el 3,31%, Progresistas desde el 3,51% y C. Federal desde el 2,11%. Inversamente, UNA creció muy poco desde el 20,63% (un 3,44%) pero Macri, lo hizo desde el 30,07%, es decir que creció un 14,16%, lo que refleja casi un 5% del total del electorado. Impactante avance, para no mencionar aspectos más cualitativos y simbólicamente rutilantes como haber ganado la Provincia de Buenos Aires y muchísimos municipios populares controlados por décadas por los llamados “barones del conurbano”, mafias clientelistas cooptadas mayoritariamente por el oficialismo o por fracciones de él, últimamente fugadas a UNA, aunque varias de ellas retransfugadas a la opción mayoritaria (aunque resta saber por cuánto tiempo, según el resultado del ballotage).

En ausencia de programas -y si los hubiera, inclusive de compromiso alguno con ellos- las diferenciaciones resultan necesariamente deductivas utilizando para su ejercicio diversos insumos tales como las tradiciones políticas en las que se inscriben, las gestiones concretas en los ámbitos de ejercicio del poder, las alianzas y apoyos, etc. Aspectos que en la cultura política argentina están encubiertos por una gruesa capa de maquillaje, creando un campo fértil para el cultivo del segmento social que creo causante de la sorpresa sobre la que escribo aquí: los indecisos. En una sucesión de artículos recientes en este diario intenté dar cuenta de particularidades de esa cultura que logró enraizarse sólidamente en el régimen de gobierno (no muy diferente al de cualquier otro estado-nación capitalista moderno) y trepar por sus bifurcaciones y alternativas como una hiedra monocromática, tapicera y uniformante. No volveré sobre esas teorizaciones, sino sólo señalar aquí que la simulación, la “borocotización” y la extimización política, junto a la virtual desaparición del sistema de partidos, facilita la indiferenciación entre alternativas políticas y ésta última la indiferencia ciudadana.

La casi totalidad de mis amigos simpatizantes del oficialismo, con los que además de los afectos me unen algunas importantes valoraciones puntuales de la etapa kirchnerista (aunque no así el balance de conjunto), atribuyen esta resultante a las limitaciones –inocultables, digamos de paso- de Scioli como candidato. Como si estas carencias del postulante fueran ajenas a las de la fuerza que lo candidatea y más detenidamente aún a su arquitectura organizativa. Para ponerlo sintéticamente, según esta interpretación endógena dominante, sería Cristina la que se equivocó al elegir a su sucesor (recordemos que pidió a todos un “baño de humildad” y ungió a Scioli ordenando a sus eventuales competidores retirar su postulaciones a las primarias) de forma tal que, si hubiera elegido bien y se hubiera ganado en primera vuelta, no habría nada que cuestionar sobre el modo de construir la continuidad del “modelo”, tal como lo autodenominan. Un modo que a la vez es el que siempre rige para la toma de todas las decisiones cardinales de la política nacional. En algún círculo familiar, de amigos íntimos o vaya a saberse de qué tipo, pueden pergeñarse desde ampliaciones de los derechos sociales como la ley de matrimonio igualitario o la asignación universal por hijo, o restringirse como con el veto a la ley del 82% móvil para los jubilados o a la prohibición de explotación de los glaciares, por tomar sólo algunos ejemplos. Ni siquiera hay reuniones de gabinete. El rumbo depende de cómo se levante cada día quien toma las decisiones, presumiblemente la presidenta, y cómo evalúa las mismas en función de su autoreproducción en el poder. Más de una vez he relatado anécdotas en las que ministros o secretarios se enteran por la prensa de decisiones en su área o de su salida o ratificación en sus cargos. Si a consecuencia del régimen liberal-fiduciario, la profesionalización de los representantes y su irresponsabilidad jurídica y mandataria para con sus representados expropian potencias decisionales de la ciudadanía, qué puede concluirse cuando hasta ellos son sustituidos por un círculo áulico familiar o amiguista. La despolitización no podría ser más plena. El FPV no es un partido ni un movimiento, sino una asociación piramidal sumamente empinada cuya base está conformada por empleados del Estado agraciados por una privilegiada relación con algún dirigente o puntero que los sostiene y una red de “clientes” temerosos de perder alguna prebenda discrecional. Su único rol “militante” es la asistencia y el aplauso, nunca la discusión, la elaboración o el cuestionamiento.

Sin embargo esta lógica no es prerrogativa exclusiva del oficialismo. Las principales fuerzas políticas están estructuradas de modo casi idéntico, razón por la cual caracterizo de este modo a la cultura política en general. Pero no se sigue de aquí que el ejercicio deductivo de diferenciación sea imposible ni menos aún inútil sino inversamente indispensable y hasta dramático. Los dos candidatos que se enfrentarán en el ballotage vienen encabezando los dos mayores distritos del país: la capital y la provincia. Comparten la característica de haber tenido gestiones penosas en cada una de las áreas a las que dicen otorgarle prioridad, como educación, salud o seguridad. Ambas gestiones están plagadas de procesos por corrupción y apelaron frecuentemente al veto de leyes aprobadas por sus legislaturas locales. No obstante, no es idéntica la base social que tienden a representar ni menos aún las alianzas sobre las que reposan sus candidaturas, por lo que ésta es la variable que debe ponderarse para el ballotage, justamente por aquello que en esa segunda vuelta se dirime.

El 22 de noviembre está en juego qué fuerza (además de qué sujeto) se queda con la totalidad de poder ejecutivo nacional, el principal y más concentrado de los poderes del Estado. Es, nada más ni menos, lo único a arbitrar a pesar de presentarse bajo la apariencia de dos nombres propios. Frente a esta disyuntiva no puede haber neutralidad alguna. El trotskista FIT, por ejemplo, o en su momento Zamora, llaman a votar en blanco, argumentando algo así como que ambos descargarán la crisis sobre el pueblo trabajador o más ampliamente que ambos son burgueses. Una verdadera imbecilidad que los ayuda a perpetuarse en la actual intrascendencia electoral. No hay dos personas iguales, ni tampoco organizaciones. Si ante la indudable similitud -aunque nunca plena igualdad- de los elegidos, la izquierda y el reformismo progresista sólo lograron algo más de un 5% en total, los problemas no hay que ir a buscarlos en aquellos lejanos y análogos triunfadores sino mirando mucho más hacia adentro.

Macri sostiene que la alternativa es entre el cambio y la continuidad. Una más de sus groseras manipulaciones ideológicas y slogans publicitarios. Pero la disyuntiva es, por el contrario, entre una segura regresión y la incertidumbre.

El rumbo será necesariamente fortuito.