Otra información es posible

Mi opinión sobre Cataluña

OPINIÓN de Juan Torres López.- Mi opinión sobre todo lo que está pasando en Cataluña se podría resumir en unas cuantas preguntas bastante simples (aunque quizá esa simplicidad sea todo lo contrario de lo que requiere algo que es de por sí complejo):

Reflexiones rápidas sobre el Brexit

OPINIÓN de Juan Torres López.- Finalmente, se ha confirmado que la mayoría de la población del Reino Unido ha preferido salir de la Unión Europea y, a pesar de que eso era muy previsible según todas las encuestas, se ha levantado un revuelo enorme en toda Europa. Se me ocurre resumir telegráficamente mis ideas sobre el cambio que se avecina y que creo será de gran importancia para nuestro futuro como ciudadanos europeos.

Si lo hacen los míos está bien, si son los otros es un crimen

OPINIÓN de Juan Torres López.- El presidente argentino lleva gobernando a base de decretos desde que llegó al poder pero los liberales que tanto han criticado (muchas veces con razón) a otros gobiernos cuando hacían eso, callan ahora (información sobre los decretos de Macri aquí).

Europa prefiere buitres

OPINIÓN de Juan Torres López.- En Naciones Unidas se han aprobado varias resoluciones sobre la deuda soberana que no sin causa han pasado casi desapercibidas en los medios de comunicación españoles.

En septiembre pasado, la Asamblea General aprobó una resolución para impulsar un marco multilateral que regule los procesos de reestructuración de deuda soberana y posteriormente se han ido tomando acuerdos para definirlo y establecer el calendario de actuaciones.

Los promotores realizaron la propuesta con motivo de la batalla legal que mantenía Argentina con fondos financieros de los llamados buitres por su forma de actuar. Uno de ellos compró en su día 48 millones de dólares en bonos argentinos por una fracción de su valor nominal y cuando ese país acordó la reestructuración con el 92,4% de sus acreedores el fondo se negó a aceptarla. Demandó entonces al Estado argentino en Estados Unidos reclamándole el 100% de los títulos más los intereses (1.500 millones en total) y un juez le dio la razón. Argentina se encontró en un gran aprieto pero no porque no quisiera pagar, como dijeron algunos, sino porque un 1% de los acreedores había bloqueado sus pagos al resto.

Estados Unidos, Japón y los miembros de la Unión Europea fueron los principales países que no apoyaron la resolución, bien absteniéndose (41, como España) o votando en contra (11), mientras que 124 países (el 70%) votaron a favor

Estados Unidos se opuso alegando que la medida provocaría incertidumbre en los mercados financieros y porque prefiere otros foros como el Fondo Monetario Internacional (donde el 9% de los miembros de la ONU que se oponen a estas medidas tienen el 46% de los votos). El representante italiano que habló en nombre de todos los Estados miembros de la Unión Europea reconoció la importancia de la reestructuración pero se opuso a la resolución por una razón más simple y “a la europea”: “necesitamos realizar muchas deliberaciones en nuestras capitales”.

Como por desgracia viene ocurriendo en tantas ocasiones, las autoridades europeas también ahora se pusieron del lado de los fondos financieros y de los bancos, de los grandes acreedores. Todas las crisis de deuda han terminado con algún tipo de reestructuración de modo que lo que con toda seguridad hay por delante en Europa no será reestructurar o no la que tenemos, sino hacerlo bien o hacerlo mal, a favor de unos o de otros. Al rechazar estos marcos multilaterales ni siquiera se favorece a todos los acreedores o a la estabilidad de los mercados y de la economía sino a los fondos especulativos y a quienes solo buscan jugar con ventaja. Los dirigentes europeos han hecho otro flaco servicio a sus pueblos que son los que pagan la deuda colosal generada en su beneficio por los bancos y las grandes empresas.

Juan Torres López
Catedrático de Economía por la Universidad de Sevilla
Twitter: @juantorreslopez

Otro medio que miente: ahora El Confidencial

OPINIÓN de Juan Torres López.- Hace unos días escribía en esta web sobre las mentiras que el medio digital La información decía sobre mi pensamiento y cómo había tratado de ocultarlas sin rectificar cuando yo las denuncié (ver Así miente un medio de comunicación y Así disimula un medio de información que ha mentido).

Desgraciadamente, hoy tengo que denunciar las mentiras de otro medio y si en la ocasión anterior decía que las mentiras eran tan burdas que causarían risa, ahora debo decir que provocan carcajadas porque la exageración es simplemente impresionante.

El diario digital El Confidencial publicaba el 20 de noviembe un articulo de Iván Gil titulado VICENÇ NAVARRO Y JUAN TORRES. Los economistas de Podemos reniegan del decrecimiento y apuestan por el desarrollo.

El título ya es una simple estupidez porque cualquiera que haya leído algo de Navarro o mío sabe que no hemos suscrito nunca la tesis del decrecimiento y que, por tanto, no podemos renegar de ella. Pero lo más grande es lo que el autor del artículo dice sobre mí. Atentos:

Una buena parte de los primeros planes de desarrollo económico que impulsó el Gobierno venezolano de Hugo Chávez –las llamadas misiones– llevan el sello del catedrático granadino Juan Torres. Un trabajo que analiza de forma pormenorizada, y reivindica sus resultados con orgullo, en el ensayo Venezuela, a contracorriente: Los orígenes y las claves de la revolución bolivariana (Icaria).

Es una mentira tan exagerada que, como he dicho, provoca carcajadas. Primero, porque yo estuve en Venezuela por primera vez en mi vida dos meses en el verano de 2002, cuando no se habían puesto en marcha las Misiones a las que hace referencia la noticia. Decir que en ese tiempo yo puse el sello a las misiones que vinieron después es tan estrambótico y fuera de la realidad que me quedo sencillamente paralizado. Es una pura mentira. Como también es mentira que en el libro que cita yo me refiera a las Misiones o que las defienda “con orgullo”. El periodista no se ha tomado la molestia de ver el índice del libro ni, mucho menos, de comprobar que yo sencillamente no escribo sobre la misiones. Es fácil comprobar que en mi capítulo (titulado La economía en tiempos de convulsión: luces y sombras) solo menciono una sola vez la palabra Misiones y sin hacer ningún tipo de valoración.

Pero no termina ahí el asunto. Justamente el mismo día en que El Confidencial publicaba este artículo con mentiras sobre mí me llamó su subdirector para solicitarme amablemente información sobre el documento que junto a Vicenç Navarro he elaborado para Podemos. Le dije que no podía darle información sobre él y aproveché para decirle que el artículo que habían publicado era una auténtica barbaridad y me pidió disculpas. Pero mi sorpresa es que, en lugar de rectificar la información, se limitan a cambiar el texto ¡¡sin dejar de mentir!!

Efectivamente, en la segunda versión del artículo, su autor sustituye el párrafo anterior por el siguiente:

Los primeros planes de desarrollo económico que impulsó el Gobierno venezolano de Hugo Chávez –las llamadas misiones– contaron con la asesoría del catedrático granadino Juan Torres, aunque este matiza que su influencia “fue testimonial” y se limitó a un par de colaboraciones durante breves períodos de dos meses.

Otra mentira del periodista porque yo nunca he dicho a nadie que mi intervención sobre ese asunto fuese ni testimonial ni no testimonial. Nunca he asesorado sobre las misiones ni sobre esos primeros planes de desarrollo.

Lamento decir, por tanto, que El Confidencia es un medio de desinformación que miente descaradamente.

Lógicamente, yo no puedo saber cuáles son las intenciones por las que esos periodistas mienten. Es verdad que ni yo ni nadie podemos saberlas. Pero no hay que ser un lince para darse cuenta de lo que está pasando. No puede ser una casualidad que se manipule y mienta siempre en el mismo sentido: para tratar de demonizar a Podemos y para presentarlo como si fuera un títere de Venezuela o Cuba.

Siento vergüenza y tristeza al comprobar que profesionales de la información se convierten en marionetas y en divulgadores de la mentira, y como prueba de lo que digo dejo abajo dos capturas de pantalla de los textos que he transcrito antes (el borrado pero que se encuentra en la caché de Google y la segunda versión).


*http://juantorreslopez.com/

Las mujeres, calladitas

OPINIÓN de Juan Torres López.- No solo en la patronal española de empresarios cuecen habas machistas. Hace unos días, el director general de Microsoft, Satya Nadell, afirmó en un coloquio que las mujeres no deben pedir aumentos de sueldo sino “saber y tener fe en que el sistema los dará con el tiempo”. Las que no los reclaman, dijo Nadell, tienen “superpoderes adicionales” porque actuar así les “proporciona buen karma”.

Aunque trató de rectificar enseguida diciendo que se refería a su experiencia personal ya fue imposible disimular que detrás de sus palabras está una de las razones que explican que las mujeres cobren menos que los hombres (20% en España) cuando realizan el mismo trabajo: negocian sus condiciones laborales menos y peor que sus colegas masculinos.

Así lo demostraron las investigadoras Linda Babcock y Sara Laschever en su libro Las mujeres no se atreven a pedir en el que indican que los hombres piden aumentos de sueldo en sus empresas cuatro veces más que ellas y que esa mayor renuncia de las mujeres desde su primer empleo les cuesta en Estados Unidos medio millón de dólares por término medio a lo largo de su carrera profesional.

Es lógico que ocurra así porque mientras que los hombres nos habituamos desde el principio a actuar en la esfera pública en donde prima la competencia, la imposición y la fuerza, a las mujeres se les enseña a ser más cuidadosas y condescendientes, a renunciar al interés propio en beneficio de los demás o a conseguir que los conflictos se diluyan en lugar de hacerlos estallar violentamente. Son habilidades, humanamente hablando, mucho más virtuosas y valiosas pero que cuando se desarrollan en un medio ambiente masculinizado resultan muy perjudiciales. Lo que explica que tantas mujeres tengan que decidir entre comportarse de esa forma asumiendo las desventajas consiguientes o hacerlo del mismo modo en que lo hacen los hombres.

Los hechos demuestran que no lleva razón Nadell. Las mujeres, o los hombres, que no reclaman aumentos salariales no los consiguen con el tiempo sino que se quedan sin ellos, como demuestra el sueldo más bajo de las mujeres, que los piden en menor medida, o el techo de cristal que solo se rompe a base de conquistar día a día mejores condiciones de trabajo.

La cuestión tiene mucha trascendencia en la España de nuestros días. Nos advierte del gran incremento de la desigualdad que producirá el desmantelamiento de la negociación colectiva y que es imposible acabar con la discriminación si, además de proteger la negociación, no se actúa sobre la cultura y los valores que desde pequeños nos diferencian artificialmente a mujeres y hombres. Ni las empresas ni la sociedad sobreviven cuando lo que piden a las mujeres es que se resignen y callen.

Un dios destructivo

OPINIÓN de Juan Torres López.- Aunque no soy experto en cuestiones ambientales los datos que llegan por todas partes creo que nos dan una idea muy clara del peligro que se cierne sobre nuestro planeta.

Los últimos que he leído al respecto son los que proporciona el Atlas de la mortalidad y las pérdidas económicas provocadas por fenómenos meteorológicos, climáticos e hidrológicos extremos, 1970-2012, publicado por la Organización Metereológica Mundial.

En él se muestra que en todo el mundo se han producido por esas causas un total de 8.835 desastres que han provocado 1,94 millones de muertos y pérdidas económicas por valor de 2,4 billones de dólares. Unos desastres que a veces han sido tan terribles que uno solo, como el ciclón que asoló Bangladesh en 1970 o la sequía de Etiopía de 1983, ha llegado a provocar 300.000 muertos.

Pero lo que sin duda resulta más dramático de lo que refleja el Atlas es la progresión tan impresionante que se está produciendo en el número total de desastres.

Lo que sin duda resulta más dramático es la progresión tan impresionante de desastres

Según se indica allí, entre 1971 y 1980 se produjeron 743; 1.534 de 1981 a 1990; 2.386 de 1991 a 2000; y 3.496 de 2001 a 2010, es decir, 4,7 veces más en los últimos diez años que en la década de los años setenta del siglo pasado. Y es muy significativo también que los desastres hayan aumentado en todas las regiones del planeta. En Europa, por ejemplo, de 1971 a 1980 solo se registraron 60 desastres naturales que provocaron 1.645 muertes, mientras que de 2001 a 2010 ha habido 577 con 84 veces más víctimas mortales, 138.153.

Es verdad que el Atlas muestra también que en otras regiones y en general se reduce bastante el número de muertes provocadas por estas calamidades, pero el incremento registrado en su total me parece que indica claramente que nuestro planeta está cada día más dañado, quizá ya herido de muerte, como indican otros muchos informes.

Y casi nunca se tiene en cuenta que, aunque denominamos naturales a todos esos desastres, en gran parte son el resultado de nuestro modo de vivir, de producir y de utilizar los recursos. Nos hemos acostumbrado a medir el éxito de las economías y la eficacia productiva mediante el PIB, sin contabilizar el gasto o la destrucción que hacemos de los recursos naturales y no nos importa el deterioro ambiental porque seguimos creyendo que todo puede crecer infinitamente. El capitalismo ha hecho de ese crecimiento un dios al que Roger Garaudy calificaba hace años de cruel pues exige, decía, sacrificar seres humanos. Con datos como los de este Atlas sabemos que también sacrifica y destruye a la naturaleza, a un planeta que no es nuestro.

Juan Torres López
Catedrático de Economía por la Universidad de Sevilla

República… y algo más

OPINIÓN de Juan Torres López.- Ahora que veo a mucha gente en las calles reclamando la república se me ocurre pensar si lo importante es la forma de gobierno y no el espíritu y la emoción con que se gobierna.

De hecho, a nuestro alrededor hay repúblicas odiosas en las que no se respetan los derechos humanos y en donde las personas viven esclavizadas mientras que hay monarquías en donde se está más cerca de la libertad, de la igualdad y la fraternidad.

¿Qué república, por ejemplo, podríamos tener de la mano de esos republicanos que ayer sacaban a la calle guillotinas cuando la reivindicaban?

Quienes ahora reclamamos la república no deberíamos olvidar que no toda república es capaz de traer consigo el “orden político de la dignidad”, en expresión también de esos dos filósofos, que es el que hace que “los individuos sean iguales, libres y fraternos. Es decir, ciudadanos independientes civilmente, que no tengan que pedir permiso a nadie para existir con dignidad”.

Para ello no son precisamente guillotinas lo que se hace más necesario sino empatía y comprensión y un gran esfuerzo para que la ciudadanía en su conjunto y no solo una minoría asuma como una cuestión vital que la justicia, la paz y el respeto a la vida, a las personas y a la naturaleza, son la base de la convivencia entre los seres humanos.

Yo abogo también porque haya un referendum y el pueblo pueda elegir entre monarquía y república. Pero no soy tan ingenuo como para pensar que con la república basta si no cambiamos nosotros y si no cambia el modo en que contemplamos a cualquier “otro” y nos relacionamos con él, es decir si no nos hacemos antes republicanos incluso estando en una monarquía. O si no desaparece el “pecado estructural”, del que también hablan Carlo Fernández y Luis Alegre, en el que estamos inmersos.

*http://juantorreslopez.com/impertinencias/republica-y-algo-mas/

Hacienda NO somos todos

OPINIÓN de Juan Torres López.- Hoy se ha presentado el informe de Oxfam Intermón sobre fiscalizad en España titulado TANTO TIENES, ¿TANTO PAGAS? Fiscalidad justa para una sociedad más equitativa que puede leerse en la página http://www.desigualdad.org.

Es muy importante leer este informe, aprendérselo y difundirlo, pasarlo a amigos, vecinos y conocidos y, sobre todo, a las personas que seguramente no son conscientes de que son ellas con su voto las que dan lugar a que se produzcan injusticias tan vergonzosas como las siguientes que muestra el informe:

- Las empresas pasaron de aportar al Estado 44.823 millones de euros, correspondientes al 22,3% de los ingresos fiscales en 2007, a contribuir con sólo 16.198 millones de euros (el 10,2% de los ingresos fiscales totales) en 2010.

- Las rentas del capital tributan al 21, 25 ó 27% (según si son inferiores a 6.000 euros, a 24.000 euros, o superiores), mientras que las rentas del trabajo tributan hasta un máximo alrededor del 52% (varía por Comunidades Autónomas). Esto permite al empresario que genere todos sus ingresos mediante rentas de capital (en vez de con un salario) tributar menos.

- Si las rentas del ahorro y del capital son suficientemente jugosas (se necesita una inversión mínima de 2,4 millones de euros) sus dueños las colocan en SICAV (sociedades de inversión de capital variable), de manera que en vez de tributar al 27% como renta de capital o al 30% como beneficio de una empresa, lo hacen al 1% por sus beneficios. Mediante las SICAV se difiere indefinidamente la tributación en el IRPF, hasta que se reparten dividendos, lo que por regla general no se produce. En este momento hay de 3.087 SICAV, con un patrimonio bajo gestión de más de 27.000 millones de euros.

- En 2011, las grandes empresas generaron en 2011 el 60% de los beneficios totales del sector empresarial en España pero sólo aportaron el 24% de la recaudación total por el Impuesto sobre Sociedades.

- En 2011, los grupos consolidados de grandes empresas pagaron de media un 3,5% sobre su resultado contable en vez de un 30%, y cerca del 17% los grupos no consolidados y las PYMES (en vez de un 25%).

- En 2011, a las diez mayores empresas del Ibex35 les hubiera correspondido pagar 10.211 millones de euros por el Impuesto de Sociedades (el 30% de los 34.036 millones de euros de beneficios antes de impuestos que obtuvieron); sin embargo, sólo pagaron 5.796 millones (casi el 18% de tipo efectivo sobre la base imponible). El resto, 4.415 millones de euros (más que todo el presupuesto para salud de la Administración Central en 2014), se quedó por el camino gracias al gran número de deducciones fiscales y estrategias contables.

- Las familias aportan alrededor del 90% de la recaudación y las empresas el 10% restante. Las grandes empresas, menos del 2%. Las familias aportaron 46 veces más que las grandes empresas a la recaudación de 2011.

- En 2012, el esfuerzo fiscal de una persona soltera y sin hijos con unos ingresos medios de 41.300 euros anuales se sitúa cerca del 28%; en cambio, ninguna empresa soporta una carga del Impuesto sobre Sociedades por encima del 17% en la práctica. Y una persona con dos hijos a su cargo e ingresos medios de poco más de 16.500 euros presenta un esfuerzo fiscal que ronda el 15,6% de su renta, carga cercana a la de las multinacionales que facturan más de 1.000 millones.

- La evasión fiscal de impuestos en España se ronda los 59.500 millones de euros por culpa de la falta de voluntad política en la lucha contra la economía sumergida y el fraude fiscal. El 72% de los impuestos no pagados corresponden a grandes fortunas y empresas (casi 43.000 millones de euros), y el 28% restante (cerca de 16.500 millones) corresponde al fraude de PYMES, autónomos y particulares. 33 de las 35 empresas del Ibex35 tienen filiales directas en paraísos fiscales (en total suman 561).

- El Gobierno aprobó en abril de 2012 una amnistía fiscal, con la que pretendía recaudar 2.500 millones de euros y con la que el dinero negro tributaría tan sólo al 10% en la parte de los ejercicios no prescritos tras perdonarles los impuestos y las multas por fraude. En realidad, afloraron unos 40.000 millones de euros pero se recaudaron algo menos de 1.200 millones de euros. Es decir, los defraudadores que afloraron esos capitales pagaron alrededor de un 3% solamente, sin sanciones ni intereses de ninguna clase.

A continuación, el video de la campaña de Oxfam.


* juantorreslopez.com

La violencia en las manifestaciones y en las Marchas de la Dignidad

OPINIÓN de Juan Torres López.- Cualquiera que se haya informado bien de lo ocurrido en los momentos finales de la Marcha de la Dignidad que llegó a Madrid el sábado pasado ha podido comprobar que hubo lamentables momentos de violencia que desgraciadamente han provocado que varias personas (manifestantes y policías) hayan resultado heridas, algunas de consideración.

Al respecto creo que lo primero que hay que manifestar es que resulta lamentable que haya ocurrido eso y que es deseable que todas esas personas se recuperen bien y cuanto antes. Ya he dicho en muchas ocasiones en esta web que me parece que la paz debe ser el lenguaje y la práctica continua de los seres humanos, no la excepcional. La violencia, venga de donde venga, la genere quien la genere y sea cuál sea su causa, es un fracaso de la humanidad. La paz, por el contrario y por muy imperfecta que sea, es el camino y no un instrumento que utilicemos de vez en cuando, solo cuando no tenemos problemas con los demás o cuando son irrelevantes o de pequeña factura.

Por tanto, creo que debemos condenar sin ningún reparo la violencia que se ejerció al final de la Marcha.

Dicho eso, creo que también hay que ser coherentes y afrontar los hechos con objetividad pues las cosas no siempre ocurren como nos dicen que han ocurrido.

Lo primero que hay que señalar es que todas las organizaciones y personas que convocaron la Marcha hicieron siempre una llamada permanente a la acción pacífica. Nunca llamaron a la violencia sino que advirtieron para que nadie cayese en provocaciones.

Es cierto, sin embargo, que en la órbita ideológica de las izquierdas más radicales hay personas o grupos que no tienen otro modo de expresar sus reivindicaciones que no sea por medio de la violencia. Negar eso es una hipocresía. Incluso en esta web hemos comprobado a veces la violencia verbal con que muchas de estas personas se expresan, algo que no puede llevar sino a más violencia y más peligrosa cuando ese tipo de personas se encuentran en situaciones de tensión.

También es bien sabido que en ese tipo de manifestaciones hay grupos provocadores de extrema derecha que se infiltran justamente para generar el efecto contrario al que buscan los promotores pacíficos de las movilizaciones. De ahí que en muchas ocasiones se produzca una desgraciada combinación de extremismo de derechas e izquierdas que a mi juicio tiene más que ver con la barbarie y la marginación que con otra cosa y, desde luego, muy poco o nada con la actividad política.

Finalmente, no podemos olvidar que desde hace años (y mucho más justo cuando ha habido mayor número de manifestaciones con motivo de la crisis y de los recortes tan injustos que se vienen haciendo) es la propia policía la que infiltra a sus agentes como si fueran manifestantes normales y corrientes para provocar los incidentes que justifican la intervención policial. Las pruebas de ello son abundantes e indiscutibles, pues hay multitud de fotos y videos que muestran que efectivamente los provocadores más violentos son muchas veces policías que hacen todo lo posible para que una manifestación pacífica se convierta en violenta y así puedan quedar justificadas las cargas policiales. Negarlo también es una hipocresía lamentable.

Estos últimos días han circulado por la red fotos de encapuchados que ayudan a la policía uniformada a poner esposas a detenidos o de otros mostrando sus pulseras distintivas cuando van a ser golpeados por la policía, precisamente porque los habían detectado siendo especialmente violentos.

Y, por último, creo que tampoco es una simple casualidad que las cargas policiales y los hechos más violentos se produzcan siempre unos minutos antes de las noticias televisivas de la noche, lo que permite que los telediarios abran con escenas siempre impactantes y que crean un inevitable rechazo hacia las manifestaciones y hacia quienes las convocan.

Comprendo que la policía debe hacer su trabajo y que su misión es procurar que no se den disturbios innecesarios pero lo que está ocurriendo es que los mandos al servicio de un gobierno a su vez cómplice y servidor de los grandes grupos financieros y de poder utilizan a los policías para hacer un servicio de represión vergonzosa. No para prevenir, sino para crear altercados, a veces, como ha ocurrido en esta última ocasión, incluso poniendo en peligro la integridad física de los propios policías.

Hay videos que ponen de manifiesto que la policía irrumpió en el acto final del sábado pasado antes de que hubiera concluido y cuando se trataba de un acción perfectamente legal y pacífica, lo que es natural que provocase indignación y rechazo.

No voy a justificar ningún acto de violencia. No me voy a rendir. Quiero que la paz sea siempre mi única expresión, mi único modo de entenderme con los demás seres humanos. Pero no voy a caer en el error de dejarme llevar por la sinvergonzonería de unos dirigentes políticos que usan a otros seres humanos para evitar que la gran mayoría de la sociedad disfrute de derechos elementales que les están quitando en beneficio de unos pocos.

Lamento sin ningún tipo de reserva la violencia y condeno los altercados y la lesiones y el daño que se han producido, tanto a manifestantes como a policías, y a ambos en la misma medida. Pero condeno sobre todo a quienes han provocado todo ello y ahora quieren hacer pasar por violentos a cientos de miles de personas pacíficas que reclaman con dignidad justicia y las libertades que nos están quitando.

* juantorreslopez.com

Marchas por la dignidad

OPINIÓN de Juan Torres López.- Hoy sábado habrán llegado a Madrid miles de personas procedentes de todos los puntos de España. Marchan allí para mostrar su indignación y su dignidad y, sobre todo, para demostrar que no están dispuestas a aceptar sin más el continuo e injusto empobrecimiento de los más para que le rebose la riqueza a los menos.

Circunstancias familiares que no vienen al caso me han impedido estar estos días en Madrid, como me hubiera gustado, pero me siento uno más de los que han apoyado esas marchas y espero que se sumen muchas más personas. Nos quieren imponer la barbarie y cualquier persona decente debería hacer lo que estuviera en su mano para evitarlo.

Sin embargo, al mismo tiempo que apoyo a estas marchas en la medida en que me es posible me gustaría señalar que será muy difícil que den un resultado eficaz y positivo si no van acompañadas de una respuesta política unitaria y muy amplia. Y más concretamente, de alternativas electorales de unidad ciudadana que también conquisten las instituciones además de las calles y del tipo que ya comenté hace unos meses en mi artículo Unidad ciudadana.

*http://juantorreslopez.com

Para 2014, Paz y ligereza de equipaje


OPINIÓN de Juan Torres López.- Este año me gustaría desear felicidad y paz a todas la lectoras y lectores de esta página con unas palabras de Paco Muñoz, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Granada y sobre todo viejo amigo, compinche y compañero desde nuestros estudios en el Instituto Padre Manjón de Granada, y con el verso de Antonio Machado, Retrato, al que hacen referencia. Las saco de su bitácora Náufragos y navegantes de paz y conflictos, cuyo título creo que define perfectamente nuestra naturaleza y el contexto en el que nos desenvolvemos día a día los seres humanos.

“La ligereza de equipaje siempre es un buen consejo, para las pasiones, las posesiones y los kilos. Esta ligereza ascética es -tiene que serlo- compatible con el verdadero hedonismo. Ambos tienen que ir de la mano.

Este mensaje renovado viene de un poema (Retrato, 1902) cargado de humanismo de Antonio Machado, después cantando por Serrat (y posteriormente rememorado por Nino Bravo en Un beso y una flor, Sabina en Peces de ciudad, etc.).

Tener una mochila ligera es una manera inteligente de ir por el mundo. Saber ser ascético en estos momentos (consumismo y/o crisis) es una muestra de calidad humana con pretensiones de programa social.

En cualquier caso para gestionar el naufragio del que participamos de una u otra forma (por no controlar todas las circunstancias, la complejidad, de nuestras vidas -de ahí el nombre de esta bitacora-), mejor ligero de equipaje.”

Con esas palabras de mi amigo y con el poema de Machado os deseo lo mejor y que se cumplan todos vuestros deseos en 2014.

RETRATO

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.


*juantorreslopez.com

La banca contra España


OPINIÓN de Juan Torres López.-  Lo que ocurre en España no es otra cosa que el desarrollo de una nueva estafa por parte de la banca, otro colosal engaño al que los partidos políticos mayoritarios no le hacen frente porque son esclavos materiales de los bancos y de las grandes empresas que los financian.

La primera mentira se refiere a la cuantía de las ayudas que los españoles hemos dado y seguimos dando a la banca. No es verdad que hayan sido de unos 60.000 millones de euros.

Si se suman la ayudas a la capitalización (unos 60.000 millones de euros), los avales (110.000 millones), los esquemas de protección de activos (28.000), la adquisición de activos (72.000) y otras ayudas de liquidez (unos 5.000 millones) la ayuda total sería de unos 275.000 millones de euros.

Es falso que la situación de la banca española esté saneada, lo cierto es que está quebrada prácticamente en su totalidad.

Los grandes banqueros impusieron a los gobiernos de Zapatero y Rajoy una estrategia inteligente para resolver su situación: dejar al descubierto la insolvencia de las cajas mientras se seguía ayudando a los bancos privados. Con la excusa de la politización y mala gestión de las cajas ha sido fácil acabar con ellas para que los bancos privados terminen quedándose con el mercado que dejarían libres como forma de salir del hoyo en el que se encuentran.

Pero ni con las ayudas millonarias que han recibido, se puede seguir ocultando la situación real de la banca española si no es a base de las mentiras que el señor Botín y sus acólitos se empeñan en difundir.

La realidad de la banca española es que su patrimonio neto disminuye y que su deuda es gigantesca a pesar de las ayudas que ha recibido y de que se le está permitiendo que tome aire sin cesar dándole liquidez prácticamente gratis y sin límite desde el Banco Central Europeo para que haga el negocio del siglo comprando a buen precio deuda pública.

Esta realidad escandalosa se oculta y disimula con la complicidad y ayuda de las autoridades que permiten que se realicen todo tipo de trampas y manipulaciones contables. Empezaron nada más estallar la crisis cuando se permitió a los bancos que valorasen sus activos a precios de adquisición y no de mercado y han seguido con triquiñuelas para ocultar las pérdidas reales y hacer que se generen beneficios donde nos los hay. Bien por la vía de no contabilizar el riesgo de la deuda pública, bien haciendo pasar como capital unos 50.000 millones de euros de los llamados activos fiscales, una especie de “deuda” con Hacienda que se supone que puede recuperarse con los beneficios que se obtengan en el futuro y que además permite que los bancos se ahorren millones de euros en impuestos o que incluso apenas los paguen.

Mientras que los beneficios de los grandes bancos ha aumentado un 80% en el primer semestre de este año, gracias a todas las ayudas anteriores, el crédito que han concedido ha disminuido en 44.800 millones de euros, y a pesar de que los depósitos han aumentado en un 9% en ese periodo.

Es un robo y una traición: la banca ha implantado una auténtica creditocracia que mantiene cautivos a los grandes partidos, a los medios de comunicación y a los grandes focos que generan opinión pública. Así consiguen los banqueros mentir sobre la situación patrimonial de sus bancos y obligar a que se le sigan dando ayudas multimillonarias que no usan para dar financiación a las empresas y familias sino para aumentar beneficios a pesar de que están quebrados.

O se salva a la banca quebrada que va a hundir cada día más a la economía española y a todos los españoles o se acaba con ella y se salva a las empresas y a las personas. Es preciso crear una banca de servicio público, obligada a financiar correctamente a empresas y consumidores, ajena a la inversión especulativa y bajo un férreo control técnico y social que impida lo que ha ocurrido en España con los bancos privados o con las cajas de ahorros que emularon su forma de actuar al ponerse al servicio de intereses particulares o de los partidos.

Ahora es fácil llorar


23.10.13. OPINIÓN de Juan Torres López.-  ¿Dónde estaba nuestra indignación y dónde el dolor que ahora dicen sentir las autoridades cuando en mayo de 2008 se aprobó en Italia el llamado “Paquete de Seguridad”, que tipificaba como delito la inmigración clandestina y que castigaba con pena de cárcel a quien ayudara a extranjeros en situación irregular? ¿Dónde estaba la preocupación por los inmigrantes que ahora dicen tener los gobiernos y autoridades europeos que no hicieron nada para evitar que se aplicase esa ley?

¿Dónde estaba nuestro dolor cuando el gobierno español dejó sin asistencia sanitaria a casi 900.000 inmigrantes?

¿Dónde está nuestro rechazo cuando el gobierno francés expulsa a gitanos o rumanos porque “esas poblaciones tienen modos de vida que son extremadamente diferentes de los nuestros”?

¿Dónde está nuestra dignidad cuando la Unión Europea aplica medidas que empobrecen a los pueblos de donde tienen que huir miles de personas desesperadas? ¿No deberíamos haber reaccionado antes, cada vez que Europa recorta un derecho a los desheredados?

¿No debería haber surgido la indignación, al verlos venir pobres de naciones que son ricas, en donde abundan quizá más que en cualquier otro lugar los recursos naturales de todo tipo, pero que han sido empobrecidas antes por la voracidad de las metrópolis, ahora de las grandes compañías multinacionales y siempre con la complicidad de las oligarquías locales a las que apoyan nuestros gobiernos que se dicen demócratas?

¿No debería habernos dolido el saqueo constante que hemos hecho de sus riquezas, la destrucción de su vida y costumbres de siglos, el desmantelamiento de sus instituciones para provocar su división y evitar así que pudieran responder ante nuestras constantes agresiones?

¿No debería habernos indignado que los gobiernos ricos disminuyan la ayuda al desarrollo y que la mayor parte de ella se vincule a beneficios comerciales o militares, dejando en la estacada a millones de personas? ¿No nos debería haber dolido que sean nuestra falta de solidaridad y nuestras políticas egoístas las que condenan a la miseria a quienes desesperados naufragan más tarde en nuestras costas?

La vergüenza de Lampedusa es la consecuencia de un proceso de empobrecimiento y destrucción, sí, pero también de pérdida de la conciencia y la dignidad. Nuestra especie parece que tiende a quedarse desprovista de humanidad, por lo que no nos han indignado ni nos indignan, ni nos hacen sufrir, ni nos avergüenzan, ni nos hacen sentir culpables todas esas políticas y decisiones que unas veces matan directamente y otras, como ahora en Lampedusa o en tantos casos que ni siquiera conocemos, poco a poco o algo más tarde.

Es metiéndonos en el cascarón de nuestra individualidad como nos deshumanizan para que no sintamos rabia ante la injusticia que cae sobre el otro; para que seamos seres ensimismados que no reaccionemos cuando se le quita todo al que está a nuestro lado; para que no nos duela el dolor de los demás; para que no sintamos lo mismo que sienten los que son lo mismo que nosotros, pero a los que no sentimos como tales; para que no nos unamos unos con otros y nos dejemos dócilmente empobrecer, humillar o incluso matar.

Las políticas que se vienen aplicando en los últimos decenios han conseguido concentrar la riqueza en menos manos que nunca, aunque destruyendo riqueza a raudales para dar privilegio a las mega corporaciones en perjuicio de pequeños y medianos productores de todo el planeta, y eliminando derechos e instituciones. Pero, sobre todo, han logrado otro propósito quizá mucho más importante y al que no se le está prestando la atención debida para poder darle respuesta. Lo expresó con toda claridad una de sus primeras inspiradoras, Margaret Thatcher, cuando decía que el objetivo era “cambiar el alma” para que en el mundo haya lo que ella creía que debía haber: no sociedad sino individuos.

Se hace política sin calor humano, se ofrecen programas electorales pero no formas y soluciones efectivas de vida que puedan empezar ya a ponerse en marcha, se dicen muchas palabras y se multiplican las banderas y los llamamientos pero no se crean espacios en donde reconquistar la humanidad que hemos ido perdiendo y la presencia de los demás para empezar a identificarnos unos con otros y anticipar y crear entre todos una nueva sociedad. Política de ruido que nada cambia porque de ella no brota lo auténticamente humano que hay dentro de nosotros, los sentimientos de rechazo a la injusticia, la rebeldía, el amor y el afecto, la solidaridad… que son los únicos de donde pueden nacer la conciencia y la movilización que se necesita para acabar con vergüenzas como las de Lampedusa.


*Juan Torres López es Catedrático de Economía en la Universidad de Sevilla

Una votación fraudulenta en el parlamento griego para aprobar una exigencia de la troika

OPINIÓN de Juan Torres López.- 18.09.13. 

En la página Todos somos Grecia, he leído y visto la información sobre cómo se realiza una votación fraudulenta en el Parlamento griego para poder satisfacer las demandas de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. Una verdadera vergüenza que demuestra la situación real de la “democracia” en aquel país y por ende en Europa: completamente inexistente. Transcribo a continuación la información que proporciona dicha web.Increíbles imágenes de la comisión de Justicia del Parlamento griego del doce de Septiembre cuando se iban a votar los artículos del nuevo código de la abogacía. Sus señorías estaban en los pasillos o no se habían presentado y con solo tres presentes , el presidente K. Virvidakis inicia la votación haciendo caso omiso de las objecciones de la diputada de Syriza Konstantopoulou de que no había el número de diputados necesarios para efectuarla.

El Sr. Virvidakis no obstante decide que a pesar de este “detalle” se inicie y uno a uno va enumerando los artículos y sin efectuar votación va diciendo “aprobado por el voto de la mayoría”, ante las protestas de la diputada que en varias ocasiones va diciendo NO, OXI (óchi)

A la votación solo asistieron un diputado de Nueva Democracia, otra del PASOK y la diputada de SYRIZA y para ser válida la votación se requiere la mayoría absoluta de los presentes, que no podrá ser inferior a las dos quintas partes del total de miembros del comité que tiene 31 miembros , así que mínimo deberían ser trece votantes, nunca tres.

La diputada se quejó en varias ocasiones por el micrófono sobre el falso positivo y solicitado en reiteradas ocasiones: “¿Quién dice que sí?” retando a los otros diputados … pero ni la diputada del PASOK o el de ND afirmaron ..se quedaron callados.

“Aprobado por el voto de la mayoría “(“enkríthike katá pleiopsifía”) ..el nuevo presidente robótico griego.


El Sr. Kefalogiannis del partido conservador y la señora Theodora Tzakri del PASOK permanecieron en silencio durante todo el proceso de votación y ni tan siquiera se atrevieron a decir SI ni a un sólo artículo del proyecto de ley , ni asumieron esa responsabilidad. Sin embargo, el Presidente de la Comisión, el Sr. Virvidakis, insistió en que “el artículo fue aceptado por la mayoría.”

A pesar de que la votación contó con testigos, además de los secretarios parlamentarios y fue grabada por el circuito interno del Parlamento , el acta de la reunión fue manipulada de una manera que parece que supuestamente “muchos miembros” “aceptaron” cada artículo por separado, según ha informado la diputada de Syriza. En el acta también aparecen eliminadas las quejas sobre la legitimidad del proceso.

Como todo está grabado Syriza ha dicho que reclamará, aunque también deberían responder ellos de porqué no estaban todos sus diputados pertenecientes a la comisión .

¿ Porqué estas prisas ?

El nuevo Código de la abogacía era unos de los requisitos que había puesto la troika y necesitaban agilizar la aprobación . Aunque desde el gobierno griego habían afirmado que esta reforma era iniciativa suya y no de la Troika , como revela la revista Unfollow , el gobierno ha sido instado por mail ha aprobar dicha reforma para recibir el siguiente tramo de “ayuda ” , algo que ha sido negado ( como siempre) por el ministro de justicia, pero que la filtración de este correo ha dejado al descubierto una vez más que Grecia parece ser un país gobernado por e-mail (1) . La Troika está exigiendo que Grecia liberalice más las profesiones independientes.

El mail ” Código de abogados: Comentarios de la UE / FMI / BCE “, fechado el 29 de Agosto desarrolla los “comentarios ” ha incluir en el nuevo código, finalizando de esta manera : ”En conclusión, nos gustaría recordarle que esta es una obligación con fecha límite de finales de julio y ya se ha retrasado. Además, es un punto de referencia para el desembolso del próximo tramo en octubre que ya debería estar finalizado y adoptado por el Parlamento a finales de septiembre. ….Muchas gracias por la excelente cooperación.” mail

Esto es un signo más de la”democaracia parlamentaria en Grecia” donde las exigencias de la troika hacen que el partido del gobierno llegue tan lejos como para introducir procedimientos parlamentarios fraudulentos, incluso en el momento de las votaciones, o la falsificación de actas . Pero también de la desidia de sus señorías , pues no es la primera vez que se han visto mermado el parlamento este verano en votaciones de importancia trascendental.(2)

Aunque en realidad de que vale un parlamento cuando el gobierno se arroga la capacidad de gobernar y decidir sobre todo por decreto ley , no vaya a ser que con su exiguos 5 diputados de mayoría absoluta alguno mas se le ocurra desertar.

El presidente robótico, como se han encargado de resaltar las redes sociales podría haber “aprobado por mayoría” cualquier cosa ” , ¿Lapidación ?, aprobado por mayoría … ¿Junta militar ? aprobado por mayoría … y varias groserías mas , aprobadas por mayoría …

El 17 y 18 de septiembre irán a la huelga los abogados de todo el país

(1) Hace poco la troika pidió por mail el cierre fulminante de las empresas estatales de defensa y la de Niquel, una de las mas grandes del mundo. Y no ha sido la única vez.

(2) El Parlamento griego , o lo que quedaba de él , en este mes de Agosto, aprobó una nueva legislación por la que los ministros del gobierno podrían hacer cambios fundamentales en la organización del sector público, sin la aprobación previa del Parlamento.Mas poderes para el gobierno para evitar al parlamento ..pero.. se presentó a votar la cuarta parte. Si Syriza se hubiera presentado con sus diputados esta ley no hubiera salido adelante , aunque si hubieran anunciado su presencia también probablemente lo hubieran hecho los otros … Pero se supone que los parlamentarios se deben presentar y más cuando consideran una nueva ley de extrema gravedad y tampoco deberían anunciar que van a ir a votar puesto que se les supone esta obligación. Parece ser que los señores diputados consideran ya al parlamento un circo donde se realiza un espectáculo y donde las decisiones se toman a otro nivel. VER: Grecia. Mas poderes para el gobierno y evitar al parlamento, un blindaje ante las nuevas medidas de la troika.

Imagen WonderJLaw Wall

PD: El Parlamento griego tiene 300 escaños, un parlamento propio de un país de aproximadamente 30 millones de personas y no de 11 millones… La Troika no ha pedido por mail que rebajen el número de señorías y todas sus infraestructuras totalmente sobre dimensionadas para un país de ese tamaño.


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ESPAÑA - Las mentiras de siempre del FMI

OPINIÓN de Juan Torres López.- 06.08.13. 

Un reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) que acaba de hacerse público vuelve a insistir en que la solución de los problemas económicos españoles es la bajada de los salarios. Concretamente, asegura que una reducción del 10%, unida a otras medidas de ajuste, tendrían como resultado una subida de cinco puntos en el PIB en cinco años y de 7 en el empleo, además de reducir también el déficit y de producir una caída de precios entre el 4% y el 5% tras dos años.

Sería magnífico si no fuera porque es mentira, incluso algo completamente imposible que se produzca y, por supuesto, totalmente indeseable.
Tal y como he expuesto con más detalle en artículos anteriores, algunas de las razones que demuestran que el FMI vuelve a mentir, manipulando groseramente las cifras y modelos, y a hacer propuestas sin el más mínimo sostén o aval científico son las siguientes.

- En España se ha producido ya una caída de los salarios que, según el prestigioso economista francés Jean Paul Fitoussi, “no se ha visto nunca en los tiempos modernos en un país desarrollado” (What Does A Social Europe Look Like Today? ). Por tanto, si fuese verdad lo que dice el FMI, se tendría que estar creando empleo desde hace años.

- Hay evidencias empíricas suficientes para afirmar que en Europa ocurre justo lo contrario de lo que propone el FMI. James Galbraith y Deepshikha Chowdhury, por ejemplo, ha demostrado que de los datos sobre salarios y empleo en Europa entre 1980 y 2005 no se puede deducir que deban disminuir los salarios para que aumente el empleo: cuando han aumentado los salarios ha subido el empleo y cuando se han reducido ha bajado. ( The European Wage Structure, 1980- 2005: How much flexibility. El FMI debe saberlo y demostrar qué ha cambiado ahora para que las cosas funcionen al revés de como lo han hecho hasta ahora.

- Otros estudios, como los de Jesus Felipe y Utsav Kuma (Unit Labor Costs in the Eurozone: The Competitiveness Debate Alain, Working Paper of Levy Institute, 2011) han demostrado que si los costes laborales unitarios han subido en los años o países con peores niveles de empleo, que es uno de los principales argumentos que utiliza el FMI para justificar recortes salariales, no es porque hayan subido los salarios sino los precios, como consecuencia del enorme poder del que disponen las grandes empresas y al que nunca le hacen frente. Por tanto, nada asegura que recortando ahora salarios en España vaya a aumentar el crecimiento y el empleo, sino que sería mucho más útil actuar contra esos grupos de poder que hacen que nuestra economía sea menos competitiva.

- También es falso que si bajaran los salarios en España nuestra economía tendría más cuota de mercado internacional y así generaría más crecimiento y empleo. Sylvain Broyer y Costa Brunner (L’évolution récente des parts de marché intra-UE n’a rien à voir avec la compétitivité coûts, Flash Economie, Natixis, N° 193, 2010) demostraron que la evolución de las cuotas de mercado intraeuropeas no tiene nada que ver con los costes de competitividad. Para que las cuotas de mercado de los diferentes países respondieran a sus distintos niveles de costes, esto es, para que se pudiera producir el efecto que se pretende alcanzar con medidas de ajuste salarial tendría que suceder que todos los países de la zona euro (donde van la mayoría de nuestras exportaciones) exportaran los mismos productos, esto es, que fuesen perfectamente sustituibles, que es justo lo contrario de lo que ocurre en Europa en donde la tendencia realmente observada es la de una progresiva especialización.

- Es también una evidencia que las políticas de recortes salarial que se han aplicado en los últimos años de crisis no solo no han creado crecimiento y empleo, corroborando lo anterior, sino que tampoco han reducido el déficit y la deuda, puesto que estos han aumentado. También en este aspecto tendría que demostrar el FMI qué ha cambiado para que a partir de ahora sucediera lo contrario.

- La idea de que para crear empleo lo que hay que hacer es reducir su coste es muy antigua. Es una tesis liberal de principios del siglo XX que la experiencia y la evidencia científica, como acabo de señalar con unos pocos ejemplos, han demostrado que es completamente falsa.

- Por el contrario, sabemos con certeza que es imposible generar actividad y empleo sin que haya demanda efectiva suficiente y es imposible que ésta se dé en el nivel adecuado si lo que se hace es bajar constantemente los salarios.

Por lo tanto, se puede decir con todo rigor y sin miedo a equivocarnos que la propuesta del FMI produciría en España todo lo contrario de lo que afirma que iba a producir. La experiencia de otros muchos países en donde se han aplicado estas medidas de recorte salarial a instancias del FMI y la española de estos últimos años es bien clara y lo corrobora.

- Otro argumento adicional contra las propuestas del FMI a tener en cuenta es que si se afirma que en cinco años aumentará el PIB en cinco puntos y el empleo en siete, se deduce que la productividad debe disminuir en dos en ese mismo periodo (es así porque el incremento de la producción solo puede venir de que haya más empleados produciendo o de que éstos sean más productivos. Por tanto, variación del PIB = variación del empleo + variación de la productividad). Está claro, pues, a qué tipo de economía quiere encaminarnos el FMI con las medidas que propone: proveedores de servicios baratos y de nulo valor añadido. Por eso reclama también que se reduzca el gasto en educación o en I+D+i. Para ser camareros o empleados en casinos o prostíbulos como los que planean ya en Madrid no hace falta formación, ni ciencia ni tecnología propia alguna. Y ni siquiera cabe pensar que vendrían capitales aquí para desarrollar la industria o los servicios de alto valor para aprovechar esos salarios más bajos, porque (si de verdad solo se busca salarios bajos) siempre habrá otros países en donde lo estén más aún.

Por último, debe saberse que no es ni mucho menos casualidad que el FMI vuelva a proponer estas medidas de recorte salarial sabiéndose a ciencia cierta que llevan a resultados completamente contrarios a la creación de actividad y empleo.

Recortando salarios se beneficia a los grandes grupos empresariales que no dependen de la demanda efectiva española, sino que operan también un otros muchos mercados internacionales. Mientras que con estas medidas se arruinará aún más y sin remedio no solo a los trabajadores sino también a los pequeños y medianos empresarios que viven de esa demanda, es decir, de la masa salarial.

El FMI es consciente de ello y de todo lo que hace. Sus economistas y directivos no pueden estar tan ciegos. Los seleccionan a propósito entre los más inteligentes así que saben perfectamente que ya en otras muchísimas ocasiones se han “equivocado” haciendo estas propuestas, como ellos mismos han tenido que reconocer más tarde. Nadie se puede equivocar tanto a favor siempre de los mismos casualmente.

Por tanto, no se puede aceptar que nos encontremos ante una propuesta accidental o de buena fe. Es una decisión consciente que se sabe que se toma a favor de alguien y a costa del sufrimiento de millones de personas. Debe ser considerada, pues, como lo que es, como una agresión, como un delito premeditado contra un pueblo. Por ello, no solo hay que desobedecer al FMI. Hay que denunciarlo, pedir responsabilidades a sus dirigentes y directivos y exigir que una legislación y tribunales internacionales las investiguen y condenen cuanto antes.



*juantorreslopez.com

ESPAÑA. Austeridad y control del conocimiento

OPINIÓN de Juan Torres López.-

Ya he explicado en otros artículos y en el libro Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero que escribí con Vicenç Navarro, que los recortes de gasto que llevan consigo las políticas de austeridad son un auténtico engaño. Se justifican diciendo que solo con ellos se puede recortar la deuda para que a continuación vuelva a generarse crecimiento y empleo, pero lo que demuestran los estudios empíricos es lo contrario. Al recortar el gasto en etapas de recesión (ya de por sí de gasto insuficiente) lo que sucede es que disminuye la actividad, el empleo y los ingresos y que, por tanto, finalmente aumenta aún más la deuda.

Además, cuando estas políticas de recortes se presentan como de ‘austeridad’ tienen también otro efecto no menos importante a la hora de garantizar el sometimiento de la población. Cuando lo que se reclama es la austeridad -algo con lo que nadie puede estar en desacuerdo- se está sugiriendo que es imprescindible una terapia frente a un despilfarro anterior. O, como suele decirse, para pagar el pecado de haber vivido “por encima de nuestras posibilidades”. Su imposición genera en la gente un sentimiento de culpa que atemoriza, confunde y paraliza.

Pero, con independencia de ello, los recortes de gasto público social también llevan consigo otras consecuencias muy peligrosas de los que se habla aún menos. Por ejemplo, un mayor control político del conocimiento.

Con la excusa de que hay que recortar gastos se ha reducido la financiación a la universidad pública y se están aprovechando los recortes para concederle un papel mucho más determinante aún en toda la actividad universitaria a la evaluación de la actividad investigadora del personal universitario, que en España se realiza desde hace años mediante los llamados sexenios (unos complementos salariales que nacieron para retribuir la productividad investigadora y que se han convertido en medida de su “calidad”) y los procedimientos de acreditación que llevan a cabo las agencias de evaluación nacional o autonómicas.

Yo soy totalmente partidario de que se evalúe la actividad docente e investigadora de los universitarios. Y de hecho, cuando fui vicerrector de ordenación académica y profesorado de la universidad de Málaga entre 1987 y 1990, puse en marcha uno de los primeros procedimientos de evaluación que se realizaron en España, tanto en los dos primeros ciclos como en el doctorado.

Pero lo que ahora se está produciendo es un verdadero control político del conocimiento cuando se empiezan a establecer las nuevas obligaciones docentes (horas de clase) o cuando se hace depender la participación en comisiones de selección, la dirección de tesis doctorales o la promoción a las diferentes categorías contractuales o del funcionariado, entre otras cosas, en función de los sexenios o de la acreditación conseguidos en procesos de evaluación que, sobre todo en algunas áreas del conocimiento, son claramente arbitrarios y muy sesgados ideológicamente.

En España, como en otros países, estos procesos se basan originalmente en criterios puramente cuantitativos que simplifican al extremo la valoración de la producción científica, reduciendo o eliminando por completo cualquier atisbo de debate o controversia sobre su calidad efectiva, mediante la aplicación de índices que solo pueden tener en cuenta (en el mejor de los casos) el número de publicaciones más o menos ponderado por rangos no menos discutibles referentes a las revistas donde aparecen, y el número de citas.

Los efectos de este tipo de evaluaciones son claros. Los investigadores, en lugar de tener como objetivo de su actividad científica el descubrir nuevos conocimientos, han de orientarla necesariamente a obtener el mayor número de publicaciones consideradas como valiosas por dichos indicadores. Así ha de ser, pues de ello va a depender su financiación, su promoción profesional, su capacidad de decisión y su incardinación en la academia o incluso las horas de clase que van a tener que impartir.

Ese incentivo perverso tiene multitud de efectos negativos. Así, se promueve la firma colectiva como práctica oportunista para lograr más y más rápidas aportaciones susceptibles de ser valoradas positivamente aunque en la mayoría de las ocasiones eso no responda ni a la realidad de la actividad realizada por cada investigador, ni a necesidades de división del trabajo científico que se realiza.

Además, la exigencia de multiplicar al máximo la publicaciones lleva a que resulte más rentable a los investigadores el dedicarse a ‘versionar’ sin descanso un trabajo, descubrimiento o planteamiento o modelo original a base de introducir muy pequeñas variaciones posteriores que se dirigen a diferentes revistas, sin que ninguna de ellas suponga alguna novedad importante o un incremento efectivo del conocimiento.

Un estudio realizado en Francia al respecto ha mostrado claramente que aunque el número de publicaciones en el área de economía se ha triplicado desde la mitad de los años 90 del siglo pasado no puede decirse que haya mejorado sustancialmente su calidad (Bosquet, C., Combes, P-Ph., y Linnemer, L., “La publicationd’articles de recherche en économie en France en 2008. Disparitésactuelles et évolutionsdepuis 1998″. Rapportpour la Directiongénérale de la recherche et de l’innovation, DGRI, 2010).

Cualquier investigador que se comporte con un mínimo de racionalidad en este régimen de evaluación debe consagrar mucho más tiempo y esfuerzo a multiplicar las publicaciones preparando diversas versiones y a estar presente allí donde se puede conseguir influencia o redes que faciliten la publicación, que a investigar. Y así resulta que estos métodos de evaluación, aparentemente encaminados a medir la productividad y la calidad académica, incentivan comportamientos que limitan ésta última y que se basan en un sentido claramente distorsionado de la primera. No reflejan la productividad como una mayor capacidad de aportar conocimiento efectivo sino como la de colocar menores dosis de él en mayor número de publicaciones. Se promueve la productividad “publicacional”, si vale el barbarismo, que no tiene mucho que ver en estas condiciones con la productividad científica.

La evaluación cuantitativa de los resultados del conocimiento tiene otro efecto no menos negativo. Para poder llevarla a cabo es por lo que se ha ido limitando a tomar en consideración los artículos publicados en revistas, que pueden ser jerarquizados y catalogados en función de dónde se publiquen, en detrimento del conocimiento publicado en libros o cualquier otro tipo de monografías, que hoy día no tienen prácticamente valor alguno, o muy escaso, a la hora de acreditarse o de ser evaluado para recibir sexenios.

Las consecuencias de esto último son variadas. Una es que los investigadores que quieran ser evaluados positivamente solo deben abordar temas que se puedan exponer en el espacio reducido y en la forma convencional que se suele establecer en las revistas. Tienen que renunciar así a exponer pasos intermedios, derivaciones de sus análisis, matices y, sobre todo, las dudas y preguntas y las cuestiones transversales y sintéticas que cada vez son más necesarias para poder conocer la realidad, pero que es casi imposible trasladar a los espacios muy especializados y por definición más cerrados, en todos los sentidos del término, de las revistas.

La generalización de la publicación en revistas ha estandarizado la expresión del conocimiento y el conocimiento mismo al establecer no solo el encuadre formal de los textos sino los contenidos, los enfoques, e incluso los postulados e hipótesis de partida “convenientes” en cada una de ellas, de modo que salirse de ese saber establecido conduce de modo prácticamente inevitable al ostracismo y a la imposibilidad de ser evaluado positivamente, pues es seguro que no se podrá publicar en las revistas que sirven de referencia como de mayor calidad e impacto.

Es por eso que el poder de evaluación efectivo recae en última instancia en los equipos que mantienen y evalúan las publicaciones en las revistas que encabezan los ranking de las más destacadas: las que están formadas por miembros de los departamentos y grupos de investigación más destacados, que son aquellos cuyos miembros publican en las revistas más destacadas. Así se crea un círculo vicioso de conformismo y de redes de autentico clientelismo en donde es muy difícil que penetre la luz de enfoques novedosos, alternativos o contrarios a lo que habitualmente se publica en esas revistas por los autores solo de aquello que sus evaluadores consideran que es publicable, y que lógicamente nunca podrá ser diferente de lo que sostienen o defienden. ¿Cómo tratar de publicar en una revista si el autor o autores no se ajustan a los criterios de publicación o enfoques normalizados que mantiene?

En definitiva, el predominio de este tipo de evaluación ahoga la disidencia, la duda, la innovación, la ruptura con el saber establecido…, es decir, justo los factores que sabemos perfectamente que han sido siempre los que han promovido realmente el conocimiento y los que han hecho que de verdad avance la ciencia.

Lógicamente, no puede ser muy ajeno a todo ello el hecho de que la gestión de los trabajos que se incluyen en el ‘Journal Citation Reports’ (JCR en la jerga de los investigadores) que sirve como base de referencia sacrosanta de la evaluación cuantitativa esté controlado por una sola y poderosa multinacional, Thompson Reuters, o que estos métodos de evaluación se hayan comenzado a aplicar con especial disciplina en ciencias sociales, y muy especialmente en economía, justo en los años en que se vienen imponiendo las políticas neoliberales. No es casualidad que éstas se justifiquen con el paradigma neoclásico que predomina en las publicaciones de las revistas mejor consideradas y lo cierto es que pueden aplicarse más cómodamente en la medida en que eludan más ampliamente la crítica social. Lo que puede conseguirse cuando el pensamiento económico y social en general se hiperespecializa y pierde el contacto con la realidad al desarrollar un tipo de conocimiento encerrado en sí mismo, abstracto y completamente ajeno a la complejidad e interconectividad que tienen los fenómenos económicos y sociales.

Ahora bien, si en casi todo el mundo viene ocurriendo todo esto, en España la situación es mucho más grave porque los procesos de evaluación son opacos y ni siquiera los criterios cuantitativos se aplican objetivamente sino a nuestra carpetovetónica manera clientelar y corrupta.

Aquí predomina una arbitrariedad constante que da lugar a decisiones contradictorias, a resoluciones caprichosas y sin fundamento alguno, que muchas veces no pueden disimular que se toman ad hoc o incluso ex post de haber decidido el resultado. En el caso particular de la economía, que mejor conozco, se han hecho fuertes grupos de poder de clara significación ideológica o al menos, por decirlo más sutilmente, de evidente connivencia paradigmática, que aplicando este tipo de criterios van consolidando una forma de investigar conservadora y uniformada que poco a poco va dejando fuera del juego académico a quienes optan por generar cualquier otro tipo de conocimiento o por difundirlo a través de otras publicaciones, cuyo impacto, por cierto, suele mucho mayor, la mayoría de las veces, que el de las revistas convencionales.

Al igual que pasa fuera de España, la producción bibliográfica mejor valorada en economía presenta, eso sí, una gran variedad de temáticas, pero una extraordinaria homogeneidad que se traduce en un gran irrealismo y abstracción, en una gran coincidencia en las perspectivas de análisis y en la asunción de conclusiones que terminan justificando un mismo tipo de políticas.

Es por eso que puede afirmarse que la imposición de este tipo sesgado de evaluación, en todos los campos del saber científico pero sobre todo en los que tienen más que ver con juicios de valor y con las diferentes preferencias sociales, como la economía, es un claro intento de control (político) del conocimiento que se acelera en estos momentos gracias a la oportunidad que proporcionan los recortes asociados a las políticas de austeridad.

Los resultados de son tan paradójicos y significativos como el que mencionaba recientemente el profesor de Sociología de la Universidad de Oviedo, Holm-DetlevKöhler: la investigadora Saskia Sassen que acaba de recibir el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, “una de las científicas más importantes de nuestra época, no ha conseguido ningún sexenio, ninguna acreditación, frente a los criterios de nuestras agencias de evaluación, que anteponen siempre el mismo criterio: tres publicaciones JCR (Journal Citation Reports) en los últimos cinco años. Sassen no tiene ni una, sino que ha publicado libros e informes, fruto de proyectos de investigación de verdad y referencias fundamentales para académicos comprometidos, ha publicado numerosos artículos en medios de gran difusión, etc., pero se ha resistido a la práctica de inflar su currículum con artículos estandarizados sin interés ni lectores, más allá de círculos de amigos de citación mutua”.

Crímenes económicos contra la humanidad

OPINIÓN de Juan Torres López.-

En la doctrina internacional hace tiempo que están tipificados los delitos contra la humanidad, o de lesa humanidad. Se entiende que son “diferentes tipos de actos inhumanos graves cuando que reúnen dos requisitos, su comisión como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque, que producen sufrimientos graves o daños físicos o mentales a las personas (Joana Abrisketa, Diccionario de Acción Humanitaria y Cooperación al Desarrollo).

Se considera que este tipo de ataques son criminales cuando se realizan por motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos o de género, o bien por otros que sean universalmente reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional.

Sin embargo, quedan fuera de esa consideración las conductas que tienen naturaleza económica a pesar de que no sería difícil apreciar que algunas de ellas pueden entrar claramente en el tipo de las que habitualmente son consideradas como crímenes contra la humanidad.

¿Cómo podría calificarse, por ejemplo, la hipotética conducta de un Gobierno que concede el servicio de agua a un monopolio que aprovecha su dominio del mercado para subir extraordinariamente los precios, provocando así la muerte de miles de personas por carencia de agua potable? ¿Cómo tipificar el hecho de que un fondo de inversión manipule los precios de una determinada materia prima alimentaria, con el único fin de lograr ganancias con ello, y provocara una hambruna que matara de hambre a cientos de miles de personas? ¿Cómo podría definirse una decisión gubernamental que privatizara servicios públicos sanitarios en un contexto de gran pérdida de poder adquisitivo y como consecuencia de ello empeorase la salud, o incluso perdieran la vida miles de personas? ¿Cómo tipificar una estafa bancaria generalizada, que provocara en cadena una crisis financiera que llevara consigo el desempleo y la ruina de millones de personas, el cierre de miles de empresas y la quiebra de sociedades y economías enteras, con los daños humanos subsiguientes?

Soy plenamente consciente de que estos casos, y otros muchos parecidos que se podrían poner sobre le mesa, son más difíciles de encajar en el concepto habitual de crímenes contra la humanidad que otros que se manifiestan en torturas, ataques militares, persecuciones, deportaciones, etc., porque determinar su naturaleza exacta y sus motivos o incluso la secuencia que provoca los daños es más complicado y menos explícito. Pero creo que esa dificultad no justifica que se deje de lado su estudio y que se avance hacia una tipificación internacional de los crímenes de lesa humanidad, que se pueden estar cometiendo por razones o mediante acciones de tipo económico.

Sin ánimo ninguno de entrar en la problemática jurídica que eso puede comportar, simplemente quisiera señalar que hay una serie de connotaciones asociadas a determinadas conductas o políticas de naturaleza económica que a mi modo de ver permiten que éstas puedan ser consideradas como verdaderos crímenes de lesa humanidad.

Las principales me parece que son las siguientes:

- Producen daños directos y también indirectos o colaterales.

Hoy día sabemos o podemos saber con toda certeza que hay políticas de ajuste, de austeridad, de privatizaciones, de reformas estructurales, o como queramos llamarlas, o estafas, engaños bancarios y decisiones empresariales, entre otras acciones o conductas, que producen sufrimientos innegables y efectos muy negativos, e incluso perfectamente cuantificables, en la vida, la salud física o mental, o el bienestar de las personas.

- Son daños a grandes masas de población.

Es decir, sufridos no por estar en una determinada situación personal sino como víctima de una estrategia de intervención amplia y a veces global sobre grandes grupos de personas o sobre actividades que le afectan directa o indirectamente. Es difícil asumir, por ejemplo, que quienes se suicidan cuando van a ser desahuciados lo hacen como consecuencia simplemente de un impulso o condición personal y no de un estado de cosas social, que es el resultado de las políticas que se llevan a cabo.

- Los daños que se producen se pueden conocer de antemano y a pesar de ello se llevan a cabo.

En la mayoría de las ocasiones incluso renunciando expresamente a realizar y mostrar a la sociedad la evaluación del impacto que van a tener -que se sabe que van a tener- las conductas o decisiones políticas que los provocan. Sabemos, como he dicho, que recortes en el gasto social de una determinada magnitud producen efectos que se pueden evaluar con bastante precisión en la mortalidad, en los suicidios, en la expansión de determinadas enfermedades, en la tasa de pobreza, etc.

- Los daños forman parte de un balance de efectos muy asimétrico.

Las medidas o conductas económicas que podrían ser susceptibles de ser consideradas crímenes contra la humanidad nunca producen solo un efecto (negativo) sobre una parte de la sociedad o la población, sino que al mismo tiempo proporcionan beneficio a otro, y de hecho es fácilmente deducible que es la persecución de este último lo que las provoca. Siempre dan como resultado una alteración en la distribución de la renta o la riqueza a favor de una parte, normalmente ya privilegiada, de la sociedad. Por tanto, no pueden considerarse como una especie de tratamiento neutro que accidental, indeseable o lamentablemente produzca daños a parte de la población.

- Las conductas y políticas económicas que producen este tipo de daños son el resultado de presupuestos ideológicos.

En contra de lo que se dice, no las avalan análisis científicos indubitados, que aseguren su inexorable conveniencia y prácticamente nunca hay contrastación empírica indiscutida o indiscutible que asegure su bondad o que justifique la necesidad de aplicarlas. Precisamente porque se busca el efecto anterior, se presentan con una retórica de aparente rigor pero cuyas consecuencias ni pueden ni quedan demostradas ‘ex ante’. Y de hecho, es fácilmente comprobable ‘ex post’ que casi siempre producen efectos muy contrarios a los que se presentan como justificantes de su adopción. Eso significa, por tanto, que se trata de conductas basadas o asociadas a una gran dosis de engaño consciente a la población. De hecho, es fácil comprobar que este tipo de medidas están asociadas a una evidente carencia de debate plural y transparente sobre su naturaleza, conveniencia y consecuencias y a una clara marginación de las instituciones más representativas de las preferencias sociales a la hora de tomar las decisiones que las ponen en marcha.

- Se llevan a cabo con premeditación y con conciencia del daño que producen.

Hay multitud de testimonios que demuestran que este tipo de acciones, decisiones particulares o políticas se llevan a cabo tratando precisamente de vencer los obstáculos que se sabe que dificultan su aplicación por ser muy contrarias a los deseos y preferencias ciudadanas. Y es bien sabido que para ello se utilizan no solo estrategias ‘ad hoc’ de diferente tipo sino a un gran número de funcionarios que en muchísimos casos han testimoniado la forma en que se preparan las condiciones necesarias para poder aplicarlas.

- Son conductas o decisiones de carácter político y no técnicas.

Todo lo anterior indica que cuando se producen daños como consecuencias de acciones o decisiones económicas no es por razones técnicas, como cuando se arregla un aparato o un mecanismo de ingeniería que falla, sino, políticas, como resultado de que se imponen a la sociedad unas determinadas decisiones que benefician a unos grupos en perjuicio de otros, a los que se ocasiona daños de todo tipo.

ESPAÑA. Subsidios al desempleo: otro engaño neoliberal

OPINIÓN de Juan Torres López.-

Una de las ideas más combativas del neoliberalismo, y de las que más han influido en la política de los gobiernos, es la que afirma que aumentar en cantidad o en extensión los subsidios al desempleo es algo muy negativo a la hora de combatir el paro.

Los dos principales argumentos que se dan en este sentido los expone con su claridad de siempre Richard Posner, un conocido jurista liberal estadounidense experto en cuestiones económicas (Against Extending Unemployment Benefits).

El primero es que los subsidios a los desempleados aumentan el coste de oportunidad de reincorporarse al mercado laboral para los parados que los reciben. Cuando son muy generosos, afirma, “la diferencia de bienestar entre trabajar y no hacerlo es tan pequeña que la gente no busca trabajo seriamente hasta que la prestación está a punto de agotarse”. Por eso concluye Posner que “extender o aumentar las prestaciones, en vez de estimular la creación de empleo, probablemente la desincentive, ralentizando la marcha de la recuperación económica”.

El segundo argumento que utiliza contra los subsidios de desempleo es que la transferencia de dinero que se hace a los parados no tiene por qué tener un efecto neto positivo en el consumo o la inversión, porque eso depende de lo que el receptor de la prestación haga con ella. Si la mantiene en efectivo o la guarda en un banco que dedica ese fondo a comprar bonos del Tesoro, o si con ella se compran bienes de inventario que los vendedores no reponen, no producirá ningún estímulo a la producción ni al empleo.

En conclusión, Posner, como casi todos los economistas neoliberales, rechaza este tipo de subsidios y solo los defiende como “prestación de garantía social”, pero incluso con muchas limitaciones porque considera que al concederse a cualquier desempleado no se discrimina entre quienes lo necesitan y quienes no. Una limitación importante en su opinión porque, según dice, no siempre se puede asumir que todos los desempleados tengan realmente dificultades económicas cuando están en paro. Pueden estarlo “porque su aptitud o adhesión al trabajo es efectivamente escasa” o “puede ser que tengan muchos ahorros o un cónyuge rico”.

No voy a negar que determinar con exactitud el efecto real de los subsidios al desempleo es algo complejo y que, por tanto, no se puede establecer taxativamente que sea uno u otro. Es cierto que la casuística es muy diversa y que la actitud hacia el empleo no es la misma en todos los seres humanos, ni en todas las condiciones laborales, ni en todos los momentos históricos, ni en todas las circunstancias sociales.

Pero es que quienes suelen ser taxativos a la hora de establecer y defender unas posiciones teóricas que de ninguna manera se ha demostrado que sea indiscutibles son precisamente los economistas neoliberales y los gobiernos que suscriben sus postulados.

El argumento del coste de oportunidad, por ejemplo, podría ser razonable pero deja de ser realista si se considera, como yo creo que debe hacerse, que entre los costes del desempleo hay algunos que no se toman en cuenta porque no es fácil expresarlos en términos monetarios y que, sin embargo, suelen ser justamente los más elevados. Los que tienen que ver con la autoestima, con el desarrollo personal o con la situación de las personas a más largo plazo.

El efecto negativo de los subsidios de desempleo sobre la búsqueda de trabajo tampoco está ni mucho menos claro ni se ha podido demostrar empíricamente. Todo lo contrario, diversos estudios han demostrado que apenas si influyen.

Así lo demuestra una investigación de Henry S. Farber y Robert G. Valletta publicada hace unos días por la Reserva Federal de San Franciso (Do Extended Unemployment Benefits Lengthen Unemployment Spells? Evidence from Recent Cycles in the U.S. Labor Market) u otra de 2011 realizada por Jesse Rothstein (Unemployment Insurance and Job Search in the Great Recession).

El primero de esos trabajos encuentra una pequeña pero estadísticamente significativa reducción en la tasa de salida del desempleo y un igualmente pequeño aumento en el periodo de desempleo asociados a aumentos en los subsidios, pero que no están provocadas porque disminuya el ritmo o la tasa de salidas del desempleo hacia el empleo como consecuencia de estos últimos, que es la tesis neoliberal. De hecho, la investigación demuestra que el ritmo de salidas del paro o su duración son similares en periodos en que los subsidios son más o menos generosos. Y en la segunda investigación que acabo de mencionar se demuestra que el efecto que podría tener un alza en los subsidios al desempleo sobre el nivel de paro es muy reducido, entre 0,2 y 0,6 puntos, como mucho.

Es cierto que en la literatura científica se encuentran análisis que pueden poner de relieve resultados contrarios, al partir de hipótesis diferentes. Pero, en todo caso, la conclusión que debe sacarse es que no es verdad, como quieren hacer creer los economistas neoliberales, que sea evidente que los subsidios al desempleo desanimen la búsqueda de empleo y repercutan negativamente sobre la creación de puestos de trabajo.

Y, por supuesto, tampoco lo es la crítica que se les hace aludiendo, como he señalado antes con palabras de Posner, a que la cantidad destinada a subsidios a las personas desempleadas no llegará a producir efectos reales sobre la producción y el empleo.

Es obvio que si los parados guardan el dinero que reciben en el colchón o lo depositan en bancos que no dediquen sus recursos a la inversión productiva su efecto sobre la demanda quedaría paralizado. Pero ¿es realista pensar que eso es lo que hacen la inmensa mayoría de las personas que reciben subsidios de desempleo? Puede que eso sea lo que ocurra con quienes reciben ayudas o pensiones millonarias, como la del recién dimitido consejero delegado del Banco de Santander, pero no parece que lo que habitualmente hagan con el subsidio de desempleo la inmensa mayoría de los parados sea algo distinto a gastarlo casi inmediatamente para hacer frente a sus necesidades primarias.

Por mucho que se intente hacer creer que el paro aumenta si los parados reciben ayudas muy generosas (que, además, nunca lo son), por el coste del despido o por el nivel de los salarios, lo cierto, y lo que más bien demuestran los estudios empíricos -como en el caso que acabo de analizar- es que los factores que pueden crear empleo y las causas de que se destruyan puestos de trabajo están en otro lugar y mucho más en una situación de crisis como la actual: en el mercado de bienes y servicios y en el mercado financiero. Hay paro porque hay escasez de ingreso y de demanda efectiva (en gran parte a consecuencia de la creciente desigualdad), y porque los bancos no proporcionan crédito a las empresas y familias.

Por tanto, reducir aún más los subsidios al desempleo o disminuir su extensión, como por una u otra vía se viene haciendo desde hace años siguiendo las indemostradas tesis neoliberales, no contribuye para nada a mejorar al empleo ni, en el caso actual, a salir de la crisis. Todo lo contrario, al reducir el ingreso disponible para el consumo la agudizan y la alargan mientras que, eso sí, aumentan las rentas y la riqueza de los propietarios de capital.

La verdadera cara de la austeridad

OPINIÓN de Juan Torres López.-  

En los últimos tres años, el artículo Growth in a Time of Debt de Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart viene siendo utilizado como una especie de Biblia para justificar los recortes y la política de austeridad que el Fondo Monetario Internacional y otros organismos imponen a los gobiernos con el argumento de que es la mejor vía para salir de las crisis de deuda y generar crecimiento.

Esos autores analizaron los datos correspondientes a economías con deuda pública superior al 90% del PIB durante al menos cinco años y concluyeron que su crecimiento medio era del -0,1%, lo que les permitía afirmar que la deuda elevada era la causa de una caída muy importante en su tasa de crecimiento a largo plazo.

Con ese argumento, el Fondo y demás organismos internacionales podían presionar a gobiernos y opinión pública diciéndoles que la deuda elevada iba a reducir el crecimiento y que, por tanto, lo que había que hacer para reactivarlo era aplicar cuanto antes políticas de austeridad basadas en recortes constantes y elevados de gasto público, a ser posible social, pues éste atiende servicios públicos que podían pasar a ser privatizados, para mayor beneficio de los intereses privados.

Ya hace unos meses se puso de relieve que los cálculos que utilizaba el Fondo Monetario Internacional para analizar el efecto multiplicador del gasto público (que consiste en producir un aumento o descenso final en la renta nacional bastante mayor que su aumento o descenso inicial) estaban equivocados. Se reconoció que el valor de los multiplicadores era mayor al considerado, lo que significa que los recortes de gasto público son mucho más lesivos para la renta que lo que se venía diciendo para defender los recortes.

Pues bien, ahora han sido los datos de Rogoff y Reinhart los que han sido corregidos.

Los investigadores Thomas Herndon, Michael Ash y Robert Pollin han estudiado su base de datos sobre los países estudiados y han descubierto algunos errores importantes (Does High Public Debt Consistently Stifle Economic Growth? A Critique of Reinhart and Rogoff). Concretamente, señalan que en el estudio de Rogoff y Reinhart se omiten numerosas observaciones de países endeudados y de crecimiento, que estos autores utilizan un sistema de agregación muy discutible, puesto que da menos peso a los países que tienen niveles de deuda elevada continuos que a los que tienen momentos coyunturales de crisis con deuda elevada, e incluso que cometen un error de cálculo en la hoja Excel que utilizan para obtener las conclusiones (este error se explica aquí).

Al corregir esos defectos, resulta que los resultados son otros. Solo evitando este último error de cálculo ya desparece el crecimiento negativo asociado a la deuda elevada. Y al ponderar de otro modo los datos, resulta que la deuda continuada superior del 90% en los país considerados está asociada a un crecimiento positivo del 2,2%.

Es verdad que incluso con estas correcciones los datos muestran que la economía de los países con más deuda pública en relación a su PIB crecen más lentamente, pero, en todo caso, la historia es reveladora.

Hay demasiado empeño en mostrar las virtudes de políticas de recortes de gasto cuyos resultados sobre la actividad económica y el empleo son en realidad muy negativos pero que resultan muy claramente favorables a los grupos económicos y financieros más poderosos, como demuestran sin duda alguna los datos relativos a distribución de la renta. Por eso, en cuanto un estudio afirma su bondad se santifica a sus autores y se convierte en la guía del discurso y en el argumento supremo con el que se llevan a cabo.

La realidad de las políticas de austeridad es otra muy distinta a la que nos quieren hacer creer ahora la Troika y los gobiernos que aceptan sin más sus dictados.

Un reciente estudio de Isabel Ortiz y Matthew Cummins (The Age of Austerity – A Review of Public Expenditures and Adjustment Measures in 181 Countries) ha analizado 314 informes del Fondo Monetario Internacional publicados entre enero de 2010 y febrero de 2013 y llega a conclusiones muy clarificadoras y diferentes a las que defiende la sabiduría convencional.

Lo primero que ponen de manifiesto es que, en contra de lo que parece, las políticas de contracción fiscal no se están dando solo en Europa sino en casi todo el mundo: en 2013 estiman que las llevarán a cabo 119 países y 131 en 2014. Así, hoy día afectan a 5.800 millones de personas y afectarán a 6.300 millones en 2015 (el 90% de la población mundial).

Las medidas de contracción fiscal más generalizadas han sido la disminución de salarios públicos (en 74 países de bajo ingreso y en 23 de alto), reducción o eliminación de subsidios (en 78 países de bajo ingreso y 22 de alto), incremento de impuestos al consumo (63 de bajo ingreso y 31 de alto), reforma de las pensiones y de los sistema de salud (en 47 de bajo ingreso y 39 de alto), reformas diversas en los sistema de protección social orientadas a limitar su alcance (en 55 países de bajo ingreso y 25 de alto), y flexibilización del mercado de trabajo (según el FMI en 32 países pero según la OIT en 40 países).

El estudio concluye que estas políticas de austeridad ni promueven el empleo estable, ni el crecimiento, ni mejoran el nivel de vida ni la cohesión social sino que, por el contrario, están empeorándolos y que hacen que la población perciba que en lugar de ayudar a salir de la crisis lo que hacen es ampliarla. Finalmente, el estudio de Ortiz y Cummins concluye de acuerdo con las Naciones Unidas al afirmar que la austeridad está llevando a una nueva recesión y al aumento de la desigualdad.

Ni siquiera a base de errores de cálculo se puede ya disimular el daño que está produciendo una austeridad hacia los de abajo que en realidad significa un despilfarro impresionante de recursos para satisfacer a los de arriba.

No se trata de defender el gasto por el gasto ni la deuda como un fin en sí mismo. En realidad, son las políticas neoliberales las que obligan a endeudarse y es el privilegio de crear dinero concediendo crédito que tienen los bancos lo que los lleva a incentivar y provocar por todos los medios posibles que aumente la deuda, pública y privada. Es su negocio. Pero eso es una cosa, y otra mentir tan descaradamente como se está haciendo para hacer creer que la deuda es el resultado de un excesivo gasto en sanidad, educación o en pensiones públicas y que hay que recortarlas para acabar con la deuda. Para acabar con el lastre que puede suponer la deuda lo que hay que hacer es poner fin al poder bancario y al sistema de reservas fraccionarias y generar un nuevo tipo de economía basada en la satisfacción de las necesidades y en el respeto a la naturaleza y no en la búsqueda del máximo beneficio.