Otra información es posible

¿Existe la clase trabajadora?

OPINIÓN de Vicenç Navarro.- Uno de los libros escritos en el Reino Unido que sería de desear que fuera ampliamente leído en España (al ser especialmente relevante para este país) es el excelente libro de Owen Jones Chavs. La demonización de la clase obrera. En este libro, el autor detalla cómo en la sociedad británica, caracterizada por una estratificación muy acentuada por clase social, la clase dominante que controla los mayores medios de información ha configurado una cultura que ensalza a tal clase, mientras que menosprecia y discrimina a la clase trabajadora, utilizando en su lenguaje expresiones ofensivas para definir a dicha clase. Un ejemplo es la utilización del término “chavs” para definir a miembros de tal clase, la palabra utilizada en el título del libro, que en la cultura española (incluyendo la catalana) equivaldría a definir a miembros de la clase trabajadora como miembros de la “clase baja”.

El TTIP es incluso peor de lo que aparenta

OPINIÓN de Vicenç Navarro.- El pensamiento neoliberal hoy es el dominante a ambos lados del Atlántico Norte. Tanto las ramas ejecutivas como las legislativas del Estado federal de EEUU, así como la rama ejecutiva (el Consejo Europeo), administrativa (la Comisión Europea) y legislativa (el Parlamento Europeo) del establishment europeo y también del Estado federal alemán (que domina en general el gobierno de la Eurozona) están controladas por partidos políticos, llámense conservadores, liberales, o incluso socialdemócratas (en realidad, socioliberales), que están todos ellos imbuidos de la ideología liberal. Y un elemento clave de tal ideología es que para salir de la crisis en la que todavía estamos (tanto en EEUU como en Europa) los países tienen que ser más competitivos, siguiendo la huella del modelo alemán, basado en las exportaciones, siendo estas el eje del estímulo de la economía alemana. Esta visión ha alcanzado los niveles de dogma, y como tal se reproduce a base de fe en lugar de evidencia científica.

¿Fascismo en EEUU?

OPINIÓN de Vicenç Navarro.- Durante más de veinte años viví bajo un Estado fascista liderado por el General Franco en España. Como consecuencia conozco bien qué es el fascismo, y puedo reconocer a un fascista cuando lo veo. Y el candidato republicano Trump en EEUU es uno de ellos. Pero para definir a alguien como fascista se tienen que definir antes las características de la ideología fascista.




El fascismo se caracteriza por un nacionalismo exacerbado, de tipo imperialista, con bases racistas, profundamente antidemocrático, con un canto a la fuerza militar que debe aplicarse para defender la “pureza de la patria” frente a grupos étnicos, culturales, políticos o religiosos que la contaminan y que deben ser destruidos, proceso de destrucción que debe realizarse como condición para alcanzar una nueva sociedad que recupere la grandeza que en su día tuvo el país, mediante el surgimiento de un movimiento dirigido por un personaje que se presenta dotado provisto de unas dotes sobrehumanas, al cual se le debe obediencia y lealtad absoluta, líder que llevará a las personas a este futuro prometido.

¿Están estas características en el discurso de Trump?

Cada una de estas características aparecen en la ideología en la que se basan los discursos del Sr. Trump y los de sus colaboradores cercanos. Ni que decir tiene que la expresión de tal ideología fascista es distinta según el contexto y el país en el que vive el personaje portador de dicha ideología. En este aspecto, el Sr. Trump es la versión estadounidense de tal fascismo. Es, en otras palabras, la versión norteamericana del partido francés fundado por Le Pen. Veamos, pues, los datos que confirman la adscripción de tal personaje a la categoría del fascismo.

Tal individuo profesa un nacionalismo extremo, considerando EEUU como un país excepcional en la historia de la humanidad, superior a todos los demás, lo que justifica su liderazgo mundial, imponiendo su voluntad por la fuerza militar, la cual debe utilizarse sin ningún freno. Constantemente hace referencia al bombardeo y destrucción de sus enemigos, categoría que abarca un enorme abanico de países y movimientos. En este canto a la fuerza militar expresa una “hombría” profundamente machista, antimujer y antifeminista, valorando a la mujer como un apéndice del hombre. Trump considera el país amenazado por inmigrantes, grupos étnicos, religiones y razas que, de no pararlos, pueden llegar a destruirlo. Quiere, por ejemplo, prohibir la entrada de musulmanes a EEUU, exigiendo una identificación (carnet especial que la persona lleve consigo para identificarse) a cada musulmán que esté ya en el país, sea o no nacido en EEUU. Así, la comunidad musulmana debe estar vigilada y controlada. El Sr. Trump es profundamente racista, hasta tal punto que no se ha distanciado de los grupos blancos súper-racistas, como el Ku Klux Klan, conocido históricamente por su persecución y linchamiento a afroamericanos en el sur de EEUU. Considera también a los inmigrantes (sobre todo a los latinos) como responsables del deterioro moral del país (responsabilizándolos de los mayores dramas de la sociedad estadunidense, desde la distribución de las drogas al crimen callejero en las ciudades).

El caudillismo en Trump

Trump es profundamente antidemocrático, de carácter claramente autoritario, exigiendo a sus seguidores lealtad a su persona, presentándose como el “salvador de la patria” que resolverá todos los problemas que afectan a las masas, desde el desempleo a la falta de felicidad. Su supuesta habilidad para resolver los mayores problemas del país se basa en su propia habilidad para resolver los problemas que han tenido sus empresas, refiriéndose a su presunto éxito empresarial como muestra de ello. Su negocio empresarial, por cierto, ha sido predominantemente el inmobiliario (uno de los sectores más corruptos de la economía de EEUU, basado en la especulación). Se presenta como profundamente antiestablishment, centrándose en el establishment político-mediático del país, sin atacar o criticar al establishment financiero y económico de EEUU al cual pertenece (y al cual aquel establishment político-mediático ha estado sirviendo). En realidad, las medidas que propone –una gran reducción de los impuestos sobre la propiedad y sobre el capital- favorecen los intereses de dicho establishment financiero y económico. Aunque es crítico con los tratados llamados de libre comercio (ver mi artículo “¿Qué se intenta con los tratados mal llamados de libre comercio?”, Público, 23.07.15) por destruir puestos de trabajo en EEUU, atribuye la movilidad de las industrias a otros países a lo que él define como elevada carga fiscal a las empresas estadounidenses y a las rigideces del mercado de trabajo, supuestamente impuestas por los sindicatos.

Sus políticas económicas son de un ultraneoliberalismo extremo, atribuyendo todos los males al Estado federal y al establishment político-mediático basado en Washington y en el este de EEUU. En este aspecto, el fascismo de Trump es distinto al fascismo de Le Pen, que sí que tiene componentes del nacionalsocialismo típico del fascismo italiano o del nazismo alemán, que da mayor reconocimiento al Estado de lo que lo hace la visión fascista estadounidense del Sr. Trump. Este último no es tanto nacional socialista, sino nacionalneoliberal. En realidad, a fin de recuperar a las empresas estadounidenses que se han desplazado a otros países, propone eximirlas del pago de impuestos para que reintegren a los EEUU capital procedente del exterior (equivalente a 2,1 billones de dólares), que significaría, como bien ha dicho la Senadora Elizabeth Warren, un repago de 400 mil millones de dólares a tales empresas (“How Trump Dog-Whistles the Business Establishment”, The Nation, 18.03.16).

¿Por qué está teniendo un gran éxito en las primarias del Partido Republicano?

Para aquellos que conocen bien EEUU, es muy fácil de entender su éxito. Las causas de tal crecimiento son prácticamente las mismas que explican el crecimiento de la ultraderecha chauvinista anti-inmigración en Europa. Y tales causas son, ni más ni menos, que el gran deterioro del estándar de vida de las clases populares (y muy en especial de la clase trabajadora no cualificada), como consecuencia de la aplicación de las políticas neoliberales que se han ido imponiendo a la población y que han alcanzado su máxima expresión durante la Gran Recesión. Estas políticas han empobrecido a la clase trabajadora de una manera muy significativa, resultado de la enorme mala distribución del crecimiento de la riqueza y de las rentas, que se han concentrado en las rentas superiores a costa de las rentas de la mayoría de las clases populares.

Desde los años ochenta, cuando se inició la “revolución neoliberal” del Presidente Reagan, los salarios no han crecido paralelamente al crecimiento de la productividad. En esta mala distribución, las rentas del capital han sido las más beneficiadas por las políticas fiscales a costa de las rentas del trabajo. Componentes importantes de estas políticas han sido toda una serie de intervenciones exitosas para debilitar al mundo del trabajo, desde el ataque a los sindicatos y a los convenios colectivos hasta la externalización de los puestos de trabajo mediante tratados de libre comercio que (aun cuando tenían poco que ver con libre comercio) facilitaban (mediante subsidios públicos y exenciones fiscales) la exportación de puestos de trabajo, con el traslado de industrias a países de bajos salarios.

Las clase trabajadora ha sido víctima de estas políticas públicas del gobierno federal, instrumentalizado este último por los grandes poderes económicos y financieros (que se conocen en EEUU como la clase corporativa, the Corporate Class) que financian las campañas electorales de los miembros del Congreso (tanto de la Cámara Alta -el Senado- como de la Cámara Baja -la Casa de los Representantes, The House of the Representatives-), en un proceso electoral de financiación predominantemente privada. Este maridaje y complicidad del poder político y mediático con el poder financiero y económico es la base de una pérdida de confianza y legitimidad de las instituciones llamadas democráticas que ha sido el campo de cultivo de este enfado generalizado hacia el establishment político mediático del país, y que Trump está explotando exitosamente.

El Estado Federal como el problema y la administración del afroamericano Obama como el enemigo

Sin lugar a dudas, Trump ha sido muy exitoso con su gran habilidad para canalizar el enorme enfado popular hacia el Estado federal, siguiendo el ideario que siempre ha dominado al Partido Republicano (hoy claramente controlado por la ultraderecha, incluyendo el Tea Party), financiado por los grupos económicos de mayor peso en el país, como los hermanos Koch.

La gran diferencia, sin embargo, entre el aparato del Partido Republicano y el Sr. Trump es su gran habilidad para movilizar a la clase trabajadora blanca en contra del establishment político-mediático, incluyendo el propio aparato del Partido Republicano y sus medios, como la cadena Fox, a los cuales ha definido como parte de tal establishment político-mediático. Es, en este aspecto, su mensaje antiestablishment, presentado con gran colorido teatral (que atrae a los medios), lo que explica su gran éxito. Es, con mucho, el candidato que tiene mayor cobertura mediática. Los grandes medios de información –a los cuales Trump critica extensamente- han cubierto su candidatura en sus informativos en cantidades muy superiores (el doble) a las de la Sra. Hillary Clinton y seis veces más que a la de Bernie Sanders, el candidato socialista (“Measuring Trump Big Advantage in Free Media”, The New York Times, 17.03.16). La política como espectáculo está contribuyendo al gran éxito de Trump.

Las consecuencias del Estado federal asistencial

Un punto de gran importancia para entender el debilitamiento de la clase trabajadora en EEUU es la función que tiene el racismo en su división. Es debido a ello que las derechas en EEUU siempre acusan al gobierno federal de defender a los negros a costa de los demás (que insinúan son los blancos). Esta acusación se basa en el hecho de que la gran mayoría de programas sociales no son de cobertura universal, es decir, no cubren a todos los ciudadanos sino solo a los pobres (Medicaid, el programa federal de atención médica a los pobres, que es financiado y gestionado también por los Estados, cubre solo a los pobres), siendo los ciudadanos negros los más beneficiados, pues, como resultado del racismo, estos se encuentran entre los grupos más vulnerables y con menos medios. De ahí que se promueva por parte de Trump y las derechas, la imagen de que tales programas están orientados a la población negra (lo cual no es cierto, pues la gran mayoría de pobres en EEUU son blancos). De ahí que Trump haga referencia a que los impuestos (que consideran excesivamente altos) pagados por los blancos están ayudando a los negros, creando una “cultura de dependencia y beneficencia” que debe denunciarse.

El redescubrimiento de la clase trabajadora

El candidato republicano Trump es, junto con el candidato socialista Bernie Sanders, el único candidato que explícitamente se refiere a la “clase trabajadora”, categoría que nunca aparece en la narrativa convencional del discurso político y mediático del país, que constantemente utiliza el término “clase media” en lugar de clase trabajadora. Este silencio mediático se ha roto. Y hoy comienza a hablarse de la clase trabajadora blanca, la gran olvidada en el discurso dominante. Esta clase trabajadora, como he indicado antes, está en una situación de gran deterioro, y su mortalidad (entre los blancos) ha crecido en los años de la Gran Recesión (sobre todo como consecuencia del aumento de suicidios). Trump constantemente hace mención a que “su gente es la gente de poca educación y bajos ingresos, que están olvidados en EEUU” (que insinúa es blanca).

Está claro que el establishment político-mediático del país no entiende lo que está ocurriendo en EEUU. Los reportajes sobre Trump se centran en las declaraciones explosivas y polémicas de este candidato, llenas de una teatralidad que, en contra de lo que interpretan los medios, contribuye a su fama entre las clases populares, que sienten un gran rechazo hacia tal establishment. Una práctica general de Trump es ridiculizar a los medios en la cobertura de su campaña. Así, frecuentemente en sus discursos ridiculiza a los medios de información -uno de los momentos de mayor goce de su audiencia-, criticando la versión que los gurús mediáticos hacen de su campaña electoral. Estos medios, en su enorme complacencia, no han descubierto todavía el enorme hartazgo y rechazo que existe a nivel de calle hacia el establishment del país, incluyendo el mediático. Trump probablemente ganará las primarias y podría ganar las elecciones, como consecuencia del rechazo hacia el establishment.

El hecho de que Trump sea un “fascista a la americana” no quiere decir, sin embargo, que la mayoría de sus seguidores sean fascistas. En realidad, son profundamente antiestablishment. La mayoría de las encuestas muestra que el candidato socialista Bernie Sanders –que está pidiendo una revolución política en EEUU, con un mensaje claramente antiestablishment (que se centra en su denuncia del maridaje y complicidad entre el establishment financiero y económico y el político-mediático)- es el candidato demócrata que ganaría más contundentemente a Trump. Sanders está movilizando a la clase trabajadora blanca y negra y a los jóvenes (personas por debajo de 35 años), compitiendo por el voto de la clase trabajadora, que es la mayoría de la población estadounidense, y que se ha abstenido en las elecciones anteriores. A la candidata Clinton, aunque se ha movido a la izquierda debido a la campaña exitosa de Sanders, se la percibe como una figura del establishment, con escasa capacidad de movilización. De ahí que su estrategia en las primarias haya sido la de enfatizar la necesidad de romper con la discriminación contra las mujeres y contra las minorías (estas últimas representan un porcentaje elevado de votantes en las primarias del Partido Demócrata), antidiscriminación necesaria, según Hillary Clinton, para que ocurra la integración de las poblaciones vulnerables y marginales dentro del sistema. Sanders, sin embargo, analiza la necesidad de establecer alianzas y complicidades entre los distintos sectores y componentes de las clases populares, acentuando la importancia de recuperar la conciencia de clase frente a un adversario común, el establishment financiero y económico que controla los medios y las instituciones políticas representativas (ver mi artículo “Race, Gender and Class Polítics in the US Primaries”, CounterPunch, 23.02.16). Esta es la situación en EEUU, que no se presenta de forma adecuada en los medios españoles.



*Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra
http://www.nuevatribuna.es/opinion/vicenc-navarro/

El cambio climático es peor de lo que se le ha dicho

OPINIÓN de Vicenç Navarro.- Por muchos años ha existido la negativa por parte de fuerzas políticas conservadoras y liberales en reconocer que la población mundial está sufriendo las consecuencias negativas de un cambio climático irreversible que está dañando el bienestar y calidad de vida de amplios sectores de tal población. Y cuando por fin, ante la enorme evidencia científica que se ha ido acumulando de que sí estamos experimentando tal cambio climático, los negativistas lo han aceptado, pero (y es un importante pero) lo han atribuido a cambios naturales de carácter cíclico, negando ahora que tal cambio se debiera a intervención humana.

Pero esta percepción, procedente de círculos conservadores y neoliberales, ha ido acompañada de otra existente en fórums más sensibles a la evidencia científica, y que han aceptado no solo la existencia del cambio climático, sino también que éste se debe primordialmente a las consecuencias negativas del elevado consumo de las energías basadas en productos fósiles, que generan gases cuya acumulación provoca el cambio del clima. Cada vez más gobiernos en el mundo están llegando a esta conclusión. Pero muchos de ellos, incluyendo las potencias económicas mundiales más poderosas (y mayores generadoras de tales gases) creen que la comunidad internacional ya está respondiendo de manera adecuada a los retos que representa el cambio climático, mostrando como indicador de ello la reciente Conferencia de París, que se ha presentado como un gran éxito, asumiendo que las medidas tomadas en aquel cónclave internacional permitirán, no solo frenar el cambio climático, sino incluso revertirlo.

Hemos podido leer en los mayores medios de información referirse a tal conferencia como “el mayor éxito diplomático internacional jamás conocido”, frase que utilizó el rotativo británico The Guardian (uno de los periódicos que goza de mayor prestigio y credibilidad en el mundo de habla inglesa), y que ha hecho fortuna al subrayar que la comunidad internacional supo estar en aquella reunión a la altura de las circunstancias. Para no ser menos, el Secretario General de Naciones Unidas, el Sr. Ban Ki-moon, presentó dicha conferencia como la mejor contribución de la comunidad internacional al futuro de las siguientes generaciones. “Hoy podemos mirar a los ojos a nuestros hijos y nietos y decirles que hemos juntado esfuerzos para un mundo más habitable y visible para ellos”.

La realidad muestra, sin embargo, una situación muy diferente. Y añadiría yo, preocupante, pues todavía parece no haber plena conciencia entre las estructuras de poder del mundo (y las instituciones que las reproducen) de que el cambio climático es peor de lo que creen, que este cambio es irreversible y que sus consecuencias son mucho más negativas de lo que piensan. En realidad, las medidas que se tomaron en París son muy insuficientes, muy por detrás de las que deberían haberse tomado. Y me temo que no se tomarán, a no ser que haya un cambio muy significativo en las coordenadas de poder existentes a día de hoy en las instituciones nacionales e internacionales donde se están tomando las decisiones cuya aplicación está creando el gran deterioro del clima.

El excesivo optimismo de la Conferencia de Paris

Veamos los datos. Y asumo que el lector está, a grandes rasgos, informado de lo que los grandes medios de comunicación escribieron sobre la Conferencia de París, que se presentó como un gran éxito de la diplomacia francesa. Esta percepción fue facilitada por la exclusión de voces críticas que querían protestar durante la Conferencia de París y que el gobierno francés apartó de la Conferencia bajo la excusa de que tenía que extremar las medidas de seguridad tomadas a partir de los atentados terroristas de ISIS, ocurridos el pasado noviembre. Nunca antes se había visto un caso más claro de utilizar la lucha antiterrorista para apagar las voces críticas. El gobierno francés utilizó claramente tales medidas para impedir cualquier movimiento de protesta en París frente al optimismo oficial.

Recordará el lector que, según los mayores medios de información, el supuesto gran éxito de la Conferencia era haber alcanzado el acuerdo de todos los 196 países participantes para que, a partir de ahora, se tomaran medidas con el fin de que la temperatura terrestre no subiera más de 2º centígrados para final de siglo. Y para enfatizar la enorme importancia de este hecho y la inteligencia colectiva en tal Conferencia, se presentó también como signo de otro éxito el que se aprobara también que se intentaría que este incremento fuera incluso menor, es decir, un incremento de no más de 1,5º centígrados. Tal petición la habían hecho los países más pobres y más vulnerables al cambio climático. Estos dos eran supuestamente los grandes éxitos de la Conferencia.

Los enormes límites de la Conferencia de París

Lo que es probable que usted no conozca es que tales objetivos no tenían ningún valor normativo. Era un desiderátum, sin que se tomaran medidas (incluyendo las sancionadoras) que estimularan a que se alcanzase tal objetivo. En realidad, voces científicas creíbles han calculado que, sumando todas las medidas a las que cada país participante en la Conferencia se comprometió a realizar para alcanzar el objetivo aprobado, (no más de 2ºC de aumento), el objetivo final sería mucho peor, pues el crecimiento de la temperatura global sería de 3,5º centígrados, un aumento auténticamente catastrófico que pondría en cuestión la propia viabilidad del colectivo humano (ver “The Irreversible Climate Change”, Monthly Review, vol. 67 N.9, february 2016).

Otra debilidad de la Conferencia fue que dicho acuerdo no dijo nada sobre los límites de las emisiones de CO2, que deberían reducirse drásticamente para alcanzar el famoso tope de 2ºC. Las soluciones propuestas, vagamente expresadas, se basan en supuestos excesivamente optimistas. Por ejemplo, aún cuando recomiendan la sustitución de los recursos fósiles por renovables, el hecho es que todavía hoy evitan referirse a la necesidad de eliminar la dependencia energética en el primer tipo de recursos, argumentando que siempre y cuando se desarrollen medidas que absorban el CO2, la producción de tales gases puede compensarse con el crecimiento de estas últimas medidas absorbentes. Ejemplos de tales medidas son, por ejemplo, el crecimiento de los bosques, o la utilización de nuevas tecnologías que se asume se inventarán (supuesto que se ha presentado por voces críticas como la tecno-utopía), que realizarán tal labor de absorción y limpieza de tales gases. Otra gran limitación del documento es que en ninguna parte se hace mención del grave problema que representan las emisiones de gases derivadas del tráfico aéreo y marítimo internacionales, a pesar de que ello es una de las mayores causas de la acumulación de los gases causantes del problema. Y, por sorprendente que parezca, no se dijo nada sobre el hecho de desincentivar el uso del petróleo y otros derivados fósiles. En realidad, los gobiernos de las grandes potencias mundiales lucharon para defender sus intereses, anteponiendo los intereses de las industrias energéticas que utilizan combustibles fósiles, a los de sus propias poblaciones y los de la población mundial.

Los obstáculos políticos para que se resuelva el problema

Las soluciones al enorme problema creado por el cambio climático son fáciles de ver. Hay que parar la producción, consumo y distribución de tales fuentes de energía fósiles, sustituirlas por otras renovables, y adaptar la sociedad a estos cambios climáticos. La aplicación de estos principios podrían constituir cambios muy importantes, que beneficiarían a todas las poblaciones, facilitando el establecimiento de nuevas sociedades, con un mayor bienestar al actual. Y ello no pasa por las “políticas de austeridad” o por el control demográfico (como algunos sectores del movimiento ecológico están proponiendo), sino por una intervención masiva y conjunta de los Estados, así como los organismos internacionales, para desarrollar políticas públicas en la dirección apuntada en este párrafo. La sustitución de las energías fósiles por las renovables es totalmente factible, así como la adaptación de las economías a otras formas de energía, creando una gran actividad económica (con una enorme producción de puestos de trabajo). Creerse que la “mano invisible del mercado” resolverá este enorme problema es de una ingenuidad o dogmatismo neoliberal suicida. Las soluciones requerirán más intervenciones públicas que tengan como objetivo el bienestar de las poblaciones en lugar de los intereses económicos y financieros que hoy dominan gran número de Estados y organismos internacionales, como ocurre en España y en la Eurozona. La democratización de estos Estados y de estas instituciones supranacionales es la condición sine que non de que se resuelva el problema creado por el irreversible cambio climático. Así de claro.

*http://www.vnavarro.org/

¡No a la guerra!

OPINIÓN de Vicenç Navarro.- Hoy existe una movilización en Europa para ir a la guerra como consecuencia del ataque terrorista del ISIS en París, que mató a 130 personas. El enfado creado por este acto de terrorismo, que es el último de una larga lista de hechos semejantes acaecidos en Europa y en otros países, explica que exista una demanda por parte del gobierno francés, liderado por el Presidente socialista François Hollande, para que se establezca una alianza de gobiernos, liderada por el de Francia, que, en un acto de guerra, bombardee el territorio controlado por el ISIS, con el objetivo de eliminarlo. Gobierno tras gobierno están respondiendo positivamente a esta llamada del Presidente Hollande, y es más que probable que si el próximo gobierno es del PP o de Ciudadanos, o del PSOE (partidos todos ellos que han firmado el pacto contra el terrorismo yihadista que incluye intervenciones militares), España se añada a la guerra, tal como un gobierno anterior del PP se unió a la invasión de Irak.

A la luz de la experiencia de intervenciones previas, no hay duda de que tal guerra creará una enorme lista de muertos, la mayoría civiles, es decir, personas que no están combatiendo. Y lo que es igualmente preocupante es que aumentará, y no disminuirá, el número de terroristas que expandirán su terrorismo a lo largo de territorios europeos y de Oriente Medio. Es importante que la población española sea consciente de ello. Si España entra en la guerra, pagará un coste elevadísimo sin que se consigan los objetivos que los dirigentes políticos que apoyan la guerra están hoy proclamando.

Si no se lo creen, les aconsejo que recuerden qué paso en EEUU con la respuesta del Presidente Bush después del ataque terrorista a las torres gemelas en Nueva York. El ejército estadounidense bombardeó casi todo el territorio iraquí, destruyendo los centros neurálgicos de lo que se consideraba el enemigo régimen de Saddam Hussein, lo que incluyó no solo objetivos militares, sino centros de viabilidad económica del país, como centrales eléctricas, pozos de petróleo y otros recursos; un tanto semejante ocurrió en los bombardeos de Libia, y miles y miles de civiles murieron. En realidad, se ha calculado que entre Irak, Afganistán, Libia y Siria, casi un millón de civiles han muerto como resultado de tales bombardeos e invasiones militares.

¿Qué consiguieron las guerras anteriores?

La pregunta que debe hacerse es “¿qué se ha conseguido con ello?”. Hoy el radicalismo fundamentalista islámico es más fuerte que nunca. Y está expandido por todo el mundo. En realidad, incluso cuando se enviaron tropas, como ocurrió en los casos de Irak y Afganistán, tales tropas no consiguieron erradicar el radicalismo fundamentalista islámico. Tanto en Irak como en Afganistán, cuando las tropas estadounidenses se retiraron, los fundamentalistas islámicos aparecieron de nuevo, incluso con más fuerza. Como bien ha alertado el Presidente Obama en su discurso en Washington hace unos días, en su respuesta a la llamada del Presidente Hollande de Francia de enviar tropas al territorio conquistado por el ISIS, tales tropas tienen una eficacia relativa pues, como bien subrayó Obama, una vez las tropas estadounidenses se retiraron de Irak y de Afganistán, los radicales fundamentalistas islámicos volvieron incluso con mayor fuerza que antes, pues parecía que los bombardeos y el conflicto militar habían radicalizado a sectores amplios de la población en su rechazo a la intervención de tales bombardeos y tropas ocupantes.

Este rechazo es incluso mayor cuando los ejércitos ocupantes o bombardeantes son ejércitos del mundo occidental -tales como los de Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, España y otros-, que tiene un pasado imperialista y colonialista que dejó tristes recuerdos en la población de los países islámicos. De ahí que se perciban estos ataques como ataques de conquista, lo cual es enormemente preocupante, pues es precisamente lo que el ISIS desea: presentarse como la víctima musulmana frente a los ocupantes y opresores cristianos de siempre. De esta manera, la guerra de religiones y civilizaciones aparece con toda su intensidad. Por mucho que parezca paradójico, los extremos de ambos lados desean tal guerra.

¿Qué debería hacerse?

Para encontrar soluciones hay que entender de dónde viene el problema de Al Qaeda, ISIS y otros movimientos fundamentalistas islámicos parecidos, tema clave que se intenta ocultar. Y hasta que ello ocurra, no podrá solucionarse el problema. Y las raíces de este problema están en la enorme pobreza y miseria que ha existido en estos países, resultado de estar gobernados por regímenes feudales –como lo es hoy, por ejemplo, Arabia Saudí- que contaron con el apoyo de los gobiernos de países occidentales, que se beneficiaban del fácil acceso a los recursos de estos países.

Tal miseria y opresión generaron el surgimiento de movimientos progresistas que rompieron con tales regímenes, amenazando no solo las estructuras de poder de aquellos países, sino también los intereses de los países occidentales, los cuales, a fin de impedir la victoria de estas fuerzas progresistas, o con el objetivo de derrotarlas en caso de que gobernaran, establecieron y/o apoyaron a fuerzas radicales fundamentalistas islámicas, que eran profundamente antiprogresistas. País por país, tales movimientos recibieron una gran ayuda de los países occidentales. En Afganistán, el gobierno de EEUU ayudó a Al Qaeda, ayuda que quedó grabada en la famosa (en realidad infame) película Rambo III, en la que el héroe encarnado por Sylvester Stallone luchaba al lado de los fundamentalistas islámicos en contra del “demonio” comunista. En Egipto, el gobierno británico y el estadounidense apoyaron a los Hermanos Musulmanes a fin de parar el movimiento de liberación árabe de carácter laico y socialista dirigido por Gamal Abdel Nasser. En Sudán, los países occidentales apoyaron al Frente Nacional Islámico (National Islamic Front) para parar a las fuerzas socialistas. En Indonesia, EEUU y el Reino Unido apoyaron el golpe militar contra el gobierno de Sukarno, responsable de las mayores reformas progresistas que aquel país musulmán haya conocido. En Palestina, los gobiernos occidentales apoyaron en sus orígenes (con la ayuda de Arabia Saudí) a Hamas como manera de parar el P.L.O. socialista. En Irak, EEUU y el Reino Unido apoyaron a Saddam Hussein a fin de parar al Partido Comunista Iraquí y otros movimientos progresistas. Y así una larga retahíla de casos a lo largo de los territorios donde hoy hay conflictos.

Las alternativas a la guerra

Ahí está la raíz del problema. Si en realidad estos gobiernos quisieran parar estas guerras deberían cambiar sus políticas casi 180º. Tendrían que ayudar a que se hagan las reformas que beneficien a la mayoría de estas poblaciones, y no solo a una minoría. Y en cada uno de estos países, existen tales fuerzas políticas (enormemente reprimidas por el ISIS). El Partido de los Trabajadores de Kurdistán es un ejemplo de ello. Sus tropas están luchando exitosamente. Es a estas fuerzas a las que se tendría que apoyar, pues son las que viven en aquellos territorios y representan los intereses de las clases populares de estos países.

Hoy el gran interrogante es qué fuerzas políticas canalizarán el enorme enfado de las clases populares de los países árabes y/o de cultura musulmana. Las alternativas son claras. O son las fuerzas progresistas (lo que, con razón, afectará a los intereses de grupos económicos enormemente influyentes sobre los Estados del mundo occidental), o serán los fundamentalistas religiosos islámicos que, sin resolver la enorme miseria en estos países, se perpetúan en el poder a base de la ideología religiosa que relativiza el dolor y la muerte como un paso para llegar a la eternidad.

La integración de la población musulmana en los países occidentales

Es igualmente importante que se integre a la población inmigrante musulmana en los países occidentales donde tales poblaciones están discriminadas, dando pie al radicalismo fundamentalista islámico en el seno de tales comunidades (de donde salen la mayoría de terroristas que atemorizan a la población europea). Siempre que haya guetos con altas concentraciones de población de religión islámica en las ciudades occidentales, habrá radicales fundamentalistas islámicos. Y también hay que prohibir el flujo de armas, dinero y adoctrinamiento a los islamistas fundamentalistas que proceden de países harto conocidos y apoyados por las estructuras de poder de Occidente. Y es también necesario que se resuelva el conflicto Israel-Palestina, con un claro apoyo al pueblo palestino, brutalmente discriminado por el Estado israelí, que es fuente constante de radicalismo islámico. A no ser que estos cambios se realicen, creo que la situación irá de mal en peor. Así de claro.

El enorme daño causado por las ineficaces políticas de austeridad

OPINIÓN de Vicenç Navarro.- Existe hoy un debate en el mundo anglosajón que tiene una gran relevancia para España y que, sin embargo, no ha aparecido en sus medios de mayor difusión. Se centra en si las políticas públicas de austeridad (que consisten en recortes del gasto público y en la disminución de los salarios) han sido eficaces o no para recuperar la economía, ayudándola a salir de la Gran Recesión. A un lado de este debate está Niall Ferguson, que desde las páginas del Financial Times ha indicado que sí que han sido eficaces, mostrando el crecimiento económico de su país, el Reino Unido, del 2,6% del PIB en el año 2014, como prueba de ello (ver “The UK Labour party should blame Keynes for their election defeat”, Financial Times, 10.05.15). Según este autor, tales medidas de austeridad impuestas por el gobierno conservador del Sr. Cameron han causado esta recuperación, recobrando el crecimiento económico. Es interesante señalar que el Presidente Rajoy también ha acentuado que la “recuperación económica”, con una tasa de crecimiento del PIB español del 1,4% en el año pasado, muestra que sus políticas de austeridad han sido necesarias y eficaces para que la economía española saliera de la Gran Recesión.

En el otro lado del debate existen varios autores, de los cuales el más conocido es Robert Skidelsky, que postula que lejos de ser eficaces, tales políticas han retrasado enormemente la recuperación económica, causando un gran sufrimiento entre la población que no ha servido para nada (ver “Niall Ferguson’s Wishful Thinking”, Social Europe Journal, 28.05.15). Lo que este autor indica es que para medir la eficacia de estas políticas no basta con mostrar que existe ahora crecimiento económico, sino que también hay que tener en cuenta el tiempo que se ha tardado para que la economía crezca de nuevo. Según Skidelsky, las políticas de austeridad, lejos de ser eficaces para recuperar el crecimiento, lo que han hecho ha sido retrasarlo. Muestra cómo en todos los años en que la austeridad ha sido el eje central de las políticas públicas ha habido un estancamiento del crecimiento económico, y cómo solo cuando tales políticas se han relajado la economía ha crecido de nuevo. En realidad, tales políticas han dejado en tan mal estado a la economía británica que no se recuperará, alcanzando los niveles anteriores al inicio de la crisis (2008), hasta dentro de nueve o diez años a partir de ahora. Definir estas políticas como exitosas es, según tal autor, absurdo. Lejos de ser eficaces, han causado un daño enorme, no solo en sufrimiento humano, sino también en términos económicos. Lo mismo podría decirse en el caso español, en el que, como resultado de tales políticas, ha habido un enorme retraso en la recuperación económica, prediciéndose que hasta dentro de diez o incluso quince años no se recuperarán los indicadores previos a la crisis.

La deuda pública ha continuado creciendo

La reducción de la economía, consecuencia de la larga recesión, ha generado un crecimiento de la deuda pública, pasando (durante el periodo de austeridad) de ser en el Reino Unido de un 69% del PIB a un 80%, lo contrario precisamente de lo que se intentaba con los recortes del gasto público y la reducción del déficit público. De nuevo, una situación idéntica ha ocurrido en España. A pesar de los grandes recortes de gasto público, incluyendo el gasto público social, la deuda pública en España se ha disparado, llegando casi a ser del 100% del PIB. Definir esta situación como exitosa es abusar de la flexibilidad del lenguaje, reflejando una capacidad de manipulación que debería denunciarse. Como bien señala Skidelsky, la experiencia histórica muestra claramente que la mejor manera de reducir la deuda pública es estimular el crecimiento económico, precisamente a base de aumentar el gasto público. El caso más conocido es la salida de EEUU de la Gran Recesión. Y un tanto semejante ocurrió en el Reino Unido. En este país, la deuda pública pasó de representar el 240% del PIB en 1945 al 64% en 1970, después de 25 años de crecimiento económico. Esta experiencia justifica, por cierto, la resistencia por parte del gobierno de Syriza a continuar aplicando las políticas de austeridad que el establishment neoliberal europeo y el FMI continúan insistiendo que se apliquen en Grecia.

Este debate debería darse también en España, donde tales políticas de austeridad han creado un desastre (y no hay otra manera de definirlo) que es incluso mayor que en el Reino Unido, resultado de no controlar su propia moneda (caso que no ocurre en el Reino Unido, que tiene su propia moneda y su banco central). De ahí que la crisis haya sido mayor en España que en el Reino Unido, y el tiempo de recuperación vaya a ser mucho más largo y extenso que en aquel país. Y a esto el establishment financiero, económico, político y mediático lo llama Recuperación. No tienen vergüenza.


*Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra
http://www.nuevatribuna.es/opinion/vicenc-navarro/enorme-dano-causado-ineficaces-politicas-austeridad/20150605110817116791.html-

El ataque frontal del Gobierno alemán y el BCE a Grecia

OPINIÓN de Vicenç Navarro.- El BCE no tiene la autoridad, no solo moral, sino legal, para decirle al gobierno Tsipras lo que tiene que hacer. Su arrogancia y prepotencia se basan en una violación no solo de la Carta Social de Europa, sino también de las leyes que rigen la Eurozona

Una de las situaciones menos analizadas en la relación existente entre Alemania y Grecia (que aparece en el transfondo de la llamada “crisis de la deuda griega”) es la actitud profundamente ofensiva que el establishment conservador-neoliberal alemán y sus mayores medios de comunicación tienen hacia el pueblo griego, situación que es sorprendente teniendo en cuenta la historia de la relación existente entre ambos países. Veámosla.

El nazismo en Alemania fue resultado de unas elecciones y no de un golpe militar de Estado, como ocurrió con el fascismo en España. Hay, pues, una responsabilidad histórica de la población alemana de aquel momento sobre el comportamiento del nazismo en Europa, incluyendo la brutal actuación de las tropas nazis en Grecia durante su ocupación, que duró cuatro años (1941-1945) y que destruyó la economía griega mediante un latrocinio constante de los recursos de aquel país, incluyendo los fondos del Banco Nacional de Grecia, que en cifras actuales ascendería, según el Ministerio de Finanzas griego, a la impresionante cifra de 162.000 millones de euros. El coste de dicho comportamiento en el bienestar de la población griega fue enorme, causando hambrunas y la muerte de más de 350.000 personas.

A pesar de la represión durísima que caracterizó la ocupación alemana en Grecia, hubo una resistencia antinazi fuerte que jugó un papel importante en la derrota de las tropas nazis. En realidad, estas fuerzas antinazis a las que el nuevo Presidente de Grecia, el Sr. Alexis Tsipras, homenajeó como primer acto de su mandato, representaban la esperanza de un país nuevo que, conjugando el proyecto de soberanía nacional con el de justicia social, auguraba una transformación de las estructuras oligárquicas que configuraban la economía griega.

Pero esta posibilidad fue ahogada por los oligarcas y los elementos reaccionarios del país que, junto con el Ejército, iniciaron lo que se llamó erróneamente la Guerra Civil, que, en realidad, como ocurrió en España, fue la oposición de las fuerzas reaccionarias a los posibles cambios, luchando por todos los medios para conservar aquella estructura frente a fuerzas progresistas que tenían una gran vocación transformadora. El primer bando –el de las fuerzas reaccionarias- contó, después de la victoria sobre los nazis, con el apoyo activo de los gobiernos del Reino Unido y de EEUU, temerosos de que las fuerzas progresistas predominaran en aquel conflicto y (atendiendo a su diseño geopolítico) debilitaran su flanco, aumentando el poderío soviético. En realidad, la Unión Soviética las abandonó. Pero fue responsabilidad del mundo occidental, y muy en especial del Reino Unido y de EEUU, que dicho sistema oligárquico se mantuviera por la fuerza de las armas, incluyendo dictaduras militares. Cuando más tarde la democracia apareció en el panorama griego, fue (como en España) una transición inmodélica en la que los poderes económicos continuaron con su dominio, controlando además los medios de información y persuasión (de nuevo, como en España).

Es de una enorme desmemoria histórica, llena de cinismo, que el establishment conservador-neoliberal, heredero de gobiernos que destruyeron la economía griega primero (Alemania) y mantuvieron las estructuras oligárquicas después (Reino Unido y EEUU), ahora se refieran a los griegos con unos términos que, en el caso alemán, incluso tienen tonos racistas. En un excelente artículo de Salvador Martínez Mas “Se busca amigo alemán de Grecia” (12.02.15), este autor detalla lo que cualquier observador de los medios de información alemanes puede dar testimonio: la presentación por tales medios del pueblo griego como indisciplinado, poco laborioso, incapaz de apretarse el cinturón para pagar todo el dinero que se le ha prestado. Incluso rotativos que se consideran progresistas muestran indicadores de tal percepción generalizada en Alemania. Nada menos que Der Spiegelse refiere a Alexis Tsipras como “la pesadilla de Europa”, apoyando las políticas neoliberales promovidas por la canciller Merkel y co., que se sienten amenazados con las propuestas de Syriza, que representan una clara alternativa a unas políticas que están dañando enormemente a las clases populares de los países de la Eurozona y muy en particular de la periferia de esta zona, especialmente de Grecia.

El nacimiento del nazismo en Alemania entonces y en Grecia ahora

Pero la insensibilidad del establishment alemán alcanza incluso mayores niveles cuando se compara lo que está pasando ahora en Grecia con lo que ocurrió en Alemania en los años treinta del siglo pasado. No se conoce bien en España (donde la historia del nazismo y el fascismo en Europa y en España se ha silenciado) que el nazismo fue elegido en Alemania en 1933 como rechazo a las políticas de austeridad impuestas a Alemania por los vencedores de la I Guerra Mundial (Francia, Reino Unido y Estados Unidos), que querían cobrar las reparaciones de guerra que habían impuesto a la vencida alemana, creando una enorme deuda. Y la elección de Hitler fue, en parte, consecuencia de las políticas de austeridad realizadas por el gobierno alemán, una coalición que incluía los dos partidos mayoritarios, incluido el Partido Socialdemócrata, que seguía las instrucciones de los vencedores: ¡había que pagar la deuda! Fue Hitler el que terminó estas políticas, siguiendo unas políticas keynesianas, que recuperaron la economía alemana. El carácter militar de este keynesianismo condujo a un belicismo que determinó la II Guerra Mundial.

La comparación de la situación anterior a la elección de Hitler en Alemania con la de Grecia es muy llamativa. En realidad, la imposición de las políticas de austeridad por parte de la Troika y del gobierno alemán a Grecia está causando un deterioro de la economía griega incluso mayor (alrededor de un 25% del PIB) que el que sufrió la economía alemana como consecuencia de las políticas de austeridad impuestas a Alemania por los vencedores de la I Guerra Mundial (un 16% del PIB). Fue esta Gran Recesión (en realidad, Gran Depresión) y el enfado popular hacia el gobierno lo que explica la elección del Partido Nazi en Alemania. Y es esta realidad la que el Ministro de Finanzas griego, el Sr. Yanis Varoufakis, le recordaba a su homólogo alemán, el Sr. Wolfgang Schäuble, pidiéndole que evitara que una situación semejante ocurriera en Grecia, donde el Partido Nazi está creciendo muy rápidamente, siendo ya la tercera fuerza política del país. La oposición a esta demanda por parte del ministro alemán muestra el grado de cinismo al que ha llegado el establishment conservador-neoliberal alemán. Pero además de cinismo hay una gran dosis de ignorancia histórica, pues dicho establishment no se da cuenta de que la única defensa que hoy existe en Europa en contra del resurgimiento del nazismo es precisamente la izquierda (a la que ellos llaman radical) como Syriza, que quiere romper con aquellas políticas que en los años 30 llevaron al nazismo, el cual podría gobernar de nuevo Europa en el siglo XXI. Como ocurrió entonces, el establishment conservador-neoliberal alemán prefiere el nazismo a la pérdida de los intereses económicos y financieros que representan, cuyos beneficios consideran amenazados por las fuerzas políticas que quieren terminar con tanta imposición y tanta austeridad. Una última observación. Es de aplaudir la postura del partido Die Linke (la izquierda alemana), que ha defendido la postura del gobierno deSyriza en Alemania.

La especificidad de Grecia

Lo que es particularmente llamativo y que es un síntoma más de la enorme insensibilidad o cinismo del establishment conservador-neoliberal alemán, es ignorar, no solo esta historia, sino también el gran daño que estas políticas han causado al pueblo griego. El argumento aducido por los portavoces de este neoliberalismo (como la Sra. Merkel, su Ministro de Economía, el Sr. Schäuble, y su mayor aliado, el Sr. Rajoy) señalando que Grecia tiene que seguir las normas aceptadas por los gobiernos de la Unión Europea, ignora que estas normas se han aplicado con especial dureza y mezquindad en el caso de Grecia, destruyendo una cuarta parte de su riqueza, situación que ningún otro país ha sufrido, causando un auténtico desastre humano.

Y esta dureza se ha visto reflejada, una vez más, en la rapidez con la que el BCE penalizó al gobierno Syriza cuando este expresó su deseo de alterar estas políticas, cambios que eran razonables y necesarios para que la economía griega pudiera salir del hoyo en el que se encuentra. El BCE, sin embargo, dirigido por el mismo Sr. Draghi que ayudó a la oligarquía griega a falsificar las cuentas cuando era el vicepresidente por Europa de Goldman Sachs -compañía que, al esconder el tamaño del déficit, contribuyó a que más tarde las medidas de austeridad fueran particularmente intensas (Grecia es el país de la Eurozona que ha hecho mayores sacrificios –desmantelando su Estado del Bienestar- para reducir su déficit)-, le negó tal solicitud. Para mayor desvergüenza, el Sr. Draghi, sin perturbarse, instruye ahora al Sr. Tsipras para que sea disciplinado y haga lo que el BCE y los otros elementos de la Troika (la Comisión Europea y el FMI) le ordenan, y que han llevado al país al desastre.

El BCE como instrumento de poder del establishment neoliberal

En realidad, el BCE no tiene la autoridad, no solo moral, sino legal, para decirle al gobierno Tsipras lo que tiene que hacer. Su arrogancia y prepotencia se basan en una violación no solo de la Carta Social de Europa, sino también de las leyes que rigen la Eurozona, tal como han señalado muchos parlamentarios europeos. El BCE está actuando fuera de los límites legales existentes en Europa, comportándose como una institución política que, además, no se siente responsable frente a nadie, siendo uno de los bancos centrales más independientes que hoy existen en el mundo. Y lo que está pasando en la Eurozona es un ejemplo de ello. He indicado en varias ocasiones (ver "Cómo un banco central sirve o perjudica a un estado: el FRB versus el BCE", Público, 20 de febrero de 2014) que el BCE es un lobby de la banca más que un banco central. El banco central estadounidense, el Federal Reserve Board (FRB), tiene que dar cuentas al Congreso de EEUU, responsabilidad que no tiene el BCE. Las actas del FRB son públicas, mientras que las del BCE no lo son. El BCE se cuida solo de controlar la inflación y dificulta el estímulo económico y el crecimiento, en contra de lo que hace el FRB. El BCE da instrucciones a los Estado sobre las políticas, no solo monetarias, sino fiscales, económicas e inclusos sociales. Al FRB no se le permitirían este tipo de instrucciones. Y así, un largo etcétera. En realidad, el hecho de que EEUU superara la Gran Recesión en 18 meses y que Europa esté todavía estancada se debe, en parte, a las diferencias entre cómo se comportan el Federal Reserve Board y el BCE. La austeridad impuesta a Grecia no tiene parangón en ningún Estado de EEUU. La banca privada y el BCE tienen mucho más poder en la Eurozona que incluso en EEUU. Ahí está el problema.

*Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra. nuevatribuna.es, 18 Febrero 2015


 


El alarmismo demográfico

OPINIÓN de Vicenç Navarro.- Periódicamente aparecen informes sobre la transición demográfica en Europa, indicando que Europa se está convirtiendo en un continente con demasiados ancianos y con muy pocos infantes y jóvenes, mostrando a España como un caso claro de esta alarmante situación. Se subraya que dicha transición demográfica llevará al declive de las economías europeas (y, por lo tanto, de la economía española) debido a su insostenibilidad. Se asume que una economía donde aumenta el número de ancianos y disminuye el número de jóvenes es una economía que inevitablemente entrará en declive, pues se convertirá en una economía de consumo (sobre todo de recursos públicos, tales como pensiones y servicios sanitarios públicos) a costa de una economía productiva, basada, por supuesto, en la gente joven. En este escenario, el conflicto social ya no radica en el choque de intereses entre el mundo del capital y el mundo del trabajo, sino en un conflicto entre los grupos etarios, y muy en particular entre los jóvenes por un lado y los ancianos (que viven a costa de los primeros) por el otro. No es por casualidad que suelan ser economistas conservadores de sensibilidad liberal (que en términos populares se les conoce como neoliberales) los que acentúan el supuesto desastre que implica para la viabilidad del Estado del Bienestar –pensiones y servicios sanitarios públicos- el envejecimiento de la población. Alarmados por este hecho, insisten en que las pensiones públicas y los servicios sanitarios deben reducirse y privatizarse, pues no es ni justo, ni es eficiente, ni es posible continuar sosteniendo con el erario público al Estado del Bienestar, presentando como solución a esta insostenibilidad su privatización. No es tampoco por casualidad que sea el capital financiero –la banca y las compañías de seguros- el que promocione tal alarmismo demográfico. El principal portavoz de ese capital, el Sr. Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo, resumió esta postura en unas declaraciones al Wall Street Journal, el diario de la banca estadounidense, en las que señaló que la Europa Social (es decir, el Estado del Bienestar) no era ya sostenible.

En un libro reciente, Juan Torres y yo hemos mostrado las enormes debilidades de esta postura económica neoliberal, carente de evidencia científica que la avale (ver Lo que debes saber para que no te roben la pensión, Editorial Espasa, año 2013). Comencemos con los datos, y el más inmediato es el que la crisis del sistema público de pensiones no tiene nada que ver con la transición demográfica. Repito, nada que ver. El problema de las pensiones públicas en España no es que no haya suficientes jóvenes (que con sus cotizaciones sociales pagan las pensiones de sus padres y abuelos), sino que no haya suficiente trabajo para los jóvenes. En realidad, España está exportando gente joven. No hay falta de jóvenes en España. El problema de las pensiones está, pues, en el mercado de trabajo, con un enorme desempleo, una tasa de ocupación muy baja, y unos salarios muy bajos que continúan bajando. Y todo ello como consecuencia de las políticas públicas de una clara sensibilidad neoliberal, que traducen el enorme ataque del mundo del capital (hegemonizado por el capital financiero) contra el mundo del trabajo. Y utilizo deliberadamente el término “ataque”, pues estas políticas neoliberales (que consisten en recortes del gasto público social y en reformas laborales para reducir los salarios) intentan debilitar al mundo del trabajo a fin de conseguir una mayor rentabilidad, la cual está alcanzando, no solo en España sino en toda Europa, unos niveles muy altos. El pensamiento neoliberal quiere esconder esta realidad, refiriéndose no al conflicto capital-trabajo, sino al conflicto (inexistente) entre jóvenes y ancianos.

El escándalo actual

El enorme crecimiento de la productividad y el aumento del porcentaje de la población que trabaja explica el gran crecimiento de la riqueza en nuestras sociedades, crecimiento que podría sostener (e incluso aumentar) los Estados del Bienestar. Esta situación es más que evidente en España, donde el PIB de hoy es veinticuatro veces superior (en moneda constante) al que existía a principios del siglo XX, dato que por lo visto era desconocido (o fue ocultado) por el llamado “Comité de (supuestos) Expertos” nombrado por el gobierno del PP (que tenía como objetivo –nunca declarado- mostrar que las pensiones públicas tenían que reducirse). Estos “expertos” indicaron que, puesto que la esperanza de vida de las personas de 65 años se ha doblado desde principios del siglo XX hasta hoy, la economía española no puede permitirse el lujo de ir pagando las pensiones de los ancianos que continúan jubilándose a los 65 años. Los llamados “expertos” no se hicieron la pregunta lógica: ¿por qué una economía que se ha multiplicado por 24 en el periodo 1900-2000, no puede pagar las pensiones de una población cuya esperanza de vida a los 65 años se ha multiplicado por 2?

Cuando los economistas neoliberales señalan que es injusto que la edad de jubilación (65 años) no haya variado desde hace algo más de noventa años, no dicen nada sobre el hecho de que el número de horas diarias de trabajo (8 horas) en el mundo laboral no haya variado nada desde el siglo XIX. En realidad fue John Maynard Keynes el que predijo que el aumento de la productividad permitiría que la gente trabajara solo 15 horas a la semana en 2030. No se tiene en cuenta, pues, que el enorme crecimiento de la riqueza, resultado del crecimiento de la productividad, permite una notable expansión del Estado del Bienestar.

El impacto de la productividad


Hace unos cuarenta años el 18% de la fuerza laboral trabajaba en el campo en España. Hoy es solo el 2%, y con lo que este porcentaje produce hay suficiente alimento para mantener a la población española. Imagínese la ridiculez que hubiera significado que algún economista hubiera dicho en aquel momento, hace 40 años, que España se moriría de hambre hoy –año 2014- como resultado de falta de trabajadores en el campo. Pues una situación idéntica ocurre con las pensiones. El hecho de que en el año 2050 vaya a haber, en lugar de 2,4 trabajadores por pensionista (con datos de 2010), solo 1,15, no tiene que ser ningún problema, pues 1,15 trabajadores producirán más riqueza de la que hoy producen 2,4. Es más, cualquier país puede escoger pagar las pensiones a través de fondos generales del Estado (como ya están haciendo muchos países) en lugar de hacerlo a través de las cotizaciones sociales. Y hay suficiente riqueza en el país para sostener el altamente popular Estado del Bienestar.

El problema, pues, no es la falta de riqueza, sino la distribución de la riqueza, el tema clave del que el capital (es decir, la gran banca y la gran patronal) no quiere que se hable, pues es el máximo beneficiario de las políticas públicas que han favorecido sistemáticamente sus rentas a costa de las rentas del trabajo. Al inicio de la crisis, España se gastaba 66.000 millones de euros menos en su Estado del Bienestar de lo que se debería haber gastado por su nivel de riqueza económica. Y no se los gastaba porque el Estado no los recogía. En España la mayoría de la población que estamos en nómina pagamos en impuestos un porcentaje de nuestros ingresos semejante (solo ligeramente inferior) al promedio de los ciudadanos de los países de la UE-15 (el grupo de países de semejante nivel de desarrollo económico al de España). En cambio, los que derivan sus ingresos de la propiedad del capital pagan solo un 10% de lo que hacen sus homólogos en la UE-15. Y estos tienen un enorme poder político y mediático. ¿Se dan cuenta de por qué se habla tanto de transición demográfica y tan poco de la redistribución de la riqueza?

El cambio climático y su impacto en el bienestar de las poblaciones

OPINIÓN de Vicenç Navarro.- Uno de los fenómenos que definirá con mayor intensidad el siglo XXI será el impacto que los cambios irreversibles del clima tendrán en el bienestar de las poblaciones (y muy en particular de las poblaciones urbanas). Frente a esta realidad es urgente subrayar que:

1. Tales cambios no son solo amenazantes para el futuro, sino que los estamos sufriendo ya ahora mismo, afectándonos no solo a medio y largo plazo, sino en este momento.

2. Es obvio que las sociedades, tanto las más desarrolladas económicamente como las menos desarrolladas, no están preparadas para responder a dicha amenaza.

3. Tales cambios climáticos exigirán (y ya están exigiendo) transformaciones muy sustanciales en nuestras sociedades, que significarán cambios en la manera como están organizadas y gobernadas. Dichas modificaciones significarán una reflexión colectiva sobre el tipo de sociedad en el que deseamos vivir. Ello implicará una lucha de intereses que se asemejará y multiplicará las luchas generadas para resolver las crisis económicas y financieras actuales.

4. El sistema económico vigente en la mayoría de países desarrollados y en vías de desarrollo, caracterizado por el sistema de propiedad privada de los mayores medios de producción, distribución y financiación está dificultando la respuesta necesaria para responder a la amenaza que representa el cambio climático, requiriéndose un cambio sustancial en las relaciones de poder derivadas de este sistema económico y de su gobernanza económica y política. Para prevenir la agudización del problema, así como para alcanzar la ¬¬reducción del daño, y conseguir su adaptación a los cambios climáticos, se requerirá una democratización de dicha gobernanza, con cambios en los tipos de producción, consumo y distribución.

5. Estos cambios exigirán una transformación también en los partidos políticos y movimientos sociales –como los sindicatos- comprometidos con el bienestar de las clases populares, que serán los grupos sociales probablemente más afectados negativamente por estos cambios climáticos irreversibles.

6. Las áreas de mayor conflicto serán las que se centren en los cambios en los sistemas de producción, consumo y distribución de recursos. La enorme concentración de recursos (incluido de capital y de renta) en manos privadas es incompatible con el proyecto reformador de protección de las clases populares frente a los daños climáticos.

7. Tales cambios no significan necesariamente una disminución de la actividad económica, sino un cambio sustancial de dicha actividad, con una considerable redistribución del tiempo de trabajo y un cambio de los tipos de producción y consumo.

8. En el mundo hay un enorme déficit de actividades que se requieren para desarrollar el enorme potencial de los seres humanos, actividades que pueden o no ser remuneradas. No puede aceptarse el principio de que deben dejarse, sin cubrir, las necesidades de desarrollo humano a fin a proteger a las poblaciones de los cambios climáticos. La creatividad humana ha mostrado históricamente que puede desarrollar una compatibilidad entre recursos y necesidades humanas, sin afectar negativamente al clima.

9. No se puede aceptar que algunas poblaciones y algunos trabajadores tengan que llevar la carga de prevenir el deterioro climático mediante marginación o desempleo. Los cambios necesarios tienen que ir juntos, y decidirse democráticamente. En realidad, la corrección del cambio climático y la preparación de las sociedades frente a esta amenaza requerirán una gran cantidad de empleo y actividad económica, incluso después de la necesaria distribución del tiempo de trabajo y del tipo de trabajo.

10. El establecimiento de una sociedad sostenible significa una expansión de actividades económicas existentes, como más y mejor transporte público, el rediseño y mantenimiento de formas de energías renovables (habidas y por haber), el mantenimiento y rediseño de las viviendas, la creación de nuevas formas de utilización de energías no contaminantes, la reducción del CO2 y otros productos contaminantes, el rediseño de los puestos de trabajo para que sean menos estresantes y más satisfactorios, y otras actividades.

11. Todas las formas de regulación de los cambios para reducir el cambio climático que se han basado en el mercado han fracasado estrepitosamente. La prevención de la contaminación a base de la compra y venta de los derechos de contaminación ha sido un enorme desastre (y no hay otra manera de definirlo). Ninguno de los principales avances conseguidos en la historia reciente de la humanidad se ha basado en mecanismos mercantiles. El desarrollo de derechos políticos, sociales y laborales (con conquistas para los movimientos obreros, feministas o ecológicos) se ha conseguido históricamente como resultado de acciones políticas e intervenciones públicas.

12. Como consecuencia, se requiere que, de forma urgente e inmediata, se establezca una amplia alianza de fuerzas políticas, sociales y sindicales para alcanzar la necesaria democratización de las instituciones políticas, que abarcan desde las instituciones representativas a las de participación masiva y directa, que relacione todas las problemáticas que tienen una causa común, cuestionando un sistema económico, político y social que antepone los intereses de acumulación de la riqueza y de las rentas a la satisfacción de los derechos humanos, de los cuales la pervivencia en un mundo mejor es primordial.

(Estas notas están basadas –aunque modificadas y/o expandidas- en las notas presentadas por Asbjørn Wahl, asesor de la Norwegian Union of Municipal and General Employees, debatidas en la reunión del Left Labor Project, en la ciudad de Nueva York, 18.09.14).

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Causas y consecuencias de la pobreza infantil

OPINIÓN DE Vicenç Navarro.- Este artículo describe una de las situaciones más alarmantes que están ocurriendo en España: el crecimiento de la pobreza infantil. El artículo analiza las consecuencias de tal pobreza, así como sus causas, señalando la insuficiencia de los programas que se han desarrollado para resolver este drama social

Una de las noticias más importantes que se han publicado estos días es que la pobreza entre los niños en España está creciendo a un ritmo alarmante. Nunca antes, durante el periodo que se define como democrático, habíamos visto un crecimiento tan notable de la pobreza infantil. Las consecuencias de esta situación son enormes, y pueden resumirse en tres. Una es que la pobreza causa un menor desarrollo intelectual y educacional del infante. La evidencia de que ello es así es contundente. Los niños pobres acuden a la escuela con menor frecuencia y su desarrollo educacional es menor que el de los niños no pobres. Los niños pobres suspenden asignaturas más frecuentemente que los niños no pobres. En EEUU, por ejemplo, los primeros suspenden dos veces más que los segundos, y abandonan el sistema escolar dos veces más y a menor edad que los no pobres. Por cada año que un niño se mantiene en la pobreza, aumentan las posibilidades de que se estanque en el sistema escolar. Es decir, que a mayor el periodo del niño en pobreza, mayor es la posibilidad de que esté en la categoría de fracaso escolar. Y la situación es todavía peor, pues cuanto menor sea la edad del niño pobre, mayor es la probabilidad de fracaso escolar. La pobreza en la niñez tiene unas consecuencias educativas mucho peores que la pobreza en la adolescencia.

Hay que saber, pues, que la pobreza entre los niños significa un retraso educacional de un porcentaje elevado (más del 20%) de la población, situación trágica y de consecuencias muy negativas para el desarrollo, no solo económico, sino –y sobre todo- político y social del país. Permitir la continuidad de esta situación (que, como veremos, es totalmente prevenible) es de una enorme gravedad, pues afecta a la calidad de vida y bienestar no solo de la población pobre, sino de toda la población del país, afectando muy negativamente su desarrollo social, cultural y económico.

Los costes en salud y bienestar derivados de la pobreza infantil

La pobreza infantil tiene también un impacto negativo sobre la salud de la población afectada. Las consecuencias más visibles e inmediatas son la malnutrición y las enfermedades causadas por condiciones ambientales y de vivienda, con una escasa protección frente a las inclemencias climáticas (la ausencia de calefacción en invierno es la más común) y una baja resistencia a la enfermedad, consecuencia de la baja inmunidad resultado de la limitada protección y prevención, incluyendo inmunizaciones y vacunaciones. Parte de la menor participación escolar de los niños pobres se debe, precisamente, a estas situaciones.

Los niños pobres tienen más enfermedades que los niños no pobres. De nuevo, la evidencia de ello es abrumadora. Análisis de la dieta diaria muestran consistentemente que los niños pobres tienen una dieta más insuficiente que los niños no pobres. Los elementos clave de esta situación tienen un claro impacto en la capacidad intelectual (y, por lo tanto, educativa) de los niños pobres. Su menor atención en las aulas escolares radica, en gran parte, en temas nutricionales y emotivos relacionados con la pobreza. En realidad, darse cuenta de este hecho forzó al gobierno federal de EEUU a establecer un derecho a la nutrición en aquel país, de manera que todo niño pobre (en realidad, cualquier pobre) tiene el derecho a un alimento digno (el famoso Food Stamp Program, que un gran número de políticos del Partido Republicano quiere disminuir o eliminar). Otro problema grave de salud derivado de las condiciones ambientales es la intoxicación de plomo, que los niños absorben de las pinturas secas que contienen este mineral, y que abundan en su entorno. Esta intoxicación afecta al sistema nervioso, con resultados negativos en la capacidad intelectual de la persona.

Problemas psicológicos y sociales derivados de la pobreza infantil

Otra consecuencia negativa de la pobreza infantil es en la salud mental de las personas afectadas. De nuevo, la evidencia es robusta. Los niños pobres tienen menos seguridad en sí mismos y sufren depresión con mayor frecuencia que los niños no pobres. Tienen más ansiedad y mayor inestabilidad emocional, con una mayor probabilidad de embarazos durante la adolescencia en el caso de las niñas, y una mayor disfuncionalidad en su relación con otras personas de su edad y otras edades.

Ni que decir tiene que cada una de estas consecuencias puede revertirse, bien con atención a las poblaciones pobres y vulnerables, bien a través de medidas que faciliten su salida de la pobreza. El enorme problema social hoy en España (incluyendo Catalunya) es que no se proveen las atenciones personales en cantidades suficientes para paliar el daño ni tampoco se están tomando las medidas para permitir que estos niños salgan de la pobreza. En realidad, se están tomando medidas que incrementan dicha pobreza.

Causas de la pobreza infantil

Antes de iniciar esta reflexión se requieren dos observaciones. Una es que la situación económica de los niños depende en gran medida de la situación económica de sus padres. En general, no hay niños pobres de padres que no lo sean. De ahí que para analizar la pobreza de los niños haya que analizar la pobreza de sus padres. Esta obviedad queda olvidada en un gran número de estudios.

Y la principal causa de pobreza en la gran mayoría de las familias pobres es la escasez de recursos, consecuencia de su situación en el mundo del trabajo y en el mercado laboral. No es casualidad que los países del sur de Europa, que tienen mercados de trabajo muy deteriorados, con un elevado desempleo y un empleo precario, tengan también una elevada pobreza. Lo primero lleva a lo segundo. De ahí que una de las principales causas del crecimiento de la pobreza haya sido las reformas laborales, que tenían como objetivo, precisamente, disminuir los salarios y aumentar la precariedad. La consecuencia de ello ha sido el aumento de la pobreza, incluyendo la infantil. El coste de este aumento de la pobreza para el bienestar de toda la población es enorme. Se puede calcular que la consecuencia del incremento de la pobreza infantil es una reducción de nada menos que del 3% del PIB, una pobreza que afecta a los sectores más vulnerables de la población trabajadora. La pobreza de los niños, por cierto, es un ataque frontal a las pensiones de un país, pues indica una enorme infrautilización de los recursos de este.

La pobreza del Estado del Bienestar español

La segunda causa de la pobreza, que complementa la anterior, es la gran pobreza del Estado del Bienestar español, tanto en las transferencias públicas –incluyendo las transferencias públicas a las familias españolas- como en los servicios públicos, como escuelas de infancia, servicios domiciliarios a las personas discapacitadas, servicios sociales, vivienda social, programas de prevención de la exclusión social, seguro de desempleo, programas de integración en el mercado laboral o programas de formación, entre otros. En cada uno de estos servicios, España (incluyendo Catalunya) tiene uno de los gastos públicos sociales por habitante más bajos de la Unión Europea de los Quince (UE-15), muy por detrás del promedio. Estos servicios ayudan a las familias (y cuando decimos familias queremos decir mujeres) a poder compaginar sus labores familiares con su proyecto profesional. Esta dificultad para integrarse en el mercado de trabajo –que afecta sobre todo a los jóvenes y a las mujeres- es otra causa mayor de la pobreza de los padres y, por lo tanto, de las familias.

Dicha pobreza del Estado del Bienestar es, a la vez, una de las causas de la escasa creación de empleo en España. Este país tiene solo un adulto de cada diez trabajando en los servicios públicos del Estado del Bienestar. Si tuviera alrededor de uno de cada cuatro, como es el caso en Suecia, España tendría unos 3,5 millones más de puestos de trabajo, con lo cual conseguiríamos eliminar una parte significativa del desempleo y estaríamos en camino de reducir considerablemente la pobreza. Ni que decir tiene que el incremento del salario mínimo, de los más bajos de la UE-15, incrementaría los salarios y disminuiría la pobreza de los padres.

Una medida muy importante para disminuir la pobreza infantil es el permiso de paternidad y de maternidad. En Suecia, el padre o la madre puede tomarse un año de permiso para atender a un infante, cobrando el 80% de su salario. En EEUU se ha calculado que este programa, que costaría el 2% del PIB, quedaría compensado con el declive de la pobreza que causaría. En un estudio reciente que analizó el impacto del permiso de paternidad y maternidad en la pobreza infantil (citado por Steven Pressman y Robert H. Scott “Paid Parental Leave and America’s Youngest Poor”, en Challenge, Sept/Oct 2014), se vio (en Australia, Noruega, Suecia y Finlandia) que la existencia y el grado de intensidad de este derecho podría disminuir la pobreza infantil casi un 50%. De nuevo, los países del sur de Europa tienen este derecho muy poco desarrollado, con periodos reducidos y una escasa estabilidad e intensidad del beneficio.

Una última observación

En España las izquierdas han hecho gran hincapié en establecer la renta básica como una manera de resolver o mejorar la pobreza, lo cual me parece bien. Aplaudo y apoyo el desarrollo de la Renta Básica (entendida como tal, y tal como se hace en el País Vasco, programa distinto a lo que se llama salario ciudadano). Ahora bien, garantizar una renta mínima de inserción al ciudadano le ayudará, pero no eliminará la pobreza, pues la renta básica, a fin de ser aceptada por la población, implica una cantidad relativamente menor, que será insuficiente para eliminar la pobreza (aunque sí que la reducirá, y muy en particular la pobreza extrema). Lo que se requiere es, como han hecho los países que han alcanzado una mayor reducción de la pobreza, garantizar el pleno empleo, con salarios altos y con políticas activas de integración en el mercado de trabajo, reduciendo el tiempo de trabajo y facilitando la creación de empleo. Y para aquellas personas que no puedan trabajar, éstas deberían recibir un dinero que les asegure unos ingresos por encima del nivel de pobreza, con unas cantidades mayores que la renta proveída en los programas de renta mínima de inserción. Hay que recuperar el valor e importancia de creación de buen empleo como una responsabilidad pública, junto con transferencias públicas a las familias, mucho más elevadas que las que hoy se consideran en los programas de renta mínima. Solo así desaparecerá la pobreza infantil.

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El otro escándalo silenciado en los medios: la industria farmacéutica

OPINIÓN de Vicenç Navarro.- Uno de los mayores escándalos existentes en el mundo económico-político de hoy es el comportamiento monopolístico de la industria farmacéutica, aprobado y subvencionado por la autoridades públicas (en teoría, representantes de la población), que protegen dicho monopolio a través de la asignación de las llamadas patentes, que garantizan la potestad a tal industria para inflar los precios de los fármacos. El argumento a favor de este privilegio es que la industria ha invertido enormes cantidades de dinero en la investigación de los productos farmacéuticos, una investigación que necesita ser pagada y retribuida, permitiéndole definir un elevado precio del fármaco, dándole, además, la exclusividad en la venta del producto, prohibiendo la aparición en el mercado de otros productos idénticos que hicieran la competencia a aquellos que tienen la patente. En consecuencia, la industria farmacéutica, altamente concentrada, es uno de los sectores con mayores beneficios existentes en el mundo de hoy.

Esta argumentación oculta varios hechos bien conocidos entre los expertos en la materia. Uno de ellos es que la mayor parte de la investigación que se realiza conducente a la producción del fármaco no ha sido financiada por la industria farmacéutica, sino por centros de investigación financiados públicamente. Se han publicado muchos estudios mostrando, por ejemplo, que la producción de los principales productos en venta en el sector farmacéutico de EEUU se basa en investigación básica financiada por los National Institutes of Health (NIH), los centros de mayor investigación sanitaria del gobierno federal de EEUU. Lo que hace la industria farmacéutica es utilizar esta información, aplicándola a la producción del fármaco. Esta investigación aplicada es una porción pequeña de todo el proceso de producción del fármaco. La mayor parte de los costes de producción no han sido, pues, sostenidos por la industria farmacéutica, sino por el erario público. En realidad, economistas que han estudiado el tema han recomendado que sean los mismos institutos de investigación médica (NIH) que realizan la investigación básica los que hagan la investigación aplicada, con lo cual se evitarían los elevados precios que la industria farmacéutica está exigiendo. Como señala Dean Baker, el Estado federal de EEUU se ahorraría mucho dinero si produjera él mismo los productos farmacéuticos, en lugar de tener que comprarlos a la industria farmacéutica.

Otro elemento ignorado, cuando no ocultado, es que un gran número de empresas farmacéuticas cargan como gastos de investigación gastos que no corresponden a esta categoría, como, por ejemplo, marketing. Y todavía peor, utilizan todo tipo de triquiñuelas para alargar la patente, declarando como productos nuevos productos con ligeras variaciones sobre el producto anterior.

La protesta mundial: la aparición de los genéricos

Esta situación está cambiando como resultado de la enorme movilización y protesta frente a este comportamiento. Como es lógico, la mayor protesta procede del mundo subdesarrollado, que no puede pagar los elevados precios de tales productos. Y algunos Estados, como el de la India, dicen, con razón, que la vida de sus ciudadanos es más importante que la acumulación de riqueza por parte de las empresas farmacéuticas. De ahí que sucesivos gobiernos de la India hayan indicado que en casos de vida o muerte, la ley internacional de patentes no debería aplicarse, una postura que encuentra una gran aprobación y resonancia en la mayoría del mundo donde la pobreza es una constante. Esta postura del gobierno indio se hizo altamente popular cuando dicho gobierno facilitó el desarrollo de una industria farmacéutica basada en genéricos que pudiera competir con las industrias con patentes, lo que ha forzado a la bajada de los precios.

El caso más conocido fue el de los fármacos necesarios para el tratamiento del SIDA, enfermedad que era mortal hasta que la utilización de los fármacos permitió salvar millones de vidas. Cuando tales medicamentos se introdujeron en el mercado, el coste anual del tratamiento por paciente era de 10.000 dólares, en el año 2000. Al año siguiente, en el 2001, el coste bajó en picado, pasando a ser de solo 140 dólares al año, y ello como resultado de la introducción de productos genéricos procedentes de la India, lo cual permitió salvar las vidas de los enfermos con SIDA que vivían en países subdesarrollados económicamente. Médicos Sin Fronteras calcula que el 90% de los 11 millones de enfermos de SIDA que viven en países pobres están vivos porque son tratados con medicamentos contra el SIDA que son productos genéricos, la mayoría de los cuales se fabrican en la India.

Ni que decir tiene que la industria farmacéutica utiliza todos los medios para parar la “invasión” del mercado por parte de estos genéricos. Y uno de dichos medios es tratar de influenciar a los Estados de los países más ricos, como el Estado federal de EEUU, para que se prohíban tales genéricos. El lobby de la industria farmacéutica en EEUU (PhRMA) gasta la friolera cantidad de 132 millones de dólares al año para comprar los votos de los congresistas clave, dentro del Congreso de EEUU, que tienen la responsabilidad de tomar decisiones sobre estos temas. Mike Ludwig (en su artículo “Big Pharma Lobbies Hard to End India’s Distribution of Affordable Generic Drugs”, Truthout, 10.10.14) documenta nombre por nombre quién recibe dicho dinero.

Una situación menos declarada, pero semejante, se da en los países de la Unión Europea, donde el lobby de la industria farmacéutica en Brusela es de los más extensos y más poderosos de los muchos lobbies que configuran la legislación europea. Y una situación idéntica aparece en España.

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Cómo se llega a ser super-rico

OPINIÓN de Vicenç Navarro.- La característica definitoria de los tiempos que vivimos es la enorme concentración de la riqueza y de las rentas, consecuencia, en gran parte, de las políticas públicas aplicadas a la mayoría de la población por gobiernos de sensibilidad neoliberal a los dos lados del Atlántico Norte (Norteamérica y Europa Occidental) desde los años ochenta. El Presidente Regan en EEUU y la Sra. Thatcher en el Reino Unido iniciaron estas políticas, extendidas desde entonces a la mayoría de países de aquellos continentes. Estas políticas fueron la respuesta de las clases dominantes a las conquistas políticas, sociales y laborales conseguidas predominantemente por el mundo del trabajo. De ahí que un elemento común de aquellas políticas públicas neoliberales fuera un ataque frontal al bienestar social de las clases populares de aquellos países, a fin de recuperar los privilegios que habían visto disminuidos durante el periodo anterior 1945-1980. El objetivo de tales políticas era favorecer al capital, cuyas rentas eran la fuente de riqueza de esas clases sociales dominantes. Las políticas de los Estados durante este periodo 1980-2012 facilitaron, así pues, una enorme concentración de la riqueza y de las rentas, lo que se presentó, para justificarlo, como resultado de un sistema meritocrático en el que los que estaban arriba, en la cúspide de la sociedad, lo estaban como consecuencia de su mayor capacidad, mérito y productividad. En esta ideología –reproducida en los mayores medios de difusión y persuasión-, las desigualdades eran consecuencia de las diferencias naturales (e incluso biológicas) existentes dentro de la población, ocultándose la gran importancia que el Estado había tenido en el desarrollo de esa concentración de la riqueza y de las rentas, concentración que no se debía al mérito de los individuos que estaban en la cúspide, sino a sus conexiones, en gran parte de las ocasiones, con el Estado. Un caso claro es el de Bill Gates, una de las personas más ricas del mundo.

El caso Bill Gates, ¿cómo consiguió su riqueza?

Este personaje es considerado como el fundador de Microsoft, establecida como consecuencia de su gran creatividad. Conocido por su filantropía, Bill Gates es un hombre ampliamente conocido, que se presenta como el gran emprendedor que debe su riqueza a sus capacidades y méritos. El economista Dean Baker, Director del Center for Economic and Policy Research, en un breve artículo (“World’s Richest Man Tries to Defend Wealth Inequality”) publicado en el blog de este centro, donde describe una breve biografía de Bill Gates, muestra, sin embargo, hasta qué punto el Estado federal de EEUU configuró y ayudó a que estableciera su riqueza, riqueza que se debió a la enorme monopolización en la producción y venta de sus productos, con prácticas claramente deshonestas en sus formas de operar. La tolerancia, cuando no ayuda, del Estado federal con tales prácticas, ha sido una constante en la vida empresarial de Gates y su Microsoft. Dichas prácticas dificultaron el desarrollo de la tecnología de los ordenadores, como han concluido varios Tribunales de Justicia cuando aquellas prácticas fueron juzgadas.

Esta situación, en la que el Estado favorece la monopolización, es conocida en el caso de la industria farmacéutica, donde las patentes otorgadas por el Estado a la industria crean una situación de monopolio, que es la base de su enorme riqueza. El último caso es el caso del fármaco para tratar los casos de hepatitis C, que cuesta 84.000 dólares (unos 66.000 euros) para un tratamiento de 12 semanas, cuando la versión genérica cuesta solo 900 dólares (unos 700 euros). Dean Baker, por cierto, cita la paradoja que representa que la fundación filantrópica que lleva su nombre, la Fundación Bill & Melinda Gates, no haya dicho nada sobre el abuso de las patentes en los países subdesarrollados, a los cuales la Fundación intenta ayudar dándoles dinero para comprar fármacos (cuyos precios podrían reducirse especialmente si no hubiera tal abuso de las patentes).

Otro caso semejante es el de los banqueros –el mayor grupo de los super-ricos, es decir, el 1% de la población-, que están en la cúspide no como resultado de su brillantez, sino de sus prácticas especulativas facilitadas por los Estados, que perjudican enormemente a las actividades de la economía productiva, habiendo comprado la complicidad de sus reguladores públicos. El caso español es de los más claros, habiendo sido el Estado el que les ha ayudado a salvarse y evitar su colapso, cuando lo más lógico, eficiente y equitativo hubiera sido su sustitución por bancas públicas que garantizaran el crédito.

Y, por último, otro grupo del 1% de renta superior de los países, que Dean Baker señala, es el de las empresas, tanto manufactureras como de servicios comerciales, que han hecho su fortuna a base de una enorme explotación de sus empleados y trabajadores. El caso más claro es el de los dueños de la cadena de mercados Walmart, conocida por los altos niveles de explotación a su fuerza laboral. En base a esta evidencia, es difícil asumir que los personajes que componen la mayoría del 1% de renta superior de los países –los super-ricos- hayan alcanzado el nivel de riqueza y renta que tienen debido a sus propios méritos. En realidad, la complicidad con los Estados donde se sitúa su riqueza y/o la deshonestidad de sus prácticas, incluidas la monopolización del comercio y/o la explotación de sus empleados, explican su supuesto éxito.

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El gran escándalo de la banca privada

OPINIÓN de Vicenç Navarro.- Este artículo analiza una situación, que debería considerarse escandalosa, en la que el sistema bancario privado, que está recibiendo fondos públicos en dosis masivas, no está respondiendo a las necesidades del país, anteponiendo sus actividades especulativas al ofrecimiento de crédito a las pequeñas y medianas empresas y a las familias. El artículo indica que en España la banca pública ha sido destruida por los gobiernos de Zapatero y Rajoy, siendo hoy uno de los países con un sector bancario público más pequeño entre los países de la OCDE.

Una de las principales causas de la crisis de la banca privada es la actividad especulativa de las instituciones financieras, consecuencia de la desregulación del sistema financiero, resultado de la aplicación de las políticas neoliberales llevada a cabo por gobiernos a los dos lados del Atlántico Norte, es decir, EEUU y la Unión Europea (y muy en especial en los países de la Eurozona). La paralización de la actividad crediticia (es decir, que los bancos dejaran de prestar dinero) contribuyó enormemente a la crisis económica. Las pequeñas y medianas empresas, que son las que producen más ocupación en la mayoría de países, dejaron de poder acceder al crédito, no consiguiendo dinero prestado. Y lo mismo ocurrió con las familias. Estas no pudieron obtener crédito, con lo que tuvieron que disminuir la demanda de productos y servicios, paralizando la economía.

De ahí que hubiera una movilización de los Estados, asesorados por economistas próximos a la banca, para salvar al sistema financiero, es decir a la banca, a fin de reavivar la economía, utilizando la imagen de que el sistema financiero es el sistema circulatorio del cuerpo económico, permitiendo que la sangre circule a través del organismo. Y se dieron millones y millones de euros públicos a la banca privada (solamente España, entre 2009 y 2012, comprometió unos 108.000 millones de euros públicos en ayudas según el Tribunal de Cuentas, lo que representaba casi un 10% del PIB de 2012). Puede que la expresión “se dieron” sea un pelín exagerada. Pero el Banco Central Europeo (BCE) ha estado prestando a los bancos privados europeos, a unos intereses irrisorios, cientos de miles de millones. Solo este año ya hay previsto inyectar 400.000 millones de euros a la banca para intentar que fluya el crédito.

Y a pesar de ello, el crédito ni está ni se le espera. Los bancos recibieron el dinero y lo utilizaron para otros propósitos, como por ejemplo, comprar deuda pública a unos intereses elevadísimos del 4 ó el 6% (en el caso de Grecia, 13%, cifra que se alcanzó en 2011), lo que ha significado uno de los negocios más redondos que uno pueda imaginarse. Suponga que usted recibe millones de euros a unos intereses más bajos del 1%, y compra bonos que le generan unos intereses del 4 ó el 6% con solo apretar un botón. Pues bien, se lo crea o no, esto es lo que la banca privada ha estado haciendo.

La pregunta que debería hacerse el lector es: ¿por qué el BCE le presta dinero a la banca privada y no a la banca pública y a los Estados para que estos no tengan que pedir prestado dinero a los bancos privados, que les exigen unos intereses elevadísimos, creando una enorme deuda? El hecho de que el Estado tenga que pagar unos intereses tan elevados es porque no tiene otra manera de poder conseguir dinero en la UE que no sea a través de la banca privada. El BCE dice que las normativas que lo regulan no le permiten prestar dinero a los Estados. Y para mayor escarnio, la banca privada tiene unas agencias de evaluación de la deuda pública (es decir, de la supuesta viabilidad de los Estados) que mienten y manipulan la calificación de esa deuda, de manera que a peor “rating” le dan las agencias, mayores son los intereses que tiene que pagar el Estado. Es un escándalo que se permita que esto continúe debido a que la banca tiene una enorme influencia en el BCE (que en realidad es un lobby de la banca privada, y cuyo Presidente fue directivo de Goldman Sachs) y en la Comisión Europea, que es, por cierto, la Comisión más neoliberal que haya existido en su historia. La banca también ejerce una gran influencia en el gobierno presidido por la canciller Angela Merkel y otros gobiernos de la misma sensibilidad neoliberal, como lo es el español.

Otra alternativa es posible: la banca pública


La situación actual es insostenible. El BCE continúa “regalando” (400.000 millones de euros solo este año), es decir, prestando, dinero a la banca privada a unos intereses bajísimos (0,05%) y, sin embargo, se continúa sin generar crédito. Pero hay una alternativa fácil de ver: que todo este dinero que se ha gastado el BCE vaya a un banco público en cada Estado, garantizado por el Banco Central Europeo, que debería tener como misión facilitar el crédito. Esto es lo que ocurre en muchos países como, por ejemplo, EEUU, el cual tiene un Banco Central (el Federal Reserve Board) que ejerce tal función: garantizar el crédito al Estado federal y a los Estados. Este Banco Público Central podría incluso ir más allá, y crear bancos públicos a base de los depósitos del Sector Público. Por ejemplo, el Estado de North Dakota, en EEUU, tiene un banco público en el que el Estado invierte, por ley, todos sus ingresos públicos. No es un banco de accionistas. Fue fundado en 1919 por inmigrantes escandinavos (noruegos en particular), que eran muy críticos con la banca privada y con Wall Street, el centro financiero de aquel país. Su función principal es ofrecer y garantizar el crédito a las instituciones del Estado. Y así se ha conseguido que sea el único Estado que no ha tenido un problema grave de crédito en EEUU durante la crisis. Ha podido así permanecer en un equilibrio fiscal (con superávit en sus cuentas), siendo North Dakota uno de los Estados con menos desempleo. Pero North Dakota no es una excepción en el mundo. En realidad, el 40% de todos los bancos en el mundo son públicos, incluidos los bancos de los altamente exitosos BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Y en Europa y en la UE, el sector bancario público es extenso y juega un papel clave en el sector financiero de los países.

En realidad, varios estudios recientes escritos por los profesores Von Mettenheim y Andrianova han mostrado que, en general, aquellos países que tienen un sistema bancario público han crecido más rápidamente que los países con sistemas bancarios privados. Y lo que es incluso más importante es que tales bancos públicos han sido, en general, menos corruptos y especuladores que los bancos privados, y han tenido mayores beneficios. En base a esta experiencia, sería de desear que el BCE se convirtiera en un banco público que prestara a los Estados a través de los bancos centrales de cada país, y que estos también ofrecieran crédito a las pequeñas y medianas empresas. Los bancos públicos podrían complementarse con cooperativas de crédito, banca ética y otras formas de instituciones financieras que no tienen la usura como objetivo central. Que ello es posible queda demostrado con esta experiencia internacional. ¿Por qué, pues, no se hace? Pues porque la banca privada domina hoy el poder político de los Estados. Si no se lo cree, vea la reacción de los políticos y de los medios a la muerte del mayor banquero de España, el Sr. Botín. La cobertura y homenaje a su figura fue la apropiada casi para un Jefe de Estado. ¿Se da cuenta?

Como siempre, el mayor escándalo ocurre en los países periféricos y, en especial, en España

España es hoy uno de los países del mundo con un menor tamaño de la banca pública. Los gobiernos Zapatero y Rajoy se han cargado la banca pública, siendo el país en la Eurozona que tiene menos bancos públicos. El gran dominio del espacio bancario corresponde a la banca privada, que además está sumamente concentrada, con quince bancos dominando dicho espacio, siendo tres -Banco de Santander, BBVA y CaixaBank- los que dominan el sector. El sector cooperativo (cooperativas de crédito) representa un espacio enormemente reducido (un 6%), en contraste con otros países europeos que alcanzan el 30%, como Austria, Holanda, Francia, Italia y Suiza. Alemania, por cierto, es uno de los países con mayor espacio público en el sistema bancario.

Y, no sorprendentemente, la banca privada española es de las que tiene mayor número de sucursales en paraísos fiscales. La privatización de las Cajas se debió, única y exclusivamente, a razones ideológicas, pues muchas de ellas, como La Caixa, eran altamente eficientes y rentables. Y no eran las únicas. Fue el enorme dominio de la banca privada sobre las instituciones del Estado el responsable de la eliminación del sistema de Cajas, entidades de ahorro colectivo.

Y cuando se ha invertido mucho dinero para salvar algunas cajas, controladas políticamente por el Partido Popular (por un total de 120.000 millones de euros, como señala Andreu Missé en su editorial de Alternativas Económicas, una de las revistas económicas más interesantes en España), creándose Bankia (uno de los pocos bancos públicos que todavía existen y que ha sido saneado, resultado del intervencionismo público), se ha querido privatizar a un precio que significa una gran ganancia para la banca privada y una enorme pérdida para el contribuyente, todo ello innecesario si se hubiera mantenido como entidad pública, con el mandato de garantizar el crédito. Y así estamos. Spain is, claramente, different!

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Los mitos sobre Ucrania

OPINIÓN de Vicenç Navarro.- Uno de los focos de tensión más alarmantes que existen hoy en Europa es la guerra civil en Ucrania, que puede derivar en un conflicto bélico internacional que continúe el conflicto político y económico que se ha desarrollado entre EEUU y la Unión Europea, por un lado, y Rusia, por el otro, conflicto que tendría enormes repercusiones, todas ellas negativas, para Europa, incluyendo España. En realidad, el conflicto existente está ya dañando considerablemente la economía europea, incluyendo la española. Y lo que es incluso más preocupante es que, leyendo los mayores medios de comunicación españoles, no se percibe el enorme riesgo que existe hoy de que la nueva Guerra Fría se convierta en una Caliente. Hoy hay tropas estadounidenses y de la OTAN en territorio ucraniano, apoyando a un lado de este conflicto militar que se caracteriza por su hostilidad hacia las partes del país pro rusas, a las que apoya el gobierno ruso presidido por el Sr. Putin, el cual ha puesto en alerta a las tropas rusas en las zonas de su territorio fronterizas con Ucrania.

Como en todo conflicto, las causas son múltiples, y todos los actores tienen su parte de responsabilidad. Pero algunos son más responsables que otros. En artículos anteriores (“Lo que no se está diciendo sobre Ucrania”, Público 18.03.14, y otros colgados en mi blog www.vnavarro.org) he ido señalando hechos, raramente mencionados en los medios de información españoles (pero sí documentados en la prensa extranjera, citada en mis artículos), que cuestionan las principales explicaciones que han aparecido en tales medios sobre las causas de dicho conflicto, analizándolos uno por uno. En este artículo quisiera hacer un resumen de los mitos que los establishments de Washington y Bruselas están promoviendo sobre las causas de la crisis y de la evidencia que los cuestiona, refiriéndose al último artículo del Profesor Cohen que desmonta lo que él llama “los mitos McCarthistas de la Segunda Guerra Fría”. El profesor Cohen, al que he citado en artículos anteriores, es uno de los mejores historiadores y analistas en EEUU de la Unión Soviética de ayer y de la Rusia de hoy. Fue asesor durante muchos años en temas soviéticos de la principal cadena de televisión estadounidense, la CBS, y ahora ha desmontado cada uno de los mitos que el establishment estadounidense ha estado promoviendo, así como la respuesta a cada uno de ellos, en su excelente artículo “Patriotic Heresy vs. the New Cold War”, escrito en la revista The Nation (15.09.14), una de las revistas más influyentes en el mundo intelectual de EEUU.

Mito nº 1: “El problema ucraniano está causado por las ambiciones imperialistas del gobierno Putin”.

Datos.- Existe abundante evidencia de que los sectores más belicistas del complejo industrial-militar de la derecha estadounidense querían, desde hace tiempo, expandirse hacia el Este, incluyendo a Ucrania en la OTAN. Como indicó Carl Gershman, presidente de la institución (reliquia de la Guerra Fría I) National Endowment for Democracy, “Ucrania es la última joya que debemos conseguir” (dicho en 2013). Y nada menos que el Washington Post, uno de los rotativos más influyentes en la capital estadounidense, escribió que “Occidente quiere terminar el trabajo que se inició con la caída del muro de Berlín y planifica expandirse hacia el Este… el gran objetivo es Ucrania”, (escrito en 2014).

Mito nº 2. La ciudadanía de Ucrania quiere liberarse de Rusia e integrarse en la UE.

Datos.- Ucrania es un país que dista mucho de ser uniforme. Existen grandes diferencias entre el oeste y el este del país. Diferencias que son religiosas, lingüísticas, étnicas, culturales, económicas y políticas. Ucrania es un Estado que presenta una enorme diversidad, que ha dado pie a numerosas tensiones dependiendo, en parte, de quien gobierne aquel país. Las regiones este y sur, definidas en los medios occidentales como pro rusas, son muy cercanas a Rusia, pues fueron parte de dicho país durante un gran periodo de su historia. De ahí que sean muy próximas a Rusia, no solo por su idioma, sino también por su cultura, etnia, religión y costumbres.

Mito nº 3. La crisis ucraniana se inició cuando en noviembre de 2013 Bruselas y Washington ofrecieron al gobierno de Kiev que se integrara en la Unión Europea, lo cual generó una respuesta hostil, incluso bélica, de Rusia.

Datos.- Es interesante señalar que esta explicación admite que no era Putin el que, en sus supuestas ansias imperialistas, deseaba incorporar en su imperio a Ucrania, o parte de su territorio, pues, según este mito, la respuesta de Putin fue una reacción a la propuesta de Bruselas al gobierno ucraniano. De ahí que no fuese el gobierno ruso el que inició las tensiones.

Pero más importante que este dato (ignorado en los medios) es que la oferta de Bruselas (que era, por cierto, muy desventajosa para Ucrania, pues exigía una serie de medidas de austeridad que España y el Sur de Europa conocen bien) incluía unas medidas que señalaban la necesidad de integrarse en el sistema de seguridad, incluyendo militar, de Occidente, insinuando (como señala el profesor Cohen) que se integrara en la OTAN (que tiene bases militares por todas las partes que rodean Rusia).

Mito nº 4: El gobierno existente en Kiev fue depuesto por unas movilizaciones populares por parte de la mayoría de la población ucraniana, que exigía una integración en la UE.

Datos.- El gobierno era presidido por un oligarca, pero había sido elegido democráticamente. Y las supuestas movilizaciones populares estaban dirigidas, en parte, por miembros del partido nazi, que había luchado contra la Unión Soviética durante la II Guerra Mundial, siendo una de las primeras medidas que el nuevo gobierno adoptó la de anular el idioma ruso como el oficial del Estado, iniciándose una gran agresión hacia la población pro rusa, que es mayoritaria en el este del país. Estos actos incluyeron incendiar edificios de los sindicatos, quemando vivos a dirigentes de los movimientos pro rusos. Asumir que Rusia debía tolerar tales hechos es, en sí, una provocación. Era inevitable que Rusia respondiera como respondió.

Mito nº 5: Putin es un enorme peligro porque es una persona con ansias imperialistas.

Datos.- Putin no es un santo, como Cohen (y yo) hemos señalado. Es un oligarca carente de sensibilidades democráticas. Y dirige una casta procedente del aparato del Partido Comunista Soviético, transformada en una especie de mafia que controla la economía rusa. Pero su respuesta ahora es lógica y razonable, como también señala Cohen. El comportamiento del Oeste no le deja otras posibilidades, habiéndolo arrinconado, sin poder hacer otra cosa que lo que está haciendo, que es defenderse, a la vez que intenta resolver el enorme problema que el Oeste ha creado en la puerta de su casa.

De ahí que personajes claves de la 1ª Guerra Fría, y que no son sospechosos de tener simpatías pro rusas, como el que fue Secretario de Estado en EEUU, el Sr. Henry Kissinger, hayan criticado duramente esta demonización de Putin por considerarla profundamente errónea, y que puede abocar a una situación muy negativa para el Oeste, no dejándole otra alternativa al gobierno ruso que la de aliarse con el gobierno chino.

Mito nº 6: Las sanciones económicas forzarán a Putin a entrar en razón.

Datos.- Esta estrategia ignora que tales sanciones movilizan a la población rusa en su apoyo al gobierno Putin. En esta estrategia se olvida el enorme sacrificio que Rusia (la Unión Soviética) hizo al derrotar a la Alemania Nazi. En realidad, la libertad de la que hoy goza Europa se debe a los 22 millones de ciudadanos soviéticos que murieron para derrotar a Hitler. El argumento de las sanciones económicas desconoce la enorme capacidad de sacrificio que tiene el pueblo ruso cuando se considera agredido injustamente, como fue el caso entonces y lo es también ahora.

Mito nº 7: La solución pasa por que Putin acepte lo que propone el Oeste.

Datos.- La solución pasa por que Ucrania se convierta en una federación o en un Estado descentralizado que reconozca la diversidad del país, tal como están dispuestos a aceptar –bajo presión de Putin- los rebeldes pro rusos.

Estos son los datos que se ocultan en la lucha ideológica llevada a cabo por los medios de comunicación y persuasión en España.

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