Ir al contenido principal

Paul Valéry. Eupalinos o el arquitecto

Por Jorge Zavaleta Alegre

La obra de Paul Valéry (1871 - 1945) prolonga la tradición de Mallarmé y es considerada como una de las más importantes de la poesía francesa del siglo XX, ligada a Baudelaire, Rimbaud y Verlaine. Setenta años después aparece en Lima, con Eupalinos, para satisfacción de quienes valoran el arte de la construcción como las expresiones más altas del espíritu humano.


Valéry, despreciaba las ideas irracionales y la inspiración poética; creía en la superioridad moral y práctica del trabajo, la conciencia y la razón. En cierta ocasión escribió que “los libros tienen los mismos enemigos que el hombre. El fuego, la humedad, los animales, el tiempo y su propio contenido"

Esta afirmación es concurrente con su obra Eupalinos, escrita en los años 20 para la presentación de un Gran Álbum de Arquitectura, cuya primera traducción al español de José Carner, en 1944, Editorial Lozada de Buenos Aires, se convirtió en valioso aporte para la única escuela de arquitectura del Perú, donde aparecía la exigente “Asociación Espacio”.

Al iniciarse la II década del XXI, Adolfo Córdova Valdivia, notable arquitecto peruano, nos ofrece una nueva traducción de Eupalinos, reemplazando los giros de aquella versión hispana, como precisa el Presidente de la Academia, Marco Martos, en esta publicación auspiciada por el Colegio de Arquitectos del Perú y la Fundación Franco Peruana.

Valéry, con su frondosa imaginación, resucita a Sócrates y Fedro y recrea un diálogo, para hablar de Eupalinos, quien consideraba el arte de construir tan valioso como la música y la arquitectura.

Fedro, le comenta a Sócrates que Eupalinos solía decir que “cuánto más medita sobre su arte, más lo ejerzo; más pienso y actúo, no sufro y me rogocijo como arquitecto; y me siento más yo mismo, con una voluptuosidad y un análisis cada vez más ciertos”

Sócrates. En mí había un arquitecto que las circunstancias no acabaron de formar.

Fedro. Pero entonces, querido Sócrates, el trabajo de un artista, que por su voluntad, hace de inmediato, un busto (como aquel de Apolo) ¿no es, de algún modo, lo contrario del tiempo indefinido?

Sócrates. Precisamente. Es justo lo contrario, como si los actos iluminados por el pensamiento abreviaran el curso de la naturaleza; y pude decir, con absoluta seguridad, que un artista vale mil siglos, o cien mil, ¡o más aún!...¡He aquí una extraña medida para las obras!

Fedro. Veo que, puesto en movimiento por un objeto hallado al borde del mar y al que cualquiera, salvo tú, no le hubiera prestado la menor atención, tu genio adolescente se elevó casi a la consideración de una diferencia muy importante y simple.

Sócrates. Creí eso. El hombre no tiene necesidad de toda la naturaleza, sino de parte de ella. Filósofo es quien se hace una idea más amplia y quiere tener necesidad de todo.

Fedro. Construir ¿sería acaso crear por principios separados?

Sócrates. Es pues razonable pensar que las creaciones del hombre son hechas, o bien vistas de su cuerpo, y ese es el principio llamado utilidad, o bien en vista de su alma y eso es lo que busca el hombre con la belleza…Solo la arquitectura los exige y los lleva al punto más alto.

Fedro. Yo la considero como la más completa de las artes.

Sócrates. Solo la arquitectura los exige y los lleva al punto más alto. Así el cuerpo nos obliga a desear lo que es útil, o simplemente cómodo; el alumno demanda lo bello… Ahora bien, de todos los actos el más completo es el de construir. Una obra requiere el amor, la meditación, la obediencia a tu pensamiento más bello.

Fedro. ¡Los tengo por muy felices de que seas un arquitecto difunto!

Sócrates. ¿Debo callarme, Fedro?- ¡Entonces nunca sabrás que templos hubiese concebido en el más puro estilo socrático!...¿Iba a hacerte pensar cómo habría conducido mi obra?.

Fedro. Pero ¿vas pues, en la eternidad, a revocar todas esas palabras que te hicieron inmortal?.

Sócrates. Allá abajo, inmortal. Pero aquí… es como un juego natural del silencio de estos infiernos, de la fantasía de algún retórico del otro mundo que nos ha tomado por marionetas.

Fedro. Es eso en lo que rigurosamente consiste la inmortalidad.

Eupalinos, natural de Megara, a través del diálogo de Fedro con Sócrates, revela que “mi trabajo conmueva a los hombres como, los conmueve el objeto amado. La belleza como una noción inmortal está entre las sombras…”. No descuidaba nada. “Durante la construcción casi no se alejaba de la obra… procuraba los mayores cuidados a los revoques con que hacía cubrir los muros de rústica piedra. Todas esas delicadezas ordenadas para la conservación del edificio eran poca cosa frente al valor de las que usaban cuando elaboraban las emociones y vibraciones del futuro contemplador de su obra…”

La lectura de Eupalinos, en el Perú, provoca reacciones encontradas: Vemos ciudades sin áreas y servicios públicos esenciales, invasiones anunciadas, tomando como blanco zonas arqueológicas. Ausencia de proyectos de viviendas populares. Una advertencia mucho más compleja y peligrosa: Cualquier esfuerzo por la acreditación o certificación de calidad choca con el carácter permisivo de la Ley, la ausencia de concursos arquitectónicos donde está presente la inversión del Estado. Al terminar la lectura de Eupalinos, la filosofía de la arquitectura del mundo griego y romano, es solo un sueño o una pesadilla, que arranca belleza a lo feo, principio ya anunciado por Víctor Hugo.

Pie de Página: Setenta años después que el libro Eupalinos reaparece cuando la primera Facultad de Arquitectura del Perú está celebrando 100 años de vida, una encuesta entre libreros revela que bibliografía de esta naturaleza no se conoce ni en las principales bibliotecas universitarias, sino entre pocos y prestigiados docentes de Historia del Arte. El ex ministro de Educación, Arq. Javier Sota Nadal, en un trabajo de una década, precisa que en el Perú existen actualmente 26 facultades de arquitectura con 18 mil matriculas y que hace solo ocho años no llegaba a la mitad. La oferta “académica” es altísima para responder al “boom” de la construcción, pero es urgente velar por la obligatoria acreditación de la calidad de esta profesión, como también en la mayoría de universidades que ya pasan del centenar sin contar las sucursales esparcidas por el país.


ARCHIVOS

Mostrar más


OTRA INFORMACIÓN ES POSIBLE

Información internacional, derechos humanos, cultura, minorías, mujer, infancia, ecología, ciencia y comunicación

elmercuriodigital.es se edita bajo licencia de Creative Commons
©Desde 2002 en internet
Otra información es posible