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Puñales y cruces

Por Rafael Fernando Navarro

Veraz: que dice, usa o profesa siempre la verdad. Así define la Real Academia. Pero ciertamente es algo más. La palabra es un acto de amor, entrega de uno mismo, donación, regalo. La palabra no tiene espaldas, no es luna con cara oculta.

Transparencia siempre, con médula de luz, para ser abrazada por dentro, penetrada hasta la fusión absoluta y enamorada. Cuando la palabra no es oferta amorosa se diluye como una ventosidad prevaricadora.

Andan los puñales sueltos. Por los puntos cardinales. Por Cádiz, Barcelona, Coruña y Almería. Han encontrado setenta y tantos cuellos blancos. Andan los puñales sueltos clavando la muerte en las esquinas, en todas las esquinas. De Serrano y de las Tres Mil Viviendas, por los montes verdes de Asturias y los naranjales de Valencia. Puñales de todas las edades. Celos, venganzas, propiedades furtivamente adjudicadas. Porque nadie puede ser comprado, porque el amor verdadero, porque nadie es la bien pagá… Puñales mango de plata y navajas de Albacete. Clases sociales igualadas por el odio, el desprecio y la sangre espesa de amargura.

Andan los puñales sueltos, pero alguien conoce sus caminos. Juan Antonio Reig Pla, Obispo de Alcalá de Henares, Presidente de la subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal dibuja la ruta de la sangre: "Los matrimonios canónicamente constituidos (católicos) son menos dados a la violencia doméstica que aquellos que son parejas de hecho, parejas de personas que viven inestablemente y que es donde más se está generando la violencia contra la mujer" No se trata tanto de matrimonios fundamentados en el amor, en la compenetración, en el proyecto de vida con horizontes de projimidad. Se salvan más del crimen los “canónicamente constituidos, los católicos” De legalidad se trata, de ataduras esclavizantes, de mandamientos impuestos. El orden implantado por el derecho canónico es una coraza que blinda de la muerte a la mujer y exime al asesino de su machismo erecto.

A blasfemia antievangélica suena. A profanación del amor. A prostitución barata. "España es una sociedad postrada", proclama Reig Pla, quien insistió en que la sociedad española está "enferma" ante las "lacras" del divorcio, los distintos modelos de familia o la reciente Ley del Aborto. "No olvidéis que la violencia de género, que es violencia al interior de la casa, se da sobre todo en aquellos procesos de separación o divorcio o en aquellos procesos de litigio, fundamentalmente también por los hijos".

Todo esto lo afirma un Obispo que celebra eucaristías flanqueado por banderas franquistas, preconstitucionales y guerracivilistas, preñadas de muertes consentidas, bendecidas y a veces propiciadas. España, Señor Obispo, no es una sociedad postrada ni ante un caudillo coleccionista de miedos, ni ante una moral esclavizante. Hemos elegido la libertad de pensar, de construir y de caminar sin barandales unívocos, excluyentes que encorsetan la iniciativa humana. Usted, como Benedicto XVI, confunde esta tarea humanizante con un laicismo agresivo. Aunque no estoy seguro de la inocencia de esa confusión. Suena más, infinitamente más, a homofobia, a resignación hiriente, a desprecio histórico de la mujer.

Jaime Mayor Oreja, iluminado con tiara cartón piedra, denuncia que “el Gobierno y su proyecto de ingeniería social impulsa de manera permanente ataques contra la familia, la vida y la educación” y que ello no es “fruto de la improvisación” sino de “un proyecto organizado y perverso”. Mayor Oreja, como el Obispo de Alcalá de Henares, prefiere el sometimiento a la autonomía, la rodilla humillada a la verticalidad de la conciencia hacedora de futuro.

La luz es siempre víctima de las miradas sucias. Hay un empeño deformante que hace de las cruces puñales de acero oscuro.

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