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Tauromaquia y patrimonio cultural. Tortura, dictadura, locura y ¿cultura?

Por Carlos Tena

No quisiera que se tomara este breve artículo como un ataque frontal al espectáculo taurino, aunque confieso que lo hago por amor al arte, sin ánimo de redactar algo parecido a un análisis, siquiera somero, sobre las lacras psicológicas que pudieran padecer los aficionados más o menos fanáticos, a quienes ha tranquilizado el presidente Zapatero (supongo que tras una llamada al orden del Borbón), que acaba de poner en marcha la más reciente decisión política sobre el tema, solicitando al parlamento una normativa que servirá de paraguas protector a la llamada Fiesta Nacional.

Para alegría de mi amigo el escritor Gastón Segura (Villena, 1961, autor de una joya de la novela negra como es Stopper*), ya se conoce la estrategia necesaria para que la fiesta taurina pase a depender del Ministerio de Cultura, aunque en el proyecto se precise: … sin perjuicio de las competencias en la materia que detentan las autonomías*

¿Quién puede poner en duda que los toros y todo aquello que les rodea, forman la expresión más genuina de nuestro acervo intelectual, histórico y educativo? Estoy convencido de la preparación cultural de los diestros, de su conocimiento, su destreza al hablar, la inefable poesía que encierra su arte.

En fin, que sus colegas en el mundo de las artes plásticas, del cine, el teatro y la música popular (incluida la llamada culta, faltaría más), estarán más que felices al conocer ese reconocimiento. Al fin y al cabo, algunos de ellos están convencidos, como los aguerridos luchadores de Intereconomía y la Cope, que la sangre y el sufrimiento ajeno forman parte inalienable del avance cultural de un país. Pónganse en su lugar por unos minutos.

Sin ir más lejos, tras la asonada franquista, fueron miles los intelectuales y científicos, artistas y algún torero que otro, quienes escaparon al exterior del país, recibiendo el apoyo y abrazo de naciones, admiradoras de naturales y verónicas, pero enemigas de la rebelión del Caudillo . Ese razonamiento, en el que brillan las irrebatibles deducciones de los azotes del comunismo, resulta más que rotundo en su veracidad, ya que, siguiendo por el sendero de Losantos o Moa, Alaska o Cebrián, cabría la posibilidad de que Franco se hubiera levantado en armas, asesinando a un millón de ciudadanos, porque quería echarle una mano a la cultura patria, sin importarle de qué lugar viniera. Que aquel 18-J no fue armado, ¡fue un golpe de efecto¡; como el 23-F, pero algo más sangriento, ideal para que España fuera epicentro de comentarios, estudios y atención, para esos extranjeros tan envidiosos de nuestra alegría, bailes y jolgorio habitual.

Se supone que la señora Sinde estará de acuerdo con esa medida tan democrática (¿para qué una consulta popular?), a la que seguirá probablemente el correspondiente informe pericial, para que los malos tratos, que de manera habitual se cometen en cuartelillos, comisarías y dependencias policiales obtengan una protección parecida a la de la tauromaquia (la tortura espera su momento de gloria), aunque humildemente pienso que ya disfrutan de una publicidad indirecta, cuando se publica en algún medio la cara hinchada de un ciudadano tras haber pasado por el lugar preciso.

Sin embargo, lo más eficaz para el desarrollo y normalización de una mano de hostias, es el silencio mediático, al que se une el consejo a los artistas e intelectuales para que acepten el arte que se esconde tras una buena somanta de golpes. De ahí, que figuras tan famosas como Almodóvar, Alejandro Sanz o Fernando Trueba, cuando llegan a Miami o Hollywood, no sientan la necesidad de comentar las condenas a muerte y torturas habituales en las prisiones de los USA, pero sí echen en cara a los revolucionarios cubanos su poco estilo, su escaso arte en este tipo de actividad.

¡Qué banalidad, qué insulto para el arte mismo, decantarse por algo tan hortera como el fusilamiento¡ Si hay que matar con maestría se hace precisa una mano idónea. Lo sublime se alcanza cuando un gas, efluvio intangible y caprichoso, penetra en los pulmones de un condenado. El clímax artístico brota de esos saltarines kilovoltios que hacen brotar humo del pelo de quien ocupa una silla adecuada. La belleza se consigue cuando una aguja, horadando la piel, expulsa en el torrente sanguíneo una sustancia que provocará el éxtasis del recluso. Ni Salvador Dalí lo hubiera dibujado mejor.

Aplaudo por tanto esa decisión, que demuestra la lógica aplastante de nuestro gobierno central, por un lado, el ministerio de Sinde por otro, y autonómico madrileño o andaluz, en el caso que nos ocupa. Los toros ya están en un lugar de donde jamás podrán ser desterrados. Protegidos por los versos de Lorca, los párrafos de Hemingway, los cuadros de Picasso, pero también por las películas de Joselito, Cantinflas, José Luis Saénz de Heredia y la sonrisa (algo estúpida, es verdad, pero es borbónica) de ese rey tan necesario para… para… bueno, creo que hay momentos en que su presencia… Bueno. Termino, que me lío.

Hace algunos años (septiembre de 1999), Pedro Morgades, Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid mostró su preocupación por la infancia, cuando encargó un estudio sobre las “Posibles repercusiones psicológicas de las corridas de toros en niños menores“. Las secciones taurinas de los medios de comunicación no regatearon espacio para informar de los resultados, llegando a una conclusión, tan sólida como la voluntad de Obama para cerrar Guantánamo: “No hay base suficiente para sustentar científicamente, que una medida como la prohibición de entrada a los menores de 14 años en las plazas de toros, sean causa de traumas ulteriores“.

Los niños tienen derecho a la cultura. Deben crecer en la convicción de que el toro no sufre cuando se le clavan banderillas, picas, puyas, espadas, verduguillos u otros objetos punzantes. El morlaco muge de placer porque no sabe decir ¡olé¡ a quien le está abriendo la carne de par en par. El bicho resopla satisfecho de haber cumplido el cometido para el que fue destinado, mientras sus padres, allá en la dehesa, pastarán tranquilos imaginando a su bebé camino del cielo, donde un Dios español, astado y afeitado, le recibirá junto a un coro de ángeles monosabios, que entre cánticos, pasodobles y flamear de pañuelos, le conducirán hasta el mismo centro del Paraíso, donde lucirá un enorme cartel con una sola leyenda: “Cultura, tortura, dictadura y locura. Estas son nuestras virtudes”.

El genio francés Jacques Brel, en su irónica canción Los Toros, decía: “…Es la hora en la que los comerciantes se creen García Lorca; la hora en que los ingleses se creen La Carmencita… ¿Qué nos podría decir un toro, cuando levanta un ojo, mira al tendido y descubre las astas de los cornudos?”


Notas

1.- Stopper es una insólita novela negra, que cuenta el ocaso de un peculiar personaje que se ve inmerso en el submundo criminal, al servicio de un mediocre mafioso de la construcción. El protagonista va a entregar su vida por salvar a un hombre por el que ni siquiera siente la más leve simpatía. Publicada por la Editorial Berenice, la obra de Segura ha sido incluida dentro del programa de formación del departamento de Lenguas Modernas de la Universidad de California como lectura imprescindible y material de estudio para los alumnos que cursan la licenciatura en dicha institución. A juicio de una de las profesoras titulares del departamento de literatura española, Pilar Valero Costa, la elección de Gastón Segura se debe a que Stopper es “una de las obras más representativas de la nueva corriente literaria española, en donde el consumismo, el hedonismo y la mediocridad que hay instalada en la sociedad actual, que opta más por el suicidio que por enfrentarse a la vida, son sus principales ingredientes“.



2.- El Comisión de Cultura del Congreso ha instado al Gobierno, para adoptar las “medidas oportunas” para que las potestades administrativas relacionadas con espectáculos taurinos, “salvo las correspondientes a la competencia sobre seguridad pública, sean atribuidas al Ministerio de Cultura, “sin perjuicio de las que ostentan las Comunidades Autónomas“. La proposición no de ley, presentada por el grupo popular y que incluye una enmienda del socialista, fue aprobada por 33 votos a favor, 2 en contra y 1 abstención. Habrá pues dos ministerios implicados en ese espectáculo, el de Rubalcaba (que velará por la seguridad y cumplimiento de la normativa), y el que dirige la señora Sinde, que probablemente aportará dinero público para la defensa y promoción de la fiesta.

 

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