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Frases célebres para recordar

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein
De Simón Bolívar

“Nuestras discordias tienen su origen en las dos más copiosas fuentes de calamidad pública: la ignorancia y la debilidad”.

“Cuando los partidos carecen de autoridad, ora por falta de poder, ya por el triunfo de sus contrarios, nace el descontento y los debilita; los jefes subdividen la causa en tantas partes cuantos son ellos”.

“He pretendido excitar la prosperidad nacional por las dos más grandes palancas de la industria: el trabajo y el saber. Estimulando estos dos poderosos resortes de la sociedad, se alcanza lo más difícil entre los hombres: hacerlos honrados y felices”.

“El que manda debe oír aunque sean las más duras verdades y, después de oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir los males que producen los errores”.

“Nada es mejor que la exactitud de las promesas del gobierno”.

“En moral como en política hay reglas que no se deben traspasar, pues su violación suele costar caro”.

“Tan solo el amor a la patria me devuelve el brío, que pierdo al contemplar los obstáculos”.

“La impunidad de los delitos hace que éstos se cometan con más frecuencia: al fin llega el caso en que el castigo no basta para reprimirlos”.

“Nada es peor en política que dejar de cumplir lo que se ha mandado. Esta debilidad causa el desprecio y hace inútiles las medidas posteriores”.

“En política nada vale tanto y cuesta menos como las demostraciones de respeto y consideración sobre todo cuando la superioridad es marcada y no se puede atribuir a la timidez”.

“Contra los canallas pueden emplearse las armas que usan ellos mismos”.

“Quiero salir ciertamente del abismo en que nos hallamos, pero por la senda del deber y no de otro modo”.

De José Ingenieros

“En cada momento de la peregrinación humana se advierte una fuerza que obstruye todos los senderos: la mediocridad, que es una incapacidad de ideales”.

“La sociedad piensa y quiere por los mediocres. No tiene voz, sino eco. No hay líneas definidas ni en su propia sombra, que es, apenas, una penumbra. Cruzan el mundo a hurtadillas, temerosos de que alguien pueda reprocharles esa osadía de existir en vano, como contrabandistas de la vida”.

“El mediocre no inventa nada, no crea, no empuja, no rompe, no engendra. En cambio, custodia celosamente la armazón de automatismos, prejuicios y dogmas acumulados durante siglos, defendiendo ese capital común contra la asechanza de los inadaptables”.

“En todo lo que ofrece grados hay mediocridad. En la escala de la inteligencia humana, ella presenta el claroscuro entre el talento y la estulticia”.

“La mediocridad podrá definirse como una ausencia de características personales que permitan distinguir al individuo en su sociedad. Ésta ofrece a todos un mismo fardo de rutinas, prejuicios y domesticidades”.
“El mediocre representa un progreso comparado con el imbécil, aunque ocupa su rango si lo comparamos con el genio”.
“El mediocre aspira a confundirse en los que lo rodean; el original tiende a diferenciarse de ellos”.

“El hombre mediocre solo tiene ruinas en el cerebro y prejuicios en el corazón”.

“El hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad. Es por esencia imitativo y está perfectamente adaptado para vivir en rebaño”.

“La característica del hombre mediocre es imitar a cuantos le rodean: pensar con cabeza ajena y ser incapaz de formarse ideas propias”.

“El contagio mental flota en la atmósfera y acosa por todas partes. Nunca se ha visto un tonto originalizado por contigüidad y es frecuente que un ingenio se amodorre entre pazguatos. Es más contagiosa la mediocridad que el talento. El verdadero justo resiste a la tentación; el mediocre cede siempre”.

“La mediocridad intelectual hace al hombre solemne, modesto indeciso y obtuso. Cuando no le envenenan la vanidad y la envidia, diríase que duerme sin soñar. Pasea su vida por las llanuras, evita mirar desde las cumbres que escalan los videntes y asomarse a los precipicios que sondan los elogios. Vive entre los engranajes de la rutina”.

“Los caracteres mediocres son incapaces de volar hasta una cumbre o de batirse contra un rebaño. Su vida es perpetua complicidad con la ajena. Son hueste mercenaria del primer hombre firme que sepa uncirlos a su yugo. Atraviesan el mundo ignorando su responsabilidad. Nunca llegan a individualizarse. No existen solos. Su amorfa estructura los obliga a borrarse en una raza, en un pueblo, en un partido, en una secta, en una bandería: siempre a embadurnarse de otros. Carecen de luz, de arrojo, de fuego, de emoción. Todo es, en ellos, prestado”.

“La mediocridad teme al digno y adora al lacayo. Le encanta el “hombre práctico” que de toda situación saca partido y en toda villanía tiene provecho”.

“Toda sociedad en decadencia es propicia a la mediocridad y enemiga de cualquier excelencia individual; por eso a los jóvenes originales se les cierra el acceso al Gobierno hasta que hayan perdido su arista propia, esperando que la vejez los nivele, rebajándolos hasta los modos de pensar y sentir que son comunes a su grupo social”.

“Cuando el ignorante se cree igualado al estudioso, el bribón al apóstol, el boquirroto al elocuente y el burdégano al digno, la escala del mérito desaparece en una oprobiosa nivelación de villanía. Eso es la mediocridad: los que nada saben, creen decir lo que piensan, aunque cada uno solo acierta a repetir dogmas o auspiciar voracidades. Esa chatura moral es más grave que la aclimatación de la tiranía; nadie puede volar donde todos se arrastran”

“Siempre hay mediocres. Son perennes. Lo que varía es su prestigio y su influencia. En las épocas de exaltación renovadora se muestran humildes, nadie los nota, no osan inmiscuirse en nada. Cuando se entibian los ideales y se reemplaza lo cualitativo por lo cuantitativo, se empieza a contar con ellos. Se mancomunan en grupos, se arrebañan en partidos. Crece su influencia en la justa medida en que el clima se atempera; el sabio es igualado al analfabeto, el rebelde al lacayo, el poeta al prestamista. La mediocridad se condensa, se convierte en sistema”.

De Fidel Castro

"La solidaridad con el movimiento revolucionario puede ser tomada como pretexto, pero nunca será la causa de las agresiones yanquis. Negar la solidaridad para negar el pretexto es ridícula política de avestruz, que nada tiene que ver con el carácter internacionalista de las revoluciones sociales contemporáneas. Dejar de solidarizarse con el movimiento revolucionario no es negarle un pretexto sino solidarizarse de hecho con el imperialismo yanqui y su política de dominio y esclavización del mundo."

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