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¿Qué es lo que hay que reflexionar?

Por Carlos Tena

En días como este, cuando la democracia representativa sacraliza la jornada, como si se tratase de una cuestíón esencial para el homo erectus de esta parte de Europa, me pregunto cuántos ciudadanos se dedican a reflexionar seriamente, sobre el voto que depositarán mañana en las urnas.

Si así lo hicieren (aunque la meditación y análisis deben darse previamente) no acudirían al esperpento, aunque la abstención (desencanto absoluto) no sea la mejor de las armas para acabar con un régimen como este.

No me importa confesar que hace más de 20 años me negué a ser comparsa de la comedia. Cuando es imposible que un ejército como el español cambie sus presuntos ideales y preferencias caudillistas (los militares verdaderamente demócratas nunca fueron realmente rehabilitados, mientras el franquismo sigue enquistado en los uniformados), comandando por un ciudadano perteneciente a esa lacra histórica apellidada Borbón, que se niega a condenar a aquel genocida, responsable de millones de crímenes, dije basta. Hasta aquí he llegado.

Nada, ni las acampadas, ni las protestas tan defendibles que se suceden en España, contienen la rabia y el coraje de cientos de miles habitantes de decenas de comunidades africanas, árabes y orientales.

En Siria acaban de ser asesinados más de 40 personas, como en Afganistán otros 30 civiles (niños y  mujeres) en un clásico bombardeo de la OTAN. Lo primero se condena. Lo segundo se lamenta.

¿Qué es lo que hay que reflexionar? ¿Se soluciona esta impostura general con propuestas tan lógica y bienintencionadas, como utópicas?

No, amigos, no, Ni siquiera la plausible protesta generalizada, ante unas elecciones municipales y autonómicas, ganen o pierda votos los dos partidos de siempre, va a sacar de apuros a cinco millones de personas, que tan solo exigen que la Constitución se cumpla en sus mínimos.

La desobediencia civil en aquellos lugares donde acampa el personal indignao (prefiero la sugerencia de Kalvellido y Andrés Sorel: CABREAO), es la señal más positiva de los botellones democráticos (sin alusión peyorativa alguna) que estos días llenan páginas y minutos de radio y TV.s Gadafi como Obama, Tan terrorista era Osama como Obama, Tan susceptible de ser procesado en la Haya es el Premio Nobel de la Paz, como Mubarak. Tan delincuente resulta Álvaro Uribe, como José Mª Aznar.

No serán esos planteamientos, asumidos en algunos programas por la izquierda más combativa, los que liberen a las futuras generaciones de ciudadanos de esta cadena esclavista-light que llaman democracia.

Una monarquía borbónica

Aplaudo el baile actual de gérmenes, de donde saldrán ciudadanos que anhelen participar de las decisiones que, por culpa de ese inútil voto cuatriañero, de momento, no pueden realizar.

Ni siquiera, en 40 años de presunta libertad, se ha consentido un solo referéndum vinculante para el poder. Un sistema permite que el ciudadano se implique en las reformas. Un régimen las impone, vestido de sufragista, siempre en beneficio de los más poderosos, se llamen Botín o Cebrián.

Por eso creo que hay muy poco que reflexionar. No tenemos, ni hemos demostrado, excepto durante la dictadura, el coraje secular del pueblo vasco, que por fin, tras inmensos sacrificios, cárceles, mentiras, torturas y difamación, pueden decir que el día 22 de Mayo, algo cambiará en su país.

¿Qué es pues lo que reflexionan los votantes del PPSOE, que serán millones? ¿Votar para que todo siga igual? ¿Es que alguien con un cociente intelectual entre 90 y 110, puede imaginar que Rajoy o Zapatero, Chacón o Cospedal, cumplirían con la democracia?

Que no cuenten conmigo. Prefiero hacer flexiones para mantenerme en forma, que genuflexiones ante un Borbón tan dictador como Franco.

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