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¿Qué papel jugó el gobierno de Pakistán en el asesinato de Bin Laden?

Por Carlos Tena



EL ZAPATERO PAKISTANÍ

Los medios de prensa occidentales han aplaudido casi sin reservas, la operación Crimen y Gastigo (el título es mío) que Barak Obama ordenó, sin siquiera plantear la posibilidad de que la justicia internacional juzgara a Bin Laden, en un proceso legal al que tenía todo el derecho.

La justicia saltó por los aires, cuando los helicópteros del ejército de los EEUU casi entran por las ventanas de la casa, donde presuntamente se ocultaba el millonario saudí, abatido por los disparos de uno de los mercenarios de las fuerzas armadas yanquis, con el simple objetivo de evitar que Osama pudiera defenderse y revelar una ingente cantidad de secretos, probablemente más siniestros que los descubiertos por Bradley Manning, entregados posteriormente a Wikileaks.

Ahora, tras la ridícula disculpa de Obama para no publicar las fotos del cadáver de Bin Laden “por motivos de seguridad nacional” (idéntico argumento que esgrime su gobierno para impedir que Ibrahím Ferrer o Silvio Rodríguez pudieran cantar en los USA), salen a la palestra las primeras preguntas sobre cómo un ejército extranjero puede, sin violar todas las leyes aplicables al caso, entrar en territorio pakistaní, desplegar a sus helicópteros y agentes especiales y matar a quien se les pusiera delante, sin intervención alguna de las fuerzas de seguridad de aquella nación, a la que la soberanía, al parecer, no le importa en lo absoluto.



NI SE LE DETECTA, NI SE LE OYE, NI SE LE VE

¿Acaso la defensa aérea les dejó entrar como si de turistas se tratara? ¿No pudieron ser detectados por los radares? El ministro de Asuntos Exteriores paquistaní, ante las protestas y preguntas de partidos políticos y medios de información, declaró que los aparatos americanos habían escapado a la vigilancia, porque volaban a muy baja altura. Una explicación probable, pero casi cómica. El ruido infernal de esa clase de ingenios es tal, que podríamos imaginar que los soldados y policías nacionales que había en la zona, eran sordos, mudos y ciegos.

Otro dato revelador de la infamia: una cadena pakistaní de TV, la GEO, informó sobre un accidente que sufrió un helicóptero de la armada nacional, muy cerca de la localidad donde se produjeron los hechos, a la misma hora en que los agentes de EEUU asesinaban a Osama. ¿Qué fue lo que ocurrió a ese aparato, en el que murieron todos sus ocupantes? Creo que estos detalles no interesan a los servicios desinformativos de RTVE, Antena-3, Tele-5, la Sexta o el Séptimo de caballería.

Y la última cuestión que clama al cielo: ¿Cómo es posible que el hombre más buscado en el planeta tierra, por las fuerzas y agencias más criminales y poderosas, comprara legalmente la residencia donde fue ultimado, a dos ciudadanos llamados Tariq y Arshad Khan, sin despertar ninguna sospecha?

El papel del gobierno pakistaní ha sido tan ambiguo, que las reacciones no se han hecho esperar. El principal partido político ha convocado una manifestación de protesta por la probable connivencia entre su presidente y la Casa Blanca.
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