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Boubacar Boris Diop defiende el retorno de los escritores africanos a sus raíces

Hablar de Boubacar Boris Diop es hablar de una reivindicación constante de temas y lenguas propias y de la conexión del escritor africano con sus compatriotas. El escritor senegalés explicó esta mañana, ante unos cuatrocientos alumnos en la Facultad de Formación del Profesorado de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y dentro del ciclo Letras Africanas, que su madre fue capaz de enterarse de lo que él escribía cuando su hermano tomó el primer libro que escribió en su lengua materna, el wolof, y se lo leyó en voz alta. Diop apuntó que este libro, Doomi Golo, también llegó en su momento al corazón del país, a la población no alfabetizada senegalesa, porque incluye un CD con el audio. Se trata de un texto agotado en Senegal.

“Las literaturas africanas son jóvenes, aunque tenemos una tradición oral milenaria", comentó ante su auditorio de esta mañana. "Y se diferencian de otras literaturas en que nacen para enfrentarse a la colonización”. Según Diop, los escritores africanos se concentran en explicar a los colonizadores que no es cierto que los africanos sean salvajes, vivan en tinieblas y ejerzan de “carga del hombre blanco”, como dijo Rudyard Kipling. “Los escritores africanos dicen a los colonizadores: eso no es cierto, tenemos culturas, civilización,… y la escritura deriva en lucha política contra la colonización, pero su punto de partida es describir la sociedad africana tal y como es y se dirige a Occidente”, concluyó.

Para Boubacar Boris Diop, el gran problema de la literatura africana es que no permite el intercambio entre escritor y pueblos africanos. “Los escritores africanos escriben en lenguas extranjeras, de los colonizadores; además, publican también en el extranjero, por ejemplo, en París; dejan a un lado la oralidad y el calor de la palabra hablada para sustituirla por la frialdad de la palabra escrita, y además, el libro es caro y las sociedades africanas en general son pobres”, apuntó.

Trayectoria
“Los libros se pueblan con mis experiencias, sueños y decepciones”, afirmó también Boubacar Boris Diop, antes de equipararse a Gustave Flaubert cuando afirmó que él era madame Bovary. Según Diop, el escritor es alguien que dedica demasiado tiempo a ver cómo viven los demás y que lo capta todo. A la pregunta de si utilizaba material autobiográfico a la hora de escribir, respondió que cada uno de sus personajes es una invención creada con pedacitos de personas que conoce.

Diop explicó que escribió su primer libro (sin publicar) en el instituto, con apenas quince años y para denunciar el racismo que vivió en sus años escolares. Después llegaron una novela sobre la trata negrera (Le temps de Tamango); otra que se enfrentaba al estereotipo de África como paraíso idílico e incluyente denunciando la xenofobia (Les traces de la meute) y Kaveena, que narra el asesinato ritual de una niña de seis años por dos políticos para hacer fortuna, una historia cruel y dura que levantó ampollas en la sociedad senegalesa. También llegó Murambi, El Osario en su versión española: una obra en la que plasmó su vivencia del genocidio tutsi a manos de los hutus en 1994 y que es fruto de un proyecto surgido en 1995, a raíz de la ejecución del escritor y activista nigeriano Ken Saro Wiwa, compatriota del nobel de Literatura Wole Soyinka.

“No habíamos hablado lo suficiente del genocidio tutsi y era lo más importante que había pasado en África en mucho tiempo. Así que diez escritores de diferentes países africanos estuvimos en Ruanda durante dos meses. Visitamos los osarios y hablamos con los supervivientes. Incluso con los verdugos en las cárceles. Cada uno plasmó su experiencia en un libro”. Diop afirmó que estos libros ejercen de estela funeraria, pues uno de los objetivos del genocidio es borrar nombres y personas y, al nombrarlas de nuevo, la familia recupera algo de esperanza. “Como sucedió el 11-S, cuando continuamente durante toda la jornada escuchamos los nombres de todos los muertos en las Torres Gemelas”, recordó.

“Todos tienen que expresarse tras un genocidio, pero especialmente los escritores”, comentó el autor. Ruanda le interpeló para cuestionarse la utilidad de los escritores africanos y dirigirse a su público real, otros africanos. También le impulsó a colaborar en obras políticas como Negrophobie o Africa responde a Sarkozy. También afirmó que el genocidio de Ruanda fue el punto de inflexión en su carrera que le decidió a publicar en wolof para llegar a gente como su madre, compatriotas que no fueron escolarizados en francés y que no saben leer y que conforman la mayoría de sus potenciales lectores.

Boubacar Boris Diop será también el protagonista de la sesión de Letras Africanas en la Universidad de Cádiz, que tendrá lugar este jueves, 29 de septiembre, en el marco del III Congreso Internacional Afroeuropeos.

 

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