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¿Y si Nueva York hubiera sido arrasado como Vietnam, Irak, Libia, Afganistán, Japón, Corea?...

OPINIÓN de Carlos tena   

A tenor de las miles de ceremonias celebradas en honor de los muertos que vivían o trabajaban en Nueva York el 11 de setiembre de 2001, supongo que si se hubiera producido una serie de bombardeos como los habidos en Hiroshima, o Bagdad, Trípoli o Vietnam, los reyes y presidentes de los países plegados al fascismo norteamericano, con el Borbón y sus descendientes en la cola, tendrían que multiplicar por un millón su infame presencia, discursos y doble moral mostrados en esas escenas plenas de oropel, bazofia, disimulo y teatro del esperpento.
Como no rezo desde hace decenios, ni creo en dioses justos, porque de existir ya habrían derribado medio mundo con su ejército de ángeles; como no respeto a ese nazi, cómplice de cientos de casos de pedofilia católica, apostólica y romana, londinense, irlandesa y española, he rememorado a otras victimas: las provocadas por los mismos que hacían su papel de comparsas dolientes en el escenario del autoatentado americano.

No ha existido la minima piedad para cientos de miles, millones de asesinados por el terrorismo quejicoso cada 11-s. Ningún responso o desfile en honor de esas víctimas caidas bajo las bombas arrojadas por muchos de los que ayer rezaban al Señor, en un acto tan repulsivo como ridículo, del que no quiso salvarse ese Borbón lacrimógeno llamado Juan Carlos (qué mal interpreta el papel de llorón de telenovela), ni su descendiente Felipe y demás rebaño familiar.
Mucha soflama, mucho rezo, decenas de discursos, himnos, desfiles de corte hitleriano, para recordar a los “muertos de Nueva York”. Y es que siempre ha habido clases. La de quienes únicamente recuerdan a los “de este lado” y la de quienes nunca olvidamos a las víctimas del régimen “democrático”.
Estas últimas no vivían ni trabajaban en las Torres Gemelas. Sus chabolas sirven para la publicidad de las ONG, para los telediarios al servicio de la maldita caridad, porque nadie homenajea a los pobres. 

Los niños afganos, libios o iraquíes, son futuros terroristas a los ojos de quienes elevaban ayer sus preces al Bajísimo, a ese Dios de la Muerte y el Dólar, al que Benedicto XVI implora para que el Vaticano siga siendo la sede del crimen organizado por la Iglesia de siempre, la misma que creó y aún mantiene la Inquisición de la Casa Blanca.

Imagino que Stockhausen, el maestro de Zappa, de haber muerto un millón de neoyorquinos en un ataque desde fuera (que no desde dentro), hubiera soltado una frase mucho más realista que la se dice pronunció (extrayéndola de su contexto) cuando el gobierno de Bush ordenó derribar las Torres, para provocar la invasión y expolio de Irak: “Ha sido toda una obra maestra”.
Y las ceremonias de las momias de ayer, otra… pero de zafiedad e hipocresía. La consagración de la barbarie como dueña del destino del género humano.

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