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La Izquierda más allá de su lastre semiótico

OPINIÓN de Prolapio

La cosa comienza en Francia con aquella famosa asamblea luego del Bastillazo pre- revolucionario. Allí, sentados a la derecha, estaban los "girondinos", franco-escualidaje partidario de Luis XVI ; a la izquierda se acomodaron los "jacobinos", que querían una República RRRevolucionaria del Poder Popular (roja-rojita , no jó).

Parece que, a diferencia de estos últimos, los girondinos tenían un asesor de imagen súper arrecho que se dio cuenta que eso de estar a la derecha venía del carajo para un buen mercadeo ideológico-político del mantuanaje franchute. Por su parte, los Jacobinos (algunos de los cuales, tan pendejos, ignorantes, acomodaticios o timoratos como buena parte de la izquierda actual) no advirtieron que eso de estar a la "gauche" representaba un serio problema simbólico que con astucia y habilidad podría explotarse en su contra con muy provechosos resultados.

En efecto, parece que aquél Joe Napólitan francés se preguntó: ¿Alguien escuchó o leyó que Jesús ocupara su escaño celestial a la izquierda del Creador? ¿Alguien leyó o escuchó que una conducta torcida es preferible a una virtuosamente derecha? ¿Alguien vio avanzar las manecillas del reloj hacia atrás, es decir hacia la izquierda? ¿No leemos y escribimos de izquierda a derecha? (O como dijo un asomao: ¿Acaso un buen abogado de izquierda no se forma en derecho? ahí les dejo eso)

Como si aquello no fuera suficiente, desde la mas remota antigüedad, en la India, China, Egipto, e incluso en las culturas andinas y mesoamericanas, la geometría esotérica proclamaba la derecha como el sentido hacia donde encontrarse con la iluminación y la verdad. Así, cuando el péndulo del zahorí, chamán o alquimista, giraba hacia la derecha (dextrógiro), su consulta era respondida positivamente, mientras que hacia la izquierda (levógiro) negativamente.

Así, que desde hace milenios, lo primero se entiende como positivo=hacia adelante=progresivo=diestro; lo segundo: negativo=hacia atrás=regresivo=siniestro.

Definitivamente, la izquierda política nació semióticamente con el pié ídem. Mala pata, porque si algo es difícil de neutralizar son eternidades de condicionamiento mental proderechista. Si no que alguien me diga cómo hacer para que los niños zurdos dejen de ser estigmatizados por sus impiadosos amiguitos derechoescribientes. Pobrecitos inocentes que de repente se enteran que son “diestros con la siniestra” ¡Ave María Purísima!, con la mano vinculada a lo maligno y diabólico. (¿Será por eso que mucho izquierdoso, onanista e hipócrita aprendió, como Strauss Kahn, a manejarse tan bien con la "droite" billetúa?). Mientras la derecha política tiene a su favor años de insidiosa domesticación vía impresa, radial, cinematográfica y televisiva, la izquierda (que uno pensaba que ya habría descubierto por donde le entra el agua al coco comunicacional), salvo puntuales y honrosas excepciones se va por el camino de la respuesta reactiva , de la repetición saturante de slogans fatigados y soporíferos. Cuando no remeda patéticamente las melladas armas de la escuela CNN, despilfarra como en el caso de Vive, Tves, Ávila, Villa del Cine, oportunidades de oro para inventar otras maneras de decir. Algo que agradece el mosquero multimediático contra revolucionario, porque a cuenta de que el águila no se rebaja a cazarlo, sigue poniendo sus huevos impunemente (y en su propio nido).

Pero volvamos al tema del título; ¿No será que más acá de cualquier análisis liguístico-esotérico, nuestro problema con “lo izquierdo” es que ya no sirve para connotar unívocamente, solidaridad, hermandad, justicia, equidad, honradez, paz? La "indignación española" tiene su raíz en el descubrimiento de que, a nombre de aquellos valores se les vendió un inmenso mojón envuelto en papel escarchado. Por lo que está pasando en África, Europa, Inglaterra y en los propios Estados Unidos, se pelaron feo aquellos “analistas” que pontificaron que lo de Plaza del Sol no era mas que una hispanocalentera veraniega sin mayores consecuencias políticas, y hasta quién quita, propiciadora de un nuevo y lucrativo turismo de aventura.

Por tanto ¿No será ya hora de re-significar el idioma sociológico- político, a fin de poder dar cuenta adecuadamente de "realidades revolucionarias de facto” como la del 27F, para las cuales ninguna teoría conocida (salvo, a lo mejor la del caos) es plenamente aplicable? ¿No fue bastante clarificador que frente a aquella inaugural y trágica arrechera popular "made in Venezuela", tanto la izquierda como la derecha tradicional no encontraran como descifrarla, y que fuera desde la corporación militar, históricamente reaccionaria, donde surgiera un Hugo Chávez?

Si faltaba un golpe de gracia a la simbología política de “lo izquierdo” y de ”lo derecho” ese fue (y es) el proceso revolucionario bolivariano.

Mas vale que espabilemos; la derecha inteligente criolla, que a estas alturas tiene muy claro que, salvo un milagro y la 4ª flota, el proceso revolucionario venezolano es irreversible, hace rato ha comenzado a utilizar astutamente la “neohabla” Orweliana, camuflándose como "Empresariado en Función Social" y miriñaques por el estilo; gracias a lo cual se nos ha venido subiendo a la cama…… por el lado izquierdo. (Por el mismo lado por donde le entró la “triple A” al peronismo y luego Menem sostuvo sus confesadas “relaciones carnales” –sic– con el imperio)

“O inventamos,…..o nos espera un siniestro desengaño” rk � �� �� a la soberanía y a la autodeterminación y ello sólo es posible coexistiendo pacíficamente y respetando el interés, los atributos y la dignidad de cada quien. Pero cada vez que hay algún acercamiento en esa dirección, el sionismo se las arregla para torpedearlo. No admite ninguna forma de autodeterminación palestina y por eso niega a Hamas el derecho a gobernar obtenido en elecciones. Lo provoca hasta lograr de éste una respuesta desesperada. Entonces agrede con toda su capacidad de terrorismo estatal, pero lo hace en condición de víctima, pues el terrorista es el otro.

Como dijo el escritor y filósofo Yeshayahu Leibowith, “Israel ha dejado de ser un Estado del pueblo judío y se ha convertido en un aparato de gobierno coercitivo de los judíos sobre otro pueblo (…) No es actualmente una democracia ni un Estado que respete la ley”. Y Yitzhak Laor, poeta y novelista: “Los niños palestinos viven en el miedo y la desesperación (…) La sociedad palestina está desintegrándose, y la opinión pública en Occidente culpa a las víctimas, siempre la manera más fácil de enfrentar el horror. Lo sé: mi padre era un judío alemán”.

La palabra de Einstein: “Nunca he estado a favor de la creación de un Estado judío en Palestina, sino de un Estado binacional (…) Palestina posee espacio suficiente para que judíos y árabes vivan juntos en paz y armonía, compartiendo un país común”.

He citado cuatro personalidades judías, lo que indica que en el fondo de ese pueblo hay una reserva moral en lucha por la racionalidad y la decencia. Muchos otros, incluyendo exmilitares que han reaccionado con dignidad, están en esa brecha. Y ahora mismo es probable la presencia, como en ocasiones anteriores, de manifestantes protestando en las calles de Tel Aviv, ocultos bajo la censura. Todos ellos claman por “una sociedad libre del militarismo, la opresión y la explotación de otros pueblos”.

Junto a la irreductible combatividad de los palestinos, esas voces componen la materia prima de la esperanza y de la paz, cuyo camino único es el de la justicia, como según la escritura bíblica dejó dicho para todos los tiempos el presumiblemente nacido en Belén.



freddyjmelo@gmail.com

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