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“Ollanta nunca fue de izquierda”

OPINIÓN de Raúl Wiener       

Para explicar lo que pasó con el gabinete Lerner, cuya salida ha sido interpretada por varios analistas como la “ruptura” con la izquierda, se esgrime un argumento aparentemente irrebatible: el presidente nunca fue de izquierda, o ¿acaso alguna vez dijo serlo?; y si alguien se siente engañado en el lado zurdo es porque se engañó él mismo.

Por supuesto, muchos de los que dicen esto, no lo expresan abiertamente, pero tal vez quieran decir, que en el fondo (muy en el fondo) Ollanta siempre fue de derecha, del tipo de los que caminan al lado de un neoliberal como Castilla o un militarote como Valdés.

Lo que significa que los más equivocados no estaban en la izquierda sino en la derecha, desde donde se organizó la campaña de destrucción personal más fuerte de que se tenga memoria.

Pero en realidad este es un análisis falseado. La vieja frase de Ollanta que decía “no soy de derecha, ni de izquierda, sino de abajo”, formaba parte de su arsenal contra los partidos políticos, y pretendía indicar que no procedía de ninguna tradición política organizada, representando un fenómeno nuevo.

El subrayado que hacía sin embargo en “soy de abajo”, intentaba captar la idea de que era más de izquierda que la propia izquierda, porque representaba a los pobres, a las provincias, a las comunidades y a los postergados del país, sin compromisos, frente a una izquierda con una heroicidad venida a menos, aires de ONG, universidad privada y función pública.

El pensamiento Isaac que politizó la infancia y juventud de los hermanos Humala, era una lectura peculiar del marxismo y las ciencias sociales, que se supone inspiró su experiencia militar y el levantamiento de Locumba; era una variante marginal y dura de la izquierda, que chocaba con el curso de los partidos de la antigua Izquierda Unida que se esmeraban en ser pacifistas y democráticos.

Lo mismo puede decirse del Andahuaylazo, en el que Ollanta y Antauro coincidían en reclamar la renuncia-destitución de Toledo, por incumplir sus promesas y se distancian por el manejo militar del líder de la revuelta.

Es recién el 2005 que Ollanta deja de lado el etnocacerismo de su padre y se asume como nacionalista, un proyecto más abierto hacia otros sectores sociales y políticos y es cuando empieza a recoger intelectuales y militantes que se habían separado de las organizaciones de izquierda.

El Ollanta del 2005-2006 es, como todos lo recuerdan, un radical con propuestas de revisión de contratos de la privatización, nacionalización de los recursos naturales y Asamblea Constituyente, no expresadas con la misma claridad en las tres listas de izquierda.

El programa de la “Gran Transformación”, 2011-2016, redactado por encargo de Ollanta y solo consultado con él, no cayó del cielo, ni nació de alguna reunión con los dirigentes de la izquierda. Más bien cuando se negoció un acuerdo el programa ya estaba hecho y solo quedaba suscribirlo.

Entonces, cuando uno se pregunta qué pasó con Ollanta que ahora parece obsesionado con aclarar que nunca fue de izquierda, hay que dejar puntualizado que el problema nunca ha sido ese. Es de fidelidad a las ideas con las que uno hace política para llegar al poder, y más aún de responder si el viraje producido es para llegar a los de abajo o a los de arriba, es del pueblo o contra el pueblo. Esa es la cuestión.

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