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La oposición venezolana adelanta el Carnaval

OPINIÓN de Aram Aharonian    

Con pocos días por delante para las elecciones primarias del 12 de febrero en las que la oposición elegirá el rival que se enfrentará al presidente Hugo Chávez en los comicios del 7 octubre, la campaña ha sorprendido por los roces entre precandidatos que, en espectáculo televisivo demostraron que ni siquiera habían leído el mamotreto de más de 160 páginas presentado como Plan de Gobierno por la Mesa de Unidad Democrática, con “Cien soluciones para la gente” (no para el pueblo).

Lo cierto es que la campaña se ha calentado con los roces que hicieron evidente la falta de unidad y fricciones en el bloque opositor, con candidatos tironeados por diferentes intereses. La ciudadanía vivió un adelanto del Carnaval, donde a algunos les quitaron las máscaras, rodeados de mucho ruido de triquitraques y una sospecha sobre un nuevo papelón electoral.

El programa “unitario” –dizque- preparado durante dos años por cuatro centenares de expertos en 31 comisiones técnicas, había generado tantas expectativas y que lanzaba la misma idea de 1946 de Jóvito Villalba de “gobierno de unidad nacional” (¿incluirían a los chavistas?), fue ultimado en 24 horas. Difícilmente un antichavista duro vote por un gobierno de “unidad nacional”, ¿no?, Todo pareciera un engaño para atraer a sectores independientes y/o románticos que sueñan con la “reconciliación nacional”.

El debate en la interna de la oposición es añejo. Hay quien acusan a algunos de posturas blandengues para buscar los votos de los indecisos, los chavistas tibios, los abstencionistas, los ni-ni. Dicen que así no se derrota a Chávez. Fausto Masó recuerda que diez años atrás la campaña del entonces candidato opositor Arias Cárdenas concluyó con la famosa cuña de la gallina, en que le decía cobarde en vivo y en directo al Presidente. Obviamente, la cuña alejó la posibilidad de conseguir el voto de ese electorado chavista tibio.

Si bien a una parte de la oposición le entusiasma cualquier enfrentamiento con Chávez, en las primarias los precandidatos no enfrentan directamente a Chávez sino a sus futuros aliados en la unidad. Para cualquier lógica, destruirlos significaría acabar con la unidad y con sus posibilidades en octubre.

Uno de los temas claves de la campaña opositora es el de la seguridad. Chela Vargas, memoriosa, recuerda a Piñerúa; candidato adeco a la presidencia que proponía regular la maternidad para prevenir la delincuencia: “Las mujeres del pueblo paren demasiado”. Ese modelo “democrático” inspiró el “voto duro” de la precandidata que vocifera que “eliminará mafias carcelarias”, mientras dos de los precandidatos opositores insisten en pactos y contratos con paramilitares colombianos para garantizar “la seguridad”.

El programa del MUD habla de “soluciones” que pasan por cambios constitucionales o por la aprobación de una Asamblea Nacional, hoy dominada por el chavismo. Misión imposible. Pero lo cierto es que en 24 horas todos dejaron de hablar del programa para centrarse en el estremecimiento que causó la alianza entre dos de los seis precandidatos, el gobernador de Miranda, Henrique Capriles Radonsky y el ex alcalde del municipio capitalino de Chacao, Leopoldo López, ambos derechistas de Primero Justicia.

Fue un convenio (Capriles se comprometió no repetir su candidatura en los próximos comicios, dejando el camino libre a López) para evitar que el gobernador de Zulia, Pablo Pérez –y sus aliados socialdemócratas y democristianos, se alcen con la victoria. Esta alianza, realizada sin intervención de bases ni cuadros medios de ambos grupos, aumentó la desconfianza interna en el MUD y patea el tablero de los candidatos “unitarios” de la oposición a gobernaciones y alcaldías.

La alianza generó malestar entre los otro cuatro restantes precandidatos y estremeció el mercado político opositor, donde los opinadores de siempre debieron apelar a nuevos libretos. José Vicente León, director de Datanálisis elaboró el guión y señaló que cuando un candidato decide retirarse y buscar una alianza debe considerar tres variables: compatibilidad de sus electores, posibilidades reales de triunfo y acuerdos obtenidos.

Como planteó Pablo Pérez, los votantes no son endosables (claro que eso vale también para los apoyos de la ciudadanía tradicionalmente adeca y copeyana a su candidatura). López no asume riesgos: cree en un futuro y confía en que su habilitación política llegará después de las elecciones. Una derrota sería demoledora para cualquier cálculo futurista y con esta jugada política trata de permanecer en el juego.

Capriles arremetió y aseguró estar dispuesto a romper con la “vieja forma de hacer política”, en clara referencia a los partidos tradicionales Acción Democrática y el Social Cristiano Copei.

María Corina Machado (la del “capitalismo popular”), aseguró que en la campaña opositora están planteadas dos visiones: una que defiende Capriles que busca construir una mayoría sin confrontar al gobierno; y la suya,que que considera que “hay que confrontar y desnudar el caos en que se encuentra el país”.

Pero como siempre, los triquitraques siguen sonando, aun cuando Diego Arria -que no firmó el programa y quizá sea el único que lo ha leído y afirmó que era absolutamente independiente de grupos económicos y partidos políticos”- aseguró que apoyará al candidato que salga de las primarias.

Sin dudas, el escarceo sobre una Constituyente sirvió para llamar la atención sobre lo que ocurrirá al día siguiente de una victoria de la oposición en octubre.

Guantánamo ideológico

El antropólogo e historiador Mario Sanoja define como “Guantánamo ideológico” la cerrazón mental que muestran los precandidatos de la MUD. En lo que se refiere a la tecnología de promoción pública, cada uno parece que no hubiesen traspasado el límite temporal de 1998: cabalgatas mustias, seudodebates televisados, promesas vagas por una Venezuela mejor…

Y señala que la Revolución, con todos sus errores está innovando en la metodología política: la movilización permanente de la población vía las diferentes misiones, particularmente la Misión Vivienda, que “está revolviendo las aguas cenagosas de la pobreza que se localiza territorialmente en los cerros caraqueños. El desborde de dichas aguas disloca, para bien o para mal, la estructura profunda de la subcultura pobre, así como “la delgada línea roja” que la separa de las culturas clasemedieras”.

Sanoja va más allá y advierte que si no se diseñan las políticas culturales adecuadas esto podría convertirse en una ametralladora de violencia. “Si se logra articular un mínimo programa cultural coherente, esto podría ser la antesala del cambio histórico por el cual los venezolanos populares han estado luchando desde al menos 1830... y la puntilla para prisioneros del Guantánamo ideológico”, concluye.

Los resultados, el reencuentro

Muchas veces la estridencia de los triquitraque, no deja escuchar lo importante. Por ejemplo, en su mensaje anual a la Asamblea Nacional, el presidente Chávez hizo dos planteamientos: uno, la posibilidad del “reencuentro pese a las diferencias que comenzó a concretarse y el otro el anuncio de la creación de la Misión Seguridad, con concurso de todos los sectores (incluida la oposición), propuesta del diputado opositor Juan Carlos Caldera. Asimismo acogió la propuesta del asambleísta Ramos sobre una reforma legislativa laboral.

“Me parece que es positivo que se restablezca el diálogo”, subrayó Hiram Gaviria, coordinador del plan del gobierno de Pablo Pérez y diputado de la Asamblea Nacional por el partido Un Nuevo Tiempo (UNT), al referirse a las reuniones que ha promovido el Ejecutivo Nacional con los productores agrícolas, especialmente de cereales y oleaginosas”.

Gaviria, quien fue ministro y embajador en Francia al inicio del gobierno de Chávez, señaló que estas reuniones servirán para que, sin ánimo de confrontación, de descalificación, trazar las estrategias compartidas para aumentar la producción, la productividad y el empleo en el medio rural para garantizar la seguridad alimentaria. Así podremos evitar, añadió que se “produzca este fenómeno de escasez de productos que hemos venido observando desde el año 2007”.

Chávez y algunos diputados opositores mostraron un espíritu de cooperación, más allá del ruido de los triquitraques, y de la preocupación de algunos por la extensión del mensaje presidencial o del debate sobre alguna cifra puntual. ¿Síntoma de algo?

*Aram Aharonian es periodista y docente uruguayo-venezolano, director de la revista Question, fundador de Telesur, director del Observatorio Latinoamericano en Comunicación y Democracia (ULAC).

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