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¿Salvar un matadero?

OPINIÓN de Gustavo Duch   

Los erraldetxos se pueden comprar por toda Bizkaia. Son unas hamburguesas con valor agregado que, por ese motivo, resultan un poco más caras que las sospechosas hamburguesas que encontramos en cualquier gran superficie o las que nos ofrecen en los fast food. Pero se comercializan sin problemas, bien en unas 300 carnicerías del territorio, bien en algunos restaurantes locales. ¿Por qué las y los consumidores pagan un poco más? ¿Será porque regalan algún cachivache para las niñas y niños? Pues no, no es ese su valor agregado, las gentes que consumen los erraldetxos saben que pagan el alimento y algo más. La carne de estas hamburguesas ha sido producida por ganaderos y ganaderas locales, los cuales han recibido un precio justo por su laborioso trabajo, y su resultado se distribuye en las pequeñas carnicerías locales que ofrecen productos frescos con garantías de calidad y salubridad a la población cercana. Es decir, un alimento sano y sabroso que genera vida en el medio rural y que mantiene y potencia puestos de trabajo en el campo. No se quiere renunciar a un paisaje sin campo y sin campesinado.

En este entramado juega un papel esencial el matadero de Erralde en Durango, que gracias a la voluntad de quince municipios de Bizkaia funciona desde hace cinco años. Su compromiso es claro: comprar a las y los productores locales el mejor ganado, pagándolo a un precio remunerador para distribuirlo posteriormente entre las carnicerías locales. Desde su nacimiento, Erralde ha demostrado que un modelo local (mejor dicho relocalizado) puede hacer frente a los grandes titanes de la industria cárnica que, como en otros sectores agrícolas y desde sus posiciones de privilegio, se dedican a ahogar a las pequeñas fincas agrícolas. Erralde se ha convertido en una pieza central para un modelo que genera autonomía y garantiza la supervivencia del mundo rural. Eso que ahora llamamos Soberanía Alimentaria y que la administración debería apoyar decididamente.


Durante los próximos días se tiene que decidir, después de unas mejoras técnicas que se están llevando a cabo en el matadero, si se concede a Erralde una prórroga para poder reabrir y seguir en funcionamiento dos años más, tiempo necesario para la construcción de un nuevo matadero con el mismo planteamiento político y social. Hay intereses que pretenden lo contrario, exigir su cierre definitivo, para abrir así la posibilidad a la poderosa industria cárnica de socavar dicha iniciativa. Dispondrían de dos años para campar a sus anchas. Como suele ser habitual, la estrategia y los argumentos para desprestigiar Erralde van a pasar por la interpretación de las normativas higiénico-sanitarias existentes al respecto. Pero una vez éstas ya están resultas, una vez existe un proyecto aprobado del nuevo matadero, las administraciones deben tener claro que la decisión no es técnica, es política: un vacio que favorecerá a una industria destructora de empleo en el medio rural o la defensa de su sector ganadero y ciudadanía en general. ¿Para quién gobiernan? Esa es la pregunta clave.





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