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Soja, vuelta y vuelta

OPINIÓN de Gustavo Duch Guillot    

Capítulo uno: el engaño

Para la charla en la clase de sexto de primaria de mi sobrina Núria compré –por sólo un euro- la novedad ‘VUELTA Y VUELTA’ que según sus fabricantes, los señores de Campofrío, es, «por fin, algo sano que gusta a toda la familia». Los hay de pollo, pavo y jamón, que yo sepa.

Dos piezas redondas perfectas envasadas en plástico por los cuatro costados, listos para viajar a la Luna en el Apolo 11, con sus rayitas como de estar hechas en una barbacoa. En la información de la etiqueta a esos dibujos le llaman ‘recubrimiento decorativo’. Eso les hizo reir a mis pequeños oyentes. Les pareció más normal muchos de los otros ingredientes: agua, sal, azúcar, estabilizadores, antioxidantes, conservadores y dextrosa, pero ‘fliparon’ al descubrir que también incorpora algo que sirve como ‘potenciador de sabor’ y otra cosa que es ‘aroma de humo’. Que cara ponían imaginándose a deshollinadores trabajando para Campofrío.

Pero faltaban los ingredientes estrella: la carne. El de pavo lleva aproximadamente un 60% de pavo, el de pollo lleva un 50% de pollo y el de jamón un 70% de jamón. El resto de los ingredientes se completan con patata y soja.

Una niña lo comentó. -Entonces nos engañan porque pagamos pavo pero nos dan mitad pavo, mitad patata más soja.

Exacto, comenté yo. ¿Y sabéis como se alimentan los pollos, cerdos o pavos de Campofrío, BurgerKing o McDonalds? -por citar marcas que seguro conocen-.

-Con piensos –comentó un chavalín del fondo

-¿Y sabéis algún ingrediente del pienso para engordar animales?

-¡Soja! – chilló otro chaval, del que luego supe era hijo de pageses.

Y tan formalitos que se habían portado hasta entonces, se armó una buena. Habíamos descubierto que pagando un vuelta y vuelta de jamón, nos vendían un vuelta y vuelta de soja con patata.

La profesora de la clase echó cuentas y pidió la palabra:-Sabiendo esto, con un euro mejor compremos dos o tres kilos de patata.

Capítulo dos: la respuesta

-Y esto, Gustavo -preguntó mi sobrina- que tiene que ver con el hambre en el mundo de la que nos querías hablar.

Les puse algunas fotografías del monocultivo de soja en tierras sudamericanas y lo entendieron de nuevo muy fácilmente: ahí, hasta no hace tanto, millones de familias campesinas tenían su medio de vida y sustento.

Pero son niñas y niños, de once y doce años, y ya sabemos que cuando piensan algo, lo dicen sin detenerse a medir sus palabras. -¿No deberían estar los presidentes de estas compañías en la prisión?, preguntó una rubita de ojos saltones.

Capítulo tres: la indignación

Volviendo a casa recordé un dato fresquito. El tratamiento que reciben estas empresas de nuestra administración, no es precisamente el que comentaba la niña rubita. A Campofrío, de las ayudas de la Política Agraria Común (supuestamente para el campesinado) del pasado 2011, le han correspondido un total de 2’5 millones de euros. Les hemos comprado, entre toda la ciudadanía europea, dos millones y medio de provechosos Vuelta y Vuelta.


*Gustavo Duch Guillot es autor de Alimentos bajo sospecha y coordinador de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas. http://gustavoduch.wordpress.com/

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